El Trigo Y La Cizaña (Reconociendo Lo Verdadero Y Lo Falso)

Johnny Saborio Granados

Preparando La Iglesia para Los últimos Tiempos
30 Noviembre 2024
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Costa Rica
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Visitame Para Saber Más Presento una exposición bíblica fundamentada, con concordancia y descripción de los textos, que sostiene que la parábola del trigo y la cizaña se refiere principalmente a verdaderos y falsos creyentes dentro del ámbito del Reino, y no simplemente a “cristianos versus impíos externos”.

El contexto inmediato es “el Reino de los cielos”, no el mundo pagano en general

Jesús introduce la parábola diciendo: “El reino de los cielos es semejante a…” (Mateo 13:24). Esto delimita el escenario: no habla de la humanidad en general, sino de la esfera donde el Reino opera visiblemente. El Reino se manifiesta en la predicación del evangelio y en la comunidad que dice pertenecer a Dios. Por tanto, el trigo y la cizaña crecen dentro del mismo campo donde el Reino ha sido sembrado, no en terrenos ajenos.

La cizaña es sembrada donde ya hay buena semilla

Mateo 13:25 declara que el enemigo sembró cizaña “mientras dormían los hombres”. Esto implica infiltración, no oposición externa. El diablo no siembra cizaña en su propio campo, sino donde Cristo ya sembró trigo. Esto concuerda con textos que advierten de falsos creyentes introducidos en medio del pueblo de Dios, como Judas 1:4, que habla de hombres que “han entrado encubiertamente” en la comunidad.

La apariencia externa es indistinguible durante el crecimiento

En Mateo 13:26–27, los siervos no distinguen inmediatamente entre trigo y cizaña. Esto no encaja con la idea de impíos evidentes frente a cristianos verdaderos, sino con personas que profesan fe, participan externamente y parecen auténticas. Jesús mismo advierte que muchos dirán “Señor, Señor” y aun así serán rechazados (Mateo 7:21–23), mostrando una fe aparente pero no regenerada.

Ambos crecen juntos hasta la siega final

Mateo 13:30 señala que trigo y cizaña permanecen juntos hasta el fin. Esto armoniza con la enseñanza apostólica de que en la iglesia visible coexisten vasos de honra y deshonra (2 Timoteo 2:20). La Escritura nunca promete una iglesia perfectamente pura antes del juicio final, sino una mezcla que será aclarada por Dios, no por el juicio humano prematuro.

La explicación de Jesús confirma que el juicio es escatológico

En Mateo 13:37–43, Jesús explica que la separación ocurre “al fin del siglo”. Esto indica que la verdadera identidad espiritual de muchos solo será revelada plenamente en el juicio. Esto concuerda con 1 Corintios 4:5, donde Pablo enseña que el Señor sacará a luz lo oculto del corazón y entonces cada uno recibirá su alabanza de Dios.

Los “hijos del Reino” y los “hijos del maligno” comparten el mismo campo

Mateo 13:38 identifica a ambos grupos dentro del mismo campo. Aunque el campo es llamado “el mundo”, en el lenguaje de Mateo esto no significa exclusivamente paganos, sino el ámbito visible donde el Reino actúa. De hecho, Jesús ora no para sacar a sus discípulos del mundo, sino para guardarlos del maligno dentro de él (Juan 17:15), confirmando que la coexistencia ocurre en el espacio visible de la fe profesada.

La cizaña no es descrita como abiertamente rebelde, sino como falsa en esencia

La cizaña (probablemente lolium temulentum) se parece mucho al trigo hasta la madurez, pero carece de fruto verdadero. Esto ilustra a quienes tienen forma de piedad, pero niegan su poder (2 Timoteo 3:5). No son impíos manifiestos, sino personas no convertidas que permanecen en la comunidad cristiana.

La parábola advierte contra el juicio prematuro dentro de la iglesia

Jesús prohíbe arrancar la cizaña antes de tiempo para no dañar el trigo (Mateo 13:29). Esto se alinea con Romanos 14:4 y Santiago 4:12, que advierten contra usurpar el juicio que solo corresponde a Dios. La disciplina bíblica existe, pero la separación final entre verdaderos y falsos creyentes es prerrogativa divina.

Conclusión bíblica

La parábola del trigo y la cizaña enseña que en el Reino visible —especialmente en la comunidad que confiesa a Cristo— coexisten verdaderos creyentes y falsos creyentes no convertidos, que externamente pueden parecer iguales. No trata simplemente de cristianos versus impíos externos, sino de una advertencia solemne sobre la realidad de una fe profesada sin regeneración, cuya diferencia solo será plenamente revelada en el juicio final de Dios.