Indolencia espiritual y apatía intelectual

28 Febrero 1999
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-El cristiano contemporáneo, entre tantas cosas que atentan contra su fe, no es siquiera consciente de estos dos males que conspiran contra lo que cree y lo vuelve indiferente a lo que piensa, caso que todavía piense.

-Nunca antes dispuso de tantos y tan excelentes recursos para iluminar su espíritu y alimentar su mente, pues por Internet le es ahora posible no solo el rápido y fácil acceso a toda la información, sino la oportunidad de relacionarse con muchísimos hermanos con los que compartir su vida en Cristo a través de esta comunión que tanto se nos facilita.

-Lo paradójico está en lo contradictorio que resulta el beneficio de la tecnología, que al momento nos provee los datos buscados, y simultáneamente embota el entendimiento que come mucho y asimila poco.

-Así acá en el Foro es común que se peguen artículos ajenos y videos de Youtube, mientras quedamos en ayunas en cuanto a lo que el forista piense y diga.

-A Dios gracias, su Palabra nos sigue hablando y ella nos da mucho para pensar, creer, decir y hacer, de modo que la mente se despierte y el espíritu se ilumine.


Cordiales saludos
 
Cada uno se evidencia por lo que escribe, por sus palabras. Ya sea pobreza o riqueza espiritual. Aclarando que pobreza espiritual es el estándar al quienes el maestro les dice bienaventurados, de ellos es el el reino de los cielos. Por el contrario, no la riqueza de los de la Iglesia de Laodicea, que dicen "de ninguna cosa tengo necesidad" paradójicamente tienen necesidad de mucho, pues no pueden dar lo que no tienen. Por tanto, repiten lo que oyen o leen, lastimosamente no es parte de su vida. "como dijo fulano" ¿pero que dices tù? ¿Te funciona? Hablan de un tema, pero ¿ya lo vives? Sucede como los antaño vendedores de libros y enciclopedias, hablando maravillas superficiales y con ganas de haberles dicho "¿Ud., ya los leyó?"
Por eso es que al que tiene poco se le dará màs, claro, en la medida que use sus dones, en la medida que sea de bendición a otros. Vaya ser que quedemos como las aguas del mar muerto, solo recibiendo corrientes y reteniendo.