Comparto un fragmento de la obra de William Law "El espíritu de oración", viene muy al caso:
Mira a una persona cuya voluntad operante se halle bajo el poder de la ira. Ve, oye, siente, entiende y habla completamente desde la luz y el sentido de la ira. Todas sus facultades son únicamente facultades de la ira, y no conoce otro sentido ni razón sino aquél que le descubra su ira.
Esto te confirmará la gran verdad de que el funcionamiento de nuestra voluntad, o estado de nuestra vida, rige el estado de nuestra mente, determinando de qué clase sean nuestra compresión y nuestro conocimiento, y cuál sea su nivel. Así como arda el fuego de nuestra vida, así será la luz que en nuestra vida se encienda.
Esto te hará ver la total imposibilidad de conocer a Dios y las verdades divinas, en tanto tu vida no sea divina, muerta por completo a la vida y espíritu de este mundo, pues nuestra luz y nuestro conocimiento no pueden ser mejores o superiores al estado de nuestra vida y de nuestro corazón.
Dime ahora: ¿sientes, tocas y palpas la verdad de todo esto? Y digo “sientes”, porque no poseerás ninguna verdad hasta que no tengas una sensibilidad viviente, palpante y sentiente de ella. [ pp. 117, f – 118, 1 ]
Los filósofos de la Antigüedad comenzaron toda su virtud en una total renuncia al espíritu de este mundo. Veían con los ojos del Cielo que la oscuridad no es más contraria a la luz de lo que el espíritu mundano lo es al espíritu de la virtud. Por ello no concebían que pudiera darse ningún progreso en la virtud, sino en la medida en que una persona se hubiera vencido, afirmando su victoria tanto sobre sí misma como sobre el espíritu de este mundo. Esto dio a todas sus enseñanzas una solidez divina, demostrando que eran maestros de la verdadera Sabiduría. 8
Pero la doctrina de la Cruz de Cristo, el último, supremo y más definitivo golpe dado al espíritu de este mundo, que habla más en una palabra que todas las filosofías de escritores capaces de llenar volúmenes, es empero profesada por quienes cultivan una mayor amistad con el mundo de lo que se permitiera a los discípulos de Pitágoras, Sócrates, Platón o Epicteto. [p. 118 – 119 ]
8) Law expone aquí una idea que aparece de forma reiterada a lo largo de su obra: su reconocimiento de que la Sabiduría y la Revelación divinas se hallan también presentes fuera del campo cristiano, lo que hace de él un abanderado del carácter ecuménico de la Verdad.
No digas que la razón y las facultades intelectuales se interponen en tu camino; que éstas son los mejores dones que Dios te ha dado y que no soportan el acercarse a Cristo. Ya que todo esto es un pretexto vano y un error tan grande como si afirmaras que sólo cuentas con tus pies para llegar al Cielo. Pues tu corazón es el mejor y más grande don que Dios te ha dado; es el mayor poder, la fuerza más alta, fuerte y noble de tu naturaleza; es él quien da forma a tu vida entera, sea ésta cual sea. Todo lo bueno y todo lo malo viene de él; sólo tu corazón tiene la llave de la vida y de la muerte; hace todo cuanto quiere.
La razón no es más que juguete suyo, y tanto en el tiempo como en la Eternidad no puede ser más que mera observadora de las maravillas de la felicidad, o de las formas de la miseria, en las que se ha introducido la actividad recta o incorrecta del corazón. [ p. 139, f – 140, 1 ]