Grandes promesas, pequeñas promesas.
¿Qué pasaría, si alguien te prometiera algo y esto fuera mentira? Muy simple, no podrías volver a confiar en ese alguien.
Pongamos, por ejemplo, a un niño al cual su padre le promete: hoy en la noche te llevaré a la feria. Una pequeña promesa, pero al padre la olvida por atender los afanes del día de trabajo, o cualquier otra circunstancia, y no cumple. Al pasar los años la confianza del hijo se va mermando, hasta que llega el día que no creerá más en la palabra del padre. Y es que la confianza se pierde en la mentira, pero puede ser reforzada siendo ejercitada continuamente en la verdad. La confianza crecerá en la verdad hasta llegar ser convicción; una fe en ausencia de toda duda. Pero no podemos aspirar a tener una gran fe si primero no ejercitamos confiar en las pequeñas cosas que se nos han anunciado como verdaderas.
En sentido religioso moderno se acostumbra diferenciar entre la fe y la confianza. La fe es relacionada con un concepto espiritual: una lealtad o creencia en Dios. La confianza la vinculamos con las otras personas; es decir, de quien podemos esperar algo con certeza son personas dignas de confianza. Asumimos que la fe es indispensable para lograr salvación, pero no así la confianza. Aunque ambas, la confianza y la fe, tendrán el mismo significado si aceptamos un Dios personificado, como lo es Cristo para los cristianos. Tener fe en Dios será entonces confiar en Cristo, o bien, tener fe en Cristo implica confiar en las promesas del Padre.
El cristianismo se basa en una gran promesa dada por el Padre y confirmada por el Hijo: La resurrección de entre los muertos para obtener vida eterna. “Yo soy la resurrección y la vida. El que cree en mí, aunque muerto vivirá”. Todo cristiano dice tener fe en esta promesa, y mira que es grande lo que nos ha prometido Dios. La doctrina cristiana tiene por fundamento esta promesa y es precisamente por creer en ella que somos criticados por los que están en el mundo.
Ahora una pregunta que me hago. ¿Si los cristianos tenemos fe en la gran promesa, porque titubeamos ante las promesas más pequeñas? Por ejemplo, el Salmo 91 contiene pequeñas y grandes promesas en el:
El que habita al abrigo del Altísimo
Morará bajo la sombra del Omnipotente.
Diré yo a Jehová: Esperanza mía, y castillo mío;
Mi Dios, en quien confiaré.
Él te librará del lazo del cazador,
De la peste destructora.
Con sus plumas te cubrirá,
Y debajo de sus alas estarás seguro;
Escudo y adarga es su verdad.
No temerás el terror nocturno,
Ni saeta que vuele de día,
Ni pestilencia que ande en oscuridad,
Ni mortandad que en medio del día destruya.
Caerán a tu lado mil,
Y diez mil a tu diestra;
Mas a ti no llegará.
Ciertamente con tus ojos mirarás
Y verás la recompensa de los impíos.
Porque has puesto a Jehová, que es mi esperanza,
Al Altísimo por tu habitación,
No te sobrevendrá mal,
Ni plaga tocará tu morada.
Pues a sus ángeles mandará acerca de ti,
Que te guarden en todos tus caminos.
En las manos te llevarán,
Para que tu pie no tropiece en piedra.
Sobre el león y el áspid pisarás;
Hollarás al cachorro del león y al dragón.
Por cuanto en mí ha puesto su amor, yo también lo libraré;
Le pondré en alto, por cuanto ha conocido mi nombre.
Me invocará, y yo le responderé;
Con él estaré yo en la angustia;
Lo libraré y le glorificaré.
Lo saciaré de larga vida,
Y le mostraré mi salvación.
El salmo concluye con la gran promesa “Lo saciaré de larga vida, Y le mostraré mi salvación”, pero transcurre con una serie de promesas, todas ellas más pequeñas.
“Él te librará del lazo del cazador, De la peste destructora” “No te sobrevendrá mal, Ni plaga tocará tu morada” ¿Cuantos creemos esta palabra? ¿Si es así, porque tenemos miedo de las enfermedades?
“Pues a sus ángeles mandará acerca de ti… En las manos te llevarán, Para que tu pie no tropiece en piedra”. ¿Creemos esto? ¿Creemos que los ángeles de Dios nos llevan sobre sus manos para que las piedras del camino no nos lastimen?, ¿Entonces, a que los zapatos? ¿No vemos la relación con Lucas 10? “Después de estas cosas, designó el Señor también a otros setenta, a quienes envió de dos en dos delante de él a toda ciudad y lugar adonde él había de ir… Y les decía: No llevéis bolsa, ni alforja, ni CALZADO”. En pocas palabras, practica tu fe en lo poco, para que no te falte en lo mucho.
“Sobre el león y el áspid pisarás”. Ciertamente no dice que andemos por el mundo pisando leones, ¿pero recuerdan la fe de Daniel? “Mi Dios envió su ángel, el cual cerró la boca de los leones, para que no me hiciesen daño, porque ante él fui hallado inocente; y aun delante de ti, oh rey, yo no he hecho nada malo.” ¿Quién tuviera una fe como la de Daniel?
¿Pero qué diferencia hay entre Daniel y yo? ¿Qué diferencia hay entre Daniel y tú? Simplemente que Daniel hizo suyas una de las pequeñas promesas e invoco a Dios: “Me invocará, y yo le responderé; Con él estaré yo en la angustia; Lo libraré y le glorificaré.”
Entendamos las pequeñas promesas de Dios y nuestra vida será mejor. Él no es como nuestros padres en el mundo, los cuales son humanos y fallan. Su poder no tiene límite. Cristo dijo: “¿¡Cuántas veces quise juntar a tus hijos, como la gallina a sus polluelos debajo de sus alas, y no quisiste!?” Debajo de sus alas estaremos seguros.
Bendiciones.
¿Qué pasaría, si alguien te prometiera algo y esto fuera mentira? Muy simple, no podrías volver a confiar en ese alguien.
Pongamos, por ejemplo, a un niño al cual su padre le promete: hoy en la noche te llevaré a la feria. Una pequeña promesa, pero al padre la olvida por atender los afanes del día de trabajo, o cualquier otra circunstancia, y no cumple. Al pasar los años la confianza del hijo se va mermando, hasta que llega el día que no creerá más en la palabra del padre. Y es que la confianza se pierde en la mentira, pero puede ser reforzada siendo ejercitada continuamente en la verdad. La confianza crecerá en la verdad hasta llegar ser convicción; una fe en ausencia de toda duda. Pero no podemos aspirar a tener una gran fe si primero no ejercitamos confiar en las pequeñas cosas que se nos han anunciado como verdaderas.
En sentido religioso moderno se acostumbra diferenciar entre la fe y la confianza. La fe es relacionada con un concepto espiritual: una lealtad o creencia en Dios. La confianza la vinculamos con las otras personas; es decir, de quien podemos esperar algo con certeza son personas dignas de confianza. Asumimos que la fe es indispensable para lograr salvación, pero no así la confianza. Aunque ambas, la confianza y la fe, tendrán el mismo significado si aceptamos un Dios personificado, como lo es Cristo para los cristianos. Tener fe en Dios será entonces confiar en Cristo, o bien, tener fe en Cristo implica confiar en las promesas del Padre.
El cristianismo se basa en una gran promesa dada por el Padre y confirmada por el Hijo: La resurrección de entre los muertos para obtener vida eterna. “Yo soy la resurrección y la vida. El que cree en mí, aunque muerto vivirá”. Todo cristiano dice tener fe en esta promesa, y mira que es grande lo que nos ha prometido Dios. La doctrina cristiana tiene por fundamento esta promesa y es precisamente por creer en ella que somos criticados por los que están en el mundo.
Ahora una pregunta que me hago. ¿Si los cristianos tenemos fe en la gran promesa, porque titubeamos ante las promesas más pequeñas? Por ejemplo, el Salmo 91 contiene pequeñas y grandes promesas en el:
El que habita al abrigo del Altísimo
Morará bajo la sombra del Omnipotente.
Diré yo a Jehová: Esperanza mía, y castillo mío;
Mi Dios, en quien confiaré.
Él te librará del lazo del cazador,
De la peste destructora.
Con sus plumas te cubrirá,
Y debajo de sus alas estarás seguro;
Escudo y adarga es su verdad.
No temerás el terror nocturno,
Ni saeta que vuele de día,
Ni pestilencia que ande en oscuridad,
Ni mortandad que en medio del día destruya.
Caerán a tu lado mil,
Y diez mil a tu diestra;
Mas a ti no llegará.
Ciertamente con tus ojos mirarás
Y verás la recompensa de los impíos.
Porque has puesto a Jehová, que es mi esperanza,
Al Altísimo por tu habitación,
No te sobrevendrá mal,
Ni plaga tocará tu morada.
Pues a sus ángeles mandará acerca de ti,
Que te guarden en todos tus caminos.
En las manos te llevarán,
Para que tu pie no tropiece en piedra.
Sobre el león y el áspid pisarás;
Hollarás al cachorro del león y al dragón.
Por cuanto en mí ha puesto su amor, yo también lo libraré;
Le pondré en alto, por cuanto ha conocido mi nombre.
Me invocará, y yo le responderé;
Con él estaré yo en la angustia;
Lo libraré y le glorificaré.
Lo saciaré de larga vida,
Y le mostraré mi salvación.
El salmo concluye con la gran promesa “Lo saciaré de larga vida, Y le mostraré mi salvación”, pero transcurre con una serie de promesas, todas ellas más pequeñas.
“Él te librará del lazo del cazador, De la peste destructora” “No te sobrevendrá mal, Ni plaga tocará tu morada” ¿Cuantos creemos esta palabra? ¿Si es así, porque tenemos miedo de las enfermedades?
“Pues a sus ángeles mandará acerca de ti… En las manos te llevarán, Para que tu pie no tropiece en piedra”. ¿Creemos esto? ¿Creemos que los ángeles de Dios nos llevan sobre sus manos para que las piedras del camino no nos lastimen?, ¿Entonces, a que los zapatos? ¿No vemos la relación con Lucas 10? “Después de estas cosas, designó el Señor también a otros setenta, a quienes envió de dos en dos delante de él a toda ciudad y lugar adonde él había de ir… Y les decía: No llevéis bolsa, ni alforja, ni CALZADO”. En pocas palabras, practica tu fe en lo poco, para que no te falte en lo mucho.
“Sobre el león y el áspid pisarás”. Ciertamente no dice que andemos por el mundo pisando leones, ¿pero recuerdan la fe de Daniel? “Mi Dios envió su ángel, el cual cerró la boca de los leones, para que no me hiciesen daño, porque ante él fui hallado inocente; y aun delante de ti, oh rey, yo no he hecho nada malo.” ¿Quién tuviera una fe como la de Daniel?
¿Pero qué diferencia hay entre Daniel y yo? ¿Qué diferencia hay entre Daniel y tú? Simplemente que Daniel hizo suyas una de las pequeñas promesas e invoco a Dios: “Me invocará, y yo le responderé; Con él estaré yo en la angustia; Lo libraré y le glorificaré.”
Entendamos las pequeñas promesas de Dios y nuestra vida será mejor. Él no es como nuestros padres en el mundo, los cuales son humanos y fallan. Su poder no tiene límite. Cristo dijo: “¿¡Cuántas veces quise juntar a tus hijos, como la gallina a sus polluelos debajo de sus alas, y no quisiste!?” Debajo de sus alas estaremos seguros.
Bendiciones.