Quizás no nos falte información, sino espacio en el corazón para que el Señor vuelva a ser el centro.
Vivimos en una época ruidosa, llena de pantallas, notificaciones y agendas saturadas, y ese ruido también ha entrado a la iglesia. Muchas veces el predicador corre de una actividad a otra y, casi sin darse cuenta, se convierte más en un “gestor de programas” que en un siervo que ministra vida con la Palabra. En medio de tanto activismo, la verdadera predicación —ese encuentro vivo entre Dios, el mensajero y la congregación— se vuelve un evento cada vez más raro.
Frente a este diagnóstico, no basta con agregar otra actividad espiritual a la agenda; Necesitamos un regreso humilde a la oración y al ayuno, no como evento aislado, sino como camino de transformación. Por eso se propone un fin de semana de 24 horas de oración y ayuno: no como reto espiritual para “los más fuertes”, sino como una invitación amorosa del Padre a vaciarnos de nosotros mismos para ser llenados nuevamente por Él.
La teología del ayuno nos muestra que no es solo una práctica ascética, sino un “símbolo vivo”, una acción que hace que el mensaje de Dios nos atraviese primero a nosotros antes de salir por nuestra boca.
Cuando descuidamos la oración y el ayuno, aparece lo que algunos llaman “desnutrición espiritual”: predicadores cansados, bancos adormecidos y poca expectación de escuchar a Dios.
Tal vez la pregunta no es si tenemos tiempo para ayunar y orar, sino si nos atrevemos a seguir llenos de nosotros mismos cuando el Señor nos está invitando a ser llenos de Él.
Vivimos en una época ruidosa, llena de pantallas, notificaciones y agendas saturadas, y ese ruido también ha entrado a la iglesia. Muchas veces el predicador corre de una actividad a otra y, casi sin darse cuenta, se convierte más en un “gestor de programas” que en un siervo que ministra vida con la Palabra. En medio de tanto activismo, la verdadera predicación —ese encuentro vivo entre Dios, el mensajero y la congregación— se vuelve un evento cada vez más raro.
Frente a este diagnóstico, no basta con agregar otra actividad espiritual a la agenda; Necesitamos un regreso humilde a la oración y al ayuno, no como evento aislado, sino como camino de transformación. Por eso se propone un fin de semana de 24 horas de oración y ayuno: no como reto espiritual para “los más fuertes”, sino como una invitación amorosa del Padre a vaciarnos de nosotros mismos para ser llenados nuevamente por Él.
Observación: Volver al modelo de la Iglesia Primitiva
Cuando miramos el Nuevo Testamento, descubrimos que el ayuno no era un recurso de emergencia, sino parte normal de la vida de la iglesia. Los primeros creyentes ayunaban mientras adoraban al Señor, buscaban dirección y afirmaban a sus líderes, reconociendo que sin la guía del Espíritu sus decisiones serían solamente humanas.- En Hechos 13:2, el ayuno aparece integrado al ministerio de adoración, no como algo separado ni opcional.
- En Hechos 13:3 y 14:23, el ayuno acompaña la oración cuando se envían obreros o se confirman líderes, mostrando que la iglesia no confiaba en métodos meramente administrativos, sino en la voluntad de Dios.
- Todo esto crea una atmósfera espiritual de dependencia y humildad, donde el ayuno ayuda a “vaciar” lo terrenal para que lo celestial ocupe su lugar en la mente y el corazón.
Interpretación: El peligro de vivir “llenos” y con prisa
Aplicar estos pasajes a nuestra realidad implica reconocer que la “llenura” del mundo ha producido una especie de ceguera espiritual. Cuando el corazón está saturado de ruido, tareas, entretenimiento y autoimportancia, el “hombre natural” se vuelve incapaz de percibir las cosas del Espíritu.La teología del ayuno nos muestra que no es solo una práctica ascética, sino un “símbolo vivo”, una acción que hace que el mensaje de Dios nos atraviese primero a nosotros antes de salir por nuestra boca.
Cuando descuidamos la oración y el ayuno, aparece lo que algunos llaman “desnutrición espiritual”: predicadores cansados, bancos adormecidos y poca expectación de escuchar a Dios.
- Un corazón que deja de crecer deja también de enseñar con vida, aunque siga hablando en público.
- Ningún maestro puede impartir lo que no posee; intentar enseñar sin comunión es como tratar de servir agua de un pozo seco.
El predicador y el maestro: Dios primero trata con el corazón
Preparar un fin de semana de ayuno y oración no es solo una tarea logística, es ante todo un llamado a que Dios trate primero con el corazón de quienes lideran. La enseñanza que transforma no se da de “cabeza a cabeza”, sino de “corazón a corazón”, y eso requiere que la verdad haya pasado por la vida del maestro.- “Mirad por vosotros” viene antes de “por todo el rebaño”: el cuidado pastoral empieza por la vida íntima con Dios.
- Un ministro que no ora ni ayuna vive en contradicción con el mensaje que predica, como un niño que nace sin aliento.
- La oración y el ayuno se convierten en “órganos de conocimiento espiritual”: cuanto más buscamos al Señor, más le conocemos en verdad.
Aplicación: Vaciar para estar llenos
El propósito de todo estudio bíblico no es producir buenos apuntes, sino escuchar a Dios de tal manera que la vida cambie. Este fin de semana de 24 horas de oración y ayuno puede convertirse en un altar donde la iglesia, como cuerpo, se presenta delante del Señor para ser confrontada y renovada.- Enmendar actitudes: Confesar que hemos permitido que el mundo nos modele en lugar de ser transformados por la renovación de nuestro entendimiento, como exhorta Romanos 12:2.
- Tomar decisiones: Entender que no se trata de una emoción del momento, sino de una decisión deliberada de querer crecer en obediencia y sensibilidad espiritual.
- Romper la “incompetencia inconsciente”: El ayuno ayuda a despertar, a reconocer áreas donde ni siquiera sabíamos que estábamos mal, para pasar a una “competencia consciente” en nuestra relación con Dios.
- Esperar frutos sobrenaturales: Cuando Dios confronta a una persona oa una iglesia por medio de la predicación y la oración ferviente, las vidas no solo se corrigen, sino que se revolucionan y son transformadas para la gloria de Cristo.
Pregunta:
Si los apóstoles y la iglesia primitiva, habiendo visto a Cristo resucitado y sus milagros, consideraron indispensable la oración y el ayuno para recibir dirección, ¿cómo podemos pensar que en nuestra fragilidad y distracción moderna podremos sostener el ministerio y nuestra propia vida sin esos mismos recursos de gracia?Tal vez la pregunta no es si tenemos tiempo para ayunar y orar, sino si nos atrevemos a seguir llenos de nosotros mismos cuando el Señor nos está invitando a ser llenos de Él.