EL ABISMO Y LA VOZ
Como el ciervo brama por las corrientes de las aguas,
Así clama por ti, oh Dios, el alma mía.
Mi alma tiene sed de Dios, del Dios vivo;
¿Cuándo vendré, y me presentaré delante de Dios?
Fueron mis lágrimas mi pan de día y de noche,
Mientras me dicen todos los días: ¿Dónde está tu Dios?
Me acuerdo de estas cosas, y derramo mi alma dentro de mí;
De cómo yo fui con la multitud, y la conduje hasta la casa de Dios,
Entre voces de alegría y de alabanza del pueblo en fiesta.
¿Por qué te abates, oh alma mía,
Y te turbas dentro de mí?
Espera en Dios; porque aún he de alabarle,
Salvación mía y Dios mío.
Dios mío, mi alma está abatida en mí;
Me acordaré, por tanto, de ti desde la tierra del Jordán,
Y de los hermonitas, desde el monte de Mizar.
Un abismo llama a otro a la voz de tus cascadas;
Todas tus ondas y tus olas han pasado sobre mí.
Pero de día mandará Jehová su misericordia,
Y de noche su cántico estará conmigo,
Y mi oración al Dios de mi vida.
Diré a Dios: Roca mía, ¿por qué te has olvidado de mí?
¿Por qué andaré yo enlutado por la opresión del enemigo?
Como quien hiere mis huesos, mis enemigos me afrentan,
Diciéndome cada día: ¿Dónde está tu Dios?
¿Por qué te abates, oh alma mía,
Y por qué te turbas dentro de mí?
Espera en Dios; porque aún he de alabarle,
Salvación mía y Dios mío.
Hay noches sin sueño... y hay noches sin alma.
No es incredulidad.
No es rebeldía.
Es ese momento en que el creyente ora y el cielo no devuelve ni un eco .
El Salmo 42 no fue escrito desde un altar lleno, sino desde una garganta seca:
“Mi alma tiene sed de Dios, del Dios vivo…” (Sal 42:2)
Aquí no habla un ateo.
Habla alguien que conoce a Dios , pero no lo siente .
Y ese es uno de los silencios más incómodos de la fe.
Solo se atreve a decir la verdad incómoda:
"Antes había gozo. Ahora solo recuerdos".
El abatimiento no es pecado.
Es el lugar donde el alma deja de fingir.
“Me acuerdo de estas cosas, y derramo mi alma dentro de mí…” (Sal 42:4)
No promete alivio inmediato.
Solo declara una verdad bíblicamente dura:
"El alma muerta no tiene sed. Solo la viva gime".
La sed espiritual no es señal de abandono , sino de vida.
Dios no irrumpe para silenciar el lamento,
entra en el diálogo y hace una pregunta:
“¿Por qué te abates, oh alma mía,
y por qué te turbas dentro de mí?” (Sal 42:5)
No es reproche.
Es cercanía.
Dios no niega el abismo.
Declara su presencia dentro de él.
“Un abismo llama a otro a la voz de tus cascadas…” (Sal 42:7)
"No te ordeno sentirme.
Te ordeno esperarme."
La fe bíblica no se define por sensaciones , sino por fidelidad en el silencio.
Job no sintió a Dios.
Jeremías no lo sintió.
El salmista no lo sintió.
Y aun así se atrevieron a decir:
“Aún he de alabarle…” (Sal 42:5,11)
No como emoción.
Como pacto .
“Aunque la higuera no florezca…
con todo, yo me alegraré en Jehová.” (Hab 3:17–18)
Esto no es negar el dolor.
Es adoración sin condiciones .
Aquí la fe deja de depender de lo que ves,
y se ancla en quién es Dios, aunque no lo sientas.
o sigue siendo fe cuando Dios parece ausente y el alma solo sabe esperar?
Mi alma tiene sed de Dios
Salmos 42Como el ciervo brama por las corrientes de las aguas,
Así clama por ti, oh Dios, el alma mía.
Mi alma tiene sed de Dios, del Dios vivo;
¿Cuándo vendré, y me presentaré delante de Dios?
Fueron mis lágrimas mi pan de día y de noche,
Mientras me dicen todos los días: ¿Dónde está tu Dios?
Me acuerdo de estas cosas, y derramo mi alma dentro de mí;
De cómo yo fui con la multitud, y la conduje hasta la casa de Dios,
Entre voces de alegría y de alabanza del pueblo en fiesta.
¿Por qué te abates, oh alma mía,
Y te turbas dentro de mí?
Espera en Dios; porque aún he de alabarle,
Salvación mía y Dios mío.
Dios mío, mi alma está abatida en mí;
Me acordaré, por tanto, de ti desde la tierra del Jordán,
Y de los hermonitas, desde el monte de Mizar.
Un abismo llama a otro a la voz de tus cascadas;
Todas tus ondas y tus olas han pasado sobre mí.
Pero de día mandará Jehová su misericordia,
Y de noche su cántico estará conmigo,
Y mi oración al Dios de mi vida.
Diré a Dios: Roca mía, ¿por qué te has olvidado de mí?
¿Por qué andaré yo enlutado por la opresión del enemigo?
Como quien hiere mis huesos, mis enemigos me afrentan,
Diciéndome cada día: ¿Dónde está tu Dios?
¿Por qué te abates, oh alma mía,
Y por qué te turbas dentro de mí?
Espera en Dios; porque aún he de alabarle,
Salvación mía y Dios mío.
Cuando Dios no se siente… pero sigue estando
No todas las noches son iguales.Hay noches sin sueño... y hay noches sin alma.
No es incredulidad.
No es rebeldía.
Es ese momento en que el creyente ora y el cielo no devuelve ni un eco .
El Salmo 42 no fue escrito desde un altar lleno, sino desde una garganta seca:
“Mi alma tiene sed de Dios, del Dios vivo…” (Sal 42:2)
Aquí no habla un ateo.
Habla alguien que conoce a Dios , pero no lo siente .
Y ese es uno de los silencios más incómodos de la fe.
El diálogo interno que la Iglesia maquilla
El texto pone en escena tres voces que todos reconocemos, pero casi nadie admite en público.1. La voz del recuerdo que duele
No niega a Dios.Solo se atreve a decir la verdad incómoda:
"Antes había gozo. Ahora solo recuerdos".
El abatimiento no es pecado.
Es el lugar donde el alma deja de fingir.
“Me acuerdo de estas cosas, y derramo mi alma dentro de mí…” (Sal 42:4)
2. La voz de la sed que sigue viva
No es optimismo barato.No promete alivio inmediato.
Solo declara una verdad bíblicamente dura:
"El alma muerta no tiene sed. Solo la viva gime".
La sed espiritual no es señal de abandono , sino de vida.
3. La voz de Dios dentro del abismo
Lo más perturbador del Salmo 42 no es el llanto del salmista, sino la intervención de Dios.Dios no irrumpe para silenciar el lamento,
entra en el diálogo y hace una pregunta:
“¿Por qué te abates, oh alma mía,
y por qué te turbas dentro de mí?” (Sal 42:5)
No es reproche.
Es cercanía.
Dios no niega el abismo.
Declara su presencia dentro de él.
“Un abismo llama a otro a la voz de tus cascadas…” (Sal 42:7)
La herejía moderna: sentir más que creer
El golpe más fuerte del texto se puede reanudar así:"No te ordeno sentirme.
Te ordeno esperarme."
La fe bíblica no se define por sensaciones , sino por fidelidad en el silencio.
Job no sintió a Dios.
Jeremías no lo sintió.
El salmista no lo sintió.
Y aun así se atrevieron a decir:
“Aún he de alabarle…” (Sal 42:5,11)
No como emoción.
Como pacto .
Cuando la fe deja de ser infantil
Habacuc firma la misma acta de madurez espiritual:“Aunque la higuera no florezca…
con todo, yo me alegraré en Jehová.” (Hab 3:17–18)
Esto no es negar el dolor.
Es adoración sin condiciones .
Aquí la fe deja de depender de lo que ves,
y se ancla en quién es Dios, aunque no lo sientas.
Pregunta final (directa, incómoda)
¿Tu fe sigue a Cristo solo mientras lo sientes…o sigue siendo fe cuando Dios parece ausente y el alma solo sabe esperar?