UNA PLAGA EN EL REINO DE DIOS

16 Febrero 2010
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Dice en Efesios 2.8-9: “Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe”. También dice en Tito 3.4-7: “. Pero cuando se manifestó la bondad de Dios nuestro Salvador, y su amor para con los hombres, nos salvó, no por obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho, sino por su misericordia, por el lavamiento de la regeneración y por la renovación en el Espíritu Santo, el cual derramó en nosotros abundantemente por Jesucristo nuestro Salvador, para que justificados por su gracia, viniésemos a ser herederos conforme a la esperanza de la vida eterna” Pero, ¿de qué clase de salvación nos habla en ambos lugares?. Indudablemente, de nuestra culpabilidad, “por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios, siendo justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús, a quien Dios puso como propiciación por medio de la fe en su sangre, para manifestar su justicia, a causa de haber pasado por alto, en su paciencia, los pecados pasados, con la mira de manifestar en este tiempo su justicia, a fin de que él sea el justo, y el que justifica al que es de la fe de Jesús”(Ro.3.23-26).

Nada ni nadie pudo haber hecho esta obra, “en ningún otro hay salvación; porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos” (Hch.4.12).

De lo que no pudimos ni podremos ser salvados es de la responsabilidad que asumimos como “colaboradores de Dios” para trabajar a favor de su gobierno o reino (1-Co.3.9; Col.4.11). Por eso se nos habla no sólo de arrepentimiento para perdón de los pecados, sino de conversión, para que vengan del señor tiempos de refrigerio (Hch.3.19). Donde dice que “no por obras para que nadie se gloríe”, se aclara: “Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas.” (Ef.2.8-10). De igual manera, donde se dice que “nos salvó, no por obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho, sino por su misericordia, por el lavamiento de la regeneración y por la renovación en el Espíritu Santo” (Tit.3.5), también se nos aclara: “Palabra fiel es esta, y en estas cosas quiero que insistas con firmeza, para que los que creen en Dios procuren ocuparse en buenas obras. Estas cosas son buenas y útiles a los hombres. Pero evita las cuestiones necias, y genealogías, y contenciones, y discusiones acerca de la ley; porque son vanas y sin provecho” (Tit.3.8-9).Pero, ¿a qué clase de obras se refiere en estos pasajes? La respuesta es que allí mismo están definidas: Las que sean “buenas y útiles a los hombres”, mientras que se deben desechar aquellas otras que son “vanas y sin provecho”.
Para participar del Reino de Dios y su justicia debemos vivir en comunidad, condición requerida para poner en obra los principios soberanos de este gobierno. Los que por ignorancia, rebeldía o egoísmo no se integran realmente al Cuerpo de Cristo nunca podrán dar o recibir como conviene de las buenas obras producidas por la fe en el rey Yeshúa y su plan de salvación.
http://elreinodeDiosenmarcha.blogspot.com

 
Dice en Efesios 2.8-9: “Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe”. También dice en Tito 3.4-7: “. Pero cuando se manifestó la bondad de Dios nuestro Salvador, y su amor para con los hombres, nos salvó, no por obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho, sino por su misericordia, por el lavamiento de la regeneración y por la renovación en el Espíritu Santo, el cual derramó en nosotros abundantemente por Jesucristo nuestro Salvador, para que justificados por su gracia, viniésemos a ser herederos conforme a la esperanza de la vida eterna” Pero, ¿de qué clase de salvación nos habla en ambos lugares?. Indudablemente, de nuestra culpabilidad, “por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios, siendo justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús, a quien Dios puso como propiciación por medio de la fe en su sangre, para manifestar su justicia, a causa de haber pasado por alto, en su paciencia, los pecados pasados, con la mira de manifestar en este tiempo su justicia, a fin de que él sea el justo, y el que justifica al que es de la fe de Jesús”(Ro.3.23-26).

Nada ni nadie pudo haber hecho esta obra, “en ningún otro hay salvación; porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos” (Hch.4.12).

De lo que no pudimos ni podremos ser salvados es de la responsabilidad que asumimos como “colaboradores de Dios” para trabajar a favor de su gobierno o reino (1-Co.3.9; Col.4.11). Por eso se nos habla no sólo de arrepentimiento para perdón de los pecados, sino de conversión, para que vengan del señor tiempos de refrigerio (Hch.3.19). Donde dice que “no por obras para que nadie se gloríe”, se aclara: “Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas.” (Ef.2.8-10). De igual manera, donde se dice que “nos salvó, no por obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho, sino por su misericordia, por el lavamiento de la regeneración y por la renovación en el Espíritu Santo” (Tit.3.5), también se nos aclara: “Palabra fiel es esta, y en estas cosas quiero que insistas con firmeza, para que los que creen en Dios procuren ocuparse en buenas obras. Estas cosas son buenas y útiles a los hombres. Pero evita las cuestiones necias, y genealogías, y contenciones, y discusiones acerca de la ley; porque son vanas y sin provecho” (Tit.3.8-9).Pero, ¿a qué clase de obras se refiere en estos pasajes? La respuesta es que allí mismo están definidas: Las que sean “buenas y útiles a los hombres”, mientras que se deben desechar aquellas otras que son “vanas y sin provecho”.
Para participar del Reino de Dios y su justicia debemos vivir en comunidad, condición requerida para poner en obra los principios soberanos de este gobierno. Los que por ignorancia, rebeldía o egoísmo no se integran realmente al Cuerpo de Cristo nunca podrán dar o recibir como conviene de las buenas obras producidas por la fe en el rey Yeshúa y su plan de salvación.
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Y ninguna buena obra se puede sin amor, DIOS escudriña la verdad de los corazones

Y si repartiese todos mis bienes para dar de comer a los pobres, y si entregase mi cuerpo para ser quemado, y no tengo amor, de nada me sirve.
1 Corintios 13:3

El amor es sufrido, es benigno; el amor no tiene envidia, el amor no es jactancioso, no se envanece; no hace nada indebido, no busca lo suyo, no se irrita, no guarda rencor; no se goza de la injusticia, mas se goza de la verdad. Todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta.
1 Corintios 13:4-7