Estimado Lepoldo
Respuesta a Mensaje # 40
-Soy de Montevideo, Uruguay. Lo que sabemos de los congoleses es en buena parte por las tropas uruguayas de pacificación sirviendo allí para las Naciones Unidas.
-De mi experiencia y diálogos con mi propia esposa infiero lo que ignoro tenga asidero en estudios psicológicos bien orquestados.
-A diferencia del ámbito rural, en el urbano las cosas son distintas, y tanto, que en las grandes ciudades les es más fácil encontrar empleo a las mujeres que a los hombres. Así, es frecuente que la mujer trabaje afuera y el hombre se encargue de los niños y las tareas domésticas. Esto suele gustarle al hombre, y no le disgusta a la mujer que por fin puede tener el control sobre todo, ya que es la que aporta al sostén de la casa. El problema es que muchas veces la mujer acaba por enamorarse de un compañero de trabajo, más apuesto y considerado con ella que su marido.
-No tiene mi esposa cara de infeliz, aunque eso no me libra de cotidianos reproches por no ser todo lo agradecido y atencioso que debería ser.
-Una cosa es ciertamente nuestro propio hogar en el que tenemos injerencia, y otra es la sociedad toda que puede diferir bastante.
-De todos modos, para nada he coartado las inquietudes o motivaciones que ella pueda haber sentido para incursionar en otros aspectos que no son los propiamente domésticos.
Cordiales saludos
Respuesta a Mensaje # 40
-Soy de Montevideo, Uruguay. Lo que sabemos de los congoleses es en buena parte por las tropas uruguayas de pacificación sirviendo allí para las Naciones Unidas.
-De mi experiencia y diálogos con mi propia esposa infiero lo que ignoro tenga asidero en estudios psicológicos bien orquestados.
-A diferencia del ámbito rural, en el urbano las cosas son distintas, y tanto, que en las grandes ciudades les es más fácil encontrar empleo a las mujeres que a los hombres. Así, es frecuente que la mujer trabaje afuera y el hombre se encargue de los niños y las tareas domésticas. Esto suele gustarle al hombre, y no le disgusta a la mujer que por fin puede tener el control sobre todo, ya que es la que aporta al sostén de la casa. El problema es que muchas veces la mujer acaba por enamorarse de un compañero de trabajo, más apuesto y considerado con ella que su marido.
-No tiene mi esposa cara de infeliz, aunque eso no me libra de cotidianos reproches por no ser todo lo agradecido y atencioso que debería ser.
-Una cosa es ciertamente nuestro propio hogar en el que tenemos injerencia, y otra es la sociedad toda que puede diferir bastante.
-De todos modos, para nada he coartado las inquietudes o motivaciones que ella pueda haber sentido para incursionar en otros aspectos que no son los propiamente domésticos.
Cordiales saludos