“Hazme un siervo, Señor, hazme como Tú,
porque Tú eres un siervo, hazme uno también.”
La melodía es suave. La letra es profunda. La intención parece noble.
Pero hay una pregunta que no se puede esquivar: cuando cantas esto, ¿sabes realmente lo que estás pidiendo… o solo te gusta cómo suena?
No estás pidiendo paz, prosperidad ni protección.
Estás pidiendo algo mucho más peligroso: ser formado a la imagen de Jesús, y Jesús fue, ante todo, siervo.
Los siervos:
Y aun así cantamos: “haz lo que sea necesario”.
¿De verdad quieres decir eso… o solo queda lindo en la estrofa?
Puede significar:
Si pedimos ser como Él, no estamos pidiendo un coro bonito, sino un taller de quebrantamiento.
Servir duele. Y eso casi nadie lo canta.
Tiempo. Dinero. Energía. Silencio. Invisibilidad.
Convertirse en siervo como Jesús no es poético, es costoso.
Fue un instrumento de muerte. Jesús la usó como metáfora del discipulado.
No vende.
No genera aplausos.
Pero describe el ADN del Evangelio.
Muchos cantan esta canción para honrar a Jesús como Siervo,
pero no necesariamente para convertirse ellos mismos en siervos.
Como tantas letras que repetimos, no siempre somos conscientes del peso de lo que decimos.
Dios nunca usó a nadie sin antes formarlo.
Emocionalmente: trabajando heridas y motivaciones físicamente y providencialmente: abriendo y cerrando puertas
“Fiel es el que os llama, el cual también lo hará.” (1 Tesalonicenses 5:24)
Pedir ojos para ver oportunidades de servicio
Cantamos… pero ignoramos necesidades.
Ignoramos llamados para:
El mundo no honra al siervo.
Pero Dios sí lo hace.
o solo estás cantando una canción bonita de vez en cuando?
Si tu respuesta es “sí”, el primer paso no es cantar más fuerte, sino:
es tiempo de orar para ser formado y pedir una oportunidad específica de servir, aunque incomode tu agenda.
Porque al final, la verdadera prueba no es cuán fuerte cantas
“hazme un siervo”,
sino cuánto estás dispuesto a parecerte al Siervo
cuando nadie te está mirando.
porque Tú eres un siervo, hazme uno también.”
La melodía es suave. La letra es profunda. La intención parece noble.
Pero hay una pregunta que no se puede esquivar: cuando cantas esto, ¿sabes realmente lo que estás pidiendo… o solo te gusta cómo suena?
No estás pidiendo paz, prosperidad ni protección.
Estás pidiendo algo mucho más peligroso: ser formado a la imagen de Jesús, y Jesús fue, ante todo, siervo.
“Porque el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos.” Marcos 10:45
El problema no es la canción, es la honestidad
Decir “hazme un siervo” suena espiritual, pero ser siervo no es atractivo en ninguna cultura, y menos en la nuestra.Los siervos:
- Obedecen sin quejarse Filipenses 2:14
- Hacen el trabajo duro que nadie ve ni aplaude Lucas 17:10
- Rinden cuentas, no exigen reconocimiento
- Sirven aunque nadie les dé las gracias
- No construyen marca personal ni reputación pública
Y aun así cantamos: “haz lo que sea necesario”.
¿De verdad quieres decir eso… o solo queda lindo en la estrofa?
“Haz lo que sea necesario”… ¿estás seguro?
Tomada en serio, esa frase abre la puerta a procesos que casi nadie pediría voluntariamente.Puede significar:
- Orgullo quebrantado por pruebas y humillaciones
- Pérdida de posiciones, títulos o estatus
- Renuncia a amistades, comodidades y hábitos
- Aprender tareas que no elegiste ni te gustan
- Que Dios cambie tu carácter, no solo tu agenda religiosa
Jesús no aprendió a servir desde un trono, sino desde el sufrimiento.“Aunque era Hijo, por lo que padeció aprendió la obediencia.” Hebreos 5:8
Si pedimos ser como Él, no estamos pidiendo un coro bonito, sino un taller de quebrantamiento.
Servir duele. Y eso casi nadie lo canta.
Tiempo. Dinero. Energía. Silencio. Invisibilidad.
Convertirse en siervo como Jesús no es poético, es costoso.
La cruz no fue pensada como joyería.“Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz, y sígame.” Mateo 16:24
Fue un instrumento de muerte. Jesús la usó como metáfora del discipulado.
Una canción que va contra la corriente
Mientras la mayoría de las canciones hablan de amor romántico —buscarlo, perderlo, sufrirlo— esta toca algo que nuestra cultura detesta: humildad y servicio.No es un mensaje popular.“Nada hagáis por contienda o por vanagloria; antes bien con humildad, estimando cada uno a los demás como superiores a él mismo.” Filipenses 2:3
No vende.
No genera aplausos.
Pero describe el ADN del Evangelio.
¿Alabamos al Siervo… o queremos ser siervos?
Aquí está la tensión real:Muchos cantan esta canción para honrar a Jesús como Siervo,
pero no necesariamente para convertirse ellos mismos en siervos.
Como tantas letras que repetimos, no siempre somos conscientes del peso de lo que decimos.
Si realmente creyéramos lo que cantamos, esa oración se vería reflejada en cambios concretos, visibles y costosos.“Este pueblo de labios me honra; mas su corazón está lejos de mí.” Mateo 15:8
Si “hazme un siervo” es sincero, algo tiene que cambiar
Orar para que Dios te prepare para servirDios nunca usó a nadie sin antes formarlo.
- Moisés: desierto (Éxodo 3)
- David: anonimato y guerra (1 Samuel 16–17)
- Ester: preparación estratégica (Ester 4:14)
- Pablo: formación profunda en la Ley (Gálatas 1:14)
- Dios prepara:
Emocionalmente: trabajando heridas y motivaciones físicamente y providencialmente: abriendo y cerrando puertas
“Fiel es el que os llama, el cual también lo hará.” (1 Tesalonicenses 5:24)
Pedir ojos para ver oportunidades de servicio
Cantamos… pero ignoramos necesidades.
Ignoramos llamados para:
- Enseñar
- Visitar
- Servir
- Dar
- Acompañar
- La iglesia no carece de trabajo. Carece de siervos disponibles.
Recordar que el siervo sí recibe recompensa“Alzad vuestros ojos y mirad los campos, porque ya están blancos para la siega.” Juan 4:35
El mundo no honra al siervo.
Pero Dios sí lo hace.
El siervo recibe:“Bien, buen siervo y fiel… entra en el gozo de tu Señor.” Mateo 25:21
“Sabiendo que del Señor recibiréis la recompensa de la herencia; porque a Cristo el Señor servís.” Colosenses 3:24
- Honor de Dios
- Gloria futura con Cristo
- Paz interior ahora
- Las recompensas eternas superan cualquier pérdida temporal.
La pregunta que desenmascara todo:
¿Realmente quieres ser un siervo como Jesús…o solo estás cantando una canción bonita de vez en cuando?
Si tu respuesta es “sí”, el primer paso no es cantar más fuerte, sino:
- Arrepentimiento
- Discipulado real
- Obediencia concreta
- Incluso bautismo, como expresión pública de entrega total Hechos 2:38
es tiempo de orar para ser formado y pedir una oportunidad específica de servir, aunque incomode tu agenda.
Porque al final, la verdadera prueba no es cuán fuerte cantas
“hazme un siervo”,
sino cuánto estás dispuesto a parecerte al Siervo
cuando nadie te está mirando.