Mario Enrique
EXPLICACIÓN PRELIMINAR
Estimados hermanos en el Señor Jesús
He participado en varios temas que se han planteado en este Foro, y en más de una oportunidad he recibido respuestas a las que me atrevo a calificar como poco gratas, ya que algunas veces me han dicho cosas “agresivas”, y en otras únicamente obtuve un “silencio” que no dudo en tildar de “ofensivo”, ya que muestran no sólo un desprecio por mis opiniones, sino también una obstinación de pensamiento absoluta, a la que califico por lo menos como muy alejada del espíritu de concordia que emana del Evangelio.
A raíz de eso, y para evitar cualquier duda sobre mi persona y pensamientos, trataré de exponer en estas breves líneas mi posición con relación a todos, ABSOLUTAMENTE todos mis hermanos (todos los seres humanos), y además trataré de explicar de una forma simple y breve mi postura sobre los textos bíblicos.
Hace ya bastante tiempo que trato de comprender los motivos por los cuales el cristianismo no logró un avance más importante a lo largo de estos veinte siglos, y también cuál puede ser el motivo por el que muchas veces —muchísimas en realidad— en lugar de actuar conforme el claro —clarísimo— mensaje de AMOR del Evangelio, actuó en forma despótica y hasta inhumana en muchos lugares del planeta. Y dejo aclarado que este sayo, en mayor o menor medida, le cabe a todas las Iglesias (o grupos cristianos) por igual.
Descarto por completo que esa situación pueda originarse en el accionar del “Maligno”, es decir del demonio, ya que su poder, comparado con el que posee el Buen Padre Celestial, el Eterno, el Amor, no pasa de ser poco más que un simple “cero a la izquierda” y, por ende, como no dudo ni por un instante en el inmenso AMOR que Dios tiene por todos nosotros, me resulta absurdo aceptar que Él no pueda limitar el accionar de quien es, al fin y al cabo, sólo una más de sus creaturas.
Pues bien, sin entrar en más detalles al respecto, ya que no deseo cansarlos (aunque, por supuesto, no tango inconveniente en suministrárselos a quien lo solicite), creo que eso ha sucedido —y sucede— por causas atribuibles a lo que hacemos —o dejamos de hacer— los seres humanos, y estimo que podríamos resumirlos fundamentalmente en dos situaciones.
1º) Porque si bien aseguramos que todos somos hermanos, hijos del mismo Padre, en realidad no actuamos como tales, ya que vivimos “rascándonos para adentro” según las posibilidades con las que hemos nacido, o logramos adquirir con nuestras actividades. Por el otro lado, porque también afirmamos como un principio fundamental del cristianismo el amar al prójimo, pero en rigor de verdad sólo nos aprovechamos de las necesidades de nuestro prójimo, ya que todos (o por lo menos la inmensa mayoría), de una u otra forma, en lugar de brindarle desinteresadamente lo que necesita “le cobramos” para satisfacer sus necesidades, sea cuando le vendemos algo, sea cuando le prestamos algún servicio que necesita.
2º) Porque después de muchos años de leer la Biblia y otros textos de la antigüedad, he llegado al convencimiento de que existen MUCHOS pasajes de la Biblia que relatan hechos que le fueron atribuidos erróneamente a Dios, al Buen Padre Celestial, al Amor, motivo por el cual, de una forma similar a como actuaba —y aún lo hace— el pueblo hebreo, el cristianismo no fue capaz de “desprenderse” de esos textos del Antiguo Testamento, y continuó considerándose “superiores” a los demás seres humanos (el nuevo “pueblo elegido”), exigiéndoles su obediencia y aprovechándose de todos ellos.
Pues bien, con relación al primero de esos problemas he escrito algunas cosas, incluso libros, explicando lo que considero el motivo “oculto” (simplemente humano) de la ejecución de Jesús en un patíbulo romano, y proponiendo que se analice la conveniencia de volver al sistema de vida que practicaba Jesús con sus discípulos, y que además fue como vivieron la gran mayoría de los cristianos, por lo menos hasta el siglo II/III de nuestra era, es decir, en comunidad de vivencias Y DE BIENES.
Y con respecto al segundo “problema” —y que es a lo que me referiré en este epígrafe— intento mostrar la existencia de esos “errores” que es posible encontrar en la Biblia, con la esperanza de que, en lugar de “escandalizarnos”, al aceptarlos lleguemos a comprender lo equivocado de esas actitudes de “superioridad” que tantas veces se adoptaron —y se adoptan— y centremos nuestro accionar y creencia en aquello que —al menos para mí— constituye lo esencial del mensaje bíblico y que podría resumir de la siguiente forma: hay que amar a Dios (reconocer su existencia y que dependemos completamente de Él) y demostrarlo fundamentalmente a través del amor a nuestros hermanos (a toda la humanidad por igual, pero esencialmente a nuestro prójimo—próximo).
Pues bien. Efectuada esta aclaración inicial, a continuación mencionaré un caso que constituye la más clara contradicción (o error) que podernos encontrar en los textos bíblicos, y que. por la importancia que tiene, interpreto que debemos analizarlo con mucha paciencia y conciencia.
Cordiales saludos
MARANA-THA
Mario
MARIO ENRIQUE:
No veo absolutamente ninguna contradiccion en los pasajes que has senalado. Obviamente, Exodo 20: 5 y los otros pasajes similares a este, no han sido entendidos como debieran ser.
Fue una excelente manera la que tuvo Dios para advertirle a los hijos, a los nietos y a las 2 generaciones posteriores a ellos, que Dios VISITARIA tambien la maldad de ellos si hacian exactamente la misma maldad de esos padres.
Al ver esta advertencia en el Decalogo, los hijos, entonces, tendrian mucho cuidado de no repetir, no copiar y no seguir el mal ejemplo de practicas pecaminosas de sus padres, sabiendo que Dios tambien VISITARIA la maldad de ellos si repetian los pecados de sus padres.
Pues yo encuentro que esta advertencia divina, en el Decalogo, es altamente sabia para prevenir que los hijos hagan las mismas maldades que ellos vieron hacer a sus padres. De esta manera, los hijos no tendrian la justificacion de que ellos hicieron las mismas maldades, simplemente porque sus padres las hicieron primero.
No podrian justificar su maldad apuntando al mandamiento que dice: "HONRA a tu padre y a tu madre" (Exodo 20: 12), el cual tambien estaba en ese mismo Decalogo.
ESTO LE PROBARIA A LOS HIJOS QUE NO HABIA HONRA HACIA LOS PADRES AL COPIAR LOS MISMOS PECADOS DE ELLOS.
Patricio Cespedes Castro.
EX-ADVENTISTA DEL SEPTIMO DIA.
EXPLICACIÓN PRELIMINAR
Estimados hermanos en el Señor Jesús
He participado en varios temas que se han planteado en este Foro, y en más de una oportunidad he recibido respuestas a las que me atrevo a calificar como poco gratas, ya que algunas veces me han dicho cosas “agresivas”, y en otras únicamente obtuve un “silencio” que no dudo en tildar de “ofensivo”, ya que muestran no sólo un desprecio por mis opiniones, sino también una obstinación de pensamiento absoluta, a la que califico por lo menos como muy alejada del espíritu de concordia que emana del Evangelio.
A raíz de eso, y para evitar cualquier duda sobre mi persona y pensamientos, trataré de exponer en estas breves líneas mi posición con relación a todos, ABSOLUTAMENTE todos mis hermanos (todos los seres humanos), y además trataré de explicar de una forma simple y breve mi postura sobre los textos bíblicos.
Hace ya bastante tiempo que trato de comprender los motivos por los cuales el cristianismo no logró un avance más importante a lo largo de estos veinte siglos, y también cuál puede ser el motivo por el que muchas veces —muchísimas en realidad— en lugar de actuar conforme el claro —clarísimo— mensaje de AMOR del Evangelio, actuó en forma despótica y hasta inhumana en muchos lugares del planeta. Y dejo aclarado que este sayo, en mayor o menor medida, le cabe a todas las Iglesias (o grupos cristianos) por igual.
Descarto por completo que esa situación pueda originarse en el accionar del “Maligno”, es decir del demonio, ya que su poder, comparado con el que posee el Buen Padre Celestial, el Eterno, el Amor, no pasa de ser poco más que un simple “cero a la izquierda” y, por ende, como no dudo ni por un instante en el inmenso AMOR que Dios tiene por todos nosotros, me resulta absurdo aceptar que Él no pueda limitar el accionar de quien es, al fin y al cabo, sólo una más de sus creaturas.
Pues bien, sin entrar en más detalles al respecto, ya que no deseo cansarlos (aunque, por supuesto, no tango inconveniente en suministrárselos a quien lo solicite), creo que eso ha sucedido —y sucede— por causas atribuibles a lo que hacemos —o dejamos de hacer— los seres humanos, y estimo que podríamos resumirlos fundamentalmente en dos situaciones.
1º) Porque si bien aseguramos que todos somos hermanos, hijos del mismo Padre, en realidad no actuamos como tales, ya que vivimos “rascándonos para adentro” según las posibilidades con las que hemos nacido, o logramos adquirir con nuestras actividades. Por el otro lado, porque también afirmamos como un principio fundamental del cristianismo el amar al prójimo, pero en rigor de verdad sólo nos aprovechamos de las necesidades de nuestro prójimo, ya que todos (o por lo menos la inmensa mayoría), de una u otra forma, en lugar de brindarle desinteresadamente lo que necesita “le cobramos” para satisfacer sus necesidades, sea cuando le vendemos algo, sea cuando le prestamos algún servicio que necesita.
2º) Porque después de muchos años de leer la Biblia y otros textos de la antigüedad, he llegado al convencimiento de que existen MUCHOS pasajes de la Biblia que relatan hechos que le fueron atribuidos erróneamente a Dios, al Buen Padre Celestial, al Amor, motivo por el cual, de una forma similar a como actuaba —y aún lo hace— el pueblo hebreo, el cristianismo no fue capaz de “desprenderse” de esos textos del Antiguo Testamento, y continuó considerándose “superiores” a los demás seres humanos (el nuevo “pueblo elegido”), exigiéndoles su obediencia y aprovechándose de todos ellos.
Pues bien, con relación al primero de esos problemas he escrito algunas cosas, incluso libros, explicando lo que considero el motivo “oculto” (simplemente humano) de la ejecución de Jesús en un patíbulo romano, y proponiendo que se analice la conveniencia de volver al sistema de vida que practicaba Jesús con sus discípulos, y que además fue como vivieron la gran mayoría de los cristianos, por lo menos hasta el siglo II/III de nuestra era, es decir, en comunidad de vivencias Y DE BIENES.
Y con respecto al segundo “problema” —y que es a lo que me referiré en este epígrafe— intento mostrar la existencia de esos “errores” que es posible encontrar en la Biblia, con la esperanza de que, en lugar de “escandalizarnos”, al aceptarlos lleguemos a comprender lo equivocado de esas actitudes de “superioridad” que tantas veces se adoptaron —y se adoptan— y centremos nuestro accionar y creencia en aquello que —al menos para mí— constituye lo esencial del mensaje bíblico y que podría resumir de la siguiente forma: hay que amar a Dios (reconocer su existencia y que dependemos completamente de Él) y demostrarlo fundamentalmente a través del amor a nuestros hermanos (a toda la humanidad por igual, pero esencialmente a nuestro prójimo—próximo).
Pues bien. Efectuada esta aclaración inicial, a continuación mencionaré un caso que constituye la más clara contradicción (o error) que podernos encontrar en los textos bíblicos, y que. por la importancia que tiene, interpreto que debemos analizarlo con mucha paciencia y conciencia.
Cordiales saludos
MARANA-THA
Mario
MARIO ENRIQUE:
No veo absolutamente ninguna contradiccion en los pasajes que has senalado. Obviamente, Exodo 20: 5 y los otros pasajes similares a este, no han sido entendidos como debieran ser.
Fue una excelente manera la que tuvo Dios para advertirle a los hijos, a los nietos y a las 2 generaciones posteriores a ellos, que Dios VISITARIA tambien la maldad de ellos si hacian exactamente la misma maldad de esos padres.
Al ver esta advertencia en el Decalogo, los hijos, entonces, tendrian mucho cuidado de no repetir, no copiar y no seguir el mal ejemplo de practicas pecaminosas de sus padres, sabiendo que Dios tambien VISITARIA la maldad de ellos si repetian los pecados de sus padres.
Pues yo encuentro que esta advertencia divina, en el Decalogo, es altamente sabia para prevenir que los hijos hagan las mismas maldades que ellos vieron hacer a sus padres. De esta manera, los hijos no tendrian la justificacion de que ellos hicieron las mismas maldades, simplemente porque sus padres las hicieron primero.
No podrian justificar su maldad apuntando al mandamiento que dice: "HONRA a tu padre y a tu madre" (Exodo 20: 12), el cual tambien estaba en ese mismo Decalogo.
ESTO LE PROBARIA A LOS HIJOS QUE NO HABIA HONRA HACIA LOS PADRES AL COPIAR LOS MISMOS PECADOS DE ELLOS.
Patricio Cespedes Castro.
EX-ADVENTISTA DEL SEPTIMO DIA.
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