La muerte sella el perfeccionamiento, también sella la perdición. Tu y yo estamos vivos, debemos seguir perfeccionándonos en fe y obediencia.
El ladrón en la cruz no tuvo tiempo de seguir perfeccionándose, pero al creer en el salvador que moría a su lado, fue perfeccionado por su fe en la creencia que Jesús vendría otra vez y pidió que se acuerde de él, un ladrón. Si el ladrón no hubiera muerto en esa ocasión, su vida cambiaría, dejaría de ser ladrón. Dios mira la meta a la cual aspiramos como si ya lo hayamos logrado; El puede ayudarnos a lograrlo.
La fe no elimina la obediencia, mas bien la hace posible con la ayuda del que murió por él; de un hombre imperfecto (ladrón) a uno perfecto (honesto). La perfección (santificación) es un proceso que dura toda la vida. Si hoy te sorprende la muerte en el camino de la perfección -que todavía no has alcanzado -pero es el camino que ibas andando, entonces: Flp 4:19 Mi Dios, pues, suplirá todo lo que os falta conforme a sus riquezas en gloria en Cristo Jesús.
Los creyentes que se encuentran en el sepulcro, al ser resucitados, serán perfectos completos pues serán semejantes al que creyeron cuando oyeron la promesa: 1Jn 3:2 Amados, ahora somos hijos de Dios, y aún no se ha manifestado lo que hemos de ser; pero sabemos que cuando él se manifieste, seremos semejantes a él, porque le veremos tal como él es. {perfecto}......y tu la estás leyendo