Resulta interesante considerar las diferencias de quién es Satán para el judaísmo, o el diablo para el cristianismo. Para el cristiano Satán y el diablo son la misma persona, pero no es así para el judaísmo. En esa religión no existe el concepto del diablo. El judaísmo no concibe que exista un enemigo espiritual cuya agenda es sabotear la obra de Dios en la creación.
La mejor forma de exponer quién es Satán para el judaísmo es examinar los textos bíblicos del Antiguo Testamento, o lo que es el Tanak judío, en donde se hace mención de quién es ese ser.
La idea común es que la primera vez que se menciona a Satán por su nombre es en el libro de Job, pero eso no es correcto. Para encontrar cuál es la primera vez que ese nombre es usado en las Escrituras hay que leer el Antiguo Testamento en el hebreo original.
Llevando a cabo ese ejercicio, se encontrará que es en el libro de Números donde aparece Satán nombrado por primera vez. Específicamente en el capítulo 22 de dicho libro. Allí se relata el episodio en que el profeta gentíl Bilám (Balaam) emprende un viaje montado en su burra.
En las traducciones cristianas el texto aparece como sigue:
21 Balán se levantó por la mañana, ensilló su burra, y partió con los gobernantes de Moab. 22 Mientras iba con ellos, la ira de Dios se encendió y en el camino el ángel del Señor se hizo presente, dispuesto a no dejarlo pasar. Números 22: 21-22, NVI.
En el hebreo original es:
כא וַיָּקָם בִּלְעָם בַּבֹּקֶר, וַיַּחֲבֹשׁ אֶת-אֲתֹנוֹ; וַיֵּלֶךְ, עִם-שָׂרֵי מוֹאָב.
כב וַיִּחַר-אַף אֱלֹהִים, כִּי-הוֹלֵךְ הוּא, וַיִּתְיַצֵּב מַלְאַךְ יְהוָה בַּדֶּרֶךְ, לְשָׂטָן לוֹ; וְהוּא רֹכֵב עַל-אֲתֹנוֹ, וּשְׁנֵי נְעָרָיו עִמּוֹ.
Aquí es imporatnte hacer referencia a la siguiente frase en hebreo: לְשָׂטָן. Transliterado dice “Le Satan.” Si fuesemos entonces a traducir literalmente lo que dice el pasaje sería así: “...y el ángel del Señor se apostó en el camino y era Satán” o también podría traducirse: “...y el ángel del Señor se apostó en el camino siendo Satán.”
Rabinos de gran relevancia han explicado que si se toma literalmente este texto debe concluirse que el ángel que el Señor envió a confrontar a Bilám era nada más y nada menos que Satán. Otros opinan que el nombre “Satán” debe mejor traducirse como “adversario”, lo cual es el verdadero significado del nombre.
Lo interesante es que aquellos que sostienen la presencia de Satán en este episodio apuntan a otros elementos del relato que sostienen la presencia de ese terrible ser. La primera pista en favor de que es Satán quien aparece ante Bilám es el hecho de que un animal habla en este episodio. La burra de Bilám le reclama por qué la estaba golpeando.
Solamente existen dos ocasiones en que un animal habla en la Biblia. La primera vez es el relato del huerto del Edén en donde una serpiente habla con Hava (Eva). Tanto judíos como cristianos están de acuerdo en que la serpiente fue usada por Satán para tentar a Hava. Algunos llegan tan lejos como a concluir que la serpiente misma era Satán en persona. Lo importante es considerar que cuando este ángel Satán se hace presente, las leyes naturales de la creación se desordenan. Tanto así que hasta los animales hablan. Ocurrió en el Edén y ahora ocurre ante Bilám.
Otra pista que apunta a que ese ángel era Satán es que él expresa que pudo haber matado a Bilám. Es decir: tenía la autoridad de quitarle la vida a un ser humano. De acuerdo al judaísmo ortodoxo, Satán es también el ángel de la muerte. Son la misma persona. Cuando a todos aquellos que han vivido vidas
lejos de Dios les llega la hora de la muerte, quien viene a tomar su vida es Satán. En el relato bíblico que nos ocupa, en el verso 33, el ángel claramente expresa que él consideró matar a Bilám. Es por ello que se concluye que si este ángel podía haber dispuesto de la vida de un ser humano, sin recibir una órden directa de Dios, debe tratarse del ángel de la muerte, que no es otro que Satán.
El otro relato bíblico en donde se nombra a ese ángel es en el libro de Job. No vamos a entrar en mucho detalle, ya que es harto conocido por todos de qué se trata el episodio. Lo relevante que debe destacarse es que primeramente los ángeles que están ante el Eterno en el primer capítulo de Job son llamados los “hijos de Dios” en el verso 6. Muy interesante notar que aquí se está diciendo que Satán es uno de los hijos de Dios. Por ello no puede tratarse de un enemigo. Es otro sirviente más. Si Satán fuese el horroroso enemigo de Dios, autor de todos los males del planeta; ¿cómo entonces explicar que él (Satán) tiene acceso ante el Trono del Eterno y hasta puede sugerir y disputar con Dios sobre las decisiones que toma de cómo reguir su creación?¡Y Dios lo escucha y hasta cumple con sus peticiones!
Más adelante, Satán es mencionado en el libro de 1ra. de Crónicas. En el capítulo 21 se indica que Satán tentó a David para que llevara a cabo un censo.
Finalmente Satán es mencionado en el libro del profeta Zecharia (Zacarías). En el capítulo 3 de ese libro se dice que Satán estaba de nuevo ante el Trono de Dios acusando a un sumo sacerdote, y Dios le ordena a cesar sus acusaciones.
En definitiva, en el Antiguo Testamento Satán no es un enemigo de Dios. De hecho, es otro fiel sirviente del Eterno, aunque su labor es una antagónica a la humanidad. Es el tentador, causante de desgracias y acusador. Es por ello que es el “adversario”, pero no de Dios, sino nuestro adversario.
En el Nuevo Testamento la historia es diferente. Satán aparece en los evangelios tentando a Jesús, pidiéndole que lo adore. Eso ciertamente es cruzar la línea. Igualmente es quien motiva a Judas a traicionar a Jesús. Es llamado el “dios de este mundo.” Es un ladrón que solamente quiere robar, matar y destruir. Incluso, en el libro de Apocalipsis, aparaece este ángel luchando contra Jesús y siendo vencido y lanzado al fuego eterno.
Sin duda eso es muy diferente al Satán del Antiguo Testamento. Este es sin duda alguna un ser maléfico, enemigo de todo lo bueno, y hasta puede decirse enemigo de Dios.
Aquí sería pertinente recalcar que esa idea de Satán convertido en el diablo surge después del retorno de los judíos del cautiverio en Babilonia (597-539 A.C.). Algunos trazos de la religión Babilónica-Persa pueden haber contaminado el judaísmo tradicional. El zoroastrismo, que era la religión de los reyes babilónicos y persas, cree en un universo dualista. El mundo esta sumergido en una gran batalla entre el bien y el mal. El dios principal, Ahura-Mazda, es el dios bueno, y e}él esta en constante batalla contra el dios del mal, que es una figura paralela al diablo cristiano.
No es extraño que el cristianismo haya adoptado ese concepto dualista de la realidad celestial. El Dios cristiano está en constante lucha contra el “dios de este mundo”, el diablo. Una idea que viene del zoroastrismo, no del judaísmo. Incluso el llamar al diablo “dios” es algo muy particular y hasta perturbador. En el judaísmo no existe ese univeso maniqueo (una lucha perpetua entre una divinidad buena y otra mala).
El Señor lo llena todo con su gloria y poder, todo lo que existe en este mundo y en todos los mundos espirituales está sometido a su voluntad. Es imposible que exista un enemmigo espiritual en contra de Dios, pues no tendría lugar donde huír de la gloria eterna (leer Salmo 139).
En cuanto a la existencia del mal, la respuesta está claramente expuesta en el libro del profeta Yshaiahu (Isaías). En el capítulo 45, versos 6 y 7 el Señor mismo declara:
Yo soy el Señor, y no hay ningún otro.
Yo formo la luz y creo las tinieblas,
traigo bienestar y creo calamidad;
Yo, el Señor, hago todas estas cosas.
Siempre debemos pedir a Dios que nos libre de las tentaciones y ataques del adversario, pero debemos reconocer que es Él Eterno quien lo controla todo.
Bediciones
La mejor forma de exponer quién es Satán para el judaísmo es examinar los textos bíblicos del Antiguo Testamento, o lo que es el Tanak judío, en donde se hace mención de quién es ese ser.
La idea común es que la primera vez que se menciona a Satán por su nombre es en el libro de Job, pero eso no es correcto. Para encontrar cuál es la primera vez que ese nombre es usado en las Escrituras hay que leer el Antiguo Testamento en el hebreo original.
Llevando a cabo ese ejercicio, se encontrará que es en el libro de Números donde aparece Satán nombrado por primera vez. Específicamente en el capítulo 22 de dicho libro. Allí se relata el episodio en que el profeta gentíl Bilám (Balaam) emprende un viaje montado en su burra.
En las traducciones cristianas el texto aparece como sigue:
21 Balán se levantó por la mañana, ensilló su burra, y partió con los gobernantes de Moab. 22 Mientras iba con ellos, la ira de Dios se encendió y en el camino el ángel del Señor se hizo presente, dispuesto a no dejarlo pasar. Números 22: 21-22, NVI.
En el hebreo original es:
כא וַיָּקָם בִּלְעָם בַּבֹּקֶר, וַיַּחֲבֹשׁ אֶת-אֲתֹנוֹ; וַיֵּלֶךְ, עִם-שָׂרֵי מוֹאָב.
כב וַיִּחַר-אַף אֱלֹהִים, כִּי-הוֹלֵךְ הוּא, וַיִּתְיַצֵּב מַלְאַךְ יְהוָה בַּדֶּרֶךְ, לְשָׂטָן לוֹ; וְהוּא רֹכֵב עַל-אֲתֹנוֹ, וּשְׁנֵי נְעָרָיו עִמּוֹ.
Aquí es imporatnte hacer referencia a la siguiente frase en hebreo: לְשָׂטָן. Transliterado dice “Le Satan.” Si fuesemos entonces a traducir literalmente lo que dice el pasaje sería así: “...y el ángel del Señor se apostó en el camino y era Satán” o también podría traducirse: “...y el ángel del Señor se apostó en el camino siendo Satán.”
Rabinos de gran relevancia han explicado que si se toma literalmente este texto debe concluirse que el ángel que el Señor envió a confrontar a Bilám era nada más y nada menos que Satán. Otros opinan que el nombre “Satán” debe mejor traducirse como “adversario”, lo cual es el verdadero significado del nombre.
Lo interesante es que aquellos que sostienen la presencia de Satán en este episodio apuntan a otros elementos del relato que sostienen la presencia de ese terrible ser. La primera pista en favor de que es Satán quien aparece ante Bilám es el hecho de que un animal habla en este episodio. La burra de Bilám le reclama por qué la estaba golpeando.
Solamente existen dos ocasiones en que un animal habla en la Biblia. La primera vez es el relato del huerto del Edén en donde una serpiente habla con Hava (Eva). Tanto judíos como cristianos están de acuerdo en que la serpiente fue usada por Satán para tentar a Hava. Algunos llegan tan lejos como a concluir que la serpiente misma era Satán en persona. Lo importante es considerar que cuando este ángel Satán se hace presente, las leyes naturales de la creación se desordenan. Tanto así que hasta los animales hablan. Ocurrió en el Edén y ahora ocurre ante Bilám.
Otra pista que apunta a que ese ángel era Satán es que él expresa que pudo haber matado a Bilám. Es decir: tenía la autoridad de quitarle la vida a un ser humano. De acuerdo al judaísmo ortodoxo, Satán es también el ángel de la muerte. Son la misma persona. Cuando a todos aquellos que han vivido vidas
lejos de Dios les llega la hora de la muerte, quien viene a tomar su vida es Satán. En el relato bíblico que nos ocupa, en el verso 33, el ángel claramente expresa que él consideró matar a Bilám. Es por ello que se concluye que si este ángel podía haber dispuesto de la vida de un ser humano, sin recibir una órden directa de Dios, debe tratarse del ángel de la muerte, que no es otro que Satán.
El otro relato bíblico en donde se nombra a ese ángel es en el libro de Job. No vamos a entrar en mucho detalle, ya que es harto conocido por todos de qué se trata el episodio. Lo relevante que debe destacarse es que primeramente los ángeles que están ante el Eterno en el primer capítulo de Job son llamados los “hijos de Dios” en el verso 6. Muy interesante notar que aquí se está diciendo que Satán es uno de los hijos de Dios. Por ello no puede tratarse de un enemigo. Es otro sirviente más. Si Satán fuese el horroroso enemigo de Dios, autor de todos los males del planeta; ¿cómo entonces explicar que él (Satán) tiene acceso ante el Trono del Eterno y hasta puede sugerir y disputar con Dios sobre las decisiones que toma de cómo reguir su creación?¡Y Dios lo escucha y hasta cumple con sus peticiones!
Más adelante, Satán es mencionado en el libro de 1ra. de Crónicas. En el capítulo 21 se indica que Satán tentó a David para que llevara a cabo un censo.
Finalmente Satán es mencionado en el libro del profeta Zecharia (Zacarías). En el capítulo 3 de ese libro se dice que Satán estaba de nuevo ante el Trono de Dios acusando a un sumo sacerdote, y Dios le ordena a cesar sus acusaciones.
En definitiva, en el Antiguo Testamento Satán no es un enemigo de Dios. De hecho, es otro fiel sirviente del Eterno, aunque su labor es una antagónica a la humanidad. Es el tentador, causante de desgracias y acusador. Es por ello que es el “adversario”, pero no de Dios, sino nuestro adversario.
En el Nuevo Testamento la historia es diferente. Satán aparece en los evangelios tentando a Jesús, pidiéndole que lo adore. Eso ciertamente es cruzar la línea. Igualmente es quien motiva a Judas a traicionar a Jesús. Es llamado el “dios de este mundo.” Es un ladrón que solamente quiere robar, matar y destruir. Incluso, en el libro de Apocalipsis, aparaece este ángel luchando contra Jesús y siendo vencido y lanzado al fuego eterno.
Sin duda eso es muy diferente al Satán del Antiguo Testamento. Este es sin duda alguna un ser maléfico, enemigo de todo lo bueno, y hasta puede decirse enemigo de Dios.
Aquí sería pertinente recalcar que esa idea de Satán convertido en el diablo surge después del retorno de los judíos del cautiverio en Babilonia (597-539 A.C.). Algunos trazos de la religión Babilónica-Persa pueden haber contaminado el judaísmo tradicional. El zoroastrismo, que era la religión de los reyes babilónicos y persas, cree en un universo dualista. El mundo esta sumergido en una gran batalla entre el bien y el mal. El dios principal, Ahura-Mazda, es el dios bueno, y e}él esta en constante batalla contra el dios del mal, que es una figura paralela al diablo cristiano.
No es extraño que el cristianismo haya adoptado ese concepto dualista de la realidad celestial. El Dios cristiano está en constante lucha contra el “dios de este mundo”, el diablo. Una idea que viene del zoroastrismo, no del judaísmo. Incluso el llamar al diablo “dios” es algo muy particular y hasta perturbador. En el judaísmo no existe ese univeso maniqueo (una lucha perpetua entre una divinidad buena y otra mala).
El Señor lo llena todo con su gloria y poder, todo lo que existe en este mundo y en todos los mundos espirituales está sometido a su voluntad. Es imposible que exista un enemmigo espiritual en contra de Dios, pues no tendría lugar donde huír de la gloria eterna (leer Salmo 139).
En cuanto a la existencia del mal, la respuesta está claramente expuesta en el libro del profeta Yshaiahu (Isaías). En el capítulo 45, versos 6 y 7 el Señor mismo declara:
Yo soy el Señor, y no hay ningún otro.
Yo formo la luz y creo las tinieblas,
traigo bienestar y creo calamidad;
Yo, el Señor, hago todas estas cosas.
Siempre debemos pedir a Dios que nos libre de las tentaciones y ataques del adversario, pero debemos reconocer que es Él Eterno quien lo controla todo.
Bediciones