Es biblica la Bilocacion?
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Casos increíbles
En términos generales, la Iglesia Católica ha tomado con mucha cautela los casos de bilocación, aunque ha reconocido al mismo tiempo la existencia de este fenómeno en la vida de santos y místicos. Entre los casos más notables se cuentan al Papa San Clemente, San Francisco de Asís, San Antonio de Padua, San Martín de Porres, San José de Cupertino, San Alfonso de Ligorio, San Juan Bosco y San Pío de Pietrelcina.
El caso de San José de Copertino es muy ilustrativo, pues se asegura que asistió a la muerte de su madre en su pueblo natal sin abandonar el convento de Asís donde residía. Se cuenta que cuando la anciana estaba a punto de expirar, gritó con la voz teñida de dolor: “¡Oh José, hijo mío, ya no te veré más!”. A los pocos segundos habría aparecido una luz resplandeciente que iluminó la habitación, y la moribunda, viendo a su hijo, gritó de nuevo, pero esta vez con la voz llena de júbilo: “¡Oh fray José, hijo mío!”.
En ese mismo momento, por cierto, el santo se encontraba a cientos de kilómetros de distancia, en el convento de Asís. Lo curioso es que se asegura que José salió llorando repentinamente de su celda y se encaminó a la Iglesia a orar. El padre guardián, al verlo con el rostro tan descompuesto y los ojos arrasados de lágrimas, le preguntó por el motivo de su llanto. La respuesta de José fue lapidaria: “Mi pobre madre acaba de morir”. A los pocos días llegó una carta que confirmó la infausta noticia, pero los religiosos del convento quedaron estupefactos cuando se enteraron, por testimonios de gente allegada a la fallecida, que el santo había asistido personalmente a su madre moribunda. Todos estos hechos, por supuesto, constaron oficialmente en su proceso de beatificación.
Otro caso célebre de bilocación, pero esta vez fuera del ámbito de la Iglesia Católica, es el del almirante inglés George Tryon. El 22 de junio de 1893, el barco “Victoria”, capitaneado por Tryon, naufragó en las cercanías del puerto de Trípoli después de chocar con otro navío de su misma escuadra naval. Los supervivientes de la tragedia relataron después como el propio Tryon se hundió heroicamente con la nave, mientras gritaba amargamente la frase: “Todo fue mi culpa”, pues la maniobra que ocasionó la colisión había sido ordenada por él.
Lo insólito del caso es que al mismo tiempo en Londres, a miles de kilómetros de distancia, la esposa de Tryon y cientos de invitados que participaban en una fiesta que se celebraba en la mansión del marino, vieron a Tryon cruzar por el salón dando grandes pasos. Cuando le dirigieron la palabra, el marino se ocultó en un corredor y nadie pudo hallarlo después. Nunca apareció de nuevo.
Quizás el caso más sorprendente de ello es el que se nos presenta en un sorprendente informe de una persona que fue testigo ocular de la bilocación de un santo, nada más y nada menos que el padre Pío.
Así el testigo afirma que entro en la sacristía el padre Pío acompañado de un oficial de la armada italiana: “Sí, aquí está. Estoy en el lugar adecuado”, entonces se aproximó al padre Pío, se arrodilló ante él y llorando le dijo: “Padre, le doy las gracias por haberme salvado la vida”, al resto de las personas les dijo: “Yo era capitán de infantería.
Un día, en hora terrible, en medio del campo de batalla, vi a un religioso que decía: “Señor, ¡váyase lejos de aquí!”. Yo me dirigí hacía él y, nada más dar unos pasos, explotó una granada justo en el lugar donde me encontraba segundos antes. La granada abrió un cráter en la suelo. Yo tropecé en el intento de encontrar al religioso, pero no estaba allí”.
Curiosamente el padre Pío se encontraba en ese momento muy lejos del escenario donde el capitán lo describía, se había bilocado, había estado en dos lugares a la vez.
Si se dan casos de poder estar en más de dos sitios a la vez se llama multilocación, según explican los expertos en ésta materia el padre Pío podría hacerlo y siempre se dan en personas que tienen una acreditada religiosidad, sería la fuerza de la fe.
Curiosamente estaba muy por la labor de proteger la vida humana, salvó al capitán pero también al general Cardona en su intento de quitarse la vida, de suicidarse.
El padre Pío, con sus espectaculares estigmas, jamás dejó el monasterio donde vivió. Aunque todo ello no deje de ser un caso propiciatorio para explicar éste fenómeno no es menos cierto que los múltiples testimonios de ello nos hcaen pensar en su realidad incuestionable.
Otra persona de gran religiosidad que se vio en sitios diferentes fue sor María Jesús de Ágreda, la llamada ‘Dama de Azul’, de notable peso en la corte española,.
Consejera del rey, que en rara ocasión salía de su convento en la ciudad avilense pero que en diferentes ocasiones fue vista en lugares tan remotos como en la América del Descubrimiento donde un grupo de indígenas sabían rezar y portaban crucifijos que le había entregado la popular y misteriosa monja.
¿Salió alguna vez al Nuevo Mundo sor María Jesús de Ágreda? Jamás pisó aquellas lejanas tierras y el propio rey se sorprendía con otras capacidades que tenía.
Son motivos para una beatificación e incluso para llegar a la santidad y que la Iglesia analiza y estudia profundamente, con esmero y cuidado para no incurrir en ningún error o acto precipitado.
Así cuando se informa de que una persona de gran religiosidad ha sido vista en varios sitios se redacta un detallado informe, se entrevista a los testigos y se comprueban todos los puntos de vista y aristas de una bilocación, una vez admitida pasa a ser una prueba más de su relación con lo divino.
El Instituto de Psicología de la Universidad de Colonia (Alemania) realizó una serie de pruebas a la yogui india Pushpal Behen, durante su ‘bilocación’ –astral- el encefalograma dejó de manifiesto como las ondas de baja frecuencia subían, ello era un factor que mostraba el grado de absoluta relajación y concentración de la religiosa hindú.
Se cree que las personas que tienen la capacidad de tener un alto poder de concentración pueden también ocasionar alguna bilocación en la que su cuerpo esté físicamente en un sitio pero su mente pueda leer, ver, sentir y percibir acciones que se están realizando en otro lugar y que estas realmente sean como la persona los ha descrito.
Un fenómeno sorprendente sobre el que la Ciencia, todopoderosa a veces, no tiene explicación.
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Casos increíbles
En términos generales, la Iglesia Católica ha tomado con mucha cautela los casos de bilocación, aunque ha reconocido al mismo tiempo la existencia de este fenómeno en la vida de santos y místicos. Entre los casos más notables se cuentan al Papa San Clemente, San Francisco de Asís, San Antonio de Padua, San Martín de Porres, San José de Cupertino, San Alfonso de Ligorio, San Juan Bosco y San Pío de Pietrelcina.
El caso de San José de Copertino es muy ilustrativo, pues se asegura que asistió a la muerte de su madre en su pueblo natal sin abandonar el convento de Asís donde residía. Se cuenta que cuando la anciana estaba a punto de expirar, gritó con la voz teñida de dolor: “¡Oh José, hijo mío, ya no te veré más!”. A los pocos segundos habría aparecido una luz resplandeciente que iluminó la habitación, y la moribunda, viendo a su hijo, gritó de nuevo, pero esta vez con la voz llena de júbilo: “¡Oh fray José, hijo mío!”.
En ese mismo momento, por cierto, el santo se encontraba a cientos de kilómetros de distancia, en el convento de Asís. Lo curioso es que se asegura que José salió llorando repentinamente de su celda y se encaminó a la Iglesia a orar. El padre guardián, al verlo con el rostro tan descompuesto y los ojos arrasados de lágrimas, le preguntó por el motivo de su llanto. La respuesta de José fue lapidaria: “Mi pobre madre acaba de morir”. A los pocos días llegó una carta que confirmó la infausta noticia, pero los religiosos del convento quedaron estupefactos cuando se enteraron, por testimonios de gente allegada a la fallecida, que el santo había asistido personalmente a su madre moribunda. Todos estos hechos, por supuesto, constaron oficialmente en su proceso de beatificación.
Otro caso célebre de bilocación, pero esta vez fuera del ámbito de la Iglesia Católica, es el del almirante inglés George Tryon. El 22 de junio de 1893, el barco “Victoria”, capitaneado por Tryon, naufragó en las cercanías del puerto de Trípoli después de chocar con otro navío de su misma escuadra naval. Los supervivientes de la tragedia relataron después como el propio Tryon se hundió heroicamente con la nave, mientras gritaba amargamente la frase: “Todo fue mi culpa”, pues la maniobra que ocasionó la colisión había sido ordenada por él.
Lo insólito del caso es que al mismo tiempo en Londres, a miles de kilómetros de distancia, la esposa de Tryon y cientos de invitados que participaban en una fiesta que se celebraba en la mansión del marino, vieron a Tryon cruzar por el salón dando grandes pasos. Cuando le dirigieron la palabra, el marino se ocultó en un corredor y nadie pudo hallarlo después. Nunca apareció de nuevo.
Quizás el caso más sorprendente de ello es el que se nos presenta en un sorprendente informe de una persona que fue testigo ocular de la bilocación de un santo, nada más y nada menos que el padre Pío.
Así el testigo afirma que entro en la sacristía el padre Pío acompañado de un oficial de la armada italiana: “Sí, aquí está. Estoy en el lugar adecuado”, entonces se aproximó al padre Pío, se arrodilló ante él y llorando le dijo: “Padre, le doy las gracias por haberme salvado la vida”, al resto de las personas les dijo: “Yo era capitán de infantería.
Un día, en hora terrible, en medio del campo de batalla, vi a un religioso que decía: “Señor, ¡váyase lejos de aquí!”. Yo me dirigí hacía él y, nada más dar unos pasos, explotó una granada justo en el lugar donde me encontraba segundos antes. La granada abrió un cráter en la suelo. Yo tropecé en el intento de encontrar al religioso, pero no estaba allí”.
Curiosamente el padre Pío se encontraba en ese momento muy lejos del escenario donde el capitán lo describía, se había bilocado, había estado en dos lugares a la vez.
Si se dan casos de poder estar en más de dos sitios a la vez se llama multilocación, según explican los expertos en ésta materia el padre Pío podría hacerlo y siempre se dan en personas que tienen una acreditada religiosidad, sería la fuerza de la fe.
Curiosamente estaba muy por la labor de proteger la vida humana, salvó al capitán pero también al general Cardona en su intento de quitarse la vida, de suicidarse.
El padre Pío, con sus espectaculares estigmas, jamás dejó el monasterio donde vivió. Aunque todo ello no deje de ser un caso propiciatorio para explicar éste fenómeno no es menos cierto que los múltiples testimonios de ello nos hcaen pensar en su realidad incuestionable.
Otra persona de gran religiosidad que se vio en sitios diferentes fue sor María Jesús de Ágreda, la llamada ‘Dama de Azul’, de notable peso en la corte española,.
Consejera del rey, que en rara ocasión salía de su convento en la ciudad avilense pero que en diferentes ocasiones fue vista en lugares tan remotos como en la América del Descubrimiento donde un grupo de indígenas sabían rezar y portaban crucifijos que le había entregado la popular y misteriosa monja.
¿Salió alguna vez al Nuevo Mundo sor María Jesús de Ágreda? Jamás pisó aquellas lejanas tierras y el propio rey se sorprendía con otras capacidades que tenía.
Son motivos para una beatificación e incluso para llegar a la santidad y que la Iglesia analiza y estudia profundamente, con esmero y cuidado para no incurrir en ningún error o acto precipitado.
Así cuando se informa de que una persona de gran religiosidad ha sido vista en varios sitios se redacta un detallado informe, se entrevista a los testigos y se comprueban todos los puntos de vista y aristas de una bilocación, una vez admitida pasa a ser una prueba más de su relación con lo divino.
El Instituto de Psicología de la Universidad de Colonia (Alemania) realizó una serie de pruebas a la yogui india Pushpal Behen, durante su ‘bilocación’ –astral- el encefalograma dejó de manifiesto como las ondas de baja frecuencia subían, ello era un factor que mostraba el grado de absoluta relajación y concentración de la religiosa hindú.
Se cree que las personas que tienen la capacidad de tener un alto poder de concentración pueden también ocasionar alguna bilocación en la que su cuerpo esté físicamente en un sitio pero su mente pueda leer, ver, sentir y percibir acciones que se están realizando en otro lugar y que estas realmente sean como la persona los ha descrito.
Un fenómeno sorprendente sobre el que la Ciencia, todopoderosa a veces, no tiene explicación.