Un Testimonio Personal

25 Septiembre 2003
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Un Testimonio Personal:

Desde mi niñez, siempre consideré a los adventistas como el "legítimo pueblo de Dios". Fui educado en lo que podríamos llamar el adventismo tradicional, con Ellen White jugando un papel estelar en nuestras creencias. Sus escritos nos daban esa sensación de seguridad de tener "la verdad presente", y de pertenecer a la "iglesia remanente", con un "claro panorama" de los "eventos finales" de la historia.

Esto nos hacía sentir en franca ventaja frente a las otras denominaciones religiosas. Éramos los escogidos, con la llamada "mensajera del Señor" señalándonos el camino a través de sus libros, los cuales, abarcando una amplia gama de temas, contribuyen a conformar lo que llaman el "mensaje adventista".

Nunca albergué la más mínima duda sobre el legado profético de la Sra. White ni sobre la doctrina de la iglesia en sentido general. Si en mis habituales estudios aparecía algo que no entendía, trataba de racionalizarlo y buscar alguna explicación al respecto, pero manteniendo una fe absoluta en lo que se me había enseñado, ya que en mi fuero interno no había la menor posibilidad de que estuviéramos equivocados. Para mí, esto era totalmente imposible.

Entonces sólo era cuestión de tiempo para que, llegado el momento, comenzaran a desencadenarse los angustiosos acontecimientos finales que todo adventista espera como preámbulo del final feliz que describe Ellen White en sus escritos. El mundo entero se uniría en contra nuestra para perseguirnos encarnizadamente, especialmente los católicos y el "protestantismo apóstata"; todos capitaneados por el sumo pontífice de Roma y los Estados Unidos; dejando a un lado así los intereses económicos, y las creencias religiosas tan opuestas que sustentan. Todo eso, con la finalidad de obligarnos a "guardar el domingo" como observación religiosa, en lugar del sábado, so pena de muerte.

Este escenario, considerado quizás improbable desde el punto de vista humano, tendría un cumplimiento segurísimo en mi opinión, ya que así lo establecía nuestra elaborada y detallada interpretación profética que, al encajar perfectamente con todas esas fechas que manejábamos, y además estar refrendada por nuestra "mensajera del Señor" en sus "testimonios", hacía que se descartara de plano toda equivocación al respecto. Pero el futuro me reservaba una gran sorpresa.

A finales de Dic./2001, buscando en Internet temas religiosos, encontré el site www.ellenwhite.org , en el cual se atacaba la legitimidad del don profético de la Sra. White, y la doctrina adventista en general. Mi primera reacción fue de indignación, y luego de consultar con algunos hermanos, decidimos que íbamos a enfrentar de manera conjunta a esos señores. Finalmente, la desidia, el desinterés, y el temor se hicieron presentes, y tuve que emprender el camino en forma solitaria.

Lo primero que hice fue verificar el tipo de personas que realizaban estos ataques. Allí encontré gentes con muchas raíces en la iglesia. Había adventistas de tercera y cuarta generación, así como laicos y ministros con muy buena reputación. Eso me preocupó, porque yo esperaba encontrar detrás de todo esto a los "temibles jesuitas católicos".

Algo muy grande tiene que haber ocurrido, razoné en mi interior, para que estos hermanos y pastores dieran un viraje tan drástico en contra del "pueblo de Dios" y su "profetisa".

Comencé a estudiar profundamente el material presentado en esa página, con el fin de refutarlo, pero realmente me encontré en un callejón sin salida. No encontraba explicación adecuada a todo lo que se planteaba allí. Mi confusión aumentaba cada día más. El fantasma de "la mentira White", comenzó a rondar en mi cabeza. Tuve acceso a los testimonios de ex-adventistas que relataban sus experiencias y exponían sus frustraciones y su desengaño al comprobar la falsedad de todo el asunto.

Un hermano y amigo me recomendó consultar la página del Centro White en español, (centrowhite.uapar.edu); para colmo de males, allí encontré la declaración oficial de esa institución en defensa de las acusaciones de plagio a la Sra. White, y la consideré inaceptable. Poco a poco, fueron encajando todas las piezas del rompecabezas, y compungido, alcancé a ver claramente el complejo diseño de todo el sistema de engaño. Lo imposible se hizo realidad ante mis propios ojos. Ellen White era un fraude, y la alta dirigencia siempre lo había sabido, aún desde el mismo inicio de la "obra adventista". Pero todo esto se había ocultado magistralmente a la hermandad, y los disidentes neutralizados; de tal manera que en mi caso, me enteré fortuitamente de ello, luego de casi 40 años.

Deprimido y amargado, consulté al Señor en oración, y repentinamente llegó a mi mente un pensamiento: "volver a la Biblia, sin opiniones preconcebidas". Entonces medité en lo que pasaría si comenzaba a re-estudiar las Escrituras, partiendo de cero; es decir, dejando de lado completamente todo lo que se me había enseñado. A partir de ahí, estoy viendo claramente el sentido llano y simple de la Palabra de Dios. He podido comprobar que no es cierto que un puñado de teólogos adventistas sean los únicos capaces de interpretarla correctamente, con el agravante de que nunca se ponen de acuerdo entre ellos mismos. La Biblia es un tesoro abierto para todo el mundo; basta con que dejemos al Señor hablarnos a través de ella, y no tratar de imponerle nuestra perspectiva. Los invito a experimentar eso, luego de compartir conmigo las reflexiones expresadas en los temas que siguen a continuación.

"Nada hay oculto, que no haya de ser manifestado; ni escondido, que no haya de ser conocido, y de salir a luz" (Lucas 8:17).

Este testimonio, está contenido en mi libro: "Los adventistas y la verdad".
http://www.geocities.com/alfil2_199..._la_verdad.html

Dios les bendiga. Saludos.
Billy Vicente
[email protected]
 
Re: Un Testimonio Personal

Hola Billy,me alegra que el Señor te haya abierto los ojos, y te haya aclarado todo, la verdad se encuentra solo en la Palabra de Dios, y debemos pedirle al Señor que nos ilumine para encontrarla. Antes yo tenia muchas ataduras y vivia bajo el legalismo y me sentia aprisionada, no vivia el cristianismo como se debe vivir con libertad y gracia y esta la encontramos solo en el Señor Jesucristo, te recomiendo que leas las 14 cartas del Apostol Pablo, el habla mucho de la gracia y como sentimos esa libertad y amor que nos da el Señor Jesus.
Siendo justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesus, Romanos 3: 24
Y esto a pesar de los falsos hermanos introducidos a escondidas, que entraban para espiar nuestra libertad que tenemos en Cristo Jesus, para reducirnos a esclavitud. Galatas, 2:43
Y conocereies la verdad y la verdad os hará libres, Juan 8: 32
Cuando nosotros recibimos el espiritu del Señor, recibimos su gracia y con El la libertad.

Bendiciones!!!!

Esther2
 
Re: Un Testimonio Personal

Impactante tu testimonio Billy,
Dios bendijo tu búsqueda de la verdad, porque ciertamente todo el que busca, hallará. La verdad te hizo libre al fín, la Palabra es fíel y verdadera.

Que valor tuviste al confrontarte a tí mismo y a tus creencias, conforme a la Palabra. Te felicito.
TE bendigo y deseo que el Señor te dé una iglesia hermosa, donde puedas experimentar Su Amor envolverte y seguirte guiando. Bendiciones.
Edith.
 
Re: Un Testimonio Personal

Dedicado a los valientes que al exponer sus historias me dieron una razón para la esperanza, y el valor de publicar la mía. A Andrew Comiskey (Desert Stream Ministries), Mauricio Montion (Ministerio Restauración) y Danilo Montero (Ministerios Sígueme Int.)
Sinceramente, Gracias. Ver a tantas personas encontrar el camino desde las sombras hacia una reconstrucción factible, ha hecho que el precio de la exposición pública parezca ínfimo.
A Jorge y Eva Lozano, que dejaron en mí la huella imborrable del pastorado a través de su amor y cuidado.
A mis hijos, compartir la vida con ustedes es un diario privilegio.
A mi Amado Dios, razón primera y última de mi vida y mi amor.

EL LARGO CAMINO DE REGRESO AL HOGAR
Hola. Me llamo Edith, yo y mis tres hijos somos sobrevivientes de la tragedia de la violencia y abuso familiar. Rescatados por Jesús de las aguas heladas y dejados en nuevas playas donde hoy podemos habitar en paz.
Esta es mi pequeña historia, anhelo que la leas con un corazón abierto y entiendas que expongo mi vida solo para ayudar a otros, como un día alguien lo hizo por ti y por mí en la cruz del Gólgota. Si estás pasando por una etapa difícil, te animo a creer que hay una salida. Yo la encontré, hay luz en la noche más oscura. Estoy segura que tú lo lograrás también. Si necesitas ayuda, puedes escribirme a la dirección que está al final.
LOS COMIENZOS. Mi infancia fue feliz. Entre bosques, lagos y caracolas de mar. Entre las historias de la lejana Europa de mis padres, las leyendas de un pasado aristocrático y bibliotecas amplias. Entre los sonidos del piano, el arte y la plena libertad que me inculcaron, mi intelecto y mi espíritu crecieron y se expandieron sin límite, dándome una base de salud mental que luego me permitiría sobrevivir.
Sin embargo... mi padre se declaraba ateo, mi madre era muy cerrada. Los secretos heredados de la guerra forjaron en mí un carácter rebelde, introvertido e independiente. Gruesos nubarrones se cernían sobre mí al fin de la infancia.
MI ADOLESCENCIA. Fue tormentosa. Pasaba horas encerrada en mi cuarto ,ó a orillas del lago. Una búsqueda interior implacable me signaba., y en pos de ella abandoné el derrotero clásico trazado por mis padres (cuadro de honor, presentación en sociedad, pos grado de mi carrera en Europa) y cambié continuamente de carrera, religión, pareja. Experimentaba una cosa tras otra, nada me llenaba.
Recuerdo una madrugada a los 17 años que me encontró en casa de una amiga . La noche anterior como era habitual me puse ropa cara, manejé sin rumbo por horas, fui a una fiesta, tomé dos whiskys, fumé media etiqueta de cigarrillos y bailé hasta el amanecer. Y allí estaba yo, sin poder dormir, preguntándome para que vivía, si me sentía tan vacía...
Meses después, un hermoso día de la primavera, decidí terminar con mi vida.
Entre pinos, música y amigos festejé el día del estudiante, luego volví a casa y tomé las cajas de sedantes que fríamente había escondido. Fui cruel. Aún recuerdo a mi padre llorando en la puerta de mi habitación mientras me cargaban en el auto para correr al hospital. Pero mi respuesta a él y al psiquiatra al que me enviaron apenas pude superar las semanas de inmovilidad por el daño en mi organismo fué la misma : “no encuentro lo que busco”.
El psiquiatra me dejó ir sin lograr ofrecerme respuestas, y mis padres se resignaron a mi búsqueda.
MI JUVENTUD .Con luz verde para actuar, una salud debilitada y preguntas que me angustiaban, me involucré fuertemente en cuanta secta y grupo esotérico encontré. Me convertí es una experta en religiones y filosofía. Viajé varias veces al exterior. Mi búsqueda se hizo internacional...
...hago un alto para dar gracias a mi amado Jesús, que preservó mi vida para un propósito mayor...
“Te tomé de los confines de la tierra, te llamé de los rincones más remotos...Yo te escogí, no te rechazé”(Isaías 41;9)
Convencida que en el amor de pareja estaba la salida, me aferré a él como a la tabla de un naufrago. Conocí a quien sería mi esposo. Días después vivíamos juntos, tres meses después nos casaríamos.
Me inauguré en el concepto de hogar con un golpe que no solo rompió mi nariz y mis sueños... Al compás de los insultos y la orden de “¡no llorés!” miré espantada a quién debió amarme y protegerme y aprendí.... a llorar para adentro, a callarme si quería sobrevivir.... Y le abrí la puerta al miedo, que dominaría mi vida por las próximas dos décadas..
Una noche tuve que escapar de una fiesta frente a la violencia desatada. Al correr por el campo buscando ganar la ruta, perseguida como un animal, enredé mi vestido largo en un rollo de alambre de púa que me abrió dolorosas heridas. Mi perseguidor me alcanzó. Horas más tarde la policía irrumpiría en mi departamento y un solícito oficial recogería lo que quedaba de mí. No levanté cargos . No tengo palabras para describir el terror que me embargaba.
Abuso. Control. Celos, golpes e insultos cambiaron la luna de miel y mi embarazo en una pesadilla.... Ingresé a la sala de partos con pronóstico reservado y golpes en mi vientre mirando lo que vería muchas veces; un quirófano preparado para lo peor, y un equipo de médicos mirándome con lástima... Luego de horas de reanimación despertamos mi hijo y yo en la cama de un exclusivo sanatorio. Dos sobrevivientes solitarios en una helada tarde de septiembre. Ninguno lloraba, ninguno lograba entrar en calor. El silencio y la soledad invadían mi vida.
Luego perdería un bebé y tendría que pasar por el parto de otro bebé muerto de repente y sin causa al 6ª mes.. Recuerdo bien ese día. Otro lujoso hospital, soledad, muerte., la sangre goteando por el piso. Mi médico asustado me cargó en una camilla y voló a cirugía. Yo deseaba que no llegara. Deseaba morir. Tal vez la muerte trajera al menos alivio. Mi bebé había muerto. No me dejaron llorarlo... ni enterrarlo.... no pude elaborar mi dolor frente a una lápida, reclamar el cuerpo hubiera dado lugar a preguntas engorrosas. No estaba permitido.
Fue un invierno más helado que lo habitual...
Mi cuerpo se desangraba lentamente en anemias y operaciones interminables. Mi conexión con la vida se debilitaba día a día.. Ya no lloraba ni reía. Levanté muralla tras muralla para no enloquecer. Las gruesas paredes me permitieron sobrevivir, pero mi yo real era solo una voz pequeñita que clamaba ahogada.
“EL envió desde lo Alto, me tomó, me sacó de las muchas aguas...” (Salmos 18:16)
EL ENCUENTRO. En el 85 llegó a mis manos un folleto bíblico y fuimos a una iglesia evangélica. Apenas entré supe que mi búsqueda había terminado. Cuando pasé al frente a recibir a Jesús en mi corazón sentí una dulce presencia envolviéndome. Tuve la certeza de haber encontrado el camino de regreso a casa.
La violencia se calmó, pero fue reemplazada por el abuso emocional, el control , los insultos, y las amenazas. Al consabido son de...”en todas las casas hay problemas” aislada de mi familia, amigos, iglesia y de quien pudiera ayudarme, los años pasaron. Mis niños crecieron, mudos testigos de golpes en la mesa, gritos en la noche y una mamá hecha un ovillo en algún rincón esperando que la madrugada trajera paz...
Por fuera éramos la máscara de la familia ideal. Buena ropa, colegios caros, una casa en el mejor lugar de la ciudad...
El horror pasaba todas las aduanas... 18 años transcurrieron en un pozo de dolor y desesperanza. Fui paulatinamente separada de familia y amigos, debía pedir permiso para hablar con cualquier persona, ó someterme a un interrogatorio si no lo hacía. No podía cargar a mis hijos, ni pasar a solas tiempo con ellos. El terror creció en mí como una enredadera, anulándome, convirtiéndome en una autómata ejecutando órdenes. Mis depresiones aumentaban y me sumían en largos períodos de enfermedad. No entendía porqué Dios no cambiaba la situación y me preguntaba “¿siempre será esto así?...¿no habrá una vida mejor para mí y mis hijos?”. No entendía que yo misma había cerrado las puertas a la luz de Dios y que yo debería abrirlas...
“Invócame en el día de tu angustia. Te libraré, y tú me honrarás...” ( Salmos 50:15)
LLEGA LA SANIDAD. Aún no sé como pude lograrlo ( y eso aumenta la certeza del obrar de Dios)pero en el 97 tuve acceso a un libro del Dr. Neil Anderson (Freedom in Christ Ministries) que contenía los pasos para la libertad interior. Pasé por los pasos una mañana, toneladas de basura comenzaron a salir. Las puertas de lo oculto fueron cerradas. Los pactos de maldad rotos. Mi corazón ahora vacío comenzó a llenarse de arrepentimiento y voluntad de cambio. Meses después leí otro artículo de sanidad sobre los bebés muertos en el vientre y abortados. No olvidaré esa mañana.... enferma, sola en mi cuarto empezé a leer...
Y Dios golpeó a mi corazón.
“He aquí que YO estoy a la puerta y llamo, si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a el y cenaré con él, y él conmigo “(Apocalipsis 3:20)
¡Abrí la puerta!. Doce años después pude llorar la muerte de mi bebé, mientras el agradecimiento hacia Dios crecía en mí al saber que El me había guardado todo el tiempo, y que vería a mi bebé en el cielo.
Un hambre desesperado de Dios cautivó mi alma. Fui a un retiro de mujeres y el tema fue otra vez “Sanidad interior”. Descubrí mi odio hacia Dios por la violencia de mi esposo. El perdón empezó a fluir debilitando las murallas.
Busqué al Señor con todo mi corazón, mi alma y mi mente, aunque aún no lo amaba ni sentía Su Amor.
Después de recibir una palabra especial en una reunión de alguien que no me conocía pero vió en mi corazón, fui a trabajar como voluntaria en un hospital. Eso quebró el cerco de mi esposo y volví a tomar contacto con la realidad. Al orar y ayudar a enfermos tan graves me hizo ver mi propia situación. Por primera vez sentí el gemido apremiante de mi yo real atrapado en mi interior.
Al año enfermé de neumonía. Otra vez el fino hilo de mi vida se tensó y debilitó...
“El Señor no retarda su promesa... sino que es paciente para con nosotros...”(2ª Pedro 3:9)
Para ese tiempo habíamos perdido todo, deudas y juicios amenazaban por doquier. Llevada por una nueva fuerza que me impulsaba tomé decisiones. Busqué y conseguí rápidamente un buen empleo, con el que sostuve por dos años a mis hijos y un esposo cada vez más resentido y violento. La situación familiar se volvió insostenible conforme me acercaba a Dios y su Luz confrontaba la oscuridad.
Inicié la separación mientras permanecía en mi hogar dando una oportunidad. En ese contexto violento y amenazante de noches eternas, policías y juzgados El Señor proveyó un milagro: perdí el miedo. Esa noche un Manto de Cuidado Amoroso vino sobre mí en la seccional de policía, pude ver la obra del miedo anulándome y Jesús me hizo libre. Volví a casa en paz, ya no necesitaba cuidado policial. Me puse en el medio de la furia de un hombre y mis hijos en calma y armada solamente con la revelación de Dios como Padre Amoroso que me había mostrado mi condición de hija protegida. Supe que en adelante EL cuidaría de mí y mis hijos aún antes de recibir Su Promesa.
En el mismo tiempo vino el Pastor Andrew Comiskey a dictar su taller sobre sanidad sexual y relacional....Nunca había escuchado hablar de Dios como Padre Amoroso, ni de la suficiencia de la obra de Cristo en la cruz como Andy lo expuso. Por primera vez comprendí el valor de la confesión y abrí mis secretos. El llanto empezó a fluir sin control. Largos abrazos y manos extendidas orando por mí cubrieron mi vergüenza y mi dolor. Dios mismo me extendió Su Abrazo a través de mis hermanos.
El velo cayó de mis ojos mientras las murallas de mi corazón caían destrozadas ante la Radiante Luz de la Presencia de Jesús entrando triunfante a tomar el trono de mi corazón.
El proceso sanador y restaurador de Dios estalló en mi vida con un poder increíble, y aunque yo aún deseaba morir, el Padre ya había retomado el control de mis pasos. En ese tiempo volví a recibir ayuda a través de un libro, esta vez del Pr. David Hormaechea, en medio del dolor, aprender del verdadero propósito de Dios para una familia, y de Su Gracia constante para quien sufre, trajo alivio a mi vida.
Mi matrimonio terminó. Abandoné mi hogar para navidad. Una pequeña y bonita casa albergó los sueños rotos, un dolor indescriptible que ahora podía ser llorado sin freno, y un Padre Eterno lleno de amor cuidándonos sin descanso.
El fin del milenio nos encontró abrazados y llorando....en la difícil tarea de abrir los recuerdos y las heridas para dejarlos a los pies de la cruz.. Sabíamos que nuestras vidas estaban tan rotas como todo lo que vimos en nuestra casa anterior al volver a buscar las últimas cosas. Todo destrozado, como los restos de un naufragio después de una tormenta... Citando a la Dra. Esly Carvalho, fue “mi tiempo de muerte”. Sí, también hasta mi perra murió, la preciosa collie que había adiestrado para cuidar a mis hijos tuvo que ser sacrificada por falta de cuidado. Rescato de aquellos día un pequeño pino que trajimos todo roto, y que hoy, como un ícono, crece frondoso junto a mi puerta. Todo lo que amamos y cuidamos, prospera.
Agradezco tanto a quienes me abrieron su hogar en ese tiempo. Agradezco no haber sido juzgada, ni rotulada, sino aceptada. Recuerdo en especial un almuerzo al que nos invitó a mi hija y a mí un amigo . Había transformado el normal escenario de reuniones ministeriales de sanidad en una mesa de fiesta con velas, y música italiana acompañando las pastas. Cuando nos tomamos las manos para orar aproveché para esconder mis lágrimas entre los tallarines. Desde mi adolescencia no reconocía una mesa en paz precedida por un hombre. Mi amigo nos mimó ese mediodía. La vida volvía a ser bella.
Decidí confiar en Dios y creer en sus promesas. Mientras el hambre y la sed por EL crecían en mi interior, El comenzó a dirigir la reorganización de mi vida. Cambié de trabajo, comenzé a estudiar en la universidad por la noche , me incorporé al ministerio de restauración y comenzé a vislumbrar el propósito de Dios para mi vida.
Cada día luchaba por cultivar la obediencia, la comunión con el Padre y la apertura de mi carácter, renunciando a la vergüenza, el orgullo, la rebeldía y la tristeza. Comprendí la idolatría emocional y relacional y renuncié a ella. Pude distinguir el amor falso del real. Algunas cosas me fueron difíciles de re aprender, Abrazar y confiar me costaron tanto.... pero aprendí a dejarme abrazar, a dejarme querer. Volví a tener amigos y a disfrutar del compañerismo cristiano.
Los círculos de mi infancia comenzaron a ser cerrados. Pedí perdón y perdoné. Me arrepentí. Tiernamente el Señor empezó a revelar mi yo real y mi verdadera femineidad. Conociendo mis límites, trajo las cosas a su tiempo con extrema dulzura y cuidado para revelarlas a Su Luz y restaurarme.
Hubo un tiempo a la mitad del proceso en que las cosas se pusieron difíciles. Las amenazas contra mi vida y mi antiguo codearme de continuo con la muerte me hicieron caer en una profunda depresión.
Y el valle de sombras se abrió delante de mí.
“No moriré, sino que viviré. Y contaré las obras del Señor” (Salmo 118:17)
Lo pasé. Dios no miente. Sobreviví.
El llanto empezó a mermar mientras la intimidad con el Padre crecía y cautivaba mi corazón. Una Suave Mano de Eternidad se posaba en mi cabeza en las madrugadas calmando mis lágrimas.
Su Aceite Sanador fluía a chorros sobre mí.
Un día me levanté, descorrí las cortinas del alma para que entrara luz. Y descubrí que el Ministerio de reconciliación había obrado en mi vida. El pasado ya no dolía. El futuro ya no era amenazador. Y el presente podía ser llevado cada día a los pies de la cruz para obtener allí la fuerza para vivir.
“Y cada día traerá su propio afán...”(Mateo 6:34)
Y la Paz de Dios que sobrepasa todo entendimiento llenó mi vida.
Y volvió la risa. Volvieron los amigos. Volvió la música a llenar mi casa.
EL HOY Nada me cautiva y llena más que la pasión que siento por Dios. El es mi amanecer, la razón de mis horas, la almohada donde me recuesto confiada en la noche. El es real para mí. Mi Padre., mi amigo fiel, mi esposo atento. Vivo enamorada de Jesús. Vivo agradecida. Mi hoy está lleno de Su Presencia. Trabajo, canto, estudio en la universidad, recién termino mis estudios ministeriales en Cristo para las Naciones y sigo entrenándome para responder al llamado que Dios puso en mi corazón.,estoy activamente involucrada en mi iglesia, mi casa está en orden, mis hijos estudian y ríen mucho... mientras Dios los llena de dones. Fui una joven abusada, y mi juventud fue truncada de la peor manera. Pero el proceso restaurador de Dios me permite estar sana, conservarme sana y ayudar a otros a atravesar por sus luchas. Trabajo activamente en internet brindando ayuda en sanidad interior en especial a pastores, líderes y jóvenes. La red me brinda un espacio amable y anónimo donde ellos pueden abrir sus corazones. Mantengo por ello un serio compromiso con la integridad relacional. Y lucho por tener las cuentas claras con las personas. La comunicación humana, de por sí un área compleja, es particularmente difícil para los que hemos sido silenciados por años., he tomado el compromiso de profundizar esa área.
Me preocupa profundamente honrar a Dios obedeciendo Su Voz. Me llevó tiempo entrenar mi imperfecto oído para escucharlo. Ahora dejo que El guíe y desafíe mi vida paso a paso.
En un mundo que agoniza su historia , Dios me regaló el abrir mis ojos para ver la belleza en medio de la crueldad, el asombro entre tanta desconfianza, la ternura entre la multitud de odios. Ya nunca más escapará de mi mirada Su Amor y cuidado derramados para mí en cosas tan simples como la luz de una aurora, ó la risa de un niño. Cuando una vida destrozada llega a mí, siempre me embarga una profunda ternura. En medio del dolor y la desesperanza, yo puedo ver a Jesús, esperando, con Sus Brazos abiertos, Su socorro listo a ser derramado.
He vuelto a nacer. Y sé que el proceso no ha terminado. Solo soy una luchadora. Dejando atrás cada día a la vieja Edith, con su vergüenza y temor, ganando cada día la batalla de la mente contra la depresión y el no-poder, declarando la suficiencia de la obra de Cristo.
Mientras termino estas líneas recuerdo mi último cumpleaños. Volví a mi casa paterna. No escalé el cerro ni fui al lago. Las tardes nos encontraron a mi madre y a mí atizando el fuego del hogar, y llorando juntas mi historia por primera vez conocida. Al abrirle mi corazón, las razones de mi fe y el darme de hoy a los demás tomaron su real valor. Fue un tiempo precioso...”vuelve a la casa de tus padres, donde todo comenzó” dice Danilo Montero.
Estoy llena de agradecimiento hacia Mi Padre y Mi Dios. Me mostró el camino de regreso. Me recibió en Su Abrazo, me dejó llorar en Su regazo, cambió mis vestidos, sanó mis heridas y ahora me impulsa a nuevos retos bajo Sus Alas Protectoras.
“yo no sé lo que traerá para mí el mañana, pero sé que nunca se apagará Su Llama... Salga el sol por donde quiera EL me ama, sé lo que es la Gracia y el Perdón, Su Misericordia es mi canción...” (Marcos Vidal)
He vuelto a mi hogar. Gracias querido Jesús. Te amaré por siempre.

Edith.
[email protected]