Grupos que devoran al individuo

Dante

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30 Noviembre 2000
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Grupos que devoran al individuo

No tenemos nada que objetar contra las sectas o nuevos movimientos religiosos en general, que pueden ser vistos como formas de canalizar nuevas necesidades religosas que quedan frustradas tanto en las iglesias como en nuestro secularizado mundo. Sólo pretendemos referirnos a las sectas de carácter totalitario, es decir, a las que tratan de absorber completamente las capacidades del individuo y hacen de él un mero instrumento al servicio del grupo. Ello comporta, en mayor o menor grado, una destrucción de la personalidad, una despersonalización. Cuando el grupo lo es todo, el individuo se convierte en nada.


Las sectas totalitarias son una forma extrema de instituciones totales, es decir, de cierto tipo de organizaciones o sistemas cerrados (como prisiones, monasterios, hospitales de larga estancia o internados) en las que se exige a los miembros que lleven una vida de aislamiento respecto a la sociedad y se imponen ciertas normas y valores de los que prácticamente no es posible escapar. Cuando estas organizaciones, con objeto de realizar sus propias metas, refuerzan sus tendencias absorbentes y extreman sus sistemas de control se convierten en lo que el sociólogo Coser llamó instituciones voraces o insaciables.


La secta es un verdadero paradigma de institución voraz ya que es un grupo en el que se exige la adhesión absoluta e incondicional de sus miembros y se tiende a monopolizar su fidelidad. El carácter "omnívoro" de tal organización se traduce en que tiende a devorar la personalidad en todas sus facetas y a engullir o "normalizar" cualquier tipo de interés o actividad del individuo a través de la participación en el grupo. La lealtad exclusiva a la secta implica la práctica disolución de cualquier vínculo ajeno al grupo, con lo que resulta que familiares o amigos deben ser abandonados y, si el interés sectario lo rquiere, no importa que sean traicionados. Sociólogos y psicólogos sociales han estudiado el impacto de las instituciones totales que han condensado en el llamado efecto de institucionalización. Tal efecto, en su forma más radical, podemos resumirlo así:

-incapadcidad de la persona para ejercer una vida autónoma y tomar decisiones: su única preocupación es ser fiel al ideal del grupo mediante la obediencia ciega a la autoridad;

-adicción a la institución: la relación de dependencia con ésta tiene un carácter alienante que se evidencia en el miedo a abandonarla y "desengancharse" de ella;

-incapacidad para el ejercicio de una vida social y profesional independiente del grupo.


La institucionalización en una secta puede tener efectos psicológicos gratificantes para una persona que se siente frustrada y en un ambiente poco amigable o tal vez hostil. Para quien tiene una baja autoestima y carece de un proyecto de vida que le proporcione satisfacciones, el ingreso en una secta totalitaria puede representar, de golpe, una solución a todos sus problemas. Galanter llamó a tal experiencia efecto de alivio.


Aun siendo la libertad el valor humano más precioso, la falta de habilidad y oportunidades para ejercer la autonomía individual puede convertir, paradójicamente, la libertad en la más pesada carga, en el principal enemigo a abatir. Crece entonces la tentación de volver la espalda a las inquietudes individuales y puede ir ganando atractivo la opción de sumergirse en un grupo y despersonalizarse.


Al refugiarse en el búnker de la secta totalitaria, se mitigan las tensiones que sufría el pre-adepto. La ilusoria sensación de felicidad que experimenta el neófito es resultado de una profunda sensación de seguridad al zambullirse en el grupo y evadirse de las angustias personales. La gratificación de las necesidades afectivas en su nueva "familia" facilita la identificación con los otros miembros y, según algún psiquiatra, incluso puede hacer revivir lejanos pero no olvidados sentimientos infantiles de cálida fusión con la madre.


Cuando la libertad se ha convertido en un equipaje difícil de acarrear, la sumisión al líder de la secta se vive algo así como sacudir el yugo de las propias angustias y responsabilidades. Al mismo tiempo, el reconocimiento y atenciones que recibe de los demás adeptos y la convicción de que ya forma parte de una selecta minoría de elegidos son factores que refuerzan su debilitada autoestima. De esta forma, la verdadera motivación del adepto, su miedo a la libertad, queda oculta a sus propios ojos.


Federico Javaloy
Catedrático de Psicología Social
Universidad de Barcelona

 
2 Febrero 2001
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Dante segun lo Federico escribe en su percepcion natural de las
Secta se oye muy ecuanime en su exposicion y muy convincente

Pero que dices tu de Jesucristo en cuanto a su llamadado que el
hace a los que quieren ser sus discipulos.

Recuerda que de una o otra manera todos los hombres somos la
expresion de Adan en nuestra naturaleza buena o mala.

Y Dios nos ha llamado a ser una nueva creacion, otorgandonos un
nuevo nacimiento y una nueva naturaleza que es la divina, por
haber nacido del Espiritu Jn. 3:6

No es un asunto de que se borre la personalidad de nadie, sino
que seamos la expresion de Dios mismo en la tierra, como sus
hijos que somos, y aun en nuestra individulidad expresaremos
a Cristo.