LOS ADVENTISTAS SON IRRACIONALES PORQUE CREEN QUE EL CEREBRO ES EL QUE PIENSA Y NO...

2 Mayo 2009
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LOS ADVENTISTAS SON IRRACIONALES PORQUE CREEN QUE EL CEREBRO ES EL QUE PIENSA Y NO LA MENTE.

LES DEJO PARA QUE LEAN.

http://www.sedin.org/doorway/misterio_de_la_mente-00.html

Holas les dejo esta web para que lean sobre la mente y el cerebro, los adventistas dicen que solo tienen un cerebro para pensar pero si eso es cierto entonces no tienen mente.

les pondre un capitulo de ARTHUR CONSTANCE SOBRE EL TEMADE LA MENTE Y EL CEREBRO.


Capítulo 1

El problema Mente / Cerebro

Estudio del problema de la distinción entre mente y cerebro
y los conceptos históricos de la relación entre los ambos.

Hace unos cuarenta años estaba bajando por la calle Yonge en Toronto y me encontré inesperadamente con un viejo amigo que se había acabado de retirar después de practicar la medicina en Ontario, y después en China durante muchos años. Estaba claramente agitado. Fuimos a tomarnos un café, y me relató que había vivido una experiencia tan conmovedora que había necesitado un fin de semana en el campo para recuperarse.

Había crecido en el medio rural de Ontario, el miembro más joven de una familia granjera muy grande y muy unida. Ahora se había retirado a su patria chica y estaba sencillamente paseándose por la calle Yonge, gozando de las viejas escenas y de los sonidos familiares cuando, de repente y de manera totalmente inesperada, se cruzó con una dama que llevaba un perfume de una clase muy especial. Este aroma, aunque llegó a su olfato solo un instante, lo devolvió a un acontecimiento de hacía sesenta años, en su primera adolescencia, y que había tenido olvidado desde hacía muchísimo tiempo.

Se vio de pie en un rellano a medio camino en las escaleras de caracol en la vieja casa de labraza. Era casi hora de cenar. Sus hermanos y hermanas estaban preparando la mesa con mucho ruido de los cubiertos y de los platos, con risas y pasos apresurados. Desde la cocina podía oír a su madre mientras preparaba la comida, y le vino con una claridad increíble el ruido de la leña cuando la echaban dentro de la vieja cocina, y del poner y mover de las ollas y cazuelas. Y él se moría de ganas de ir a formar parte de toda aquella diversión, pero le habían mandado que se quedase en aquel rellano con la cara a la ventana como castigo por alguna fechoría que ahora ya no recordaba. La ventana estaba totalmente cubierta de escarcha, y en su memoria solo quedaban los sonidos y los olores, porque no podía ver nada del exterior. En el alféizar de la ventana había un par de los guantes de su madre, y de ellos se desprendía un perfume casi imperceptible —el mismo perfume que había detectado al cruzarse con la desconocida dama mientras paseaba por la calle Yonge tantos años después.

Este pequeño desencadenante para esta mente desató lo que resultó ser un recuerdo abrumadoramente emocional. Llamado tan de repente al nostálgico pasado, tuvo que retirarse al campo algunos días para recuperarse.

Consideremos las implicaciones de esta experiencia. El perfume, por pasajero que fuera como estímulo físico, había de alguna manera activado su memoria, prendiendo en su cerebro, por así decirlo, como una pantalla de televisión que le había parecido estar contemplando con su mente, cautivado por la vivacidad de la vieja escena familiar, que se le apareció con tan gran detalle. Él no era la pantalla, sino el espectador. Y parecía además ser el operador, capaz de reponer la película e incluso de hacerla pasar a cámara lenta y recuperar detalles que se había perdido en su primera visualización.

Es como si alguna clase de mente autoconsciente estuviese usando y manipulando un sistema de almacenamiento de memoria que había preservado, para su uso posterior a petición, un registro extraordinariamente vívido y completo de una serie compleja de acontecimientos que habían sucedido más de medio siglo antes de volver a ser «traído a la mente».

Cuando nos encontramos, él estaba tratando de encontrar a aquella dama —o más particularmente el perfume—, con la esperanza de poder experimentar algo más y ver qué más se podría recuperar mediante el mismo mecanismo desencadenante para reactivar su capacidad de recuerdo.

Hasta recientemente, una experiencia de esta clase hubiera sido descartada en los círculos científicos como una mera anécdota. Los rígidos controles exigidos para la prueba científica, así como el actual clima de opinión acerca de la relación entre mente y cerebro, no hubieran permitido dar ningún peso a estas pruebas de dualismo. Se ha llegado a considerar que el hombre es esencialmente una máquina electroquímica. Desde tal perspectiva, la mente autoconsciente no es un espectador de la pantalla del cerebro en el sentido que se implica en este relato, sino que la mente es considerada meramente como una extensión del mecanismo del cerebro y totalmente dependiente del mismo. Este punto de vista es, por definición, monista: el cerebro actúa sobre la mente, que es una mera extensión del mismo, pero la mente no tiene capacidad de actuar sobre el cerebro. El dualista, en cambio, adopta la postura de que la interacción es posible en los dos sentidos, con la mente actuando sobre el cerebro, y el cerebro en ciertas formas limitando y canalizando, y por ello actuando sobre la mente.

En este caso, se podría argüir que la mente era verdaderamente un agente independiente activo, explorando el programa que aparecía en pantalla y que estaba almacenado en el cerebro. Además, el individuo mismo experimentaba un intenso deseo de extender la extracción de la memoria e incluso de rellenar los detalles. Estaba pasando «la cinta» una y otra vez, con añadiduras nuevas y a veces con correcciones cada vez que se volvía a pasar. El aroma del perfume ya no era necesario ahora para disparar el recuerdo. La voluntad o la mente autoconsciente había asumido el control. ¿Cómo vamos a evaluar la relación mente/cerebro en una situación así?


Una voluntad propia


En 1961 Wilder Penfield comunicó una espectacular demostración de la realidad de la mente activa o de la voluntad en operación. Observó a la mente actuando con independencia del cerebro bajo condiciones experimentales controladas y reproducibles a voluntad. Su materia experimental era un paciente epiléptico al que se había expuesto el cerebro por medios quirúrgicos en el área temporal de un hemisferio. El «disparador» era la estimulación de la corteza con un solo electrodo con una corriente de 2 voltios y 60 Hz.

En un artículo ahora célebre, Penfield escribía:


Cuando el neurocirujano aplica un electrodo al área motora de la corteza cerebral del paciente y hace que se mueva la mano opuesta, y cuando luego le pregunta al paciente por qué ha movido la mano, la respuesta es: «No lo he hecho yo. Usted me lo ha hecho hacer». ... Se puede decir que el paciente piensa de sí mismo como poseyendo una existencia separada de su cuerpo.

En una ocasión, cuando advertí a un paciente de mi intención de estimular el área motora de la corteza, y le animé a impedir que se le moviera la mano cuando le aplicase el electrodo, la asió con la otra mano y se esforzó por mantenerla quieta. Así se hizo que una mano, bajo el control del hemisferio derecho impulsado por un electrodo, y la otra mano, que él controlaba mediante el hemisferio izquierdo, luchasen la una contra la otra. Detrás de la «acción cerebral» de un hemisferio estaba la mente del paciente. Detrás de la acción del otro hemisferio estaba el electrodo.


Y luego concluía:[1]


Como se puede ver, existen muchos mecanismos demostrables (en el cerebro). Funcionan de forma automática para los propósitos de la mente cuando se los invoca. ... Pero, ¿cuál es la agencia que recurre a estos mecanismos, escogiendo uno en lugar de otro? ¿Se trata de otro mecanismo, o hay en la mente algo de esencia diferente? Decir que estas dos cosas son una y la misma no significa que sea así. Pero sí que bloquea el avance de las investigaciones.


Está claro que el paciente epiléptico de Penfield tenía no solo un cerebro susceptible de una manipulación mecanicista, sino también «una voluntad propia» por la que se podía mandar al área contralateral* que operase de manera distinta.

Aquí nos vemos tentados a recurrir a un modelo dualista, a tener en cuenta no meramente un cerebro físico, sino alguna clase de realidad independiente y posiblemente no física que interactúa con el cerebro, y posiblemente en el cerebro, pero que no es de él. Pero, ¿cómo podemos dar cuenta de la «mente» si no se originó en el mundo físico?

¿Cuál es exactamente la relación entre mente y cerebro? ¿Se trata meramente de una asociación de interacción? ¿Evolucionaron la mente y el cerebro de manera independiente, y luego corrieron un curso paralelo de desarrollo? En tal caso podrían dar una apariencia engañosa de estar relacionados causalmente cuando la relación causal estaría realmente ausente. Este punto de vista se designaría como paralelismo. No es estrictamente una explicación de los hechos, sino que tiene más la naturaleza de una descripción de lo que pudiera estar sucediendo.

¿O tenía razón Berkeley cuando dijo que el cerebro no existe en realidad, que la única realidad es la mente, y que el concepto de cerebro —en verdad de todo el mundo físico— es una creación del pensamiento, un producto de la mente, sin poseer ninguna realidad propia, como tampoco la tiene un sueño? Uno de los grandes clásicos del taoísmo, el libro conocido como Zhuangzi o Chuang Tzu (300 a.C. aproximadamente), se atribuye a un sabio de la dinastía Zhou, llamado Chuang Tzu (Maestro Chuang, o Zhuang). Parece que estaba rememorando al escribir, refiriéndose a sí mismo en tercera persona:[2]


Largo tiempo ha, Chuan Tzu soñó que era una mariposa. Se sentía alborozado como mariposa —bien complacida consigo misma, cumplidos sus objetivos. Nada sabía de Tzu. Pero pronto despertó y encontró que era Tzu. Y no sabía si como Tzu había soñado que era una mariposa, o si como mariposa soñaba que era Tzu.

Esta manera de abordar la realidad siempre involucra ambigüedad. Quizá todos despertaremos un día y nos encontraremos con una clase totalmente diferente de realidad. Esto es idealismo, un punto de vista no demasiado satisfactorio —aunque desde luego es fascinante.

¿O tienen razón los conductistas cuando dicen que sólo existe el cerebro, y que la mente es meramente un epifenómeno de la misma, como la corriente eléctrica producida por el generador? En este caso, la mente no tiene existencia independiente, y la cuestión del origen de la mente queda totalmente subordinada a la cuestión del origen y de la naturaleza del tejido del cerebro. Esto es lo que se designa como conductismo.

El conductismo consiguió aceptación justo al principio del siglo 20 como la única posible opción porque se sostenía que el conocimiento científico (objetivo) era el único verdadero conocimiento que tiene el hombre. El conocimiento científico siempre depende de magnitudes: es cuantificable de una u otra manera. ¿Y quién puede cuantificar la mente?


Paul Weiss dijo:[3]


Quizá nuestro concepto de nuestro sistema nervioso sea igualmente inadecuado e insuficiente, porque en tanto que se recurra solamente al uso de instrumentos eléctricos, solamente se obtienen respuestas eléctricas; si se usan detectores químicos, se obtienen respuestas químicas; y si se determinan valores numéricos y geométricos, se obtienen respuestas numéricas y geométricas. De modo que quizá no hemos encontrado todavía el tipo concreto de instrumentos que nos revele la siguiente incógnita.


Es obvio que ni tan siquiera intentaremos inventar esta clase particular de instrumento de investigación en tanto que aceptemos la perspectiva monista de que la mente es realmente solo el efecto de la operación del cerebro. Y desde luego seguimos atados a las antiguas tradiciones del mecanicismo. No hace mucho tiempo que se citaba esta observación de Lord Adrian: «El propósito último de la investigación del cerebro tiene que ser el de traer la conducta dentro del marco de las ciencias físicas».[4]

Este era el punto de vista (y el objetivo último) de Claude Bernard, el padre de la moderna fisiología. Sostenía él que la causa de todo fenómeno es la materia, y que el determinismo es «el fundamento de todo progreso y crítica en ciencia».[5] Thomas Huxley reflejó esta posición cuando observó que «Los pensamientos son la expresión de cambios moleculares en aquella materia de la vida que es la fuente de nuestros otros fenómenos vitales».[6] Y de nuevo: «La mente es una función de la materia, cuando dicha materia ha alcanzado un cierto grado de organización».[7] Y otra vez más: «El pensamiento es tanto función de la materia como lo es el movimiento».[8]

Este reduccionismo atrae a la mente que busca la imagen más simple y estrictamente más cuantitativa de la realidad. Arthur O. Lovejoy, en su obra La gran cadena del ser,[9] examina la historia de la fascinante búsqueda de conexiones a través del orden natural por el que todas las cosas están relacionadas por derivación, una relación que explica la supuesta progresión lineal de lo más simple a lo más complejo. Como «la naturaleza aborrece el vacío», así el hombre aborrece las discontinuidades. Idealmente, no debiera haber vacíos, ningunos eslabones perdidos —en resumen, ninguna novedad en un sentido estricto. Un simple principio da origen de forma determinista a todas las realidades ramificadas, y cada componente en el sistema evolutivo debe ser susceptible de explicación en términos del resto, y no en base de ningún otro criterio.

Este principio fundamental parece casi imponer el asentimiento de las mentes reflexivas. En el orden natural, cada etapa es meramente un despliegue de las tendencias de las etapas anteriores. Esto ha de ser de esperar no solo en el mundo de lo inanimado sino también en el mundo de lo animado. Cuando el entendimiento sea pleno, no habrá etapas, sino solo una progresión suave y continua.

En la segunda mitad del siglo 19, tres gigantes del mundo científico publicaron un Manifiesto. Se trataba de Carl Ludwig (1816—1895), que enseñó a la mayoría de los grandes fisiólogos del mundo activos en aquel tiempo; Emil du-Bois-Reymand (1818—1896), fundador de la electroquímica; y Hermann von Helmholtz (1812—1894), que no necesita presentación. Lo que sigue es sustancialmente el contenido de su acuerdo: «Todas las actividades de la materia viva, incluyendo la conciencia, se deben explicar en último análisis en términos de física y de química».[10] Es una especie de ideal científico que sigue atrayendo con una fuerza enorme a la mente científica moderna.

Pero en tanto que pueden cumplirse unos ciertos requisitos lógicos en la insistencia en la perspectiva monista que hace de la conciencia una mera derivación del cuerpo material, para muchas personas resulta una explicación insatisfactoria del fenómeno de la conciencia del yo. El problema es encontrar una forma de tratar la mente y el cerebro como un fenómeno unitario pero sin embargo como dos realidades. Una respuesta es la teoría de la identificación.

La teoría de la identificación se ha conocido en dos formas diferentes. Ambas formas se expresan de manera análoga —y muchos consideran que es un argumento débil que parece explicar más de lo que explica en realidad. Santayana y Thomas Huxley propusieron, ambos, que así como el murmullo de un arroyo cantarín es solo consecuencia del agua que corre, así la mente, aunque distinta del cerebro, es sin embargo solo un subproducto del mismo. Así, el cerebro es causa de la mente como el arroyo es causa del murmullo, pero la mente no puede tener ninguna influencia sobre el cerebro, como tampoco el murmullo puede tener ninguna influencia sobre el arroyo. Esto se designó como epifenomenalismo.

Una analogía más reveladora es la que arguye que así como una única línea curva tiene un aspecto cóncavo y convexo a la vez, aunque la línea es única y los dos aspectos son realmente uno, así el cerebro y la mente serían dos aspectos de un único fenómeno. El acontecimiento externo o físico (actividad cerebral) tiene un aspecto interno no físico (actividad mental). Ninguno de los dos es causa del otro, con independencia de nuestras impresiones sobre su correspondencia. Sin embargo, ambos deben darse siempre juntos. Esto se conoce como paralelismo, más específicamente paralelismo de «doble aspecto». Pero la analogía se derrumba en que puede haber ciertamente actividad cerebral sin actividad mental, porque pueden observarse ondas cerebrales en las personas inconscientes.


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[1] Penfield, Wilder: en el Simposio de Control de la Mente celebrado en el Centro Médico de la Universidad de California, San Francisco, 1961, citado en Arthur Koestler, Ghost in the Machine, Londres, Hutchinson Publishing Group, 1967, p. 203-204.

* Contralateral: el mismo sitio en el lado opuesto (p.ej., el ojo izquierdo es contralateral respecto del derecho).

[2] Chuang Chou: citado en Edward H. Chafer, Ancient China en la serie de Time-Life: Great Ages of Man, Nueva York, Time-Life Books, 1967, p. 62.

[3] Paul Weiss, en una reseña del artículo de J. R. Smythies: «Some Aspects of Consciousness» en Beyond Reductionism, coordinado por Arthur Koestler y J. R. Smythies, Londres, Hutchinson Publishing Group, 1969, p. 252.

[4] Lord Adrian, editorialista invitado, «The Brain as Physics», Science Journal, vol. 3, no. 3, 5 mayo 1967, p. 3.

[5] Claude Bernard: citado por Seymour S. Kety, «A Biologist Examines the Mind and Behavior», Science, vol. 132, 1960, p. 1863.

[6] Huxley, Thomas, «On the Physical Basis of Life» en Lay Sermons (sin editor), 1870, p. 152.

[7] Huxley, Thomas, «Mr. Darwin's Critics», Contemporary Review, noviembre de 1871, p. 464.

[8] Huxley, «Descartes» en Lay Sermons, (sin editor), 1870, p. 371.

[9] Lovejoy, Arthur O., The Great Chain of Being, New York, Harper and Row, 1960. Publicado en castellano por Icaria Editorial, Barcelona 1983, La gran cadena del ser.

[10] Véase Chauncey D. Leake, «Perspectives in Adaptation: Historical Background» en Handbook of Physiology, Washington, D.C., American Physiology Society, 1964, sección 4, p. 5—6.
 
Re: LOS ADVENTISTAS SON IRRACIONALES PORQUE CREEN QUE EL CEREBRO ES EL QUE PIENSA Y N

Como primera connotación al tema.
Me parece que no debes atacar a las personas.
La religión estructura la mente de las personas. Las personas adventistas no son irracionales, disculpa.
Aunque no soy de esa denominación, ni este de acuerdo con sus doctrinas. Estas personas son tus projimos. Si quieres discrepa con la religion, secta o como quiera denominarla.

Dios le Bendiga.
 
Re: LOS ADVENTISTAS SON IRRACIONALES PORQUE CREEN QUE EL CEREBRO ES EL QUE PIENSA Y N

Mi estimado, el diablo se presenta y manifiesta en todo aquel que tenga sus puertas abiertas a éste, y por obvias razones: que no tenga a Dios en su corazón.

LOS ADVENTISTAS SON IRRACIONALES PORQUE CREEN QUE EL CEREBRO ES EL QUE PIENSA Y NO LA MENTE.

Su frase es ánaloga a decir:
El varón Luis Rodríguez Pacheco es un fornicario y por tanto la familia Rodríguez Paceho es fornicaria.

¿Cree usted sanas estas aseveraciones?
Yo no.
 
Re: LOS ADVENTISTAS SON IRRACIONALES PORQUE CREEN QUE EL CEREBRO ES EL QUE PIENSA Y N

Sólo por curiosidad, sisepuede, ¿eres católico?.
 
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Reacciones: Daniel Flores
Re: LOS ADVENTISTAS SON IRRACIONALES PORQUE CREEN QUE EL CEREBRO ES EL QUE PIENSA Y N

Originalmente enviado por sisepuede

[Este post es parte del epigrafe: Que entiende el adventismo sobre el alma..?]


SISEPUEDE DICE:


HEY

NO SE PUEDE DECIR QUE MI CEREBRO PIENSA,

¿ENTIENDES?




MARCELINOC DICE:

HASTA HOY YO HABIA CREIDO QUE USTED PENSABA CON EL CEREBRO,

PERO GRACIAS POR ACLARARMELO, AHORA YA SE QUE NO.

DE USTED CADA DIA SE APRENDEN COSAS NUEVAS.



BENDICIONES.
 
Re: LOS ADVENTISTAS SON IRRACIONALES PORQUE CREEN QUE EL CEREBRO ES EL QUE PIENSA Y N

Su frase es ánaloga a decir:
El varón Luis Rodríguez Pacheco es un fornicario y por tanto la familia Rodríguez Paceho es fornicaria.

¿Cree usted sanas estas aseveraciones?
Yo no.[/QUOTE]

Muchacho tienes un problema pues tu ejemplo no tiene ningun paralelo comparativo ya que segun tu entonces el cerebro piensa como dicen los adventistas, yo no niego que el cerebro este involucrado en el pensamiento, pero quien piensa es la mente, no el cerebro.

En la biblia no se dice nunca que el cerebro piense siempre se refiere a la mente o al corazon, aunque no quiero tocar porque en algunos textos se hace referencia al corazon, en otras al alma,etc. hay algo que es curioso que mientras algunos defienden que el adventismo no es irracional, sin embrago estos señores dicen que su cerebro es el que piensa.

Ya he puesto una explicacion que nadie se atreve a refutar y nunca lo podran hacer.

Añado a lo que puse, lo siguiente, para mostrar una vez mas que el adventismo demuestra su irracionalidad cuando le atribuye al cerebro el poder de pensar voluntariamente.


James D. Bales dice “Creo en Dios porque creo en la realidad de la mente y por lo tanto, en el campo de lo racional. El hombre no siempre actúa racionalmente, pero él está ciertamente en la posibilidad de actuar razonablemente. De este modo, somos confrontados con el hecho de que la mente incluye ideas, memorias y el poder de razonar

Bien lo dijo C. S. Lewis: “Supóngase que no hay inteligencia detrás del universo, ninguna mente creativa. En ese caso, nadie diseñó mi cerebro, el cual me hace pensar. Es solamente la función de átomos dentro de mí, los cuales producen reacciones físicas o químicas, que se ordenan en cierta forma, lo que me da la sensación que yo llamo pensamiento. Pero si esto fuera así, ¿Cómo puedo confiar que mi propio pensamiento es verdadero? … Si yo no puedo confiar en mi propio pensamiento; por supuesto, yo no puedo confiar en los argumentos que conducen al ateísmo, y por consiguiente, no tengo razón para ser un ateo o algo similar. A menos que yo crea en Dios, yo no puedo creer en el pensamiento; de tal manera que yo nunca podré usar el pensamiento para desacreditar la existencia de Dios” (Broadcast Talks, Londres: Geoffry Bles, Ltd. 1946, Págs.37-38,). Sin embargo, somos enfrentados con la realidad de la mente y la razón; y no es razonable concluir que ésta sea una ilusión, o que ésta tuvo su origen en la materia y es solamente una manifestación de la misma materia. Es más razonable creer que la Mente Divina creó al hombre con su mente.

Estos hechos dejan claro que cuando el hombre niega a Dios, él finaliza negando su propia racionalidad. Todos los argumentos de los ateos contra Dios son una muestra del ejercicio mental que ellos ejercen para externar sus razonamientos. De este modo, sus posiciones desacreditan sus argumentos. Yo debo creer en Dios, y en la existencia del campo de lo racional por encima del campo de lo material, para creer en mi propia racionalidad. Solo los hombres irracionales afirman que no hay racionalidad; Estos hombres se descalifican así mismos al decir que no tienen bases racionales con las cuales, argumentar contra la racionabilidad. Fabricar un argumento racional contra la racionalidad seria admitir la realidad de la racionalidad. “
 
Re: LOS ADVENTISTAS SON IRRACIONALES PORQUE CREEN QUE EL CEREBRO ES EL QUE PIENSA Y N

Como primera connotación al tema.
Me parece que no debes atacar a las personas.
La religión estructura la mente de las personas. Las personas adventistas no son irracionales, disculpa.
Aunque no soy de esa denominación, ni este de acuerdo con sus doctrinas. Estas personas son tus projimos. Si quieres discrepa con la religion, secta o como quiera denominarla.

Dios le Bendiga.

Son irracionales si dicen que su cerebro es lo unico que tiene para pensar voluntariamente.
De nuevo expongo que eso es falso.

LOS ADVENTISTAS SON IRRACIONALES PORQUE CREEN QUE EL CEREBRO ES EL QUE PIENSA Y NO LA MENTE.

LES DEJO PARA QUE LEAN.

http://www.sedin.org/doorway/misteri..._mente-00.html

Holas les dejo esta web para que lean sobre la mente y el cerebro, los adventistas dicen que solo tienen un cerebro para pensar pero si eso es cierto entonces no tienen mente.

les pondre un capitulo de ARTHUR CONSTANCE SOBRE EL TEMADE LA MENTE Y EL CEREBRO.


Capítulo 1

El problema Mente / Cerebro

Estudio del problema de la distinción entre mente y cerebro
y los conceptos históricos de la relación entre los ambos.

Hace unos cuarenta años estaba bajando por la calle Yonge en Toronto y me encontré inesperadamente con un viejo amigo que se había acabado de retirar después de practicar la medicina en Ontario, y después en China durante muchos años. Estaba claramente agitado. Fuimos a tomarnos un café, y me relató que había vivido una experiencia tan conmovedora que había necesitado un fin de semana en el campo para recuperarse.

Había crecido en el medio rural de Ontario, el miembro más joven de una familia granjera muy grande y muy unida. Ahora se había retirado a su patria chica y estaba sencillamente paseándose por la calle Yonge, gozando de las viejas escenas y de los sonidos familiares cuando, de repente y de manera totalmente inesperada, se cruzó con una dama que llevaba un perfume de una clase muy especial. Este aroma, aunque llegó a su olfato solo un instante, lo devolvió a un acontecimiento de hacía sesenta años, en su primera adolescencia, y que había tenido olvidado desde hacía muchísimo tiempo.

Se vio de pie en un rellano a medio camino en las escaleras de caracol en la vieja casa de labraza. Era casi hora de cenar. Sus hermanos y hermanas estaban preparando la mesa con mucho ruido de los cubiertos y de los platos, con risas y pasos apresurados. Desde la cocina podía oír a su madre mientras preparaba la comida, y le vino con una claridad increíble el ruido de la leña cuando la echaban dentro de la vieja cocina, y del poner y mover de las ollas y cazuelas. Y él se moría de ganas de ir a formar parte de toda aquella diversión, pero le habían mandado que se quedase en aquel rellano con la cara a la ventana como castigo por alguna fechoría que ahora ya no recordaba. La ventana estaba totalmente cubierta de escarcha, y en su memoria solo quedaban los sonidos y los olores, porque no podía ver nada del exterior. En el alféizar de la ventana había un par de los guantes de su madre, y de ellos se desprendía un perfume casi imperceptible —el mismo perfume que había detectado al cruzarse con la desconocida dama mientras paseaba por la calle Yonge tantos años después.

Este pequeño desencadenante para esta mente desató lo que resultó ser un recuerdo abrumadoramente emocional. Llamado tan de repente al nostálgico pasado, tuvo que retirarse al campo algunos días para recuperarse.

Consideremos las implicaciones de esta experiencia. El perfume, por pasajero que fuera como estímulo físico, había de alguna manera activado su memoria, prendiendo en su cerebro, por así decirlo, como una pantalla de televisión que le había parecido estar contemplando con su mente, cautivado por la vivacidad de la vieja escena familiar, que se le apareció con tan gran detalle. Él no era la pantalla, sino el espectador. Y parecía además ser el operador, capaz de reponer la película e incluso de hacerla pasar a cámara lenta y recuperar detalles que se había perdido en su primera visualización.

Es como si alguna clase de mente autoconsciente estuviese usando y manipulando un sistema de almacenamiento de memoria que había preservado, para su uso posterior a petición, un registro extraordinariamente vívido y completo de una serie compleja de acontecimientos que habían sucedido más de medio siglo antes de volver a ser «traído a la mente».

Cuando nos encontramos, él estaba tratando de encontrar a aquella dama —o más particularmente el perfume—, con la esperanza de poder experimentar algo más y ver qué más se podría recuperar mediante el mismo mecanismo desencadenante para reactivar su capacidad de recuerdo.

Hasta recientemente, una experiencia de esta clase hubiera sido descartada en los círculos científicos como una mera anécdota. Los rígidos controles exigidos para la prueba científica, así como el actual clima de opinión acerca de la relación entre mente y cerebro, no hubieran permitido dar ningún peso a estas pruebas de dualismo. Se ha llegado a considerar que el hombre es esencialmente una máquina electroquímica. Desde tal perspectiva, la mente autoconsciente no es un espectador de la pantalla del cerebro en el sentido que se implica en este relato, sino que la mente es considerada meramente como una extensión del mecanismo del cerebro y totalmente dependiente del mismo. Este punto de vista es, por definición, monista: el cerebro actúa sobre la mente, que es una mera extensión del mismo, pero la mente no tiene capacidad de actuar sobre el cerebro. El dualista, en cambio, adopta la postura de que la interacción es posible en los dos sentidos, con la mente actuando sobre el cerebro, y el cerebro en ciertas formas limitando y canalizando, y por ello actuando sobre la mente.

En este caso, se podría argüir que la mente era verdaderamente un agente independiente activo, explorando el programa que aparecía en pantalla y que estaba almacenado en el cerebro. Además, el individuo mismo experimentaba un intenso deseo de extender la extracción de la memoria e incluso de rellenar los detalles. Estaba pasando «la cinta» una y otra vez, con añadiduras nuevas y a veces con correcciones cada vez que se volvía a pasar. El aroma del perfume ya no era necesario ahora para disparar el recuerdo. La voluntad o la mente autoconsciente había asumido el control. ¿Cómo vamos a evaluar la relación mente/cerebro en una situación así?


Una voluntad propia


En 1961 Wilder Penfield comunicó una espectacular demostración de la realidad de la mente activa o de la voluntad en operación. Observó a la mente actuando con independencia del cerebro bajo condiciones experimentales controladas y reproducibles a voluntad. Su materia experimental era un paciente epiléptico al que se había expuesto el cerebro por medios quirúrgicos en el área temporal de un hemisferio. El «disparador» era la estimulación de la corteza con un solo electrodo con una corriente de 2 voltios y 60 Hz.

En un artículo ahora célebre, Penfield escribía:


Cuando el neurocirujano aplica un electrodo al área motora de la corteza cerebral del paciente y hace que se mueva la mano opuesta, y cuando luego le pregunta al paciente por qué ha movido la mano, la respuesta es: «No lo he hecho yo. Usted me lo ha hecho hacer». ... Se puede decir que el paciente piensa de sí mismo como poseyendo una existencia separada de su cuerpo.

En una ocasión, cuando advertí a un paciente de mi intención de estimular el área motora de la corteza, y le animé a impedir que se le moviera la mano cuando le aplicase el electrodo, la asió con la otra mano y se esforzó por mantenerla quieta. Así se hizo que una mano, bajo el control del hemisferio derecho impulsado por un electrodo, y la otra mano, que él controlaba mediante el hemisferio izquierdo, luchasen la una contra la otra. Detrás de la «acción cerebral» de un hemisferio estaba la mente del paciente. Detrás de la acción del otro hemisferio estaba el electrodo.


Y luego concluía:[1]


Como se puede ver, existen muchos mecanismos demostrables (en el cerebro). Funcionan de forma automática para los propósitos de la mente cuando se los invoca. ... Pero, ¿cuál es la agencia que recurre a estos mecanismos, escogiendo uno en lugar de otro? ¿Se trata de otro mecanismo, o hay en la mente algo de esencia diferente? Decir que estas dos cosas son una y la misma no significa que sea así. Pero sí que bloquea el avance de las investigaciones.


Está claro que el paciente epiléptico de Penfield tenía no solo un cerebro susceptible de una manipulación mecanicista, sino también «una voluntad propia» por la que se podía mandar al área contralateral* que operase de manera distinta.

Aquí nos vemos tentados a recurrir a un modelo dualista, a tener en cuenta no meramente un cerebro físico, sino alguna clase de realidad independiente y posiblemente no física que interactúa con el cerebro, y posiblemente en el cerebro, pero que no es de él. Pero, ¿cómo podemos dar cuenta de la «mente» si no se originó en el mundo físico?

¿Cuál es exactamente la relación entre mente y cerebro? ¿Se trata meramente de una asociación de interacción? ¿Evolucionaron la mente y el cerebro de manera independiente, y luego corrieron un curso paralelo de desarrollo? En tal caso podrían dar una apariencia engañosa de estar relacionados causalmente cuando la relación causal estaría realmente ausente. Este punto de vista se designaría como paralelismo. No es estrictamente una explicación de los hechos, sino que tiene más la naturaleza de una descripción de lo que pudiera estar sucediendo.

¿O tenía razón Berkeley cuando dijo que el cerebro no existe en realidad, que la única realidad es la mente, y que el concepto de cerebro —en verdad de todo el mundo físico— es una creación del pensamiento, un producto de la mente, sin poseer ninguna realidad propia, como tampoco la tiene un sueño? Uno de los grandes clásicos del taoísmo, el libro conocido como Zhuangzi o Chuang Tzu (300 a.C. aproximadamente), se atribuye a un sabio de la dinastía Zhou, llamado Chuang Tzu (Maestro Chuang, o Zhuang). Parece que estaba rememorando al escribir, refiriéndose a sí mismo en tercera persona:[2]


Largo tiempo ha, Chuan Tzu soñó que era una mariposa. Se sentía alborozado como mariposa —bien complacida consigo misma, cumplidos sus objetivos. Nada sabía de Tzu. Pero pronto despertó y encontró que era Tzu. Y no sabía si como Tzu había soñado que era una mariposa, o si como mariposa soñaba que era Tzu.

Esta manera de abordar la realidad siempre involucra ambigüedad. Quizá todos despertaremos un día y nos encontraremos con una clase totalmente diferente de realidad. Esto es idealismo, un punto de vista no demasiado satisfactorio —aunque desde luego es fascinante.

¿O tienen razón los conductistas cuando dicen que sólo existe el cerebro, y que la mente es meramente un epifenómeno de la misma, como la corriente eléctrica producida por el generador? En este caso, la mente no tiene existencia independiente, y la cuestión del origen de la mente queda totalmente subordinada a la cuestión del origen y de la naturaleza del tejido del cerebro. Esto es lo que se designa como conductismo.

El conductismo consiguió aceptación justo al principio del siglo 20 como la única posible opción porque se sostenía que el conocimiento científico (objetivo) era el único verdadero conocimiento que tiene el hombre. El conocimiento científico siempre depende de magnitudes: es cuantificable de una u otra manera. ¿Y quién puede cuantificar la mente?


Paul Weiss dijo:[3]


Quizá nuestro concepto de nuestro sistema nervioso sea igualmente inadecuado e insuficiente, porque en tanto que se recurra solamente al uso de instrumentos eléctricos, solamente se obtienen respuestas eléctricas; si se usan detectores químicos, se obtienen respuestas químicas; y si se determinan valores numéricos y geométricos, se obtienen respuestas numéricas y geométricas. De modo que quizá no hemos encontrado todavía el tipo concreto de instrumentos que nos revele la siguiente incógnita.


Es obvio que ni tan siquiera intentaremos inventar esta clase particular de instrumento de investigación en tanto que aceptemos la perspectiva monista de que la mente es realmente solo el efecto de la operación del cerebro. Y desde luego seguimos atados a las antiguas tradiciones del mecanicismo. No hace mucho tiempo que se citaba esta observación de Lord Adrian: «El propósito último de la investigación del cerebro tiene que ser el de traer la conducta dentro del marco de las ciencias físicas».[4]

Este era el punto de vista (y el objetivo último) de Claude Bernard, el padre de la moderna fisiología. Sostenía él que la causa de todo fenómeno es la materia, y que el determinismo es «el fundamento de todo progreso y crítica en ciencia».[5] Thomas Huxley reflejó esta posición cuando observó que «Los pensamientos son la expresión de cambios moleculares en aquella materia de la vida que es la fuente de nuestros otros fenómenos vitales».[6] Y de nuevo: «La mente es una función de la materia, cuando dicha materia ha alcanzado un cierto grado de organización».[7] Y otra vez más: «El pensamiento es tanto función de la materia como lo es el movimiento».[8]

Este reduccionismo atrae a la mente que busca la imagen más simple y estrictamente más cuantitativa de la realidad. Arthur O. Lovejoy, en su obra La gran cadena del ser,[9] examina la historia de la fascinante búsqueda de conexiones a través del orden natural por el que todas las cosas están relacionadas por derivación, una relación que explica la supuesta progresión lineal de lo más simple a lo más complejo. Como «la naturaleza aborrece el vacío», así el hombre aborrece las discontinuidades. Idealmente, no debiera haber vacíos, ningunos eslabones perdidos —en resumen, ninguna novedad en un sentido estricto. Un simple principio da origen de forma determinista a todas las realidades ramificadas, y cada componente en el sistema evolutivo debe ser susceptible de explicación en términos del resto, y no en base de ningún otro criterio.

Este principio fundamental parece casi imponer el asentimiento de las mentes reflexivas. En el orden natural, cada etapa es meramente un despliegue de las tendencias de las etapas anteriores. Esto ha de ser de esperar no solo en el mundo de lo inanimado sino también en el mundo de lo animado. Cuando el entendimiento sea pleno, no habrá etapas, sino solo una progresión suave y continua.

En la segunda mitad del siglo 19, tres gigantes del mundo científico publicaron un Manifiesto. Se trataba de Carl Ludwig (1816—1895), que enseñó a la mayoría de los grandes fisiólogos del mundo activos en aquel tiempo; Emil du-Bois-Reymand (1818—1896), fundador de la electroquímica; y Hermann von Helmholtz (1812—1894), que no necesita presentación. Lo que sigue es sustancialmente el contenido de su acuerdo: «Todas las actividades de la materia viva, incluyendo la conciencia, se deben explicar en último análisis en términos de física y de química».[10] Es una especie de ideal científico que sigue atrayendo con una fuerza enorme a la mente científica moderna.

Pero en tanto que pueden cumplirse unos ciertos requisitos lógicos en la insistencia en la perspectiva monista que hace de la conciencia una mera derivación del cuerpo material, para muchas personas resulta una explicación insatisfactoria del fenómeno de la conciencia del yo. El problema es encontrar una forma de tratar la mente y el cerebro como un fenómeno unitario pero sin embargo como dos realidades. Una respuesta es la teoría de la identificación.

La teoría de la identificación se ha conocido en dos formas diferentes. Ambas formas se expresan de manera análoga —y muchos consideran que es un argumento débil que parece explicar más de lo que explica en realidad. Santayana y Thomas Huxley propusieron, ambos, que así como el murmullo de un arroyo cantarín es solo consecuencia del agua que corre, así la mente, aunque distinta del cerebro, es sin embargo solo un subproducto del mismo. Así, el cerebro es causa de la mente como el arroyo es causa del murmullo, pero la mente no puede tener ninguna influencia sobre el cerebro, como tampoco el murmullo puede tener ninguna influencia sobre el arroyo. Esto se designó como epifenomenalismo.

Una analogía más reveladora es la que arguye que así como una única línea curva tiene un aspecto cóncavo y convexo a la vez, aunque la línea es única y los dos aspectos son realmente uno, así el cerebro y la mente serían dos aspectos de un único fenómeno. El acontecimiento externo o físico (actividad cerebral) tiene un aspecto interno no físico (actividad mental). Ninguno de los dos es causa del otro, con independencia de nuestras impresiones sobre su correspondencia. Sin embargo, ambos deben darse siempre juntos. Esto se conoce como paralelismo, más específicamente paralelismo de «doble aspecto». Pero la analogía se derrumba en que puede haber ciertamente actividad cerebral sin actividad mental, porque pueden observarse ondas cerebrales en las personas inconscientes.


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[1] Penfield, Wilder: en el Simposio de Control de la Mente celebrado en el Centro Médico de la Universidad de California, San Francisco, 1961, citado en Arthur Koestler, Ghost in the Machine, Londres, Hutchinson Publishing Group, 1967, p. 203-204.

* Contralateral: el mismo sitio en el lado opuesto (p.ej., el ojo izquierdo es contralateral respecto del derecho).

[2] Chuang Chou: citado en Edward H. Chafer, Ancient China en la serie de Time-Life: Great Ages of Man, Nueva York, Time-Life Books, 1967, p. 62.

[3] Paul Weiss, en una reseña del artículo de J. R. Smythies: «Some Aspects of Consciousness» en Beyond Reductionism, coordinado por Arthur Koestler y J. R. Smythies, Londres, Hutchinson Publishing Group, 1969, p. 252.

[4] Lord Adrian, editorialista invitado, «The Brain as Physics», Science Journal, vol. 3, no. 3, 5 mayo 1967, p. 3.

[5] Claude Bernard: citado por Seymour S. Kety, «A Biologist Examines the Mind and Behavior», Science, vol. 132, 1960, p. 1863.

[6] Huxley, Thomas, «On the Physical Basis of Life» en Lay Sermons (sin editor), 1870, p. 152.

[7] Huxley, Thomas, «Mr. Darwin's Critics», Contemporary Review, noviembre de 1871, p. 464.

[8] Huxley, «Descartes» en Lay Sermons, (sin editor), 1870, p. 371.

[9] Lovejoy, Arthur O., The Great Chain of Being, New York, Harper and Row, 1960. Publicado en castellano por Icaria Editorial, Barcelona 1983, La gran cadena del ser.

[10] Véase Chauncey D. Leake, «Perspectives in Adaptation: Historical Background» en Handbook of Physiology, Washington, D.C., American Physiology Society, 1964, sección 4, p. 5—6.
 
Re: LOS ADVENTISTAS SON IRRACIONALES PORQUE CREEN QUE EL CEREBRO ES EL QUE PIENSA Y N

Sólo por curiosidad, sisepuede, ¿eres católico?.

NO DESPISTADO, PERO TAMPOCO SOY ATEO COMO PARA SER UN REDUCCIONISTA.

¿LEISTE ALGO DE LO QUE PUSE?

NO SE SI TE DARA EL CEREBRO PARA ALGO PERO BUENO ESPERO QUE QUE ALGUNA VEZ CONOZCAS QUE NO SOMOS MATERIA PENSANTE SINO SERES ESPIRITUALES QUE TENEMOS UN CUERPO.

ANTES QUE REPSONDAS DIME ¿PIENSAS CON EL CEREBRO O CON TU MENTE EN FORMA VOLUNTARIA?

BYE.
 
Re: LOS ADVENTISTAS SON IRRACIONALES PORQUE CREEN QUE EL CEREBRO ES EL QUE PIENSA Y N

Su frase es ánaloga a decir:
El varón Luis Rodríguez Pacheco es un fornicario y por tanto la familia Rodríguez Paceho es fornicaria.

¿Cree usted sanas estas aseveraciones?
Yo no.

Muchacho tienes un problema pues tu ejemplo no tiene ningun paralelo comparativo ya que segun tu entonces el cerebro piensa como dicen los adventistas, yo no niego que el cerebro este involucrado en el pensamiento, pero quien piensa es la mente, no el cerebro.

En la biblia no se dice nunca que el cerebro piense siempre se refiere a la mente o al corazon, aunque no quiero tocar porque en algunos textos se hace referencia al corazon, en otras al alma,etc. hay algo que es curioso que mientras algunos defienden que el adventismo no es irracional, sin embrago estos señores dicen que su cerebro es el que piensa.

Ya he puesto una explicacion que nadie se atreve a refutar y nunca lo podran hacer.

Añado a lo que puse, lo siguiente, para mostrar una vez mas que el adventismo demuestra su irracionalidad cuando le atribuye al cerebro el poder de pensar voluntariamente.


James D. Bales dice “Creo en Dios porque creo en la realidad de la mente y por lo tanto, en el campo de lo racional. El hombre no siempre actúa racionalmente, pero él está ciertamente en la posibilidad de actuar razonablemente. De este modo, somos confrontados con el hecho de que la mente incluye ideas, memorias y el poder de razonar

Bien lo dijo C. S. Lewis: “Supóngase que no hay inteligencia detrás del universo, ninguna mente creativa. En ese caso, nadie diseñó mi cerebro, el cual me hace pensar. Es solamente la función de átomos dentro de mí, los cuales producen reacciones físicas o químicas, que se ordenan en cierta forma, lo que me da la sensación que yo llamo pensamiento. Pero si esto fuera así, ¿Cómo puedo confiar que mi propio pensamiento es verdadero? … Si yo no puedo confiar en mi propio pensamiento; por supuesto, yo no puedo confiar en los argumentos que conducen al ateísmo, y por consiguiente, no tengo razón para ser un ateo o algo similar. A menos que yo crea en Dios, yo no puedo creer en el pensamiento; de tal manera que yo nunca podré usar el pensamiento para desacreditar la existencia de Dios” (Broadcast Talks, Londres: Geoffry Bles, Ltd. 1946, Págs.37-38,). Sin embargo, somos enfrentados con la realidad de la mente y la razón; y no es razonable concluir que ésta sea una ilusión, o que ésta tuvo su origen en la materia y es solamente una manifestación de la misma materia. Es más razonable creer que la Mente Divina creó al hombre con su mente.

Estos hechos dejan claro que cuando el hombre niega a Dios, él finaliza negando su propia racionalidad. Todos los argumentos de los ateos contra Dios son una muestra del ejercicio mental que ellos ejercen para externar sus razonamientos. De este modo, sus posiciones desacreditan sus argumentos. Yo debo creer en Dios, y en la existencia del campo de lo racional por encima del campo de lo material, para creer en mi propia racionalidad. Solo los hombres irracionales afirman que no hay racionalidad; Estos hombres se descalifican así mismos al decir que no tienen bases racionales con las cuales, argumentar contra la racionabilidad. Fabricar un argumento racional contra la racionalidad seria admitir la realidad de la racionalidad. “[/QUOTE]
 
Re: LOS ADVENTISTAS SON IRRACIONALES PORQUE CREEN QUE EL CEREBRO ES EL QUE PIENSA Y N

Dime Sisepuede:
si los pensamientos no están asentados en el cerebro (como parte del cuerpo) ¿entonces donde están: en el alma o en el espíritu?
 
Re: LOS ADVENTISTAS SON IRRACIONALES PORQUE CREEN QUE EL CEREBRO ES EL QUE PIENSA Y N

Dime Sisepuede:
si los pensamientos no están asentados en el cerebro (como parte del cuerpo) ¿entonces donde están: en el alma o en el espíritu?

LA BIBLIA DICE QUE EL ALMA PIENSA Y QUE EL CORAZON PIENSA, CREO QUE AMBOS SON SINONIMOS, HASTA LA MENTE SE PUEDE LLAMAR CORAZON, PERO ESTO LO DEJARE A UN LADO PARA NO IRNOS POR LAS RAMAS, LO QUE SI TE DIGO ES QUE EL CEREBRO POR SI MISMO NO PUEDE PENSAR, EL CEREBRO NO TIEN VOLUNTAD, CREO QUE EL ALMA O CORAZON PIENSA, PERO ESTE DEJA SUS HUELLAS EN EL CEREBRO.

PUSE UNA WEB PARA QUE LEYERAN Y ME DIERAN SUS OPINIONES PERO NO QUIEREN RECONOCER QUE ES IRRACIONAL LA POSTURA REDUCCIONISTA.

BENDICIONES.
 
Re: LOS ADVENTISTAS SON IRRACIONALES PORQUE CREEN QUE EL CEREBRO ES EL QUE PIENSA Y N

Bueno, la verdad es que el Vedanta explica con mucho más detalle la naturaleza de la entidad viviente llamada (jivatman) o alma condicionada.
No obstante todo eso es resultado del pensamiento; y así como no se puede demostrar que el pensamiento es generado por el cerebro, tampoco se puede demostrar el pensamiento "fuera" del cerebro. Dado que este pasiente comunicó su persepción luego de estar en estado conciente con su cerebro prendido.
Por tanto, los argumentos de estos doctores son tan especulativos y preconcebidos como el de los rishis de la India.

Aun aquellos que experimentan lo que se llama desprendimiento astral, no pueden demostrar que tal estado de conciencia realmente es funcional fuera del cuerpo.

Dentro de la cristiandad hoy día solo la llamada Ciencia Cristiana tiene una ideologia que encaja casi a la perfección con lo expuesto en este último video; y que dicho sa de paso tiene mucho en común con el Vedanta no dual cualificado.
 
Re: LOS ADVENTISTAS SON IRRACIONALES PORQUE CREEN QUE EL CEREBRO ES EL QUE PIENSA Y N

Mar 12:30 Y amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente y con todas tus fuerzas. Este es el principal mandamiento.

Aquí Jesús, curiosamente distinto a como está escrito originalmente en las Escrituras Hebreas, separa el alma, el corazón y las fuerzas (espíritu), de la MENTE. ¿Les dicen algo estas palabras?

¿Creen que existía una palabra griega para 'cerebro' en ese tiempo?

De todos modos, la ciencia humana ha comprobado que las ideas y pensamientos están en el interior del cerebro como pequeñisimas corrientes que atraviesan las sinapsis nerviosas llegando hasta diferentes neuronas. Lo que no explican bien es la traducción de estas corrientes a ideogramas específicos. Se trabaja en eso en la actualidad; pero de todos modos la base de estas corrientes es la materia donde se mueven. A falta de esta materia, ¿tendría algún sentido el proceso físico completo de PENSAR?
 
Re: LOS ADVENTISTAS SON IRRACIONALES PORQUE CREEN QUE EL CEREBRO ES EL QUE PIENSA Y N

¿Tendría algún sentido el proceso físico completo de PENSAR?

No hay pensamiento sin "sentido" no se pueden pensar dos cosas distintas al mismo tiempo, o la misma cosa en dos sentidos diferentes. Las cosas son los objetos del pensamiento, y el pensamiento mismo no es tal sin un pensador; luego el pensamiento existe u ocurre cuando hay un pensador, y un objeto a ser pensado. De hecho el pensador no puede pensar sin objetos, y no pueden haber objetos sin espacio, y la multiplisidad de objetos no se pueden pensar si no es en el tiempo; pues no puedo pensar en dos objetos aunqué sean iguales, al mismo tiempo. Luego el pensamiento no puede ocurrir si no es en el tiempo y el espácio, luego el tiempo y el espacio solo ocurren en el pensamiento.
 
Re: LOS ADVENTISTAS SON IRRACIONALES PORQUE CREEN QUE EL CEREBRO ES EL QUE PIENSA Y N

El cerebro piensa. El espíritu también pero es independiente del Cuerpo.

Los animales piensan, razonan, determinan las mejores estrategias para una caceria exitosa ¿y que? ellos no tienen espíritu.
 
Re: LOS ADVENTISTAS SON IRRACIONALES PORQUE CREEN QUE EL CEREBRO ES EL QUE PIENSA Y N

El cerebro piensa. El espíritu también pero es independiente del Cuerpo.

Los animales piensan, razonan, determinan las mejores estrategias para una caceria exitosa ¿y que? ellos no tienen espíritu.

Lo que llamamos pensar es un proceso conciente: el pensamiento. El espíritu humano no piensa, pues es una característica subconciente del ser humano, mucho menos tiene personalidad independiente como si de otra persona se tratara. El espíritu humano viene siendo como la base de datos que subyace en el cerebro y de la que no estamos concientes todo el tiempo; ella procesa los datos por sí misma pero eso no quiere decir que esté viva de por sí.

Por otro lado los animales sí tienen espíritu, pero este tiene una formación diferente de la humana, es primeramente instintiva y luego condicionada. No puedo ahondar mucho, porque no soy científico, pero la biblia dice que los animales sí tienen espíritu.
 
Re: LOS ADVENTISTAS SON IRRACIONALES PORQUE CREEN QUE EL CEREBRO ES EL QUE PIENSA Y N

El cerebro piensa. El espíritu también pero es independiente del Cuerpo.

Los animales piensan, razonan, determinan las mejores estrategias para una caceria exitosa ¿y que? ellos no tienen espíritu.

los animales actuan por instinto, hay un soft ware en ellos y actuan como si pensaran pero seria un absurdo.

te pongo el ejemplo del ave de malle, leelo.

"Bert Thompson Y Kyle Butt nos dicen:” Todos recordamos haber tomado nuestra temperatura cuando estábamos enfermos. Algunas veces tenemos que mantener el termómetro debajo de nuestra lengua por alrededor de 60 egundos. Sin embargo, así como la tecnología avanzaba, otros termómetros más nuevos fueron desarrollados que podían ser insertados en el oído, tomando solamente unos pocos segundos para medir la temperatura. Pero existe un ave australiano llamado el ave de mallee que tiene un termómetro incorporado que es mucho más preciso que los que los seres humanos usan para medir la temperatura. Cuando llega el tiempo en que el ave de mallee debe poner sus huevos, el macho cava un hoyo en la tierra y amontona una gran cantidad de ramas y hojas en el hoyo. Cubre este montón con arena, algunas veces haciéndolo tan alto como de cuatro pies de altura. Con la arena encima, las hojas y las ramas se comienzan a pudrir, lo cual produce calor. El macho hace un agujero arriba del montículo, donde finalmente la hembra pone un solo huevo. Alrededor de una semana después, él hará otro agujero y ella pondrá otro huevo. Este proceso terminará hasta que haya alrededor de 18 huevos en el nido. Muchas veces al día, el macho asoma su pico dentro del montículo. Luego saca su lengua, que es un muy buen termómetro que puede medir un cambio de temperatura de 1/10 de un grado. Si el montículo está demasiado caliente, remueve algo de la arena, y si está demasiado frío, añade más. Alrededor de siete semanas después de la incubación, los bebés salen del cascarón.¿Cómo sabe el ave macho de mallee la temperatura exacta para mantener sus huevos?¿Cómo sabe que las ramas podridas, cubiertas con arena, producirán calor?¿Cómo mide su lengua cambios de temperatura de 1/10 de un grado? Es simple—el ave de Mallee fue diseñado.¡Y el diseño demanda un Diseñador! ”

¿Vez este ave no piensa sino que fue diseñado con precision, si pensara y hubiera llegado a saber eso por un detenido ejercicio mental entonces algunoas aves serian brutas algunas inteligentes,etc. Pero no todas esas aves siempre actuan asi.

te puedo poner ejemplos de las avejas, y otros animales y te darias cuenta de que ellos no piensan sino que actuan segun un software espiritual, un programa en sus ser.

el espiritu, o alma o corazon piensan pero no el cerebro, el cerebro solo es el mecanismo por el cual se llevan a cabo los pensamientos, es decir el corazon o alma es el motor el cerebro es la parte mecanica...ese es mi punto.

el espiritu en el animal solo es aliento de vida, pero en el ser humano no solo hay aliento y cuerpo sino que un corazon que piensa.

elihu dice:

Lo que llamamos pensar es un proceso conciente: el pensamiento. El espíritu humano no piensa, pues es una característica subconciente del ser humano, mucho menos tiene personalidad independiente como si de otra persona se tratara. El espíritu humano viene siendo como la base de datos que subyace en el cerebro y de la que no estamos concientes todo el tiempo; ella procesa los datos por sí misma pero eso no quiere decir que esté viva de por sí.

Por otro lado los animales sí tienen espíritu, pero este tiene una formación diferente de la humana, es primeramente instintiva y luego condicionada. No puedo ahondar mucho, porque no soy científico, pero la biblia dice que los animales sí tienen.

mi respuesta: yo mas bien pienso que la materia es el mecanismo, pero el corazon o espiritu como lo entiendas si tiene personalidad, al menos la biblia le atribuye el pensar, el tener voluntad, el tener emociones.

Bendiciones.
 
Re: LOS ADVENTISTAS SON IRRACIONALES PORQUE CREEN QUE EL CEREBRO ES EL QUE PIENSA Y N

Simbiosis de Higiene muestra que los animales no piensan sino mas bien que actuan por instinto y diseño divino con un software que les hace actuar como de una manera tremenda.


“Todo animal posee alguna forma de instinto de supervivencia; cada uno conoce la clase de alimento que necesita y la forma de evitar o defenderse de los depredadores. Sin embargo, debido a las relaciones simbióticas, algunas criaturas les permiten a otras especies, que normalmente les servirían de comida, que lleven a cabo tareas de limpieza y de higiene sin que haya amenaza o daño. Los científicos llaman este fenómeno "simbiosis de limpieza".

“Es común que ciertos peces grandes, tales como los tiburones, después de consumir peces pequeños queden con parásitos y restos de comida entre sus dientes. Con el tiempo, estas partículas pueden producirles enfermedades o acumular un sarro peligroso que puede dificultarles más adelante la alimentación. Pero existen ciertas clases de peces pequeños que están diseñados para funcionar como cepillos de dientes biológicos y pueden limpiar, sin temor, los dientes de los depredadores más grandes.

“El pez que realiza la limpieza nada tranquilamente dentro de la boca abierta del pez más grande y cuidadosamente come los residuos y los parásitos de los dientes. ¿Cómo puede el pez depredador contener sus instintos de tener una comida gratis con sólo cerrar la boca, o perderla compostura ante la irritación del proceso de limpieza? Estas acciones van directamente en contra del instinto de conservación de ambos animales; sin embargo, metódicamente se lleva a cabo la limpieza. Algunas especies parecen tener "estaciones de limpieza", y los peces grandes esperan con paciencia su turno mientras les limpian la boca a los que están delante de ellos.

“Esta clase de simbiosis de limpieza también se encuentra entre ciertas especies de aves y reptiles. En Egipto, el chorlito egipcio vuela dentro de la boca abierta del cocodrilo del Nilo, con el fin de quitarle los parásitos. Cuando la tarea está terminada, no importa si el cocodrilo tiene hambre o no, el pajarito siempre escapa sin perder ni una pluma.

“¿Cómo pueden animales tan diversos, que normalmente tienen una relación de depredador-víctima, volverse camaradas en una operación de limpieza? Si estos procedimientos evolucionaron, como afirman los evolucionistas, ¿cuántos pájaros habrían sido devorados antes de que el cocodrilo decidiera que lo que más le convenía era que su boca estuviera limpia, y dejara que el ave se escapara? En contraste, ¿cuántos pájaros habrían continuado limpiando los dientes del cocodrilo después de haber visto que sus parientes cercanos habían perecido en las fauces de esos temibles reptiles? Con certeza, estas aves saben instintivamente que hay formas más seguras y saludables de obtener su comida.

“Tales extraordinarias relaciones entre diversas criaturas muestran implícitamente que son producto de un diseño inteligente y deliberado. Las relaciones simbióticas son un gran desafío para el darvinismo y una prueba clara de que existe un gran Diseñador y Creador”
( Tomado de, http://es.nntp2http.com/charla/religion/2008/02/45d503fcb5dfecf1040cd34d1826e62f.html)