El matrimonio no fue diseñado para hacerte feliz, sino santo
Hay verdades bíblicas sobre el matrimonio que casi no se predican porque incomodan. Una de ellas es esta: el matrimonio cristiano no existe para satisfacer expectativas románticas, sino para formar el carácter conforme a Cristo.Cuando esta verdad se pierde, el pacto se reduce a convivencia emocional; cuando se recupera, el matrimonio se convierte en un instrumento poderoso de Dios.
La Escritura es clara al establecer el punto de partida. Pablo afirma que una persona es libre para casarse, pero añade una condición que hoy muchos consideran secundaria:
Casarse “en el Señor” no es una frase piadosa; es una orientación radical.“Libre es para casarse con quien quiera, con tal que sea en el Señor” 1 Co 7:39.
Implica oración sincera, discernimiento espiritual y una vida sometida a Dios Pr 3:5–6.
Cuando esta base falta, el matrimonio puede sostenerse un tiempo por la emoción, pero no por la obediencia. Jesús advirtió que toda casa edificada sin fundamento firme termina cayendo Mt 7:26–27.
Aquí aparece una de las mayores desilusiones matrimoniales: la idealización. Muchos entran al matrimonio esperando plenitud total en el otro, olvidando una verdad incómoda pero liberadora:
El matrimonio no une a dos personas completas, sino a dos personas en proceso. Amar bíblicamente es amar con los ojos abiertos y el corazón dispuesto a perdonar:“Por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios” Ro 3:23.
Un pastor relataba una experiencia que marcó su ministerio. Una pareja llegó a consejería afirmando: “Ya no nos amamos”. Tras escucharlos por más de una hora, el pastor les preguntó algo inesperado: “¿Quién les dijo que el matrimonio se trataba de sentirse enamorados todo el tiempo?”.“Soportaos unos a otros, y perdonaos… como Cristo os perdonó” Col 3:13.
El silencio fue absoluto. Luego abrió la Biblia en Efesios y leyó:
Entonces añadió: “Cristo no esperó a que la iglesia fuera perfecta para amarla; la amó para transformarla”. Esa pareja no salió con una solución rápida, pero sí con una comprensión nueva: su matrimonio no estaba fallando; estaba cumpliendo su propósito.“Cristo amó a la iglesia y se entregó a sí mismo por ella, para santificarla” Ef 5:25–26.
La cultura promete felicidad inmediata. El Evangelio apunta a algo más profundo:
“Porque esta es la voluntad de Dios: vuestra santificación” 1 Ts 4:3.
Dios usa el matrimonio para confrontar el ego, quebrar el orgullo y formar a Cristo en nosotros Ro 8:29.
Por eso el modelo no es romántico ni cultural, es cristológico. Jesús redefine el amor diciendo:Amar no es evitar el conflicto, sino caminar juntos hacia la obediencia, incluso cuando duele Lc 9:23.
El matrimonio cristiano no se trata de quién me completa, sino de quién camina conmigo hacia la cruz y la resurrección diaria.“En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si tenéis amor los unos por los otros” Jn 13:34.
Un amor que se entrega, que persevera, que edifica espiritualmente, no que abandona cuando deja de sentirse cómodo.
Pregunta:
Si Dios evaluara tu matrimonio no por cuánto disfrutas, sino por cuánto te está transformando…
¿diría que estás buscando parecerte más a Cristo o simplemente proteger tu comodidad?