LAS ABERRACIONES SEXUALES CONDUCEN AL INFIERNO

Recordemosle a apostolus las aberraciones que a diario salen a la luz:


http://www.elmundo.es/2002/02/24/cronica/1110390.html



IGLESIA / ABUSOS A MENORES EN EEUU
EL DIABLO LLEVABA SOTANA

87 SACERDOTES de Boston figuraban en un listado interno de la Iglesia por su implicación en abusos a menores. El cardenal Law prefirió mantener el escándalo en secreto durante décadas e indemnizar a las familias «bajo cuerda». Ahora la Justicia norteamericana quiere juzgarlos y ya ha condenado a uno de los curas pederastas a 10 años de cárcel

BERTA GLEZ. DE VEGA. Boston

Jesús, Evangelio según San Mateo: «Quien se atreva a molestar a los más pequeños, que se cuelgue una piedra al cuello y se arroje al fondo del mar». Si la Iglesia en Boston siguiera con precisión los mandatos de Jesucristo, en las gélidas aguas de Nueva Inglaterra habría hoy 87 curas acusados de haber abusado sexualmente de centenares de menores con la complicidad, en muchos casos, de sus superiores, que los iban moviendo de parroquia en parroquia, dejando que los niños se acercaran a ellos.



La liberal, ajardinada y acádemica Boston, nido de la aristocracia protestante, lleva más de un mes descubriendo detalles escabrosos de 40 años de abusos sexuales en algunas de las parroquias católicas más conocidas de la archidiócesis. El cardenal Bernard Law ha estado atrincherado en su magnífica residencia buscando consejo y, finalmente, dinero, pues centenares de víctimas quieren todavía que la Iglesia les compense por asaltos sexuales de curas en pasillos, sacristías y dormitorios.

En los primeros coches que cruzaron los cuidados jardines para asesorar al cardenal iban los responsables de las facultades de Medicina más prestigiosas. Había que explicarle a Su Excelencia en qué consistía la pedofilia y ayudarle a aprender a detectar los casos de sacerdotes pederastas. Frente a esos jardines, Steven Lynch, una víctima de uno de los curas, lloraba el domingo al detallar qué fue para él la pedofilia. Estaba arropado por un centenar de católicos. Pero el cardenal no les había invitado.

A pesar de las explicaciones médicas, en una reunión a puerta cerrada con todos los sacerdotes hace apenas una semana, Bernard Law trató de disculpar actitudes pasadas al contar que, hace 15 años, no se sabía muy bien en qué consistía la «enfermedad».Poco antes, el cardenal había dicho que no iba a tratar el «aspecto criminal» del asunto.

La Justicia se acaba de hacer cargo del asunto. En su poder tiene los nombres de 87 curas, catalogados por la Iglesia en sus archivos como sacerdotes con pasado de abusos sexuales a niños. En el caso de 70 de ellos, la archidiócesis había llegado a acuerdos sin decir una palabra a la Justicia. Ahora se espera que la investigación de la Fiscalía pueda elevar a más de 1.000 el número de víctimas.El detonante de la pesadilla ha sido el cura John J. Geoghan, al que le quedan 80 juicios pendientes por abusos sexuales y reclamaciones de 130 víctimas.

El doble rasero con que Justicia e Iglesia tratan la pedofilia quedó en evidencia el jueves, cuando se hizo pública la primera condena contra Geoghan: 10 años de cárcel y la recomendación de que, una vez fuera de prisión, se le vigile estrechamente.

«Tu sacerdocio ha sido muy efectivo, tristemente interrumpido por la enfermedad. Que Dios te bendiga, Jack». Con esta nota el cardenal daba por concluida la carrera eclesiástica de Geoghan en 1996, en un tono demasiado cariñoso para referirse a un cura que le había costado a la Iglesia 11,5 millones de euros (1.910 millones de pesetas) en indemnizaciones privadas a sus víctimas.En todos los comunicados internos que, durante décadas, se cruzaron sobre este cura, la Iglesia siempre se refirió a su «problema», su «enfermedad» y su condición de «oveja descarriada». Cuando la enfermedad arreciaba, le mandaban dos meses sabáticos a Roma o a que le examinara un médico general sin experiencia en tratar a pederastas.

«OVEJAS DESCARRIADAS»

Finalmente, sí aceptaron ingresarlo un tiempo en Canadá, en una institución de la Iglesia donde tratan a estas «ovejas descarriadas».Ahora, un juez le ordenó que ingresara en un hospital mental.

Geoghan tenía una estrategia. Se hacía amigo de madres con problemas económicos y familias extensas. Ofrecía su ayuda y se colaba en sus casas. Le encantaba duchar a los niños, rezar con ellos en la cama y llevarlos a tomar un helado. La merienda tenía un precio: a la vuelta, había que masturbar al reverendo. Según sus víctimas, siempre decía lo mismo: «Como cuentes esto nadie te va a creer».

En Jamaica Plain, una de las parroquias donde estuvo destinado, una familia, al descubrir que el amigable cura había abusado de los siete hermanos, se puso en contacto con la archiocésis.La primera reacción de la Iglesia fue pedirles que evitaran el escándalo, que eso era lo mejor para la protección de sus hijos.La contestación fue dura. La familia consideraba esos consejos un «insulto a su inteligencia». La carta que recibieron del cardenal Humberto Madeiros, predecesor de Bernard Law, les dejó estupefactos: «Al mismo tiempo invoco a la compasión de Dios y comparto esa compasión en el conocimiento de que Dios perdona los pecados».

Algunas familias de víctimas se han indignado al conocer la historia de los 87 curas. La Iglesia, al llegar a un acuerdo privado con ellos, prometió apartar de las parroquias a los abusadores. Ahora han sabido que no lo cumplió. El cardenal figura en 25 querellas como acusado por haber encubierto a los pedófilos y no haber hecho nada para evitar que siguieran delinquiendo.

La familia Fulchino firma una de ellas como acusación. En 1995, en las noticias, por primera vez, hablaban de las víctimas de Geoghan. «Mamá, yo soy una de ellas», dijo Chris. El joven, que tenía 13 años cuando Geoghan abusó de él, supo ese día que su padre, Thomas, había sido víctima del reverendo Porter, el cura pederasta más famoso en Boston hasta aquella fecha. A padre e hijo les unía ahora saberse víctimas de abusos sexuales de curas con 30 años de diferencia. Thomas sigue creyendo que la Iglesia hace una buena labor. Chris nunca volvió a pisar una parroquia: «En todas veo la cara de Geoghan».

100.000 VICTIMAS

Los Fulchino podrían unirse ahora a la Red de Supervivientes de Abusos Sexuales de Curas. Según David Clohessy, su responsable nacional, los académicos religiosos estiman que, de los 53.000 curas católicos de EEUU, entre el 2 y el 10% puede ser pedófilo.El número de víctimas se ha estimado en unas 100.000. La Red de Supervivientes tiene 3.400 miembros. En todo el país, hay 1.500 querellas contra curas católicos por abusos sexuales.

Uno de esos curas es Paul R. Shanley, muy conocido en los 70 en Boston como «el cura de la calle». El reverendo Shanley llevaba melenas y era el prototipo de cura progre. Guapo y carismático, en la intimidad era todo un avezado jugador del strip-poker, juego con el que pretendía relajar a sus jóvenes parroquianos.Le gustaba sembrar la polémica en la Iglesia, defendía abiertamente a los homosexuales y ayudaba a los drogadictos. En alguna ocasión, Shanley llegó a decir a los adolescentes que Dios le utilizaba para averiguar quién era homosexual. Por el momento, se han identificado 42 víctimas suyas.

En 1974, la madre de una de las víctimas le dio al cardenal Madeiros el diario de su hijo. En él relataba siete años de experiencias sexuales con Shanley. La Iglesia no hizo nada. Otra madre, amiga del cura, mandó a su hijo, que se había fugado de casa, a su parroquia. Hasta mediados de los 90, no denunció los abusos.La madre todavía tiene una copia de una oración que le dio el sacerdote: «Tú, que tenías como amigas a las prostitutas, que fuiste crucificado porque comiste y bebiste con pecadores (...) guarda a nuestros niños de los adultos depredadores».

Shanley tiene 70 años y vive en San Diego. Durante una época trabajó en Leo House, un albergue en Nueva York para curas, estudiantes y viajeros. Cuando se enteró la archidiócesis de Boston, según el Globe, le dijo que se fuera de allí si no quería perder el seguro médico. Pero la Iglesia tardó tres años en darse cuenta de que Shanley volvía a estar en contacto con chavales.

La Iglesia nunca comunicó a los superiores directos de Geoghan que el cura arrastraba un pasado de abusos a niños. Así, sin muchos problemas, el sacerdote se hacía cargo de los monaguillos y de los grupos de jóvenes de sus nuevos destinos. La archidiócesis tampoco comunicó a la familia más directa de Paul J. Mahan las quejas que había recibido en los 80 sobre los abusos sexuales del cura. En 1996, su hermana Joan le mandó a uno de sus hijos.Creía que su hermano sacerdote sería una buena influencia. No sabía que, en 1993, la archidiócesis había ordenado que recibiera tratamiento en la misma instalación canadiense que Geoghan. Los médicos certificaron que Mahan se sentía atraído por chicos adolescentes.A pesar de eso, la Iglesia le mandó a la parroquia del Sagrado Corazón en Cambridge. Documentos confidenciales hechos públicos por el Boston Globe demuestran que la Iglesia, además, sabía que Mahan era «intratable» y que era más que probable que de nuevo asaltara sexualmente a menores.

Sólo la denuncia de su hermana por haber abusado de su sobrino hizo reaccionar a la Iglesia, que en 1997 le apartó del sacerdocio.Ahora trabaja en una tienda de electrónica en Vermont. A su hermana le preocupa que nadie le vigile. Él mismo, en una nota en 1997, escribió: «Mi enfermedad es tan profunda que no creo que nadie pueda confiar en mí».

Pie de foto tituada

CONDENADO. La Iglesia gastó 11,5 millones de euros en indemnizar secretamente a las familias de las víctimas del pederasta John Geogham (derecha de la imagen). Ahora la Justicia terrena le ha condenado a 10 años de cárcel por abusos a menores, y tiene aún pendientes 80 causas.
 
Re: LOS PROTESTANTES SON LOS MÁS PERVERTIDOS

Re: LOS PROTESTANTES SON LOS MÁS PERVERTIDOS

Originalmente enviado por: apostolvs
Muchas sectas protestantes admiten las aberraciones sexuales como prácticas habituales en el matrimonio. El catolicismo las condena sin ambages, y no hace mucho un cura que se declaró homosexual practicante fue expulsado de su ministerio en el sur de España. Sin embargo, la degeneración del protestantismo se ha refinado tanto que hace de la hipocresia su estandarte. Con la misma energia con la que condena a un cura perderasta, consiente que una obispa lesbiana sea ordenada como tal sin que aparentemente no pase nada. Y esta es la diferencia sustancial. En el protestantismo no existen escándalos sexuales PORQUE ADMITE TODA CLASE DE PERVERSIONES. Resulta patético comprobar como algún "sacerdote" evagélico sale con su carita candorosa en la TV afirmando sin rubor que "la homosexualidad es buena", y el pobrecillo lo demuestra dejandose taladrar todas las noches por un "cuate" de su misma guisa. Esta es la hipocresia generalizada que emana del protestantismo. Si un clérigo católico no mantiene su celibato, suenan las trompetas del juicio final. Si un millar de pastores evangélicos homosexuales se revuelcan en sus prácticas indignas y degradantes, la sociedad lo considera un acto de "progresismo".


pax [/B]



Por esa razón en su web ha copiado usted la forma habitual en que los protestantes presentamos el evangelio:

http://www.geocities.com/apostolvs/LEYESESPIRITUALES.htm


Es una copia exacta con un añadido "romano", muy curioso todo esto ;)
 
EL PROTESTANTISMO FOMENTA LAS PERVERSIÓN SEXUAL

EL PROTESTANTISMO FOMENTA LAS PERVERSIÓN SEXUAL

Como ejemplo, las innumerables sectas protestantes que aceptan las prácticas gays y lesbianas, incluso en PASTORES!!!! Esto si que es una aberración. Vaya ejemplo que están recibienedo los fieles de semejantes elementos...


pax
 
Re: EL PROTESTANTISMO FOMENTA LAS PERVERSIÓN SEXUAL

Re: EL PROTESTANTISMO FOMENTA LAS PERVERSIÓN SEXUAL

Originalmente enviado por: apostolvs
Como ejemplo, las innumerables sectas protestantes que aceptan las prácticas gays y lesbianas, incluso en PASTORES!!!! Esto si que es una aberración. Vaya ejemplo que están recibienedo los fieles de semejantes elementos...


pax


apostolus, refleja usted una gran obsesión por los temas sexuales y creo que debería de acudir a algún especialista por si existe alguna patología que le haga pensar tan continuamente en este tema.



Sobre lo que dice:me gustaría que nos diera pruebas concretas de cada caso, que en realidad no creo que su numero sea superior a los casos que se están dando estos días, y bien documentados, de cientos de sacerdotes católicos que violaron y abusaron de niños.



Esta noticia que pongo a continuación iba a ser guardada en mi archivo, pero usted mismo ha hecho que saliera a la luz, dado que lo que usted dice es "el pan de cada día" dentro del seno de la iglesia católica; creo que ustedes no están en condiciones de hablar sobre homosexualidad, pedofilia o violaciones. :no:



http://www.cnnenespanol.com/2002/time/03/27/church.tm/





¿Puede salvarse la Iglesia?



Católicos de EE.UU. piden urgentes reformas en el seno de la Iglesia, al multiplicarse los casos de abuso sexual por todo el país.
el padre rudy kos con Jay Lemberger, de 12 años, fue condenado por abusos sexuales a una triple cadena perpetua. Lemberger se pegó un tiro cuando tenía 21 años
27 de marzo, 2002


Actualizado: 4:47 PM hora de Nueva York (2147 GMT)

Por JOHANNA McGEARY

(TIME) -- Lo sorprendente es la gran cantidad de casos que han ido desacreditando a la Iglesia y son ahora de dominio público —no sólo en Boston, sino en Los Angeles, San Luis, Filadelfia, Palm Beach (Florida), Washington, Portland, Maine y Bridgeport (Connecticut)—. Lo terrorífico del caso no es su singularidad, sino su funesta semejanza: un sacerdote católico abusa sexualmente de unos menores, la Iglesia lo encubre, independientemente de que esté implicado el padre Dan, el padre Oliver o el padre Rocco... o el padre Brett.

Frank Martinelli era un monaguillo de 15 años fácilmente manipulable que quería ser sacerdote. Veía un futuro lleno de santidad cuando se cruzó con el reverendo Laurence Brett, un carismático y joven cura de Santa Cecilia, en Stamford (Connecticut). En una excursión a Washington, el padre Brett acarició al joven Frank en el cuarto de baño. De regreso a casa en su automóvil, Brett le pidió al chico que le practicara sexo oral, como una forma de bendición antes de recibir la Sagrada Comunión. Como la mayoría de los adolescentes de hace 30 años, Frank se sintió demasiado humillado, atemorizado y confundido para pronunciar palabra alguna.

Martinelli, que tiene ahora 54 años, nunca llegó a ordenarse como sacerdote. Se casó, tuvo un hijo, y se instaló en Milwaukee, trabajando como asesor de organizaciones sin ánimo de lucro. Su vida se vio perturbada por inexplicables confusiones, ira, depresión y pérdida de fe. Hasta una noche de 1991, no sabía lo que pasaba. Estaba hablando por teléfono con un antiguo amigo de Springdale, cuando el amigo le soltó que el padre Brett había abusado de él. "Estaba consternado", declaró Martinelli a TIME. "Me di cuenta de que eso es lo que me pasó a mí". Fue a ver a un psicólogo y un año después interpuso una demanda contra Brett y la diócesis de Bridgeport, regida entonces por el obispo Edward Egan, ante la corte federal de New Haven.


Violacion de confianza: La Iglesia resolvió el caso contra el reverendo Paul Shanley (arriba). El reverendo Robert Larson, acusado de abusar sexualmente de Eric Patterson, de 12 años, que acabó suicidándose
Las autoridades eclesiásticas de Bridgeport ya conocían desde 1964 las inclinaciones de Brett, pero no informaron a las autoridades civiles ni advirtieron a los feligreses, sino que dejaron que desempeñara varios cargos eclesiásticos por todo el país. En 1990, cuando Egan se hizo cargo de la diócesis como obispo, se entrevistó con Brett y luego declaró: "En general, dió buena impresión. En el curso de nuestra conversación abordamos todos los detalles del caso con mucho tacto". De modo que Egan permitió a Brett que siguiera ejerciendo como cura.

En noviembre de 1992, Brett se reconoció autor de una indiscreción, y posteriormente de tres más, a pesar de lo cual siguió ejerciendo. Luego llegaron los alegatos de Martinelli y después apareció un nuevo acusador. Una semana más tarde, Egan acabó confesando a Brett que no podía seguir ejerciendo como sacerdote. A mediados de 1997, un jurado decidió que la diócesis había incumplido sus obligaciones al no advertir a Martinelli sobre las inclinaciones del cura y fue indemnizado con cerca de 1 millón de dólares.

Demasiada tolerancia
En 1991 el padre George Cooley, de la diócesis de Cincinnati, fue despojado de los hábitos tras declararse culpable de pedofilia. La semana pasada el arzobispo de Cincinnati admitió que un sacerdote que había abusado sexualmente de varios menores fue reincorporado a la parroquia de su diócesis. ¿Todavía no ha aprendido la Iglesia la lección?

Obras nada piadosas:
Guckenberger, víctima de abuso sexual, también responsabiliza a la Iglesia de estos actos: ¿Qué les pasa? No se enteran de nada.

Bajo sospecha

Chico ideal: Azzarone (arriba), y la víctima Leighton cuando tenía 13 años
El reverendo Daniel Azzarone, acusado de abusar sexualmente de un adolescente de 16 años, deberá comparecer ante los tribunales. No es la primera vez que se le acusa de este mismo delito. Elizabeth Leigthon está convencida de que las inclinaciones de Azzarone son la causa del desequilibrio mental de su hijo Donald, de 36 años, internado desde hace 20 en una clínica psiquiátrica. Dice que informó del caso a la diócesis después de que su hijo se lo confesara en 1997, pero nadie le creyó. William Burroughs, capitán de policía de Cranston, la ciudad donde vive Azzarone, dice que el sacerdote enseñaba vídeos pornográficos a los adolescentes, fumaba marihuana y bebía antes de "obligarles a realizar el acto sexual con él". Azzarone es el último sacerdote acusado de abusos sexuales contra menores. La Iglesia tiene que hacer ahora frente a una demanda interpuesta por 39 personas que dicen tener los nombres de 11 sacerdotes pedófilos más y una monja.
En la actualidad, Brett se encuentra en paradero desconocido y sigue ejerciendo como sacerdote, a pesar de las peticiones de que sea apartado de sus funciones. Egan que es ahora cardenal y arzobispo de Nueva York y uno de los prelados más eminentes de Estados Unidos, está siendo objeto de grandes presiones para que explique no sólo su modo de actuación en el caso de Brett, sino en otros casos en los que están implicados otros sacerdotes, cuyos abusos silenció sistemáticamente mientras estuvo en Bridgeport. Martinelli no encuentra todavía consuelo. Afirma que todo se hubiera resuelto sin necesidad de dinero si le hubieran pedido disculpas públicamente.

Miles de Franks Martinellis y cientos de padres Bretts está ensombreciendo la imagen de la Iglesia Católica estas Pascuas, como también lo han hecho los obispos estadounidenses que han permitido estos delitos. Cada día que pasa, el escándalo adquiere proporciones mayores, con sacerdotes acusados de abusos sexuales por todo el país y las líneas telefónicas de ayuda bloqueadas por las llamadas de los afectados. No es sólo "un trágico error", tal y como lo definió el cardenal de Boston, Bernard Law, sino un duro golpe espiritual y material a la autoridad de la Iglesia. Ha dañado la vida de muchas personas y la confianza y la credibilidad de la Iglesia para hablar de temas morales han quedado malparadas.

Tras varias semanas de silencio, el papa Juan Pablo II envió un vago mensaje de Pascua en el que dice: "Como sacerdotes, estamos personal y profundamente afligidos por los pecados de algunos de nuestros hermanos que han traicionado la gracia del sacerdocio" y muestra su "preocupación" por las víctimas. Pero esas pocas palabras no bastan a quienes exigen medidas concretas.


Cultura de secretismo

Es probable que la mayoría de los estadounidenses se haya dado cuenta del alcance real de la pedofilia clerical cuando en enero el diario Boston Globe reveló los abusos sexuales de John Geoghan y la práctica de la diócesis de ocultarlos sistemáticamente. Sin embargo, la Iglesia estadounidense ha estado al corriente de ellas. También ha estado al corriente de la amplitud, de lo arraigado de estas prácticas sexuales y de su frecuencia, al menos desde el primer gran escándalo por abuso sexual que salió a la luz en un juicio en Luisiana en 1985. En aquel caso, el reverendo Gilbert Gauthe fue condenado a 20 años por abusar de docenas de niños, a quienes se indemnizó con 18 millones de dólares por daños y perjuicios.

En los años posteriores salieron a la luz más casos importantes y cuantiosas indemnizaciones —cerca de 1.000 millones de dólares o más— pero no tomaron las medidas oportunas para abordar el problema. Poco tiempo después, el reverendo Thomas Doyle, especialista en Derecho Canónico de la Nunciatura del Vaticano en Washington, redactó un informe de 100 páginas aconsejando que se apartara a los agresores del contacto con niños, se socorriera a las víctimas y se dijera al público la verdad. Sin embargo, siempre que surgía un nuevo caso la Iglesia alegaba que se trataba de una aberración, un caso aislado, una manzana podrida. O una campaña orquestada por la prensa anticatólica.

Las diócesis entraron en un ciclo de negaciones y engaños. Trataban la patología sexual como un fracaso moral y el delito como una cuestión religiosa. La jerarquizada Iglesia Católica, mantiene siempre en secreto sus deliberaciones, se vigila a sí misma y todas las órdenes las recibe de arriba. Un sacerdote obediente asciende y adquiere mayor autoridad a base de inclinar la cabeza, y obtiene recompensas gracias a sus destrezas burocráticas y a su estricta ortodoxia.

Cuando son nombrados, los cardenales se obligan ante el Papa a "mantener en secreto todo lo que, en caso de ser revelado, pudiera provocar escándalo o perjudicar a la Iglesia". Con respecto a los abusos sexuales, el Vaticano dijo básicamente a los obispos que se las arreglasen solos. Pero, si librar a la Iglesia del escándalo era literalmente una virtud cardinal, los obispos de las 194 diócesis de Estados Unidos que tenían responsabilidad directa sobre las conductas clericales erróneas la convirtieron en su principal máxima: lo mejor era que la gente no supiera nada.

Si las acusaciones llegaban a la diócesis, el obispo, una autoridad en sí misma que suele actuar como si compartiera la infalibilidad del Papa en virtud de su ordenación, cumplía el papel de fiscal, de juez, y de emitir sentencia. Desesperados por retener a hombres pecadores dado el alarmante descenso del número de sacerdotes, y poniendo en primer lugar la imagen de la Iglesia, los obispos refinaron el sistema. Para ello adoptaron la estrategia de convencer a las familias de que la publicidad perjudicaría la fe, de no informar a la policía ni advertir a los feligreses, de hablar con el sacerdote en la confesión, enviarlo a un discreto centro de rehabilitación y aplicar el perdón cristiano, dejándole reanudar sus funciones en una nueva parroquia, tal y como se hace con los sacerdotes aficionados al whisky.

Durante años, los obispos creían (o querían creer) que la pedofilia tenía "cura", hasta que los abusos en serie, las múltiples víctimas y la reiteración de los agresores demostraron que no era así. Sólo los reincidentes más recalcitrantes fueron "reducidos a laicos" u obligados a dejar el sacerdocio, mucho después de haber cometido sus peores fechorías. Y, si alguna víctima acababa por presentar una demanda, la estrategia era no admitir nada, comprar el silencio, llegar a un acuerdo extrajudicial y sellarlo con un pacto de confidencialidad. La Iglesia, según Richard Sipe, un antiguo sacerdote que actúa a favor de los demandantes en casos de este tipo, "adoptó una postura muy defensiva, en lugar de tomar cartas en el asunto".


Que se cumpla la ley

Las historias de terror que están saliendo en las primeras páginas de los periódicos están modificando la conducta eclesiástica, les guste o no a sus líderes. Sometidos a presiones, algunos obispos han optado por recurrir a la "tolerancia cero" con respecto a cualquier sacerdote, de antes de o de ahora, contra el cual se presenten acusaciones. La diócesis de Orange County, del sur de California, apartó de su parroquia al reverendo Michael Pecharich a principios de marzo, cuando quedó probado un único caso de abuso ocurrido varias décadas atrás.

Y cuando Kathryn Barret-Gaines y su hermana, que ahora tienen treinta y pico de años, se pusieron en contacto hace dos semanas con la archidiócesis de Washington para denunciar al monseñor Russell Dillard, de 54 años, el popular pastor de la mayor comunidad católica afroamericana de la ciudad por los "besos y caricias inadecuadas" cuando eran adolescentes. El cardenal Theodore McCarrick suspendió fulminantemente a su buen amigo. Dillard dijo a su superior espiritual que "no había transgredido los límites de la decencia más allá de la afectividad paterno-filial". No obstante, McCarrick envió a Dillard a una clínica especializada en abusos sexuales para que lo evaluaran, informó a la policía del caso, y no permitirá que regrese a su iglesia si se demuestra que las hermanas están diciendo la verdad.

La Iglesia nunca dio muchas garantías judiciales cuando puso las investigaciones en manos de los obispos. Y el año pasado, el Vaticano dictó nuevas normas con tanta discreción que la mayoría de los eclesiásticos todavía no saben si ha cambiado algo. Sin darle mucha publicidad, Roma promulgó en latín una directriz papal, conocida como motu propio (que significa "bajo su autoridad personal"), prácticamente escondida dentro del largo anuario de la Santa Sede. Ordenaba que las acusaciones relativas a abusos sexuales fueran remitidas en secreto, para su estudio, a la Congregación para la Doctrina de la Fe de Roma, conocida en otros tiempos como la Inquisición, manteniendo los procedimientos bajo estricto control eclesiástico. En ningún momento se mencionaba informar a las autoridades civiles.

Por su parte, la Conferencia Episcopal de EE.UU. tampoco ha redactado unas pautas de carácter general sobre cómo administrar con justicia las iniciativas de "tolerancia cero". Jan Malicki, ordenado en Polonia, llegó al norte de Miami en 1990 para sustituir a un sacerdote. En 1998, dos mujeres lo acusaron de abusos sexuales cuando una de ellas era menor de edad. En lugar de determinar si las acusaciones tenían fundamento, la archidiócesis convocó una rueda de prensa para anunciar el inminente arresto del sacerdote, declarando a continuación la inmunidad de la Iglesia a tenor de la Primera Enmienda a la constitución. Aunque, dos años después, los investigadores del condado concluyeron que no había pruebas contra él, Malicki todavía no ha vuelto a ejercer como sacerdote. "La archidiócesis ha abandonado a este sacerdote, tratando de lavarse las manos en esta cuestión", dice su abogado, Ellis Rubin. "¿Será que todo esto ha llegado demasiado lejos?", se pregunta el predecesor de Dillard en St. Augustine. "Creo que ahora los sacerdotes se preguntan todos los días de qué pueden ser acusados".

A medida que aumentan las acusaciones, las relaciones de la Iglesia con la justicia están tomando otro cariz. Hasta ahora sólo 19 estados exigen al clero que informe a las autoridades civiles de sospechas o imputaciones de abusos sexuales contra menores. Mientras los legisladores hacen un esfuerzo de última hora para incluir a la Iglesia en las leyes relativas a los informantes obligatorios, la mayoría de los obispos dice que ya han prometido comunicar a la policía todas las nuevas acusaciones que se presenten. Algunos obispos, como los de Boston y Bridgeport, están registrando a fondo sus archivos secretos para poder entregar los detalles de todos los casos de los últimos 49 años.

Durante años, la mayoría de los casos han llegado a los tribunales como demandas civiles, pero sus efectos han sido devastadores económicamente, valorados en millones de dólares. Por eso, algunas diócesis adoptaron artimañas legales que suponían un nuevo abuso contra las víctimas. Un grupo de 39 demandantes ha estado luchando durante 10 años contra la diócesis de Providence (Rhode Island) para conseguir indemnizaciones por abusos cometidos por 11 sacerdotes. Los abogados de la Iglesia atacan la credibilidad de las víctimas y la buena reputación de sus familias. Bombardean a las víctimas hasta con 500 preguntas escritas, piden ver las declaraciones de la renta de los últimos 30 años, exigen el nombre de todos los médicos que han visitado desde los 12 años y las fechas de cada una de las visitas, e interrogan a las madres de las víctimas sobre el historial sexual de sus hijos. "Eso es intimidación", dice Lee White, de 45 años, uno de los demandantes. "Me siento como si estuvieran abusando de nuevo de mí".


Mirando al futuro

En primer lugar, la Iglesia como institución tiene que reconocer la magnitud del daño. Los escuetos párrafos del Papa al final de su homilía del Jueves Santo no se pueden interpretar como un mea culpa. En una tensa conferencia de prensa posterior, el cardenal Darío Castrillón Hoyos, uno de los candidatos al próximo pontificado, cortó en seco la avalancha de preguntas con una clásica muestra del obstruccionismo vaticano, defendiendo resueltamente la política vigente. Citando las "graves y estrictas" normas internas que la Iglesia aplica a los sacerdotes pedófilos, el cardenal levantó la vista de su texto y preguntó qué otra institución tiene unas normas semejantes. "¡Me gustaría conocer alguna!", dijo, moviendo el dedo.

El Vaticano ha restado importancia al escándalo, considerándolo "un problema estadounidense", como si no afectara a otros países. En los pasillos de Roma, los prelados menosprecian el carácter "litigioso" de la sociedad estadounidense y culpan de la existencia de sacerdotes pedófilos a las relajadas costumbres sexuales norteamericanas. Un miembro de la curia del Vaticano se queja: "En Estados Unidos se confía demasiado en la psicología moderna, en lugar de en la sabiduría tradicional de la Iglesia". Algunos prelados han reconocido que el Papa está muy dolido por la crisis de la Iglesia estadounidense. Pero eso no significa que esté dispuesto ni que sea capaz de afrontar un asunto tan explosivo. El papado odia doblegarse ante las presiones externas. Jeff Anderson, el abogado de St. Paul que ha venido demandando regularmente a la Iglesia en nombre de víctimas de abusos, dice que "no van a cambiar hasta que un obispo vaya a la cárcel, hasta que cada obispo oiga cerrarse tras él la puerta de la celda y ese sonido resuene en el Vaticano".

Pero no hace falta una revolución al estilo del Concilio Vaticano II para que la Iglesia comience a mejorar su manera de abordar los abusos sexuales. El arzobispo de Atlanta, John Donoghue, impartió unas cuantas lecciones al respecto en una reciente carta pastoral: informar inmediatamente a la justicia de las acusaciones; cooperar en las investigaciones; apartar al acusado de los niños; y si es declarado culpable, separarlo del ministerio sacerdotal. Scott Appleby, director del Centro Cushwa para el estudio del catolicismo norteamericano de la Universidad de Notre Dame, dice que, cuando la Conferencia Episcopal se reúna en julio, tendrá que elaborar un código uniforme y obligatorio de normas vinculantes que consagren estos principios. "En el pasado", dice, "el problema ha sido la autonomía de cada obispo, su libertad para adoptar o hacer caso omiso a las normas de la Conferencia". Muchos han sugerido que cada diócesis debe nombrar un consejo de asesores laicos que examinen cada caso de abuso.

Sin embargo, un número cada vez mayor de católicos, como la profesora de religión de la Universidad Northwestern Cristina Traina, dice que todo esto no es suficiente para compensar esta "flagrante violación de confianza" por parte de la Iglesia. Muchas víctimas acusadas de interponer demandas por dinero dicen que lo que realmente quieren es generosidad espiritual: una disculpa por parte de la Iglesia, el reconocimiento de los delitos cometidos y una explicación de por qué deja la Iglesia que los pedófilos reconocidos reincidan. La ira no empezará a remitir hasta que los prelados, desde el primero al último, "profesen una auténtica confesión y una verdadera contrición", dice Traina. "Ha de ser una declaración pública en nombre de todas las personas implicadas en los encubrimientos", y después hay que modificar la estructura de poder que exaltaba el secretismo para que cumpla los "requisitos generalmente admitidos" en materia de conducta ética.

La primera obligación, dice el obispo Wilton Gregory, presidente de la Conferencia Episcopal, es "dar a conocer estos asuntos". La segunda es establecer reglas transparentes que hagan responsable a la Iglesia de sus errores. Jim Griley, de 39 años, quien afirma que el sacerdote californiano Michael Pecharich abusó de él hace 30 años, está haciendo una cruzada para sacar a la Iglesia de su secretismo. "Esto supondrá una purificación para la Iglesia. Tienen que llegar al fondo de la cuestión y dar la cara".

A medida que los católicos llenan los bancos de las iglesias en las misas de Pascua, muchos lamentan el escándalo que ha sacudidos sus conciencias. En la parroquia de Holy Family el devoto Ed Ternan lo ha llamado un "momento crucial en la vida de la Iglesia", trágico para las víctimas, trágico para los sacerdotes, y trágico para la Iglesia. "El viejo método de ocultar las cosas que pasan ya no va a funcionar". Y ahora, los líderes eclesiásticos deben rezar por encontrar el remedio antes de que los feligreses pierdan la fe.

—Informes de Rebecca Winters/Bridgeport, Siobhan Morrisey/Palm Beach, Sean Scully/ Los Angeles, Maggie Sieger/Chicago, Simon Crittle/Providence, Sarah Sturmon Dale/Minneapolis, Andrew Goldstein y Sally Donnelly/Washington, Jeff Israely/Roma, Tim Padgett/Miami y Deirdre van Dyk/Nueva York.






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Re: Asi quien.....

Re: Asi quien.....

Originalmente enviado por: Dreamer Angel
Y despues de todo ese relato de apostol dicen "sonrie Dios te ama" ...alguien que ama no anda predican do el sufrimiento eterno.....

Hola Dreamer:

Solo hay una forma de evitar el sufrimiento del eterno castigo, Dios te habla por su Palabra, escúchala.

Todo pecado nos separa de y él es infinitamente justo y misericordioso, el puente de separación es Jesucristo, el único camino, verdad y vida, por ese puente se cruza al otro lado por ese camino se va al Padre. Escucha Buenas Nuevas de salvación en Cristo:

"porque de tal manera amó Dios a éste mundo que ha enviado a su Hijo Unigénito, para que todo aquel que en El crea; no se pierda, más tenga vida eterna" Juan 3;16

"He aquí que estoy a la puerta y llamo, si alguien escucha mi voz y me abre, yo enraré y entraré con él y él conmigo" Apocalipsis 3:20


Dios te ama Dreamer, no ama el pecado y es la solución para tu vida.:corazon:
 
Fe de erratas:

Fe de erratas:

Es: yo entraré y cenaré con él y él conmigo.

Perdón
 
Este tema destruyó mi vida y mi matrimonio a causa de que mi marido se volcó por 23 años a ver páginas de adultos y blogs con mujeres de su agrado. Esto es real y como estamos en los últimos tiempos nada me sorprende. Yo me enteré de todo esto hace 4 años el mismo vino a contármelo y realmente no lo me hizo bien escucharlo y por motivos varios terminé muy enferma y mi hija tuvo que internarme para recuperarme. Este hombre arruinó mi salud mental y ni hablar en lo espiritual. Luego de eso recibí golpes tan sólo por preguntar por qué había hecho tremenda cosa. Y nada, hasta el día de hoy sigo luchando para saber si es un psicópata y todavía no tengo un diagnóstico de su psiquiatra y su psicólogo. Cabe destacar que por lo que les cuento se apartó de la Fe. Este es un tema muy complicado y tiene detalles tan importantes que por razones obvias no puedo contarlas en este foro, entonces recién ahí entenderían por lo que mi hija y yo estamos pasando hoy. Sólo se que todo se derrumbó el dia que mi marido decidió buscar lo prohibido para satisfacción propia. Disculpen si les molesta mi comentario pero lo que les cuento es pura verdad. Dios tenga misericordia de mi. mi hija y mis padres, todos involucrados por este gran desastre familiar! Gracias por leer. Bendiciones!!!