Recemos por nuestros hermanos hispanos que ahora sufren las consecuencias de la tiranía y del abandono de Dios por las instituciones estatales que ponen Fe en su ideología. Recemos por nuestros hermanos africanos y árabes que sufren las consecuencias de la pobreza impuesta por la corrupción de sus guerrilleros que ponen Fe en el poder y la vanidad del polvo que depositan.
No debemos abandonar a nuestros hermanos tan necesitados y desperados, y por eso como individuos, no como estado, debemos ir allí a ayudarles. Debemos donar, no permitir que el estado interceda por nosotros pues el estado debe centrarse en los intereses generales y con sus medidas aparta a la gente de Dios para adoctrinarla en una Fe puesta en su ideología. Debemos ir nosotros y abrirles nuestras casas, pero para el que quiera y pueda, no como ley. Como individuos debemos ser ejemplo de Cristo, no como colectivo invisible que sustenta los fondos con la inconsciente e intrusiva fuerza del impuesto. La donación de dinero, de carne o de alma es individual, y solo así es válida para con Dios, no por presiones ajenas que nos separan de poner Gloria en Él. El consenso internacional debería hacer de valía a los derechos humanos, y para aquél estado que los viole, no debería respetarse su soberanía porque está atentando contra nuestros hermanos (Tengan Fe o no o en qué, son nuestros hermanos). Que Dios los bendiga, y los bendiga a ustedes también.