El hombre que faltaba en el juicio de la adúltera
Imagina la escena: una mujer es arrastrada en público, rodeada por una multitud sentada de “justicia”, mientras unos líderes religiosos convierten la Ley en arma para exponer, humillar y atrapar a Jesús.
No buscan santidad, buscan un fallo legal: si Jesús la perdona, va contra Moisés; si la condena, contradice su mensaje de amor.
En medio de ese espectáculo religioso, hay una ausencia que grita desde el texto: la Ley de Moisés exigía que tanto el adúltero como la adúltera fueran castigados Levítico 20:10, pero solo la mujer está en el centro del juicio. ¿Dónde está el hombre?
Cuando pronuncia: “El que de vosotros esté sin pecado sea el primero en arrojar la piedra contra ella”, el juicio se invierte. Los que vinieron a examinar a la mujer terminan examinados. Las manos que apretaban piedras sueltan ahora vergüenza. Nadie puede seguir sosteniendo su propia superioridad moral frente a la luz de esa frase.
La gracia no es un permiso para seguir igual, sino el poder para salir del ciclo que nos destruye. Sin gracia, solo hay culpa y miedo; sin llamado a santidad, solo hay religiosidad superficial.
Se condena al que cayó públicamente, mientras se protege al “hombre que falta”:
Las iglesias están llamadas a ser hospitales de gracia, no tribunales de juicio selectivo.
Pregunta:
Cuando piensas en la última persona a la que “apedreaste” con tus palabras, ¿te pareces más a los acusadores que se fueron avergonzados… oh a Jesús, que se quedó para restaurar?
Imagina la escena: una mujer es arrastrada en público, rodeada por una multitud sentada de “justicia”, mientras unos líderes religiosos convierten la Ley en arma para exponer, humillar y atrapar a Jesús.
No buscan santidad, buscan un fallo legal: si Jesús la perdona, va contra Moisés; si la condena, contradice su mensaje de amor.
En medio de ese espectáculo religioso, hay una ausencia que grita desde el texto: la Ley de Moisés exigía que tanto el adúltero como la adúltera fueran castigados Levítico 20:10, pero solo la mujer está en el centro del juicio. ¿Dónde está el hombre?
El problema no era solo su pecado
Este pasaje no describe solo un pecado sexual, sino una estructura religiosa dispuesta a usar a una persona rota como pieza de ajedrez teológico.- La mujer es usada como objeto, no tratada como alma.
- La Ley es citada, pero aplicada de forma selectiva y conveniente.
- La “defensa de la verdad” encubre un corazón lleno de envidia, hipocresía y seda de poder espiritual.
Dos maneras de leer la historia
- Perspectiva legalista (tradicional):
Desde este enfoque, la historia se reduce a: “pecó, merece castigo, punto”. La predicación moralista se centra en “pórtate bien para que Dios te acepte”, como si la vida cristiana fuera de un listado de requisitos para no ser apedreado por Dios ni por la iglesia. Este tipo de mensaje olvida que “no hay justo, ni aun uno” y que la primera función de la Palabra es mostrarnos nuestra miseria, no nuestro supuesto mérito. La Biblia no fue dada para perfeccionar fariseos, sino para desnudar el corazón humano y llevar a Cristo.
- Perspectiva de la gracia (cristocéntrica):
Jesús no hace vista gorda al pecado, pero tampoco se sube al estrado de los acusadores. En lugar de centrarse en lo escandaloso de la caída de la mujer, apunta al pecado cómodo de los que entrenan las piedras en la mano. La predicación expositiva cristocéntrica no pregunta solo “¿qué está mal en esta mujer?”, sino “¿qué está revelando este texto del corazón de los acusadores y del corazón de Dios?”. La conclusión es clara: la única esperanza para el pecador visible y para el religioso respetable es la misma: gracia.
El gesto que desarma las piedras
Luego viene el detalle más desconcertante: Jesús se inclina y escribe en el suelo. No se nos dice qué escribió, porque el poder de esa escena no está en el contenido de las letras, sino en el carácter de quien las traza. Su autoridad silenciosa pesa más que los gritos de los religiosos.Cuando pronuncia: “El que de vosotros esté sin pecado sea el primero en arrojar la piedra contra ella”, el juicio se invierte. Los que vinieron a examinar a la mujer terminan examinados. Las manos que apretaban piedras sueltan ahora vergüenza. Nadie puede seguir sosteniendo su propia superioridad moral frente a la luz de esa frase.
“Ni yo te condeno”: gracia que transforma
Al final, Jesús queda solo con la mujer. No la llama “víctima del sistema”, pero tampoco la reduce a su fracaso. Le dice: “Ni yo te condeno; vete, y no peques más”. En una sola declaración une perdón y llamado al cambio.La gracia no es un permiso para seguir igual, sino el poder para salir del ciclo que nos destruye. Sin gracia, solo hay culpa y miedo; sin llamado a santidad, solo hay religiosidad superficial.
Aplicación incómoda para hoy
Tal vez hoy no levantamos piedras físicas, pero usamos comentarios, hilos, historias y publicaciones como proyectos digitales.Se condena al que cayó públicamente, mientras se protege al “hombre que falta”:
- El pecado invisible del orgullo, el chisme espiritualizado, la crítica disfrazada de “preocupación por la sana doctrina”.
- Las estructuras eclesiales que restaurante rápido al líder famoso pero expulsan en silencio a la oveja anónima.
Las iglesias están llamadas a ser hospitales de gracia, no tribunales de juicio selectivo.
Pregunta:
Cuando piensas en la última persona a la que “apedreaste” con tus palabras, ¿te pareces más a los acusadores que se fueron avergonzados… oh a Jesús, que se quedó para restaurar?