Hebreos 2:
1. Por tanto, es necesario que con más diligencia atendamos a las cosas que hemos oído, no sea que nos deslicemos.
¿Y que cosas es necesario atender con diligencia? A las cosas que hemos oído. ¿Y que cosas hemos oído? El Evangelio de salvación, el cual se manifiesta con Poder de señales, prodigios y diversos milagros y repartimientos del Espíritu Santo según su voluntad. Y por supuesto conversiones.
2. Porque si la palabra dicha por medio de los ángeles fue firme, y toda transgresión y desobediencia recibió justa retribución,
3. ¿cómo escaparemos nosotros, si descuidamos una salvación tan grande? La cual, habiendo sido anunciada primeramente por el Señor, nos fue confirmada por los que oyeron,
¿Y qué es descuidar esta salvación tan grande? Es descuidar la fe, la oración, la Unción del Espíritu Santo que como fruto testifica Dios con señales, prodigios, milagros y repartimientos del Espíritu Santo resultando conversiones (Las obras preparadas por Dios de antemano para que anduviésemos en ellas). Efesios 2:10.
¿Cuál salvación tan grande era esta? La predicación para Vida Eterna, llamados a hacer y ser como Jesucristo el Señor. Confirmada por los que oyeron y creyeron convirtiéndose al Señor.
4. testificando Dios juntamente con ellos, con señales y prodigios y diversos milagros y repartimientos del Espíritu Santo según su voluntad.
¿Cómo pues sabíamos que era de Dios toda esta predicación? Porque Dios conjuntamente con los que creyeron, testificó Dios con señales y prodigios y diversos milagros y repartimiento del Espíritu Santo según su voluntad.
Muchos dicen ya no hay milagros, entonces tampoco hay verdaderas conversiones, porque donde hay conversiones Dios testifica con los que creen con señales, prodigios, milagros y repartimiento del Espíritu Santo según su voluntad, según la voluntad de Dios.
¿Para que están los milagros? Para testificar que Dios se halla en medio de toda esta Obra:
La predicación del Evangelio, y este es un Evangelio de Poder.
5. Porque no sujetó a los ángeles el mundo venidero, acerca del cual estamos hablando;
6. pero alguien testificó en cierto lugar, diciendo:
¿Qué es el hombre, para que te acuerdes de él,
O el hijo del hombre, para que le visites?
7. Le hiciste un poco menor que los ángeles,
Le coronaste de gloria y de honra,
Y le pusiste sobre las obras de tus manos;
8. Todo lo sujetaste bajo sus pies.
Porque en cuanto le sujetó todas las cosas, nada dejó que no sea sujeto a él; pero todavía no vemos que todas las cosas le sean sujetas.
...nada dejó que no sea sujeto e él... (Aquí se habla del género humano santificado).
Aquí habla de nosotros, el ser humano, todo a sido sujetado bajo nuestros pies, pero el ser humano perfeccionado por Dios; a los Hijos de Dios, aunque todavía no vemos esa sujeción, pero podemos ver pinceladas de ello. Aquí no habla de Cristo.
¿Qué Autoridad tenía Cristo en la tierra? Así nosotros también: la misma Autoridad.
9. Pero vemos a aquel que fue hecho un poco menor que los ángeles, a Jesús, coronado de gloria y de honra, a causa del padecimiento de la muerte, para que por la gracia de Dios gustase la muerte por todos.
Es aquí donde habla del Señor Jesucristo, al Vicario de Dios, a Jesucristo el Salvador.
10. Porque convenía a aquel por cuya causa son todas las cosas, y por quien todas las cosas subsisten, que habiendo de llevar muchos hijos a la gloria, perfeccionase por aflicciones al autor de la salvación de ellos.
A Jesucristo. el autor de nuestra salvación.
11. Porque el que santifica y los que son santificados, de uno son todos; por lo cual no se avergüenza de llamarlos hermanos,
Porqué el que santifica: Jesucristo, y los que son santificados: nosotros los Hijos de Dios, tanto Él como nosotros somos de Dios. (Jesucristo el Señor nos llama Hermanos y no se avergüenza de ello)
Tanto Cristo como nosotros somos de Él; Dios y Señor verdadero.
12. diciendo:
Anunciaré a mis hermanos tu nombre,
En medio de la congregación te alabaré.
13. Y otra vez:
Yo confiaré en él.
Y de nuevo:
He aquí, yo y los hijos que Dios me dio.
14. Así que, por cuanto los hijos participaron de carne y sangre, él también participó de lo mismo, para destruir por medio de la muerte al que tenía el imperio de la muerte, esto es, al diablo,
Viniendo como hombre mortal participando de carne y sangre como nosotros con el fin de hacernos perder el miedo y temor a la incertidumbre de la muerte, dándonos esperanza de una Vida después de esta. Liberándonos del temor a la muerte. Pues nos espera una Vida plena y Eterna después de esta.
15. y librar a todos los que por el temor de la muerte estaban durante toda la vida sujetos a servidumbre.
16. Porque ciertamente no socorrió a los ángeles, sino que socorrió a la descendencia de Abraham.
17. Por lo cual debía ser en todo semejante a sus hermanos, para venir a ser misericordioso y fiel sumo sacerdote en lo que a Dios se refiere, para expiar los pecados del pueblo.
Por lo cual nosotros los Hijos de Dios somos como el Hijo de Dios Jesucristo, semejantes a Él en la tierra, es más Él se hizo semejante a nosotros.
18. Pues en cuanto él mismo padeció siendo tentado, es poderoso para socorrer a los que son tentados.
1. Por tanto, es necesario que con más diligencia atendamos a las cosas que hemos oído, no sea que nos deslicemos.
¿Y que cosas es necesario atender con diligencia? A las cosas que hemos oído. ¿Y que cosas hemos oído? El Evangelio de salvación, el cual se manifiesta con Poder de señales, prodigios y diversos milagros y repartimientos del Espíritu Santo según su voluntad. Y por supuesto conversiones.
2. Porque si la palabra dicha por medio de los ángeles fue firme, y toda transgresión y desobediencia recibió justa retribución,
3. ¿cómo escaparemos nosotros, si descuidamos una salvación tan grande? La cual, habiendo sido anunciada primeramente por el Señor, nos fue confirmada por los que oyeron,
¿Y qué es descuidar esta salvación tan grande? Es descuidar la fe, la oración, la Unción del Espíritu Santo que como fruto testifica Dios con señales, prodigios, milagros y repartimientos del Espíritu Santo resultando conversiones (Las obras preparadas por Dios de antemano para que anduviésemos en ellas). Efesios 2:10.
¿Cuál salvación tan grande era esta? La predicación para Vida Eterna, llamados a hacer y ser como Jesucristo el Señor. Confirmada por los que oyeron y creyeron convirtiéndose al Señor.
4. testificando Dios juntamente con ellos, con señales y prodigios y diversos milagros y repartimientos del Espíritu Santo según su voluntad.
¿Cómo pues sabíamos que era de Dios toda esta predicación? Porque Dios conjuntamente con los que creyeron, testificó Dios con señales y prodigios y diversos milagros y repartimiento del Espíritu Santo según su voluntad.
Muchos dicen ya no hay milagros, entonces tampoco hay verdaderas conversiones, porque donde hay conversiones Dios testifica con los que creen con señales, prodigios, milagros y repartimiento del Espíritu Santo según su voluntad, según la voluntad de Dios.
¿Para que están los milagros? Para testificar que Dios se halla en medio de toda esta Obra:
La predicación del Evangelio, y este es un Evangelio de Poder.
5. Porque no sujetó a los ángeles el mundo venidero, acerca del cual estamos hablando;
6. pero alguien testificó en cierto lugar, diciendo:
¿Qué es el hombre, para que te acuerdes de él,
O el hijo del hombre, para que le visites?
7. Le hiciste un poco menor que los ángeles,
Le coronaste de gloria y de honra,
Y le pusiste sobre las obras de tus manos;
8. Todo lo sujetaste bajo sus pies.
Porque en cuanto le sujetó todas las cosas, nada dejó que no sea sujeto a él; pero todavía no vemos que todas las cosas le sean sujetas.
...nada dejó que no sea sujeto e él... (Aquí se habla del género humano santificado).
Aquí habla de nosotros, el ser humano, todo a sido sujetado bajo nuestros pies, pero el ser humano perfeccionado por Dios; a los Hijos de Dios, aunque todavía no vemos esa sujeción, pero podemos ver pinceladas de ello. Aquí no habla de Cristo.
¿Qué Autoridad tenía Cristo en la tierra? Así nosotros también: la misma Autoridad.
9. Pero vemos a aquel que fue hecho un poco menor que los ángeles, a Jesús, coronado de gloria y de honra, a causa del padecimiento de la muerte, para que por la gracia de Dios gustase la muerte por todos.
Es aquí donde habla del Señor Jesucristo, al Vicario de Dios, a Jesucristo el Salvador.
10. Porque convenía a aquel por cuya causa son todas las cosas, y por quien todas las cosas subsisten, que habiendo de llevar muchos hijos a la gloria, perfeccionase por aflicciones al autor de la salvación de ellos.
A Jesucristo. el autor de nuestra salvación.
11. Porque el que santifica y los que son santificados, de uno son todos; por lo cual no se avergüenza de llamarlos hermanos,
Porqué el que santifica: Jesucristo, y los que son santificados: nosotros los Hijos de Dios, tanto Él como nosotros somos de Dios. (Jesucristo el Señor nos llama Hermanos y no se avergüenza de ello)
Tanto Cristo como nosotros somos de Él; Dios y Señor verdadero.
12. diciendo:
Anunciaré a mis hermanos tu nombre,
En medio de la congregación te alabaré.
13. Y otra vez:
Yo confiaré en él.
Y de nuevo:
He aquí, yo y los hijos que Dios me dio.
14. Así que, por cuanto los hijos participaron de carne y sangre, él también participó de lo mismo, para destruir por medio de la muerte al que tenía el imperio de la muerte, esto es, al diablo,
Viniendo como hombre mortal participando de carne y sangre como nosotros con el fin de hacernos perder el miedo y temor a la incertidumbre de la muerte, dándonos esperanza de una Vida después de esta. Liberándonos del temor a la muerte. Pues nos espera una Vida plena y Eterna después de esta.
15. y librar a todos los que por el temor de la muerte estaban durante toda la vida sujetos a servidumbre.
16. Porque ciertamente no socorrió a los ángeles, sino que socorrió a la descendencia de Abraham.
17. Por lo cual debía ser en todo semejante a sus hermanos, para venir a ser misericordioso y fiel sumo sacerdote en lo que a Dios se refiere, para expiar los pecados del pueblo.
Por lo cual nosotros los Hijos de Dios somos como el Hijo de Dios Jesucristo, semejantes a Él en la tierra, es más Él se hizo semejante a nosotros.
18. Pues en cuanto él mismo padeció siendo tentado, es poderoso para socorrer a los que son tentados.