Ante el avance del populismo, disfraz de la nueva izquierda, virulenta y corruptora, pienso que ya es el tiempo que los evangélicos dejemos de pensar sobreespiritualizando nuestra posición en este mundo; aunque no pertenezcamos a él, deberíamos hacer valer nuestra condición y aspiraciones en el mundo.
Participar en asuntos de gobierno, no debe ser necesariamente lo mismo que participar en la política que, como sabemos, es una pasarela de gente hipócrita que está al servicio de las riquezas (mammon). Establecer leyes que sean verdaderamente reglas que todos respeten y sigan, solo puede lograrse con el ejemplo.
Esto lo digo con preocupación por los últimos acontecimientos en que el crimen organizado sobrepasó las capacidades del actual gobierno de mi país, exhibiendo a un presidente que NO TIENE una estrategia clara y definida en el combate del crimen organizado. Se vio obligado a ceder en aras de preservar la vida de las personas que intentan vivir su vida en paz, dejando libre a un personaje que es heredero del emporio de drogas que su padre dejó, un emporio que fue creciendo junto a otros; y dado que la descomposición social ha debilitado la formación de valores y el verdadero valor de la familia como institución básica de la sociedad, ahora tenemos una realidad indeseable con la que habremos de vivir, una pesadilla que no se va.
Es un sombrío panorama que parece empeorar con el tiempo. Mientras que la clase política se mantiene mamando del erario público, las demás personas deben ir y venir coexistiendo con el miedo y la incertidumbre, comprobando que la economía no solo no mejora sino empeora.
No solo hay que doblar la rodilla y pedir por la paz de nuestras ciudadees y naciones, también deberíamos pedir perdón por el pecado que parece acumularse más y más. Junto a ello, debería levantarse una generación de jóvenes evangélicos que se interesen en leyes y derecho, jóvenes que estén dispuestos a trasladar la vida en Cristo hacia las calles, comenzando desde sus hogares, restaurando el valor de la familia bajo el diseño de Dios, y mostrando integridad y empatía con las personas alrededor.
¡Señor! Necesitamos verdaderamente que Tu reino se establezca entre nosotros y que Tu voluntad se haga aquí como en Tu reino.
Participar en asuntos de gobierno, no debe ser necesariamente lo mismo que participar en la política que, como sabemos, es una pasarela de gente hipócrita que está al servicio de las riquezas (mammon). Establecer leyes que sean verdaderamente reglas que todos respeten y sigan, solo puede lograrse con el ejemplo.
Esto lo digo con preocupación por los últimos acontecimientos en que el crimen organizado sobrepasó las capacidades del actual gobierno de mi país, exhibiendo a un presidente que NO TIENE una estrategia clara y definida en el combate del crimen organizado. Se vio obligado a ceder en aras de preservar la vida de las personas que intentan vivir su vida en paz, dejando libre a un personaje que es heredero del emporio de drogas que su padre dejó, un emporio que fue creciendo junto a otros; y dado que la descomposición social ha debilitado la formación de valores y el verdadero valor de la familia como institución básica de la sociedad, ahora tenemos una realidad indeseable con la que habremos de vivir, una pesadilla que no se va.
Es un sombrío panorama que parece empeorar con el tiempo. Mientras que la clase política se mantiene mamando del erario público, las demás personas deben ir y venir coexistiendo con el miedo y la incertidumbre, comprobando que la economía no solo no mejora sino empeora.
No solo hay que doblar la rodilla y pedir por la paz de nuestras ciudadees y naciones, también deberíamos pedir perdón por el pecado que parece acumularse más y más. Junto a ello, debería levantarse una generación de jóvenes evangélicos que se interesen en leyes y derecho, jóvenes que estén dispuestos a trasladar la vida en Cristo hacia las calles, comenzando desde sus hogares, restaurando el valor de la familia bajo el diseño de Dios, y mostrando integridad y empatía con las personas alrededor.
¡Señor! Necesitamos verdaderamente que Tu reino se establezca entre nosotros y que Tu voluntad se haga aquí como en Tu reino.