La verdadera riqueza
Enseña y predica estas cosas. 3 Si alguien enseña ideas extrañas y no está de acuerdo con la sana enseñanza de nuestro Señor Jesucristo ni con las normas de nuestra fe, 4 es un orgulloso que no sabe nada. Discutir sobre cuestiones de palabras es en él como una enfermedad; de ahí vienen envidias, discordias, insultos, desconfianzas 5 y peleas sin fin entre gente que tiene la mente pervertida, que no conoce la verdades y que toma nuestra fe por una fuente de riqueza. 6 Y claro está que nuestra fe es una fuente de gran riqueza, pero solo para el que se contenta con lo que tiene. 7 Porque nada trajimos a este mundo y nada podremos llevarnos; 8 si tenemos qué comer y con qué vestirnos, démonos por satisfechos. 9 En cambio, los que quieren hacerse ricos no resisten la prueba, y caen en la trampa de muchos deseos insensatos y perjudiciales que hunden a los hombres en la ruina y la condenación. 10 Porque el amor al dinero es raíz de toda clase de males, y hay quienes, por codicia, se han desviado de la fe y han llenado de sufrimiento su propia vida.
Enseña y predica estas cosas. 3 Si alguien enseña ideas extrañas y no está de acuerdo con la sana enseñanza de nuestro Señor Jesucristo ni con las normas de nuestra fe, 4 es un orgulloso que no sabe nada. Discutir sobre cuestiones de palabras es en él como una enfermedad; de ahí vienen envidias, discordias, insultos, desconfianzas 5 y peleas sin fin entre gente que tiene la mente pervertida, que no conoce la verdades y que toma nuestra fe por una fuente de riqueza. 6 Y claro está que nuestra fe es una fuente de gran riqueza, pero solo para el que se contenta con lo que tiene. 7 Porque nada trajimos a este mundo y nada podremos llevarnos; 8 si tenemos qué comer y con qué vestirnos, démonos por satisfechos. 9 En cambio, los que quieren hacerse ricos no resisten la prueba, y caen en la trampa de muchos deseos insensatos y perjudiciales que hunden a los hombres en la ruina y la condenación. 10 Porque el amor al dinero es raíz de toda clase de males, y hay quienes, por codicia, se han desviado de la fe y han llenado de sufrimiento su propia vida.