Llama la atención en Mt 25:5 que se diga allí de las diez vírgenes: “cabecearon todas y se durmieron”.
Que cabecearan y se durmieran las vírgenes fatuas se entiende fácil, pero que lo hicieran también las prudentes, no es lo que esperaríamos.
Es sugestivo que apenas la provisión de la reserva de aceite sea lo que distinga la prudencia en unas y la negligencia en las otras.
Actualmente también los hijos de Dios somos todos similares, con nuestros defectos y virtudes; con una santidad aparente y una fidelidad siempre profesada y pocas veces vista.
Acá mismo, en el Foro, decimos ser una cosa pero nos mostramos muy distintos.
El cabeceo precede al sueño, pero no siempre resulta del cansancio sino también del hastío del ocio. Es un estado en el que no se descansa bien ni se disfruta de placidez alguna.
La forzada cuarentena como que nos encierra en nosotros mismos, sin ánimo ya para conversar y compartir. ¿Hasta cuándo?
Cordiales saludos
Que cabecearan y se durmieran las vírgenes fatuas se entiende fácil, pero que lo hicieran también las prudentes, no es lo que esperaríamos.
Es sugestivo que apenas la provisión de la reserva de aceite sea lo que distinga la prudencia en unas y la negligencia en las otras.
Actualmente también los hijos de Dios somos todos similares, con nuestros defectos y virtudes; con una santidad aparente y una fidelidad siempre profesada y pocas veces vista.
Acá mismo, en el Foro, decimos ser una cosa pero nos mostramos muy distintos.
El cabeceo precede al sueño, pero no siempre resulta del cansancio sino también del hastío del ocio. Es un estado en el que no se descansa bien ni se disfruta de placidez alguna.
La forzada cuarentena como que nos encierra en nosotros mismos, sin ánimo ya para conversar y compartir. ¿Hasta cuándo?
Cordiales saludos