Bien, finalmente he cansé del discurso sobreinflado y sensacionalista de la yisus culture. ¡Me harté de oír y leer que yo "haré grandes y maravillosas cosas en el nombre de Jesús" mientras veo con decepción que nada a mi alrededor parece mejorar, y que las personas sin Dios no se interesan en Cristo por mis palabras!
¿Qué puede estar mal en esto? ¿Soy yo, que no cumplí en tiempo y forma el propósito de Dios? Y no me refiero al hecho de comunicar el mensaje de salvación a las personas (¡era mi obligación a fin de cuentas por todo lo que significó el sacrificio de Cristo en la cruz para mi salvación y beneficio!). Si por las estupideces que cometí en el pasado, quedé lejos y distraído del llamado de Dios para mi vida en el tiempo y el lugar que debía ocupar, asumo la responsabilidad por esto.
¿O será que todo el aparato evangélico está mal fundamentado? No quiero decir que la Biblia esté mal (¡no lo está!). Más bien, ¿no será que la estructura doctrinal evangélica esté mal implementada? Por años ha prevalecido el cristianismo del microwave: toda la bendición de Dios en 1-2-3. declaras, decretas y estableces... mientras que tu salario no te alcanza para salvar la quincena, tu familia (esposo, esposa, hijos, familiares) no se interesa en Cristo, e inclusive desafían tu débil autoridad en casa, y notas que aquella enfermedad de años no se va, aún cuando has pasado muchas vecescon los ministros para que oren por ti, y acabas tirado en el piso por caer en el Espíritu pero lo único que hicieron fue pintar con gis alrededor de donde te quedaste tirado... y no fuiste curado.
El discurso dulcificado, ambientado con musiquita de piano, así como el creciente reguetón cristiano en algunas congregaciones, y el poco o nulo interés generalizado por estudios bíblicos y convocaciones a la oración intercesora, parecen ser la constante de este cristianismo postmoderno que no parece ayudar a remediar los problemas entre las personas.
Seré realista en todo esto: al Señor se le debe honrar y adorar... me dé o no me dé, y Él debe ser alabado por lo que Es, no por lo bueno que ha hecho a mi favor. Él no necesitará de mis limosnas y miserias para tener riqueza. Soy yo quien tiene que cumplir con un deber, no solo por gratitud sino por lealtad. Si en algún momento se suscita un milagro a través de mi intervención, no será por mi genialidad o inteligencia. ¡Al Señor pertenece la gloria y la salvación siempre! Mi obedeincia o rebeldía no pone ni quita majestad a Dios; por lo tanto, yo habré de alabarle.
Perdonen si hablo a título personal; es puro hábito. Creo que debo hacer una depuración en mis redes sociales. Cuanto antes lo haga, mejor.
¿Qué puede estar mal en esto? ¿Soy yo, que no cumplí en tiempo y forma el propósito de Dios? Y no me refiero al hecho de comunicar el mensaje de salvación a las personas (¡era mi obligación a fin de cuentas por todo lo que significó el sacrificio de Cristo en la cruz para mi salvación y beneficio!). Si por las estupideces que cometí en el pasado, quedé lejos y distraído del llamado de Dios para mi vida en el tiempo y el lugar que debía ocupar, asumo la responsabilidad por esto.
¿O será que todo el aparato evangélico está mal fundamentado? No quiero decir que la Biblia esté mal (¡no lo está!). Más bien, ¿no será que la estructura doctrinal evangélica esté mal implementada? Por años ha prevalecido el cristianismo del microwave: toda la bendición de Dios en 1-2-3. declaras, decretas y estableces... mientras que tu salario no te alcanza para salvar la quincena, tu familia (esposo, esposa, hijos, familiares) no se interesa en Cristo, e inclusive desafían tu débil autoridad en casa, y notas que aquella enfermedad de años no se va, aún cuando has pasado muchas vecescon los ministros para que oren por ti, y acabas tirado en el piso por caer en el Espíritu pero lo único que hicieron fue pintar con gis alrededor de donde te quedaste tirado... y no fuiste curado.
El discurso dulcificado, ambientado con musiquita de piano, así como el creciente reguetón cristiano en algunas congregaciones, y el poco o nulo interés generalizado por estudios bíblicos y convocaciones a la oración intercesora, parecen ser la constante de este cristianismo postmoderno que no parece ayudar a remediar los problemas entre las personas.
Seré realista en todo esto: al Señor se le debe honrar y adorar... me dé o no me dé, y Él debe ser alabado por lo que Es, no por lo bueno que ha hecho a mi favor. Él no necesitará de mis limosnas y miserias para tener riqueza. Soy yo quien tiene que cumplir con un deber, no solo por gratitud sino por lealtad. Si en algún momento se suscita un milagro a través de mi intervención, no será por mi genialidad o inteligencia. ¡Al Señor pertenece la gloria y la salvación siempre! Mi obedeincia o rebeldía no pone ni quita majestad a Dios; por lo tanto, yo habré de alabarle.
Perdonen si hablo a título personal; es puro hábito. Creo que debo hacer una depuración en mis redes sociales. Cuanto antes lo haga, mejor.