El misterio de la Trinidad es un mito

JuandelaCruz

Miembro senior
2 Febrero 2024
311
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Aquí Lucas, el evangelista, desmiente la doctrina de la Trinidad.


Vengo esta noche a escribir un mensaje sobre la verdad de qué es el Espíritu Santo. Sé que los cristianos puristas generalmente creen y clasifican al Espíritu Santo como parte de la Divinidad, como siendo uno con, e igual a Dios, el Padre –y no simplemente una manifestación del Padre en calidad de Espíritu–, y por lo tanto, necesariamente idéntico al Padre, aunque teniendo una distinta y diferenciada personalidad. Bajo esta creencia y clasificación está incluido Jesús como teniendo una personalidad diferenciada.

Los predicadores ortodoxos y los escritores teológicos enseñan que es un hecho que estos tres son uno, co-iguales y existentes, que ese hecho es el gran misterio de Dios, y que los hombres no deberían empeñarse en sondear el misterio, porque las cosas sagradas de Dios, de Dios son, y no les es lícito a los hombres adentrarse en esos secretos. Bueno; esta declaración y amonestación es ‘muy sabia cosa’ según la sabiduría de los hombres, y a los expositores de estas mistéricas doctrinas les exime de intentar explicar aquello que son incapaces de explicar, porque les resulta imposible desentrañar algo que, en lo tocante a hechos, no tiene ninguna existencia.

Los hombres de pensamiento, a lo largo de los siglos, han tratado de entender este gran misterio –tal como lo llamaron–, pero no han tenido éxito, y dado que los primeros padres de la iglesia sufrieron la misma derrota en sus empeños por entender ese misterio, y puesto que luego, debido a tal derrota, declararon que la explicación de la doctrina era un secreto de Dios que no debía ser investigado por los hombres, cuando todos esos otros investigadores de la iglesia se convencieron de la inutilidad de la investigación, adoptaron la advertencia de los antiguos padres de que la explicación de la doctrina era un secreto de Dios que no debía ser investigado porque le pertenecía sólo a Él, y el hombre pecador y el hombre redimido también debían respetar 'el secreto de Dios'. Y así, desde el comienzo de la iglesia establecida, mucho después de la muerte de Jesús y sus apóstoles, se declaró esta doctrina de la trinidad –uno en tres y tres en uno, pero sólo uno– y se convirtió en la vital piedra angular de la existencia de su iglesia visible.

Por supuesto, de vez en cuando surgían hombres –también dentro de la iglesia– que, teniendo más esclarecimiento que sus hermanos eclesiásticos, intentaban contradecir la verdad de la doctrina y declaraban y mantenían que había únicamente un Dios, el Padre. Pero estaban en minoría y, al no actuar con los más poderosos, sus opiniones fueron rechazadas; y el misterio se convirtió en el símbolo sagrado de la verdad de la iglesia, inexplicable y por ello tanto más incuestionable y con derecho a mayor credibilidad. Y parece ser la tendencia de las mentes de los hombres, o al menos de aquellos que creen en la Biblia como la palabra inspirada de Dios, la de acoger y alentar como más maravillosas e importantes –y a ser tanto más apreciadas– aquellas cosas que tienen el sabor de lo misterioso, en vez de aquellas que un hombre puede leer y entender a la carrera. (Habacuc 2:2).

En ninguna parte, ni siquiera en la Biblia,1 existe dicho alguno de Jesús en el sentido de que Dios es tripartito, compuesto por el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo; y de hecho Jesús nunca enseñó tal doctrina cuando estuvo en la tierra, sino sólo esta: que el Padre es Dios y el único Dios; que él, Jesús, es Su hijo y el primer fruto de la resurrección de entre ‘los muertos’, y que el Espíritu Santo es el mensajero de Dios para transmitir el Amor Divino y, como tal, es el Consolador.

Sé que en algunos de los Evangelios, tal como están ahora contenidos en la Biblia y adoptados como canónicos, en efecto se dice que la Divinidad consiste en el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo –y que estos tres son uno–, pero tales Evangelios no contienen la verdad a este respecto, y no son los mismos que fueron escritos originalmente. Estos Evangelios originales han sufrido añadiduras y eliminaciones [interpolaciones y emasculaciones] con el paso de los años y con el copiar y volver a copiar que se produjo antes de la adopción de los mismos como canon.

Esos Evangelios, los adoptados, fueron compilados a partir de muchos escritos, y como los compiladores en aquellos primeros tiempos diferían en sus opiniones –al igual que ahora los hombres con respecto a las verdades religiosas–, el más poderoso de ellos, teniendo autoridad para declarar lo que debería aceptarse según sus interpretaciones de aquellos manuscritos que estaban siendo copiados, ordenó que las copias se hicieran de acuerdo con sus ideas –y puedo decir, sus deseos–, y anunció y presentó tales producciones como siendo copias auténticas de los originales. Pero a medida que se fueron haciendo copias sucesivamente, las precedentes fueron destruidas, (¡¡¡ !!!) y de ahí que los primeros manuscritos existentes de esos Evangelios surgieran muchos años después de que fueran escritos y destruidos los originales a partir de los cuales se decía que habían sido compilados.

Y yo, Lucas, que escribí un Evangelio y estoy familiarizado con el actual Evangelio que se me atribuye, digo que hay contenidas en él muchas cosas y declaraciones vitales que nunca escribí y que no son ciertas, y muchas verdades que escribí que no están contenidas en él; y digo que lo mismo ocurre con los otros Evangelios.

En ninguno de nuestros Evangelios apareció el misterio de la trinitaria Divinidad, y ello por la razón de que no existía ni existe, y nosotros no enseñamos que existiera una Divinidad compuesta de tres personalidades. Únicamente un Dios, el Padre.
Jesús era un hijo del hombre en el sentido natural, y un hijo de Dios en el sentido espiritual, pero no era Dios ni parte de Dios en ningún sentido, excepto que poseía el Amor Divino del Padre, y en este sentido era parte de Su Esencia. El Espíritu Santo no era Dios, sino simplemente Su instrumento –un Espíritu–, el Espíritu Santo.

Como ya se os informó, el alma del hombre existía antes de la creación del hombre en la carne, y fue la única parte de él que fue hecha a imagen de Dios. Ella existía en ese estado prístino, sin individualidad, aunque teniendo una personalidad, y se parecía a la Gran Alma del Todopoderoso, Alma que es Dios Mismo; aunque el alma que le fue dada al hombre no era una parte de la Gran Alma, sino simplemente una semejanza de Ella.

Algunos de vosotros, mortales, habéis dicho que el alma del hombre es parte de la «Superalma», queriendo significar el Alma de Dios, pero esto no es cierto. El ego2 de Dios –si cabe decirlo así– es el Alma, y de esta Alma emanan todos los atributos manifestados de Dios, como el poder, la sabiduría y el amor, pero no los celos, la ira o el odio, como algunos escritores de la Biblia han dicho, porque Él no posee tales atributos. El ego, el yo real del hombre es el alma, y en su pureza y perfección creadas, de su alma emanaron todos los atributos manifestados que le pertenecen, tales como el poder, el amor y la sabiduría; y tampoco eran atributos suyos los celos, ni el odio, ni la ira antes de su caída.

Se dice que el hombre está compuesto de cuerpo, alma y espíritu, y esto es cierto. Por la experiencia de vuestra vida sabéis qué es el cuerpo, y recién os he dicho qué es el alma, así que ahora surge la pregunta: ¿qué es el espíritu? Sé que durante siglos ha habido grandes diferencias de opinión entre teólogos y otros sabios en cuanto a qué es el espíritu; algunos sostienen que él y el alma son la misma cosa, y otros, que el espíritu es el verdadero yo del hombre y el alma algo de menor calidad y subordinado al espíritu, y otros más tienen otros puntos de vista, pero todos equivocados, porque como he dicho el alma es el yo, y cualquier otra cosa relacionada con el hombre y formando parte de él en su creación, cuando fue declarado como siendo «muy bueno», está subordinada al alma y sólo es su instrumento para ella misma manifestarse.

Tal como Jesús os ha dicho, el espíritu es la energía activa del alma y el instrumento mediante el cual ella se manifiesta; y esta definición se aplica tanto al espíritu del hombre mientras es mortal como cuando se convierte en habitante del mundo espiritual. El espíritu es inseparable del alma, y no tiene ninguna función en la existencia del hombre excepto la de hacer manifiestas, en sus actividades, las potencialidades del alma. El espíritu no es vida, pero puede volverse una evidencia de vida: es el aliento de la vida.

Y puesto que el hombre fue creado a imagen de su Hacedor –y así como el espíritu es sólo la energía activa del alma–, mediante la aplicación del principio de correspondencia, que ya uno de vuestros antiguos psíquicos declaró que existía, se puede asumir, y es verdad, que el Espíritu Santo es la energía activa de la Gran Alma del Padre y, como sabemos por nuestras experiencias y observaciones, es utilizado como mensajero del Padre para transmitir a la humanidad Su Amor Divino. Y no pretendo restringir la misión del Espíritu Santo a la humanidad en la carne, porque también transmite y otorga este Gran Amor a las almas de los hijos del Padre que son espíritus sin los cuerpos de carne y hueso, y que son habitantes del mundo del espíritu. Y así pues, es una verdad que el Espíritu Santo no es Dios ni parte de la Divinidad, sino simplemente Su mensajero de la Verdad y del Amor que emanan de su Gran Alma, trayéndole al hombre Amor, Luz y Felicidad.

Así que como veis, no existe ningún misterio de la Deidad, ni ningún secreto que Dios no quiera que el hombre conozca y entienda, ni existe verdad alguna que sea contrario a las leyes y a la voluntad de Dios que el hombre la busque y posea.

Se dice que Dios es Espíritu, y es verdad; pero el Espíritu no es Dios, sino sólo uno de Sus instrumentos, utilizado para trabajar con la humanidad y los espíritus de los hombres. Adorar el instrumento es una blasfemia, y únicamente Dios, solo, debe ser adorado. Jesús no debe ser adorado como Dios; el Espíritu Santo no debe ser adorado de esa manera, y cuanto antes los hombres aprendan esta Verdad y la observen, antes lograrán llegar a estar en aunamiento con el Padre y agradarán al Maestro, quien, como algunos puede que no sepan, es el mayor adorador del Padre en todo Su universo.

Espero que de mi mensaje muchos mortales puedan recibir la verdad y creer que el Espíritu Santo no es uno con la Divinidad, que el misterio de la Divinidad trinitaria es un mito; un mito sin entidad, y que no existe verdad ninguna en todo el universo de Dios que el hombre no esté invitado a buscar, entender y poseer.

Vuestro hermano en Cristo, Lucas




1 La «Coma de Juan» (1 Juan 5:7):
Robert Estienne, al editar su Biblia, utilizó como base el texto de Erasmo y la Biblia Complutense. Ambos textos contenían la Comma Johanneum. En un principio Erasmo no la incluyó en su edición del Nuevo Testamento griego. Pero como los editores de la Biblia Complutense le criticaron sobre este particular prometió insertar los versículos si se encontraba un solo manuscrito griego que contuviera el pasaje. El manuscrito mostrado a Erasmo, ahora parece haber sido escrito a principios del siglo XVI (es decir, que actualmente se considera coetáneo de Erasmo, que vivió de 1466 a 1536). Erasmo cumplió su promesa e insertó el texto, aunque indicó en una nota a pie de página sus sospechas sobre el manuscrito. Entre los miles de manuscritos griegos examinados desde la época de Erasmo, sólo otros tres contienen el pasaje. Uno es del siglo XII, otro del siglo XVI y un tercero del siglo XIV o XVI. La cita más antigua conocida de la Coma de Juan se encuentra en un tratado latino del siglo IV titulado Liber apologeticus (cap. 4), atribuido a Prisciliano o a su seguidor, el obispo Instantius de España. La Coma probablemente se originó como una pieza de exégesis alegórica de los tres testigos, y pudo haber sido escrita como una glosa marginal en un manuscrito latino de 1 Juan, desde donde fue incorporada al texto de la Biblia latina antigua durante el siglo V, mientras que es sólo en el siglo VIII cuando se insertó en la Vulgata. El pasaje no aparece en manuscritos de la Vulgata latina antes de aproximadamente el año 800 d.C. Pero desde Erasmo en adelante, a través de Esteban, se abrió paso en el Textus Receptus.
(Fuente: B.M. Metzger, El texto del Nuevo Testamento. Su transmisión, corrupción y restauración, Oxford - Clarendon, 1968, 101-102)

2 «Ego» ahí claramente significa el «yo real». Aquí, donde ‘ego’ se usa con referencia al Padre, Lucas rápidamente aclara que no contiene atributos negativos como los que hoy día se asocian con la palabra ego. Actualmente se suele entender que el ego es la noción mental que una persona tiene de sí misma, la idea de sí misma que ella ha llegado a formarse como resultado de sus experiencias de vida. Y como tal noción mental, no es «su identidad real», sino un constructo inestable y en incesante proceso de reforma por efecto de las sucesivas nuevas experiencias de la vida.