La nueva creación y la vida presente: ¿qué pasa con nuestra “carne”?
Al afirmar que el creyente es una nueva criatura en Cristo, surge la pregunta: ¿por qué aún pecamos y eventualmente morimos físicamente? La respuesta bíblica es que la obra de salvación ya es una realidad cumplida en el espíritu, pero todavía esperamos su consumación plena en nuestro ser entero. En cuanto a nuestra posición delante de Dios, “ya habéis muerto, y vuestra vida está escondida con Cristo en Dios” (Col 3:3). Espiritualmente, el dominio legal del pecado y de la vieja naturaleza terminó en la cruz: “el pecado no se enseñoreará de vosotros” (Ro 6:14). Sin embargo, el creyente aún vive en un cuerpo mortal afectado por la caída – la “carne” en términos paulinos.
La santificación diaria consiste en apropiarnos por la fe de esa verdad de la muerte al pecado, y negarle a la carne su antiguo control. Pablo exhorta: “consideraos muertos al pecado, pero vivos para Dios en Cristo Jesús… no reine, pues, el pecado en vuestro cuerpo mortal” (Ro 6:11-12). Aunque el “viejo hombre” fue crucificado con Cristo, debemos despojarnos de los hábitos del viejo hombre y vestirnos del nuevo (Col 3:9-10). En otras palabras, aún existe una tensión entre la nueva naturaleza y los vestigios de la antigua manera de vivir. El creyente tiene ahora el Espíritu Santo, que lucha contra los deseos de la carne (Gal 5:16-17). Ya no somos esclavos del pecado, pero aún podemos ser tentados y fallar. Si pecamos, tenemos abogado en Cristo (1 Jn 2:1) y somos llamados al arrepentimiento continuo, permitiendo que Dios nos siga transformando a la imagen de Jesús (2 Co 3:18).
Además, aunque en Cristo hemos recibido vida eterna en espíritu, nuestro cuerpo físico sigue sujeto a la muerte –hasta que Dios lo redima también en la resurrección final. La Escritura enseña que esperamos “la adopción, la redención de nuestro cuerpo” (Ro 8:23). Cuando Cristo vuelva, incluso nuestra carne será hecha nueva: “se sembró cuerpo natural, resucitará cuerpo espiritual… es necesario que esto corruptible se vista de incorrupción” (1 Co 15:44,53). Entonces sí la salvación será completa en todos los aspectos: espíritu, alma y cuerpo. Mientras tanto, vivimos en el “ya, pero todavía no”: ya somos nueva creación en Cristo internamente, pero todavía no experimentamos la glorificación del cuerpo. Por eso Pedro dice que somos guardados para una salvación preparada para manifestarse en el tiempo postrero (1 P 1:5). No hay contradicción: somos nuevas criaturas verdaderas en nuestra unión con Cristo, pero peregrinamos en un mundo caído y en un cuerpo sujeto a debilidad. Esta comprensión evita confusiones: no afirmamos perfección sin pecado en la práctica (1 Jn 1:8), sino la realidad de una posición nueva desde la cual el creyente pelea la buena batalla contra el pecado, con la certeza de la victoria final en Cristo.