Yo
Ego es una palabra griega que significa “Yo”. El Yo es el principio de lo que consideramos personalidad, individualidad, libertad y propiedad. Es el Ego (Yo) lo que mejor protegemos y cuidamos, lo que defendemos a capa y espada y lo que más alimentamos. Es así mismo, el Ego, el principal inconveniente que tiene el Espíritu Santo para entremezclarse con nosotros.
Existen ciertos parámetros en el Yo, que contradicen completamente el valor y capacidad de Dios en la vida de las personas. Estos “enemigos” hacen que la criatura espiritual que estamos llamados a ser, en el proceso de evolución como hijos de Dios, dé vueltas como el hámster dentro de la rueda de su jaula: entre más corre, más cree que avanza, pero no se ha desplazado ni un centímetro en ninguna dirección.
Tenemos la necesidad obligatoria, si queremos acceder al “Lugar Santísimo” -para conseguir la excelencia, dar frutos –o mejores frutos- y ser “dignos” de escapar de las cosas que sobrevendrán- de afianzar un estrecho vínculo con el Creador, con su Hijo y con el Espíritu Santo. El enemigo del Amor, es el miedo, el enemigo de Dios es la desobediencia; el enemigo de los ángeles, la falta de fe; el enemigo de Jesús, la improductividad; y el enemigo del Espíritu Santo, es el Ego.
Amor
Sabemos que el principio fundamental del universo es el Amor. Su opuesto no es el odio, sino el miedo. El odio puede ser un concepto antagónico del Amor, si hablásemos de frutos, pero hablo en este momento del poder en la creación. El campo energético humano mide unos 18 metros, y en él se mueve la vibración del amor que sale del corazón, manteniendo el poder de vida en cada parte de nuestro ser, desde los cromosomas a las células. Ahora bien, el miedo tiene una frecuencia de vibración larga y lenta, mientras que el amor tiene una frecuencia alta y muy rápida. Para mostrar que las vibraciones son la base misma de nuestra existencia, Hans Jenny desarrolló lo que se conoce como “cymatics” en la década de 1940 demostrando que cuando las vibraciones del sonido se transmiten a través de un medio de comunicación el conjunto genera un modelo a seguir cuando la frecuencia aumenta. El miedo desarrolla un patrón más complejo, y esto es precisamente lo que le está sucediendo a nuestro planeta y a la humanidad.
Hay 64 posibles combinaciones de aminoácidos en nuestra estructura de ADN, realizados a partir de 4 elementos: carbono, oxígeno, hidrógeno y nitrógeno. De acuerdo con la lógica, deberíamos tener las 64 combinaciones activas dentro de nuestra estructura de ADN. Sin embargo, actualmente sólo existen 20 códigos activos. De acuerdo a los estudios de Gregg Branden: “…de estas 64 posibilidades, parece ser que sólo 20 de estos códigos se convierten en este momento en nuestro ADN. Los 20 aminoácidos. Hay un interruptor que apaga y enciende la posibilidad de que aparezcan estos códigos, y este interruptor es lo que nosotros llamamos ‘emoción’. Es la primera vez que hemos visto los patrones de la emoción directa y físicamente vinculados al material genético humano.”
Y añade: “Bueno, el miedo es una larga y lenta onda, por lo que esta larga y lenta onda de temor toca relativamente pocos sitios de nuestro ADN de modo que una persona que vive permanentemente en un estado de temor, limita su ‘antena’ del espectro que tiene a su disposición. Considerando que una persona vive según el patrón del amor, este es el amor, y se puede ver que tiene una mayor frecuencia y una longitud de onda más corta, tenemos muchos más sitios potenciales para la codificación genética a lo largo de dicho patrón. Esta información es sorprendente. Es la primera vez que hemos tenido un sólido enlace digital entre la emoción y la genética”.
A nivel celular, nuestros cuerpos responden a los pulsos electromagnéticos, que los antiguos llamaban “círculo sagrado”. Las células reciben este pulso del cerebro, que lo recibe del corazón, que recibe el pulso de la Tierra. Este pulso proviene del sistema solar que llega hasta aquí desde la galaxia, que en última instancia, proviene de todo el universo. Nosotros, literalmente, compartimos este pulso con toda la existencia. Los científicos han venido registrando el pulso de la Tierra desde hace tiempo, éste se ha mantenido en aproximadamente 7,8 ciclos por segundo. Este valor se mantuvo constante hasta el año 1986-1987, en el que comenzó a aumentar hasta registrarse alrededor de 9 ciclos por segundo en el año 1996. En una década aumentó 1,2 ciclos por segundo.
Pero, ¿cuál es nuestra vibración? Debemos aislar el miedo y anularlo. Por esa razón está escrito 365 veces en la Biblia: “no temas”. Cuando uno se abandona a sí mismo (Yo-Ego) se deja solo en manos de Dios, algo que no es uno (Yo-Ego). Lo mismo ocurre cuando uno deja de hacer lo que por naturaleza carnal desea hacer: “Uno deja de ser uno”, y deja el espacio para que Dios pueda actuar. Mientras seamos “yo”, Dios no podrá tener acceso a nuestra vida a través de su Espíritu Santo.
Obediencia
Usualmente hay quienes piensan, o hemos llegado a pensar, ¿por qué se menciona la desobediencia? ¿Desobediencia a qué? A la Palabra de Dios. Pero la Palabra de Dios es extensa, así que, ¿a qué concretamente se refiere el Señor? A su conjunto. Pero si no estudiamos la Escritura ni la conocemos, ¿cómo sabremos en qué estamos siendo desobedientes? Muchos hemos llegado a pecar de cómodos y conformes, dando por sentado que la lectura discontinua de la Escritura es suficiente. De hecho, muchos piensan que con tratar de ser buenas personas es más que suficiente, y conocer más de la Palabra de Dios es innecesario, pero sepan, quienes así piensan, que “el que ignorante peca, ignorante se condena.” Mejor saber y poder decidir, a no conocer y ser juzgado por algo que uno no tenía ni idea de que existiese.
Cefas escribió: “…ceñid los lomos de vuestro entendimiento, sed sobrios, y esperad por completo en la gracia que se os traerá cuando Jesucristo sea manifestado; como hijos obedientes, no os conforméis a los deseos que antes teníais estando en vuestra ignorancia; sino, como aquel que os llamó es santo, sed también vosotros santos en toda vuestra manera de vivir…” (1ª Pedro 1:13-18) La obediencia parte de conocer los caminos del Señor, los cuales están determinados en la Biblia y por esa razón es crucial “comer” de la Palabra aún más de cómo llenamos tres veces al día nuestro estómago. Si la comida física carece de relevancia y saciamos nuestro interior con ella, ¿Cuánto más no lo será la Palabra de Dios? como dijo Jesús: “…No sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios.” (Mateo 4:4) Y sobre el alimento que no aprovecha, pues nos vuelve a dar hambre, dijo: “…De cierto, de cierto os digo que me buscáis, no porque habéis visto las señales, sino porque comisteis el pan y os saciasteis. Trabajad, no por la comida que perece, sino por la comida que a vida eterna permanece, la cual el Hijo del Hombre os dará; porque a éste señaló Dios el Padre.” (Juan 6:26-27)
Convicción y producción
Sin convicción no es posible ejercer poder, sin fe no se puede agradar a Dios, sin certeza se anda de aquí para allá, sin rumbo, y sin frutos y obras se es desechado por Jesús. Nuestro Señor, el Cristo, dijo a sus discípulos que pidiesen por fe a Dios, Pablo también lo recalcó, y es importante que quien diga creer en Dios, crea que existe, y esté seguro de lo que cree. Los demonios hacen cosas sobrenaturales porque no dudan, ¿no hemos de hacer nosotros más grandes cosas que ellos si estamos en la luz? Pero es el estudio el que lleva al conocimiento de las cosas, y el conocimiento nos lleva a poder visualizar la creación de Dios -ya sea la visible como la invisible-, y esto a creerlas, pues esa es la parte que le corresponde trabajar a uno, y Dios añade a este crecimiento las experiencias y las revelaciones. Por consiguiente, esto nos lleva nuevamente a buscar la educación y lectura de la Palabra de Dios constantemente: “Mi pueblo fue destruido, porque le faltó conocimiento. Por cuanto desechaste el conocimiento, yo te echaré del sacerdocio; y porque olvidaste la ley de tu Dios, también yo me olvidaré de tus hijos.” (Oseas 4:6)
Sabemos que las apariciones de los “ángeles” o de otras manifestaciones celestiales, por lo regular dejaban atónitos a los testigos, pero aún dudaban de lo que veían y oían. Como resultado, los ángeles se indignaban y les daban un escarmiento, con “amor”. Para los ángeles, la incredulidad era deshonrosa y no tenía lugar: “Dijo Zacarías al ángel: ¿En qué conoceré esto? Porque yo soy viejo, y mi mujer es de edad avanzada. Respondiendo el ángel, le dijo: Yo soy Gabriel, que estoy delante de Dios; y he sido enviado a hablarte, y darte estas buenas nuevas. Y ahora quedarás mudo y no podrás hablar, hasta el día en que esto se haga, por cuanto no creíste mis palabras, las cuales se cumplirán a su tiempo.” (Lucas 1:18-20) También Jesús se indignaba con la incredulidad, aunque se nos instaba a pedirle al Padre por fe (Mateo 6:30, 8:26, 16:8 y 17:17). Necesitamos creer en Dios y en su poder, confiar en él y no en nosotros (Proverbios 3:5). Mientras creamos en nosotros (en el hombre o en el Ego) nada podremos hacer, pero si dejamos que sea Dios quien haga, Él tendrá el camino libre para ejecutar sus prodigios. No se trata de estar en santidad o no para ver el poder o ejecutarlo, porque los demonios y los dioses no son santos y aún así obran grandes cosas. Es nuestra fe la que marca la diferencia, y nuestras obras y frutos los que determinarán nuestro destino, y el de todos los demás, incluyendo a los demonios y a los dioses. Más bien es la santidad la que permite que podamos acceder a la presencia de Dios, luz con luz, espíritu con espíritu.
¿Yo o el Espíritu Santo?
Un ley de física afirma que “dos cosas no pueden ocupar el mismo espacio al mismo tiempo”, tampoco podemos “montar dos caballos a la vez, ni tensar dos arcos”, como dijo Jesús. De la misma forma, no puede ejercer el Espíritu Santo en nosotros, mientras el Ego esté tomando control. El Ego es el que crea la dualidad en nuestra mente y el que ha hecho creer a los filósofos antiguos que los principios del cosmos están basados en un positivo y un negativo. Ellos creían, y aún se sugiere, que es necesario el mal para que haya un equilibro en el universo. Los principios de Yin y Yang, que simbolizan el cielo y la Tierra, lo femenino y lo masculino, etc. son conceptos creados tras el libre albedrío, que dio origen a la autoridad de nuestro Yo, que quiere decir, “nuestra separación de Dios”.
La razón de que toda la Escritura esté enfocada a Dios y no a uno, es precisamente no alimentar el Yo, sino salir del engaño del Ego. Es por esto también que se le da todo mérito a Jesús y es “por medio de él” que llegamos a la salvación -ya que solos no podemos alcanzar la “iluminación”, y los demonios precisamente trabajan en manipular nuestro Ego. No podemos por nosotros mismos hacer algo que precisamente no se consigue por medio de uno (Yo-Ego). Abandonarse a sí mismo es la forma en la que el Espíritu Santo puede entonces tomar autoridad y liderar nuestra vida, como lo hizo en Jesús, en los profetas y en los apóstoles. Por eso se abandonaron a sí mismos y no buscaron “su vida” (Ego-Yo) sino hacer la voluntad del Padre, obedecerle a Él: “Y nosotros somos testigos suyos de estas cosas, y también el Espíritu Santo, el cual ha dado Dios a los que le obedecen.” (Hechos 5:32)
Entonces, ¿qué pasa con las polaridades? ¿Cómo se explica la dualidad? No existe. La oscuridad no existe, es simplemente la ausencia de luz –es un principio científico-; el frío no existe, es la ausencia de calor; la muerte no existe, es la ausencia de vida; el miedo no existe, es la ausencia del amor; el mal no existe, es la ausencia de Dios; el desamparo no existe, es la ausencia de Jesús; el Yo no existe es simplemente la ausencia del Espíritu Santo. Cuando aprendamos a quitar el Ego sabremos lo que es experimentar la presencia y el poder del Espíritu Santo en nosotros y en nuestras vidas.
Ya no soy yo
El Ego siempre nos llevará al mal y será la pieza sustancial que permita a los “hijos del malo” manipular la materia voluble y los campos vibratorios (nuestra mente, nuestro cuerpo y lo que está a nuestro alrededor). Por esta razón escribió Saulo: “De manera que ya no soy yo quien hace aquello, sino el pecado que mora en mí. Y yo sé que en mí, esto es, en mi carne, no mora el bien; porque el querer el bien está en mí, pero no el hacerlo.” (Romanos 7:17-18) Y también: “Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí.” (Gálatas 2:20) El “Yo” es hacer lo que al Ego/Uno le gusta, lo que a uno le da seguridad, lo que a uno le conforta, lo que a uno le alegra, lo que a uno le da comodidad… Por eso, entre otras cosas, hemos de “doblegar la Carne” (el “Yo” material) tomando autoridad sobre nuestros deseos (el alma y la mente, nuestro “Yo” psíquico y analítico), comenzando con el arrodillarse a orar. No solo porque es una humillación a Satanás, y porque nuestro campo vibracional cambia, sino porque negamos el Yo, entrando al “Atrio”, para esperar y acceder al “Lugar Santo” –y con dedicación alcanzar el “Lugar Santísimo”, que es la presencia plena del espíritu Santo y su poder.
El Ego es también el problema de la idolatría en uno, el amarse más que a lo demás: “ego-centrismo” (centrarse en el Yo). Asimismo es la razón de que uno no acepte lo que hay fuera (celos, envidias, criticas y menosprecio), tal como: personas que crean en principios distintos a uno, personas que tengan experiencias especiales, personas que tengan grandes facultades, personas que tengan llamados distintos, personas cuya vida no encaja con la expectativa de uno, personas con distintos puntos de vista, personas con otras aficiones o gustos, etc. Si Jesús nunca hizo esto, ¿por qué íbamos a hacerlo nosotros? Fue él la mayor imagen a seguir y el mejor ejemplo de lo que es abandonar el Ego y permitir que Dios actúe: “Pero él les dijo: Los reyes de las naciones se enseñorean de ellas, y los que sobre ellas tienen autoridad son llamados bienhechores; mas no así vosotros, sino sea el mayor entre vosotros como el más joven, y el que dirige, como el que sirve. Porque, ¿cuál es mayor, el que se sienta a la mesa, o el que sirve? ¿No es el que se sienta a la mesa? Mas yo estoy entre vosotros como el que sirve.” (Lucas 22:25-27)
¿Por qué dijo Dios: “mía es la venganza”? Pudiendo él obrar por medio de uno, nos ha enseñado a no alimentar nuestro Ego: “Porque ignorando la justicia de Dios, y procurando establecer la suya propia, no se han sujetado a la justicia de Dios…” (Romanos 10:3) Y Jesús resumió esto cuando afirmó: “…Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y sígame. Porque todo el que quiera salvar su vida, la perderá; y todo el que pierda su vida por causa de mí y del evangelio, la salvará. Porque ¿qué aprovechará al hombre si ganare todo el mundo, y perdiere su alma? ¿O qué recompensa dará el hombre por su alma? Porque el que se avergonzare de mí y de mis palabras en esta generación adúltera y pecadora, el Hijo del Hombre se avergonzará también de él, cuando venga en la gloria de su Padre con los santos ángeles.” (Marcos 8:34-38)
Dios les bendiga.
“Los mandamientos de Jehová son rectos, que alegran el corazón; El precepto de Jehová es puro, que alumbra los ojos. El temor de Jehová es limpio, que permanece para siempre; Los juicios de Jehová son verdad, todos justos. Deseables son más que el oro, y más que mucho oro afinado; Y dulces más que miel, y que la que destila del panal. Tu siervo es además amonestado con ellos; En guardarlos hay grande galardón. ¿Quién podrá entender sus propios errores? Líbrame de los que me son ocultos. Preserva también a tu siervo de las soberbias; Que no se enseñoreen de mí; Entonces seré íntegro, y estaré limpio de gran rebelión. Sean gratos los dichos de mi boca y la meditación de mi corazón delante de ti, Oh Jehová, roca mía, y redentor mío.” (Salmo 19:8-14)
Por:
Frederick Guttmann R.
[email protected]
• www.projectmagen.com •
Ego es una palabra griega que significa “Yo”. El Yo es el principio de lo que consideramos personalidad, individualidad, libertad y propiedad. Es el Ego (Yo) lo que mejor protegemos y cuidamos, lo que defendemos a capa y espada y lo que más alimentamos. Es así mismo, el Ego, el principal inconveniente que tiene el Espíritu Santo para entremezclarse con nosotros.
Existen ciertos parámetros en el Yo, que contradicen completamente el valor y capacidad de Dios en la vida de las personas. Estos “enemigos” hacen que la criatura espiritual que estamos llamados a ser, en el proceso de evolución como hijos de Dios, dé vueltas como el hámster dentro de la rueda de su jaula: entre más corre, más cree que avanza, pero no se ha desplazado ni un centímetro en ninguna dirección.
Tenemos la necesidad obligatoria, si queremos acceder al “Lugar Santísimo” -para conseguir la excelencia, dar frutos –o mejores frutos- y ser “dignos” de escapar de las cosas que sobrevendrán- de afianzar un estrecho vínculo con el Creador, con su Hijo y con el Espíritu Santo. El enemigo del Amor, es el miedo, el enemigo de Dios es la desobediencia; el enemigo de los ángeles, la falta de fe; el enemigo de Jesús, la improductividad; y el enemigo del Espíritu Santo, es el Ego.
Amor
Sabemos que el principio fundamental del universo es el Amor. Su opuesto no es el odio, sino el miedo. El odio puede ser un concepto antagónico del Amor, si hablásemos de frutos, pero hablo en este momento del poder en la creación. El campo energético humano mide unos 18 metros, y en él se mueve la vibración del amor que sale del corazón, manteniendo el poder de vida en cada parte de nuestro ser, desde los cromosomas a las células. Ahora bien, el miedo tiene una frecuencia de vibración larga y lenta, mientras que el amor tiene una frecuencia alta y muy rápida. Para mostrar que las vibraciones son la base misma de nuestra existencia, Hans Jenny desarrolló lo que se conoce como “cymatics” en la década de 1940 demostrando que cuando las vibraciones del sonido se transmiten a través de un medio de comunicación el conjunto genera un modelo a seguir cuando la frecuencia aumenta. El miedo desarrolla un patrón más complejo, y esto es precisamente lo que le está sucediendo a nuestro planeta y a la humanidad.
Hay 64 posibles combinaciones de aminoácidos en nuestra estructura de ADN, realizados a partir de 4 elementos: carbono, oxígeno, hidrógeno y nitrógeno. De acuerdo con la lógica, deberíamos tener las 64 combinaciones activas dentro de nuestra estructura de ADN. Sin embargo, actualmente sólo existen 20 códigos activos. De acuerdo a los estudios de Gregg Branden: “…de estas 64 posibilidades, parece ser que sólo 20 de estos códigos se convierten en este momento en nuestro ADN. Los 20 aminoácidos. Hay un interruptor que apaga y enciende la posibilidad de que aparezcan estos códigos, y este interruptor es lo que nosotros llamamos ‘emoción’. Es la primera vez que hemos visto los patrones de la emoción directa y físicamente vinculados al material genético humano.”
Y añade: “Bueno, el miedo es una larga y lenta onda, por lo que esta larga y lenta onda de temor toca relativamente pocos sitios de nuestro ADN de modo que una persona que vive permanentemente en un estado de temor, limita su ‘antena’ del espectro que tiene a su disposición. Considerando que una persona vive según el patrón del amor, este es el amor, y se puede ver que tiene una mayor frecuencia y una longitud de onda más corta, tenemos muchos más sitios potenciales para la codificación genética a lo largo de dicho patrón. Esta información es sorprendente. Es la primera vez que hemos tenido un sólido enlace digital entre la emoción y la genética”.
A nivel celular, nuestros cuerpos responden a los pulsos electromagnéticos, que los antiguos llamaban “círculo sagrado”. Las células reciben este pulso del cerebro, que lo recibe del corazón, que recibe el pulso de la Tierra. Este pulso proviene del sistema solar que llega hasta aquí desde la galaxia, que en última instancia, proviene de todo el universo. Nosotros, literalmente, compartimos este pulso con toda la existencia. Los científicos han venido registrando el pulso de la Tierra desde hace tiempo, éste se ha mantenido en aproximadamente 7,8 ciclos por segundo. Este valor se mantuvo constante hasta el año 1986-1987, en el que comenzó a aumentar hasta registrarse alrededor de 9 ciclos por segundo en el año 1996. En una década aumentó 1,2 ciclos por segundo.
Pero, ¿cuál es nuestra vibración? Debemos aislar el miedo y anularlo. Por esa razón está escrito 365 veces en la Biblia: “no temas”. Cuando uno se abandona a sí mismo (Yo-Ego) se deja solo en manos de Dios, algo que no es uno (Yo-Ego). Lo mismo ocurre cuando uno deja de hacer lo que por naturaleza carnal desea hacer: “Uno deja de ser uno”, y deja el espacio para que Dios pueda actuar. Mientras seamos “yo”, Dios no podrá tener acceso a nuestra vida a través de su Espíritu Santo.
Obediencia
Usualmente hay quienes piensan, o hemos llegado a pensar, ¿por qué se menciona la desobediencia? ¿Desobediencia a qué? A la Palabra de Dios. Pero la Palabra de Dios es extensa, así que, ¿a qué concretamente se refiere el Señor? A su conjunto. Pero si no estudiamos la Escritura ni la conocemos, ¿cómo sabremos en qué estamos siendo desobedientes? Muchos hemos llegado a pecar de cómodos y conformes, dando por sentado que la lectura discontinua de la Escritura es suficiente. De hecho, muchos piensan que con tratar de ser buenas personas es más que suficiente, y conocer más de la Palabra de Dios es innecesario, pero sepan, quienes así piensan, que “el que ignorante peca, ignorante se condena.” Mejor saber y poder decidir, a no conocer y ser juzgado por algo que uno no tenía ni idea de que existiese.
Cefas escribió: “…ceñid los lomos de vuestro entendimiento, sed sobrios, y esperad por completo en la gracia que se os traerá cuando Jesucristo sea manifestado; como hijos obedientes, no os conforméis a los deseos que antes teníais estando en vuestra ignorancia; sino, como aquel que os llamó es santo, sed también vosotros santos en toda vuestra manera de vivir…” (1ª Pedro 1:13-18) La obediencia parte de conocer los caminos del Señor, los cuales están determinados en la Biblia y por esa razón es crucial “comer” de la Palabra aún más de cómo llenamos tres veces al día nuestro estómago. Si la comida física carece de relevancia y saciamos nuestro interior con ella, ¿Cuánto más no lo será la Palabra de Dios? como dijo Jesús: “…No sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios.” (Mateo 4:4) Y sobre el alimento que no aprovecha, pues nos vuelve a dar hambre, dijo: “…De cierto, de cierto os digo que me buscáis, no porque habéis visto las señales, sino porque comisteis el pan y os saciasteis. Trabajad, no por la comida que perece, sino por la comida que a vida eterna permanece, la cual el Hijo del Hombre os dará; porque a éste señaló Dios el Padre.” (Juan 6:26-27)
Convicción y producción
Sin convicción no es posible ejercer poder, sin fe no se puede agradar a Dios, sin certeza se anda de aquí para allá, sin rumbo, y sin frutos y obras se es desechado por Jesús. Nuestro Señor, el Cristo, dijo a sus discípulos que pidiesen por fe a Dios, Pablo también lo recalcó, y es importante que quien diga creer en Dios, crea que existe, y esté seguro de lo que cree. Los demonios hacen cosas sobrenaturales porque no dudan, ¿no hemos de hacer nosotros más grandes cosas que ellos si estamos en la luz? Pero es el estudio el que lleva al conocimiento de las cosas, y el conocimiento nos lleva a poder visualizar la creación de Dios -ya sea la visible como la invisible-, y esto a creerlas, pues esa es la parte que le corresponde trabajar a uno, y Dios añade a este crecimiento las experiencias y las revelaciones. Por consiguiente, esto nos lleva nuevamente a buscar la educación y lectura de la Palabra de Dios constantemente: “Mi pueblo fue destruido, porque le faltó conocimiento. Por cuanto desechaste el conocimiento, yo te echaré del sacerdocio; y porque olvidaste la ley de tu Dios, también yo me olvidaré de tus hijos.” (Oseas 4:6)
Sabemos que las apariciones de los “ángeles” o de otras manifestaciones celestiales, por lo regular dejaban atónitos a los testigos, pero aún dudaban de lo que veían y oían. Como resultado, los ángeles se indignaban y les daban un escarmiento, con “amor”. Para los ángeles, la incredulidad era deshonrosa y no tenía lugar: “Dijo Zacarías al ángel: ¿En qué conoceré esto? Porque yo soy viejo, y mi mujer es de edad avanzada. Respondiendo el ángel, le dijo: Yo soy Gabriel, que estoy delante de Dios; y he sido enviado a hablarte, y darte estas buenas nuevas. Y ahora quedarás mudo y no podrás hablar, hasta el día en que esto se haga, por cuanto no creíste mis palabras, las cuales se cumplirán a su tiempo.” (Lucas 1:18-20) También Jesús se indignaba con la incredulidad, aunque se nos instaba a pedirle al Padre por fe (Mateo 6:30, 8:26, 16:8 y 17:17). Necesitamos creer en Dios y en su poder, confiar en él y no en nosotros (Proverbios 3:5). Mientras creamos en nosotros (en el hombre o en el Ego) nada podremos hacer, pero si dejamos que sea Dios quien haga, Él tendrá el camino libre para ejecutar sus prodigios. No se trata de estar en santidad o no para ver el poder o ejecutarlo, porque los demonios y los dioses no son santos y aún así obran grandes cosas. Es nuestra fe la que marca la diferencia, y nuestras obras y frutos los que determinarán nuestro destino, y el de todos los demás, incluyendo a los demonios y a los dioses. Más bien es la santidad la que permite que podamos acceder a la presencia de Dios, luz con luz, espíritu con espíritu.
¿Yo o el Espíritu Santo?
Un ley de física afirma que “dos cosas no pueden ocupar el mismo espacio al mismo tiempo”, tampoco podemos “montar dos caballos a la vez, ni tensar dos arcos”, como dijo Jesús. De la misma forma, no puede ejercer el Espíritu Santo en nosotros, mientras el Ego esté tomando control. El Ego es el que crea la dualidad en nuestra mente y el que ha hecho creer a los filósofos antiguos que los principios del cosmos están basados en un positivo y un negativo. Ellos creían, y aún se sugiere, que es necesario el mal para que haya un equilibro en el universo. Los principios de Yin y Yang, que simbolizan el cielo y la Tierra, lo femenino y lo masculino, etc. son conceptos creados tras el libre albedrío, que dio origen a la autoridad de nuestro Yo, que quiere decir, “nuestra separación de Dios”.
La razón de que toda la Escritura esté enfocada a Dios y no a uno, es precisamente no alimentar el Yo, sino salir del engaño del Ego. Es por esto también que se le da todo mérito a Jesús y es “por medio de él” que llegamos a la salvación -ya que solos no podemos alcanzar la “iluminación”, y los demonios precisamente trabajan en manipular nuestro Ego. No podemos por nosotros mismos hacer algo que precisamente no se consigue por medio de uno (Yo-Ego). Abandonarse a sí mismo es la forma en la que el Espíritu Santo puede entonces tomar autoridad y liderar nuestra vida, como lo hizo en Jesús, en los profetas y en los apóstoles. Por eso se abandonaron a sí mismos y no buscaron “su vida” (Ego-Yo) sino hacer la voluntad del Padre, obedecerle a Él: “Y nosotros somos testigos suyos de estas cosas, y también el Espíritu Santo, el cual ha dado Dios a los que le obedecen.” (Hechos 5:32)
Entonces, ¿qué pasa con las polaridades? ¿Cómo se explica la dualidad? No existe. La oscuridad no existe, es simplemente la ausencia de luz –es un principio científico-; el frío no existe, es la ausencia de calor; la muerte no existe, es la ausencia de vida; el miedo no existe, es la ausencia del amor; el mal no existe, es la ausencia de Dios; el desamparo no existe, es la ausencia de Jesús; el Yo no existe es simplemente la ausencia del Espíritu Santo. Cuando aprendamos a quitar el Ego sabremos lo que es experimentar la presencia y el poder del Espíritu Santo en nosotros y en nuestras vidas.
Ya no soy yo
El Ego siempre nos llevará al mal y será la pieza sustancial que permita a los “hijos del malo” manipular la materia voluble y los campos vibratorios (nuestra mente, nuestro cuerpo y lo que está a nuestro alrededor). Por esta razón escribió Saulo: “De manera que ya no soy yo quien hace aquello, sino el pecado que mora en mí. Y yo sé que en mí, esto es, en mi carne, no mora el bien; porque el querer el bien está en mí, pero no el hacerlo.” (Romanos 7:17-18) Y también: “Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí.” (Gálatas 2:20) El “Yo” es hacer lo que al Ego/Uno le gusta, lo que a uno le da seguridad, lo que a uno le conforta, lo que a uno le alegra, lo que a uno le da comodidad… Por eso, entre otras cosas, hemos de “doblegar la Carne” (el “Yo” material) tomando autoridad sobre nuestros deseos (el alma y la mente, nuestro “Yo” psíquico y analítico), comenzando con el arrodillarse a orar. No solo porque es una humillación a Satanás, y porque nuestro campo vibracional cambia, sino porque negamos el Yo, entrando al “Atrio”, para esperar y acceder al “Lugar Santo” –y con dedicación alcanzar el “Lugar Santísimo”, que es la presencia plena del espíritu Santo y su poder.
El Ego es también el problema de la idolatría en uno, el amarse más que a lo demás: “ego-centrismo” (centrarse en el Yo). Asimismo es la razón de que uno no acepte lo que hay fuera (celos, envidias, criticas y menosprecio), tal como: personas que crean en principios distintos a uno, personas que tengan experiencias especiales, personas que tengan grandes facultades, personas que tengan llamados distintos, personas cuya vida no encaja con la expectativa de uno, personas con distintos puntos de vista, personas con otras aficiones o gustos, etc. Si Jesús nunca hizo esto, ¿por qué íbamos a hacerlo nosotros? Fue él la mayor imagen a seguir y el mejor ejemplo de lo que es abandonar el Ego y permitir que Dios actúe: “Pero él les dijo: Los reyes de las naciones se enseñorean de ellas, y los que sobre ellas tienen autoridad son llamados bienhechores; mas no así vosotros, sino sea el mayor entre vosotros como el más joven, y el que dirige, como el que sirve. Porque, ¿cuál es mayor, el que se sienta a la mesa, o el que sirve? ¿No es el que se sienta a la mesa? Mas yo estoy entre vosotros como el que sirve.” (Lucas 22:25-27)
¿Por qué dijo Dios: “mía es la venganza”? Pudiendo él obrar por medio de uno, nos ha enseñado a no alimentar nuestro Ego: “Porque ignorando la justicia de Dios, y procurando establecer la suya propia, no se han sujetado a la justicia de Dios…” (Romanos 10:3) Y Jesús resumió esto cuando afirmó: “…Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y sígame. Porque todo el que quiera salvar su vida, la perderá; y todo el que pierda su vida por causa de mí y del evangelio, la salvará. Porque ¿qué aprovechará al hombre si ganare todo el mundo, y perdiere su alma? ¿O qué recompensa dará el hombre por su alma? Porque el que se avergonzare de mí y de mis palabras en esta generación adúltera y pecadora, el Hijo del Hombre se avergonzará también de él, cuando venga en la gloria de su Padre con los santos ángeles.” (Marcos 8:34-38)
Dios les bendiga.
“Los mandamientos de Jehová son rectos, que alegran el corazón; El precepto de Jehová es puro, que alumbra los ojos. El temor de Jehová es limpio, que permanece para siempre; Los juicios de Jehová son verdad, todos justos. Deseables son más que el oro, y más que mucho oro afinado; Y dulces más que miel, y que la que destila del panal. Tu siervo es además amonestado con ellos; En guardarlos hay grande galardón. ¿Quién podrá entender sus propios errores? Líbrame de los que me son ocultos. Preserva también a tu siervo de las soberbias; Que no se enseñoreen de mí; Entonces seré íntegro, y estaré limpio de gran rebelión. Sean gratos los dichos de mi boca y la meditación de mi corazón delante de ti, Oh Jehová, roca mía, y redentor mío.” (Salmo 19:8-14)
Por:
Frederick Guttmann R.
[email protected]
• www.projectmagen.com •