La relación que Dios quiere contigo

flmd

Recién registrado
4 Enero 2026
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Cuanto más pasa el tiempo, más considero que esta existencia tiene su razón de ser. Todos vivimos como hermanos en este planeta, en este universo. Cada noche te vas a dormir y despiertas al día siguiente, como si nacieras una vez más. Cada noche te acuestas sin tener la certeza de que el mañana vaya a ocurrir, y aun así sigue ocurriendo. No hubo ninguna certeza de que el primer día de la historia del tiempo fuese a ocurrir, y aun así ocurrió, antes de que existieran el espacio, la energía y la materia.

Primero la nada… y después… el Todo.

Dios podría mañana hacerse presente ante toda la humanidad. Podría aparecer en el cielo sobre la cabeza de cada habitante de este planeta y decir: “Soy, y existo”. Entonces no quedaría espacio para la duda. No nos quedaría otra que aceptar la existencia de Dios y aprender a vivir con ello. Nos veríamos obligados a aceptar su existencia: muchos estarían felices, otros lo aceptarían con resignación y furia. Pero todos estarían obligados a asumir su relación con Dios de forma forzosa.

Cuando naces te toca la familia que te toca: madre, padre, abuelos, hermanos… No escogiste a nadie y, aun así, a muchos los amas desde el principio. Estas relaciones vienen, junto a tu existencia, como condición, te guste o no. Con los años esas relaciones se vuelven más fuertes, o se estropean, y ahí ya puedes decidir: mantengo este lazo, lo dejo marchitar, o lo corto de raíz. Cada uno tiene su historia y su condición.

Sin embargo, con las relaciones que vas formando a lo largo de tu vida (pareja, amigos, hijos) ocurre lo contrario. Te has encontrado con alguien en esta existencia y, si tú le amas y deseas que esté contigo, quieres que esa persona decida estar contigo por propia voluntad. No porque “necesite” estar contigo, o porque no le quede otro remedio que resignarse a vivir contigo. Tú quieres que cada día tenga la posibilidad real de marcharse, de abandonarte, y aun así decida quedarse. Que se quede porque te quiere, con tus fallos y tus virtudes, por amor.

Dios, como Padre, te da esa opción desde el primer momento. Te ha dejado suficientes pistas en este mundo para que te acerques a Él si así lo deseas, pero también suficiente incertidumbre como para que decidas no creer, si así lo crees conveniente. Él respeta tanto tu libertad que está dispuesto a ser ignorado. Pero siempre te estará esperando con los brazos abiertos si decides volver, aunque sea en el último momento, siempre y cuando le busques de forma honesta.

Yo era un agnóstico escéptico, y cuando estuve dispuesto a cuestionarlo todo, Dios vino a mí y me dijo: “Existo”. Solo sentí amor, gozo, paz y serenidad.

Lloré.

Se encarnó en esta tierra como un hombre humilde. Nos enseñó a amarnos y a no despreciarnos. Nos dijo que todos éramos iguales. Nos enseñó a usar la razón: el universo es comprensible. Yo no pienso rendirme en nuestra odisea de entendimiento. Muchos males y desgracias que nos asolan nacen de la incomprensión de la naturaleza del universo (y del ser humano). Seamos fuertes, trabajemos juntos, tengamos fe en que Dios existe y amémonos.