http://www.icp-e.org/hemeroteca/e2002/e020726jam.htm
SOCIEDAD HEDONISTA
La filosofía del placer por el placer marca el siglo XXI
Entre los siglos IV y V antes de nacer Jesucristo floreció en Grecia una escuela filosófica que exaltaba el placer carnal como suma expresión del bien. Partiendo del dicho de Protágoras (célebre sofista griego) de que "el hombre es la medida de todas las cosas", mantenía que "el disfrute del placer actual, inmediato, es el principio capital y el fin del hombre". Esta doctrina fue bautizada posteriormente con la palabra hedonismo (del griego hedoné, placer). Su fundador fue Arístipo, discípulo de Sócrates, quien vivió en el siglo IV antes de Cristo.
El hedonismo es la filosofía del placer por el placer. No del placer intelectualizado o idealizado, sino del placer carnal, corporal, materializado; el placer actual, inmediato. Para la persona hedonista sólo cuenta el instante, el momento. Nada más que existe el hoy, el ahora, el latido presente del pulso, el ritmo momentáneo del corazón. Los hedonistas afirman que el hombre está sometido a la soberanía del instante. De aquí que excluyan toda moderación en la búsqueda del placer. Para ellos, la naturaleza, el instinto, la pasión, son los auténticos móviles de los actos humanos. El hedonismo ha contado con importantes teóricos y portavoces a lo largo de los siglos. Ha sido una doctrina en uso permanente, porque el placer atrae al hombre como a la abeja el néctar de la flor. Decir que Adán y Eva, en el episodio de la fruta prohibida, fueron los iniciadores del hedonismo no es desvirtuar la historia.
El siglo XXI ha alumbrado una sociedad monstruo, materialista y utilitaria, dominada por los placeres del cuerpo. Una sociedad que glorifica la carne entre cánticos profanos. La ciencia y la técnica han logrado avances espectaculares que todo el mundo reconoce, pero este progreso técnico y científico no ha ido a la par con el progreso moral. El refinamiento del cuerpo se ha impuesto al concepto de alma. Como en el poema de Walt Whitman, al hombre de hoy le aburre discutir sus deberes para con Dios y le enloquece la manía de poseer cosas que le hagan feliz los cuatro días de vida que tiene en la tierra.
El nuevo monstruo de la Carne ha dividido el mundo en tres categorías numéricas, determinadas por su volumen económico. Los países subdesarrollados forman el tercer mundo, independientemente de sus enclaves geográficos. Los que están en vías de desarrollo constituyen el segundo mundo. Nosotros, asentados en la sociedad occidental, somos el primer mundo. Primeros en ganar, comprar, gastar, consumir, despilfarrar, pero últimos en mirar a las estrellas para descubrir el misterio. Estamos rodeados de tinieblas espirituales. El caos nos amenaza. El monstruo de la Carne, la bestia terrible del hedonismo, ha clavado sus garras en esta sociedad occidental de final de milenio.
En una sociedad hedonista no hay lugar para Dios. Los dioses de Occidente son el alcohol y la droga, el sexo y el consumismo, el jolgorio y la orgía, la lascivia y el placer. Aquí no hay más dios que el cuerpo ni más gloria que la carne. No hay lugar para los grandes interrogantes de la metafísica: qué es la vida, qué es la muerte, cuál es nuestro origen, cuál será nuestro destino postrero. Nublada la mente por los vapores de la sensualidad, el hombre de hoy es incapaz de tan altas reflexiones.
¿Será cierto lo que proclaman los hedonistas? ¿Ha muerto para siempre la fe? ¿Ha fenecido la esperanza en otra vida? ¿Ha desaparecido Dios entre las nubes del firmamento? ¿Dejamos de cantar el "gloria a Dios en las alturas" y lo sustituimos por un "gloria por siempre a la carne"? ¿y qué ocurrirá luego, cuando el cuerpo acabe su función, cuando termine la fiesta mundana, cuando cobren vida los cementerios y en el cielo aparezca la señal del Hijo del Hombre para juzgar a justos ya injustos? ¿Luciremos en nuestra frente, como símbolo protector, el escudo del hedonismo?
Juan Antonio Monroy es escritor, conferenciante internacional y director de la revista Alternativa 2000
© J.A. Monroy
© I+CP, Madrid, 2002, Madrid (España, www.ICP-e.org)