Vamos a comenzar con esta Escritura:
Lev 25:8 Y contarás siete semanas de años, siete veces siete años, de modo que los días de las siete semanas de años vendrán a serte cuarenta y nueve años.
Lev 25:10 Y santificaréis el año cincuenta, y pregonaréis libertad en la tierra a todos sus moradores; ese año os será de jubileo, y volveréis cada uno a vuestra posesión, y cada cual volverá a su familia.
Dios está enseñando a su pueblo a llevar la cuenta de los años.
De aquí en adelante, los eventos proféticos tienen que basarse necesariamente en la nación de Israel, porque este es el pueblo que está llevando la cuenta de los años.
Dios les enseñó esto.
Esto no es una cosa al azar.
Esta expresión “siete semanas de años” tiene importancia para nosotros, en otros lugares de la Palabra de Dios.
Vamos a pasar al libro de Daniel, el capítulo 9:24, leemos:
Dan 9:24 Setenta semanas están determinadas sobre tu pueblo y sobre tu santa ciudad, para terminar la prevaricación, y poner fin al pecado, y expiar la iniquidad, para traer la justicia perdurable, y sellar la visión y la profecía, y ungir al Santo de los santos.
Dan 9:25 Sabe, pues, y entiende, que, desde la salida de la orden para restaurar y edificar a Jerusalén hasta el Mesías Príncipe, habrá siete semanas, y sesenta y dos semanas; se volverá a edificar la plaza y el muro en tiempos angustiosos.
Dan 9:26 Y después de las sesenta y dos semanas se quitará la vida al Mesías, mas no por sí; y el pueblo de un príncipe que ha de venir destruirá la ciudad y el santuario; y su fin será con inundación, y hasta el fin de la guerra durarán las devastaciones.
Dan 9:27 Y por otra semana confirmará el pacto con muchos; a la mitad de la semana hará cesar el sacrificio y la ofrenda. Después con la muchedumbre de las abominaciones vendrá el desolador, hasta que venga la consumación, y lo que está determinado se derrame sobre el desolador.
Muchos hermanos sabrán que, en este libro de Daniel, el rey Nabucodonosor recibió la visión de la estatua, y que cuando Daniel interpreta aquella visión tiene que ver con cuatro imperios sucesivos, comenzando con el imperio Babilónico, del cual Nabucodonosor, era el rey.
Aquellos cuatro imperios van a llenar el tiempo hasta el fin de todo. Más adelante, Daniel recibe una visión, donde él no está viendo los cuatro imperios en su gloria, como la visión dada a Nabucodonosor, sino que, como profeta, sabiendo algo de la verdadera naturaleza de las cosas, Daniel está viendo cuatro animales salvajes, levantarse uno, tras otro. Porque el carácter de estos animales representa la naturaleza de aquellos imperios, una naturaleza salvaje.
Lo que estamos leyendo aquí en esta Escritura:
Daniel 9:25: “Sabe, pues, y entiende, que, desde la salida de la orden para restaurar y edificar a Jerusalén hasta el Mesías Príncipe, habrá siete semanas, y sesenta y dos semanas; se volverá a edificar la plaza y el muro en tiempos angustiosos.”
Nos habla del orden para restaurar y reedificar Jerusalén hasta el Mesías, dando un tiempo preciso.
Para conocer este tiempo, debemos ir al libro de Nehemías, donde contemplamos el momento donde fue autorizada la orden para restaurar Jerusalén, destruida en los tiempos de Daniel, cuando él y otros muchos fueron llevados cautivos por el rey de Babilonia.
Neh 2:1 Sucedió en el mes de Nisán, en el año veinte del rey Artajerjes, que estando ya el vino delante de él, tomé el vino y lo serví al rey. Y como yo no había estado antes triste en su presencia,
“EN EL AÑO VEINTE DEL REY ARTAJERJES”
Este es un tiempo preciso. Nehemías era un siervo que atendía aquel rey, en su oficio de copero del rey en aquel entonces.
Neh 2:4 Me dijo el rey: ¿Qué cosa pides? Entonces oré al Dios de los cielos,
Neh 2:5 y dije al rey: Si le place al rey, y tu siervo ha hallado gracia delante de ti, envíame a Judá, a la ciudad de los sepulcros de mis padres, y la reedificaré.
Neh 2:6 Entonces el rey me dijo (y la reina estaba sentada junto a él): ¿Cuánto durará tu viaje, y cuándo volverás? Y agradó al rey enviarme, después que yo le señalé tiempo.
Al final del v.8 leemos:
“Y me lo concedió el rey, según la benéfica mano de mi Dios sobre mí.”
Este fue el momento preciso de lo que leímos en Daniel 9:25 cuando se comienza a contar el tiempo hasta el Mesías Príncipe:
“habrá siete semanas, y sesenta y dos semanas”
Lo cual suma 69 semanas proféticas ya cumplidas, falta una semana todavía para completar la semana setenta de la profecía de Daniel 9:24
Hasta aquí, los eruditos resumen de la siguiente manera:
I. Se reveló así que toda la provisión de bendiciones prometida a los judíos sería suspendida hasta el final de un período de tiempo descrito como «setenta sietes», después de los cuales la ciudad y el pueblo de Daniel, han de ser establecidos en una bendición de la máxima plenitud.
II. Otro período compuesto de siete semanas y de sesenta y dos semanas se especifica con la misma certeza.
III. Esta segunda era data desde la emisión de un edicto para reconstruir Jerusalén —no el templo, sino la ciudad—, porque para impedir cualquier tipo de dudas, «la plaza y el muro» son mencionados de una manera expresamente enfática; y un evento definido, descrito como quitarle lo vida al Mesías, marca su final.
Dan 9:26 Y después de las sesenta y dos semanas se quitará la vida al Mesías, mas no por sí; y el pueblo de un príncipe que ha de venir destruirá la ciudad y el santuario; y su fin será con inundación, y hasta el fin de la guerra durarán las devastaciones.
Dan 9:27 Y por otra semana confirmará el pacto con muchos; a la mitad de la semana hará cesar el sacrificio y la ofrenda. Después con la muchedumbre de las abominaciones vendrá el desolador, hasta que venga la consumación, y lo que está determinado se derrame sobre el desolador.
IV. El comienzo de la semana precisa (que se ha de añadir a las sesenta y nueve) para completar las setenta, debe quedar señalada por el establecimiento de un pacto o tratado por una persona descrita como «el Príncipe que ha de Venir», pacto que él violará a la mitad de la semana con la supresión de la religión de los judíos.
V. Y de esta manera el tiempo completo de las setenta semanas, y el período más corto de las sesenta y nueve semanas, datan a partir de la misma época.
La Iglesia no pertenece a la profecía.
Entre la semana 69 ya cumplida, y desde el día de Pentecostés, Dios envió desde el cielo al Espíritu Santo para reunir un pueblo de entre todas las naciones, un pueblo celestial, ajeno a la semana 70 que aún falta por cumplirse con Israel y las naciones gentiles…o sea que llevamos más de 20 siglos en los cuales Dios ha estado añadiendo a la Iglesia los que han de ser salvos mediante el evangelio de la Gracia de Dios revelado al apóstol Pablo:
Hch 20:24 Pero de ninguna cosa hago caso, ni estimo preciosa mi vida para mí mismo, con tal que acabe mi carrera con gozo, y el ministerio que recibí del Señor Jesús, para dar testimonio del evangelio de la gracia de Dios.
Este es el mensaje de la Iglesia, un mensaje que cuya centralidad es Cristo y este crucificado:
1Co 2:2 Pues me propuse no saber entre vosotros cosa alguna sino a Jesucristo, y a éste crucificado.
Y ojalá los lectores pudiesen discernir el enorme peligro que existe al mezclar el evangelio del Reino dado a Israel y las naciones gentiles, con el evangelio de la Gracia de Dios dado a la Iglesia, leemos:
Gál 1:6 Estoy maravillado de que tan pronto os hayáis alejado del que os llamó por la gracia de Cristo, para seguir un evangelio diferente.
Gál 1:7 No que haya otro, sino que hay algunos que os perturban y quieren pervertir el evangelio de Cristo.
Gál 1:8 Mas si aún nosotros, o un ángel del cielo, os anunciare otro evangelio diferente del que os hemos anunciado, SEA ANATEMA.
Gál 1:9 Como antes hemos dicho, también ahora lo repito: Si alguno os predica diferente evangelio del que habéis recibido, SEA ANATEMA.
Caen bajo maldición aquellos que confunden los judíos de la profecía sobre Jerusalén de Mateo 24, con la Iglesia.
Allí está siendo predicado el evangelio del Reino (Mt.24:14), el evangelio de la Gracia no se encuentra allí por cuanto la misión dada al Espíritu Santo ya ha finalizado en el sentido de entregar a la Novia a Cristo, en nuestra reunión con él (2Ts.2:1) en el aire (1Ts.4:17) para ser trasladados a la Casa del Padre donde se llevará a cabo el Tribunal de Cristo y luego las Bodas del Cordero.
ESTAMOS ESPERANDO AL VENIDA DEL SEÑOR POR SU IGLESIA, LEEMOS:
1Ts 1:10 y esperar de los cielos a su Hijo, al cual resucitó de los muertos, a Jesús, quien nos libra de la ira venidera.
Vamos a comenzar con esta primera entrega de Escrituras.
Si alguno no está de acuerdo, nosotros no tenemos tal costumbre, ni las Iglesias de Dios.
Pero, si alguno desea complementar algo que hace falta en esta primera entrega sobre la profecía, bien puede hacerlo.
Que el Señor prospere su Palabra.