Algunas bien intencionadas pero equivocadas versiones modernas en el texto de Hebreos 10:25, contribuyeron a mal entender y peor aplicar lo que originalmente era una exhortación al trato frecuente entre los cristianos.
Veamos como en la primera parte del versículo, en el afán de clarificar se distorsiona el sentido original de la asidua comunión fraternal a la que somos llamados:
“No descuidemos, como algunos, el deber que tenemos de asistir a la iglesia y cooperar con ella”. El Nuevo Testamento Viviente (Paráfrasis)
“No nos apartemos de las reuniones de la iglesia, como lo hacen siempre algunos.”. El Testamento “Nueva Vida” Editorial Mundo Hispano.
“No debemos seguir el ejemplo de los que tienen costumbre de no asistir a nuestras reuniones” Dios llega al hombre. Versión Popular. S. Bíblicas.
Tales lecturas alimentan tradiciones no escriturales y equivocadas:
1 – La iglesia no es un lugar al que se va sino que se es; con total prescindencia del lugar que esta se reúna. Cuando los hermanos de una localidad se juntan para estar congregados al nombre del Señor Jesús, son iglesia ya sea que estén reunidos en un lugar habitual o circunstancial. Pueden hacerlo en un gran edificio construido al efecto del que son propietarios; la casa de una familia cristiana; un salón alquilado; en medio de un bosque; en la playa junto al mar. Ellos son “casa de Dios” (He 3:6) y no el eventual sitio en que están reunidos. Lo que fue con el Tabernáculo y el Templo, no lo es con la iglesia: edificio y templo santo en el Señor “para morada de Dios en el Espíritu” (Ef 2:21,22).
2 – A la iglesia no se asiste sino que en ella se comparte nuestra vida en Cristo con todos los demás reunidos, dándonos a ellos con todo lo que somos y tenemos, y recibiéndoles como son y con lo que tienen para comunicarnos. No somos pues asistentes, concurrentes, comparecientes, espectadores pasivos a un show religioso, sino participantes contribuyentes con lo que podemos compartir con los demás, según los dones, talentos y bienes con los que el Señor en su bondad nos ha regalado por pura gracia. Si junto con este versículo 25 se leyera el anterior se comprobaría que es así.
3 – Nosotros no tenemos deber de respirar, beber, comer y dormir, pues en ello nos va la vida, sin que compromiso alguno nos obligue a ello. Lo mismo es con el privilegio y disfrute en la iglesia a la que no venimos ni salimos, sino que somos y estamos en ella.
4 – Se llama “reunionismo” al vicio de inventar reuniones y asistir sin falta a ellas, en la falsa creencia de estar congregado y en comunión, cuando en realidad se sigue tan ausente como de haber quedado en casa. No se entiende hoy día qué cosa sea el estar en comunión y tampoco el congregarse. Si alguien llega presuroso sobre la hora, entra sin tiempo para saludar a nadie, se sienta, acompaña el canto y las oraciones, escucha el sermón, ofrenda, y sale tan a prisa como entró, y la misma gimnasia eclesial practica no sólo infaltablemente todos los domingos, sino hasta en una, dos o más reuniones en la semana, se dirá que está normalmente congregado y es un miembro en plena comunión.
No importa que no visite a nadie ni sea visitado por nadie. ¿Para qué está el teléfono? La frecuencia de sus asistencias atestiguará a su favor.
Para algunos de nosotros, sin embargo, desde el punto de vista bíblico y racional, la tal persona no está congregada ni en comunión. La asiduidad de una rutina religiosa jamás puede reemplazar la función orgánica que cada miembro cumple en el cuerpo de Cristo.
¿Y ustedes qué opinan?
Ricardo.
Veamos como en la primera parte del versículo, en el afán de clarificar se distorsiona el sentido original de la asidua comunión fraternal a la que somos llamados:
“No descuidemos, como algunos, el deber que tenemos de asistir a la iglesia y cooperar con ella”. El Nuevo Testamento Viviente (Paráfrasis)
“No nos apartemos de las reuniones de la iglesia, como lo hacen siempre algunos.”. El Testamento “Nueva Vida” Editorial Mundo Hispano.
“No debemos seguir el ejemplo de los que tienen costumbre de no asistir a nuestras reuniones” Dios llega al hombre. Versión Popular. S. Bíblicas.
Tales lecturas alimentan tradiciones no escriturales y equivocadas:
1 – La iglesia no es un lugar al que se va sino que se es; con total prescindencia del lugar que esta se reúna. Cuando los hermanos de una localidad se juntan para estar congregados al nombre del Señor Jesús, son iglesia ya sea que estén reunidos en un lugar habitual o circunstancial. Pueden hacerlo en un gran edificio construido al efecto del que son propietarios; la casa de una familia cristiana; un salón alquilado; en medio de un bosque; en la playa junto al mar. Ellos son “casa de Dios” (He 3:6) y no el eventual sitio en que están reunidos. Lo que fue con el Tabernáculo y el Templo, no lo es con la iglesia: edificio y templo santo en el Señor “para morada de Dios en el Espíritu” (Ef 2:21,22).
2 – A la iglesia no se asiste sino que en ella se comparte nuestra vida en Cristo con todos los demás reunidos, dándonos a ellos con todo lo que somos y tenemos, y recibiéndoles como son y con lo que tienen para comunicarnos. No somos pues asistentes, concurrentes, comparecientes, espectadores pasivos a un show religioso, sino participantes contribuyentes con lo que podemos compartir con los demás, según los dones, talentos y bienes con los que el Señor en su bondad nos ha regalado por pura gracia. Si junto con este versículo 25 se leyera el anterior se comprobaría que es así.
3 – Nosotros no tenemos deber de respirar, beber, comer y dormir, pues en ello nos va la vida, sin que compromiso alguno nos obligue a ello. Lo mismo es con el privilegio y disfrute en la iglesia a la que no venimos ni salimos, sino que somos y estamos en ella.
4 – Se llama “reunionismo” al vicio de inventar reuniones y asistir sin falta a ellas, en la falsa creencia de estar congregado y en comunión, cuando en realidad se sigue tan ausente como de haber quedado en casa. No se entiende hoy día qué cosa sea el estar en comunión y tampoco el congregarse. Si alguien llega presuroso sobre la hora, entra sin tiempo para saludar a nadie, se sienta, acompaña el canto y las oraciones, escucha el sermón, ofrenda, y sale tan a prisa como entró, y la misma gimnasia eclesial practica no sólo infaltablemente todos los domingos, sino hasta en una, dos o más reuniones en la semana, se dirá que está normalmente congregado y es un miembro en plena comunión.
No importa que no visite a nadie ni sea visitado por nadie. ¿Para qué está el teléfono? La frecuencia de sus asistencias atestiguará a su favor.
Para algunos de nosotros, sin embargo, desde el punto de vista bíblico y racional, la tal persona no está congregada ni en comunión. La asiduidad de una rutina religiosa jamás puede reemplazar la función orgánica que cada miembro cumple en el cuerpo de Cristo.
¿Y ustedes qué opinan?
Ricardo.