¿Estás usando tu matrimonio para acercarte a la cruz o para justificar tu ego y tus exigencias?

laralonso1985

Miembro senior
20 Julio 2025
186
34

El matrimonio no fue diseñado para hacerte feliz, sino santo

Hay verdades bíblicas sobre el matrimonio que casi no se predican porque incomodan. Una de ellas es esta: el matrimonio cristiano no existe para satisfacer expectativas románticas, sino para formar el carácter conforme a Cristo.

Cuando esta verdad se pierde, el pacto se reduce a convivencia emocional; cuando se recupera, el matrimonio se convierte en un instrumento poderoso de Dios.

La Escritura es clara al establecer el punto de partida. Pablo afirma que una persona es libre para casarse, pero añade una condición que hoy muchos consideran secundaria:

“Libre es para casarse con quien quiera, con tal que sea en el Señor1 Co 7:39.
Casarse “en el Señor” no es una frase piadosa; es una orientación radical.
Implica oración sincera, discernimiento espiritual y una vida sometida a Dios Pr 3:5–6.

Cuando esta base falta, el matrimonio puede sostenerse un tiempo por la emoción, pero no por la obediencia. Jesús advirtió que toda casa edificada sin fundamento firme termina cayendo Mt 7:26–27.

Aquí aparece una de las mayores desilusiones matrimoniales: la idealización. Muchos entran al matrimonio esperando plenitud total en el otro, olvidando una verdad incómoda pero liberadora:

“Por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de DiosRo 3:23.
El matrimonio no une a dos personas completas, sino a dos personas en proceso. Amar bíblicamente es amar con los ojos abiertos y el corazón dispuesto a perdonar:

“Soportaos unos a otros, y perdonaos… como Cristo os perdonó Col 3:13.
Un pastor relataba una experiencia que marcó su ministerio. Una pareja llegó a consejería afirmando: “Ya no nos amamos”. Tras escucharlos por más de una hora, el pastor les preguntó algo inesperado: “¿Quién les dijo que el matrimonio se trataba de sentirse enamorados todo el tiempo?”.
El silencio fue absoluto. Luego abrió la Biblia en Efesios y leyó:

“Cristo amó a la iglesia y se entregó a sí mismo por ella, para santificarla Ef 5:25–26.
Entonces añadió: “Cristo no esperó a que la iglesia fuera perfecta para amarla; la amó para transformarla”. Esa pareja no salió con una solución rápida, pero sí con una comprensión nueva: su matrimonio no estaba fallando; estaba cumpliendo su propósito.

La cultura promete felicidad inmediata. El Evangelio apunta a algo más profundo:

“Porque esta es la voluntad de Dios: vuestra santificación1 Ts 4:3.
Dios usa el matrimonio para confrontar el ego, quebrar el orgullo y formar a Cristo en nosotros Ro 8:29.

Amar no es evitar el conflicto, sino caminar juntos hacia la obediencia, incluso cuando duele Lc 9:23.
Por eso el modelo no es romántico ni cultural, es cristológico. Jesús redefine el amor diciendo:

“En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si tenéis amor los unos por los otros” Jn 13:34.
Un amor que se entrega, que persevera, que edifica espiritualmente, no que abandona cuando deja de sentirse cómodo.
El matrimonio cristiano no se trata de quién me completa, sino de quién camina conmigo hacia la cruz y la resurrección diaria.

Pregunta:
Si Dios evaluara tu matrimonio no por cuánto disfrutas, sino por cuánto te está transformando…
¿diría que estás buscando parecerte más a Cristo o simplemente proteger tu comodidad?