¿Eres seguidor o solo suscriptor de Cristo?
No es una frase bonita, es una pregunta que incomoda, desnuda motivaciones y expone si tu fe es contenido… o camino
Lee despacio, sin huir:
Hoy la pregunta no es:
Tu horario, tus conversaciones, tus prioridades, tu manera de responder al pecado, tu reacción ante la corrección… todo eso grita, aunque tu boca permanezca callada.
Entonces, más allá de tus palabras, de tus likes y de tus playlists cristianas, vuelve a escuchar la pregunta que no se va:
En la práctica, en lo real, en lo secreto… ¿eres seguidor, o solo suscriptor de Cristo?
No es una frase bonita, es una pregunta que incomoda, desnuda motivaciones y expone si tu fe es contenido… o camino
Suscriptor: presente, pero a distancia
Un suscriptor de Cristo consume. Le gusta escuchar predicaciones, seguir cuentas cristianas, guardar versículos y decir “amén” en los comentarios. Aplaude el mensaje, pero protege su comodidad. Se conmueve con la cruz, pero no deja que esa cruz cambie su agenda, sus hábitos, sus decisiones diarias.- El suscriptor se emociona con la Palabra, pero no necesariamente la obedece.
- Puede hablar de Jesús, pero no siempre permite que Jesús hable sobre sus ídolos, sus pecados, sus prioridades.
- Se ve muy espiritual en público, pero en lo secreto casi no hay altar, ni oración sincera, ni rendición.
Seguidor: polvo en los pies y cruz en los hombros
El seguidor no solo mira a Cristo, camina detrás de Él. No vive de “momentos espirituales”, vive de decisiones diarias que lo van alineando al carácter del Maestro.- El seguidor no negocia la obediencia cuando el evangelio contradice su comodidad.
- No pregunta primero “¿cuánto me gusta esto?”, sino “¿es esto fiel a Jesús?”.
- No se queda en la orilla viendo milagros; se lanza del bote cuando el Señor lo llama, aunque haya viento, dudas y miedo.
Dudas que te desenmascaran
Aquí es donde ya no se trata de teoría, sino de ti.Lee despacio, sin huir:
- ¿Cuándo fue la última vez que obedeciste algo que te dolía, solo porque sabías que Jesús lo pedía?
- ¿Tu relación con Jesús cambia tu manera de usar el dinero, el tiempo, las redes, el cuerpo… o solo tu vocabulario cristiano?
- Si alguien mirara tu semana sin escuchar tus palabras, ¿verías prácticas de discípulo o hábitos de consumidor religioso?
- ¿Te es más fácil darle “me gusta” a un versículo que pedir perdón a la persona que lastimaste?
- ¿Sigues a Jesús mientras no tocas tus placeres, tus relaciones, tus planos… pero te resistes cuando Él dice: “eso hay que dejarlo”?
¿Qué tipo de relación tienes con Cristo?
No se trata de si te gusta Jesús, sino de si lo sigues. Muchos admiraron a Cristo, pocos caminaron con Él hasta la cruz.Hoy la pregunta no es:
- “¿Te consideras cristiano?”
- “¿Te gusta el contenido cristiano?”
- “¿Te identificas con la fe?”
- Cuando tu voluntad choca con la de Jesús, ¿quién cede primero?
- Cuando su voz y la voz de tus deseos dicen cosas distintas, ¿a quién obedece?
- Cuando el discipulado te incomoda, ¿te quedas o retrocedes?
Tu horario, tus conversaciones, tus prioridades, tu manera de responder al pecado, tu reacción ante la corrección… todo eso grita, aunque tu boca permanezca callada.
Invitación: de la suscripción al seguimiento
La gracia de Cristo no es un “me gusta” celestial sobre tu vida, es una invitación a comenzar de nuevo. Si al leer esto te ves más como suscriptor que como seguidor, no te quedes en la culpa estéril.- Reconoce honestamente: “Señor, te he observado más de lo que te he obedecido”.
- Pídele que rompa tu comodidad y despierte hambre de obediencia, no solo de información.
- Da hoy un paso concreto: perdona, pide perdón, deja ese pecado, apaga esa pantalla, retoma la oración, acércate a la comunión, sirve a alguien en secreto.
Entonces, más allá de tus palabras, de tus likes y de tus playlists cristianas, vuelve a escuchar la pregunta que no se va:
En la práctica, en lo real, en lo secreto… ¿eres seguidor, o solo suscriptor de Cristo?