Bendiciones en Cristo.
Nota: Abro este epígrafe con la idea de compartir sobre el Motivo de la Encarnación. Es un tema tradicional en el Catolicismo por lo que a su tiempo haré referencia a esa Tradición, pero todos están invitados a participar.
En el interés de hacer que más personas se dejen encontrar por Jesús reviso constantemente mi manera de presentar el Evangelio y observo, en oración y con cuidado, cómo lo hacen otros para integrar sus bondades en mi manera de hacerlo.
En las comunidades católicas que suelo visitar hay una manera de presentar el Primer Anuncio o Kerygma (como respuesta al llamado a la Nueva Evangelización) que consta de siete pasos:
1. Amor de Dios.
2. Pecado.
3. Jesucristo es la Salvación.
4. Fe.
5. Conversión.
6. El don de El Espíritu Santo.
7. Comunidad.
Hay algo en ese esquema que me inquieta, y no en el buen sentido, sino inquietud de desagrado, y es la prisa con la que se salta a hablar del pecado y cómo se presenta a Jesús como la "solución" para el pecado. Creo que esto muchas veces se convierte en un verdadero problema en la evangelización. Primero por la resistencia normal que hay, tanto sicológica como espiritual, a que lo confronten a uno con su pecado, hace que el proceso de evangelización inicie con un momento desagradable en algunos casos o para que termine con un momento desagradable porque algunos ya no regresan o rechazan el proceso de plano. Y segundo porque la relación del iniciado/evangelizado con Jesús empieza a fundamentarse en el hecho de que Jesús es quien lo saca de problemas.
Lo segundo me preocupa más. Jesús es mucho más que un Salvador. A medida que he ido madurando y profundizando en mi relación personal con el Señor he visto el esfuerzo que he tenido que invertir en descubrir aspectos de la personalidad de Jesús que desconocía a causa de todo el tiempo que lo tuve limitado a ser mi Perdonador-de-Pecados. Eso me dejaba al Padre mal parado, el Padre era el que se ofende, el irritable, al que hay que apaciguar y Jesús era la víctima de propiciación, nada más. El Espíritu Santo no era más que quien me convence para que le haga caso a Jesús y lo acepte. Cartón lleno. Listo. Pero triste y muyyyy pobre. A lo sumo esto es un aspecto, importante del evangelio, pero creo que se puede reenforzar con una perspectiva distinta. Bíblica y revelada, pero distinta.
En la Carta a los Efesios y en la que se dirige a los Colosenses San Pablo pretende presentar un resumen del Plan de Salvación y en ambas cartas su principio es con una referencia a la eternidad o pre-existencia del Plan Divino que estaba fundamentado en Cristo-Jesús. En la gran mayoría de los esfuerzos evangelísticos de San Pablo noto cómo en el fondo de sus Palabras hay un convencimiento de que Cristo no era sólo una solución para el pecado, sino que Él real y efectivamente existe eternamente como motivo, sustento y finalidad de todo. Evidentemente pecamos, pero Cristo, quien lo llena todo en todo, cabeza de todo, no sólo por quien sino PARA quien todo fue creado, estaba en la mente del Padre siempre.
Ese aspecto yo lo veo muy obviado cuando evangelizamos y creo que de él emanaría un convencimiento del amor de Dios, del control divino, una confianza en su Providencia que cambiaría más rápido la cosmovisión enraizada en los valores de este mundo que tiene la gente, les permitiría confiar en el Poder absoluto de Dios, estarían más a tono desde temprano con su Soberanía y le confiarían su vida pues su esperanza es segura. Y todo eso "En Cristo" porque Cristo no venía a la tierra sólo para salvarnos del pecado, me parece deducir de esta manera de pensar que creo ver en San Pablo (además de en otros autores bíblicos como San Juan, pero en Pablo bien claro).
Es como que nos saltamos la historia de Génesis, rápido volamos al capítulo tres (3) y andamos a hablar de pecado, y nos hemos saltado el Paraíso, el gobierno de Dios que crea una comunidad para que viva en deleite, esa sabiduría divina que ya conocía y creó todo mediante la Palabra, la misma Palabra que existía ya antes de que El Padre revelara que El que Vendrá aplastará la cabeza de la serpiente. Este salto de tres capítulo me parece que nos hace perder algo.
¿La Palabra se habría Encarnado si Adán no hubiese pecado?
En el Amor de Jesús.
Gabaon.
Nota: Abro este epígrafe con la idea de compartir sobre el Motivo de la Encarnación. Es un tema tradicional en el Catolicismo por lo que a su tiempo haré referencia a esa Tradición, pero todos están invitados a participar.
En el interés de hacer que más personas se dejen encontrar por Jesús reviso constantemente mi manera de presentar el Evangelio y observo, en oración y con cuidado, cómo lo hacen otros para integrar sus bondades en mi manera de hacerlo.
En las comunidades católicas que suelo visitar hay una manera de presentar el Primer Anuncio o Kerygma (como respuesta al llamado a la Nueva Evangelización) que consta de siete pasos:
1. Amor de Dios.
2. Pecado.
3. Jesucristo es la Salvación.
4. Fe.
5. Conversión.
6. El don de El Espíritu Santo.
7. Comunidad.
Hay algo en ese esquema que me inquieta, y no en el buen sentido, sino inquietud de desagrado, y es la prisa con la que se salta a hablar del pecado y cómo se presenta a Jesús como la "solución" para el pecado. Creo que esto muchas veces se convierte en un verdadero problema en la evangelización. Primero por la resistencia normal que hay, tanto sicológica como espiritual, a que lo confronten a uno con su pecado, hace que el proceso de evangelización inicie con un momento desagradable en algunos casos o para que termine con un momento desagradable porque algunos ya no regresan o rechazan el proceso de plano. Y segundo porque la relación del iniciado/evangelizado con Jesús empieza a fundamentarse en el hecho de que Jesús es quien lo saca de problemas.
Lo segundo me preocupa más. Jesús es mucho más que un Salvador. A medida que he ido madurando y profundizando en mi relación personal con el Señor he visto el esfuerzo que he tenido que invertir en descubrir aspectos de la personalidad de Jesús que desconocía a causa de todo el tiempo que lo tuve limitado a ser mi Perdonador-de-Pecados. Eso me dejaba al Padre mal parado, el Padre era el que se ofende, el irritable, al que hay que apaciguar y Jesús era la víctima de propiciación, nada más. El Espíritu Santo no era más que quien me convence para que le haga caso a Jesús y lo acepte. Cartón lleno. Listo. Pero triste y muyyyy pobre. A lo sumo esto es un aspecto, importante del evangelio, pero creo que se puede reenforzar con una perspectiva distinta. Bíblica y revelada, pero distinta.
En la Carta a los Efesios y en la que se dirige a los Colosenses San Pablo pretende presentar un resumen del Plan de Salvación y en ambas cartas su principio es con una referencia a la eternidad o pre-existencia del Plan Divino que estaba fundamentado en Cristo-Jesús. En la gran mayoría de los esfuerzos evangelísticos de San Pablo noto cómo en el fondo de sus Palabras hay un convencimiento de que Cristo no era sólo una solución para el pecado, sino que Él real y efectivamente existe eternamente como motivo, sustento y finalidad de todo. Evidentemente pecamos, pero Cristo, quien lo llena todo en todo, cabeza de todo, no sólo por quien sino PARA quien todo fue creado, estaba en la mente del Padre siempre.
Ese aspecto yo lo veo muy obviado cuando evangelizamos y creo que de él emanaría un convencimiento del amor de Dios, del control divino, una confianza en su Providencia que cambiaría más rápido la cosmovisión enraizada en los valores de este mundo que tiene la gente, les permitiría confiar en el Poder absoluto de Dios, estarían más a tono desde temprano con su Soberanía y le confiarían su vida pues su esperanza es segura. Y todo eso "En Cristo" porque Cristo no venía a la tierra sólo para salvarnos del pecado, me parece deducir de esta manera de pensar que creo ver en San Pablo (además de en otros autores bíblicos como San Juan, pero en Pablo bien claro).
Es como que nos saltamos la historia de Génesis, rápido volamos al capítulo tres (3) y andamos a hablar de pecado, y nos hemos saltado el Paraíso, el gobierno de Dios que crea una comunidad para que viva en deleite, esa sabiduría divina que ya conocía y creó todo mediante la Palabra, la misma Palabra que existía ya antes de que El Padre revelara que El que Vendrá aplastará la cabeza de la serpiente. Este salto de tres capítulo me parece que nos hace perder algo.
¿La Palabra se habría Encarnado si Adán no hubiese pecado?
En el Amor de Jesús.
Gabaon.