¿Palabras vacías u obediencia del corazón?

laralonso1985

Miembro senior
20 Julio 2025
186
34
En la parábola de los dos hijos Mt 21:28–32, Jesús no ofrece una ilustración moral genérica, sino una acusación directa contra una religiosidad que confunde discurso con obediencia.

El relato funciona como un criterio de juicio espiritual: no se evalúa la intención declarada, sino la respuesta efectiva a la voluntad del Padre.

> “¿Cuál de los dos hizo la voluntad del padre?”
—Mateo 21:31

La respuesta es incómoda porque subvierte las expectativas religiosas: el obediente no es el que habla correctamente, sino el que finalmente actúa conforme a la voluntad divina.

La religión que habla, pero no obedece

El segundo hijo representa una fe verbalmente ortodoxa pero espiritualmente estéril. Dice “voy”, pero no va. Jesús dirige esta figura a líderes religiosos que dominaban el lenguaje piadoso, pero rechazaban someter su vida a Dios cf. Mt 23:3

La Escritura es explícita:


> “La fe, si no tiene obras, está muerta en sí mismaStg 2:17.

No se trata de fallas ocasionales, sino de una desconexión estructural entre confesión y conducta. Donde no hay fruto, no hay comunión real Jn 15:5.

El arrepentimiento que cambia dirección

El primer hijo encarna la metanoia bíblica:
resistencia inicial seguida de obediencia real. Jesús no legitima su rebeldía, pero afirma su respuesta final. Por eso declara que publicanos y prostitutas entran primero en el Reino: no por su pasado, sino porque creyeron y cambiaron Mt 21:32.

El patrón es consistente en toda la Escritura:


> “Dios… manda a todos los hombres en todo lugar, que se arrepientan” Hch 17:30
No queriendo que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento” 2 Pe 3:9.

El arrepentimiento bíblico no es remordimiento emocional, sino cambio verificable de rumbo.

Obedecer es trabajar en la viña

La voluntad del Padre no se cumple con ritos, sino con obediencia activa. La viña simboliza el campo donde se ejerce justicia, misericordia y fidelidad (cf. Miq 6:8). Por eso Samuel advierte:

> “Obedecer es mejor que los sacrificios” 1 S 15:22

La espiritualidad que no se traduce en vida transformada es irrelevante ante Dios.

Cercanía religiosa no equivale a pertenencia al Reino

La parábola también confronta una falsa seguridad: estar cerca de lo sagrado no garantiza entrar en el Reino. Solo la obediencia nacida de un corazón transformado resiste el juicio final. Ap 20:12–13.

Jesús lo resume con claridad estratégica:


> “Buscad primeramente el Reino de Dios y su justicia” Mt 6:33.

Conclusión


La fe auténtica se demuestra en obediencia concreta. Dios no evalúa promesas, sino fruto. No palabras correctas, sino vidas rendidas. No discursos piadosos, sino obras nacidas del arrepentimiento.

> “Por sus frutos los conoceréis” Mt 7:20

Pregunta:

Si hoy el Dueño de la viña te pidiera cuentas,
¿presentarías un historial de buenas intenciones o el fruto visible de una obediencia real?