Sacrificio... ¿en la gracia?

Efe-E-Pe

Círculos concéntricos
4 Octubre 2008
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Entenderse esto como lo siguiente:

1.- Cuando a un pecador se le concede arrepentimiento para vida, siendo conocido de Dios para salvación, ha pasado de muerte a vida.
2.- Se tiene la convicción de una vida redimida por Cristo cuando los pecados son perdonados, lo que se traduce en paz y felicidad. Hay un cambio en las acciones e intenciones que dejan de ser malvadas.
3.- La confesión viva de Cristo como Señor de la vida propia, es la demostración pública de una conversión real que acompaña las acciones propias (frutos dignos de arrepentimiento).
4.- Por lo anterior, un pecador arrepentido se convierte en discípulo de Cristo que, en unión con otros discípulos, se perfecciona en las buenas obras, mostrando los frutos espirituales conducidos por el amor a dios y al prójimo.

Pero hay un aspecto de la vida cristiana que no ha sido considerada por creer -quizá por una ignorancia no mala en sí misma- que la gracia de Dios en Cristo es una vida carente de problemas y tristeza. En algún momento de la vida cristiana, cuando se busca cumplir la gran comisión, se requiere llevar a cabo una acción sacrificial que tiene repercusiones esprituales innegables cuando el testimonio de Cristo logra la conversión de muchos. Dicha acción sacrificial puede implicar que la persona queda privada voluntariamente de la libertad, llegando a un sufrimiento y aflicción indeseables. Sin embargo, tras un evento o hecho de este tipo, todo vuelve a acomodarse, y la persona que ha realizado una acción sacrificial es restaurada en su libertad y paz.

Cristo tuvo que beber la copa amarga, que es la copa de la salvación. Fue un trago amargo (amarguísimo en extremo) que se tradujo en una salvación tan grande como no hubo otra ni habrá en este mundo. Seguir un ejemplo así no es fácil porque todo lo indeseable de un sacrificio puede acobardar aún al más valiente... pero si el beneficio resultante supera las expectativas, ¿no valdría la pena aceptar esto, sabiendo que el resultado será mayor al dolor y sufrimiento por pagar el precio de cumplir la voluntad del Señor?

Pero todo esto no sería posible si no se tiene la madurez. Pienso que Dios no nos dejaría expuestos a algo que no podríamos superar.

¿Qué piensan ustedes?
 
- ¡Ah, entonces la salvación sí es por obras!...
- ¡No sea tarugo, m´hijo! Nada hicimos nosotros por ser amados de Dios y reconocidos como algo valioso. Lo que Dios espera, es que seamos capaces de ser instrumentos de gloria al que la merece, porque lo único que merecemos es el infierno. No ir allá fue posible a que Cristo vino a buscar y salvar lo que se había perdido. Nosotros debimos ser capaces de ejercer esta autoridad y dominio; Dios nos hizo el enorme favor de alcanzar arrepentimiento para vida porque la necesitábamos... no porque fuésemos muy chingones... que no lo somos.