El arquetipo de la mujer no es feminista

18 Septiembre 2007
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En este tramo, comentaré un poco más sobre mis conjeturas sobre el feminismo. En un grupo de Facebook le hice un planteamiento a las demás personas preguntando “si la diosa Venus era un modelo patriarcal”, en cuanto y en razón no tuve hasta la fecha respuesta alguna a mi pregunta, de la cual todas se centraron en la esquiva de decir que ella no existía, o en otro caso un comentario aislado, cuestionando que ahora falta que vayan por la censura de la diosa Venus, ya que se viene haciendo un revisionismo histórico de ‘todo’ hasta estas horas. Pero el punto fue que yo planteé una paradoja desde el punto de vista moral, porque la diosa Venus es un modelo femenino de lo pagano, o sea, de lo anticristiano, o contra-cristiano, de la cual está idealizada por su naturismo y su libertad sexual. Sin embargo, según las tesis feministas, de la cual todo es patriarcal, que vivimos en una cultura con bases patriarcales, y que todo lo pasado es patriarcal, y qué decir que la diosa Venus pertenecía a una cultura patriarcal de ese momento que era la Grecia clásica y antigua, de la cual hasta ese entonces la esclavitud era natural, ni qué decir de mucho que no se cuenta o que no somos capaces de lograr ponernos en su contexto a la hora de juzgarla.
Pues la cultura grecolatina está idealizada por el feminismo, porque se opone al cristianismo, sin embargo, el patriarcado es anterior inclusive al monoteísmo. Y si pensamos en Abraham, en la imagen patriarcal que nos refiere, nos cabe recordar que provenía del epicentro del origen de la civilización, y que no fuera un carácter particular de él, sino propio de dónde provenía, o sea, heredado de su contexto -la antigua Babilonia-. Babilonia, también idealizada por el feminismo y por la prostitución, que ha sido desde mi punto de vista la cuna del politeísmo europeo, ella estaba impregnada por el machismo, que si analizamos la línea evolutiva, venía enlazado por su cercanía con el paleolítico, en la cual era necesaria la fuerza del varón, e imperaba la ley del más fuerte, a todas luces patriarcal.
Por más que me digan que hubo una época en que existió el matriarcado, no se puede negar el contexto por el cual eran sociedades primitivas, y en cuanto primitivismo, el feminismo proviene del progresismo, y en tanto que no se pueda concebir en el pasado. Pues los derechos de la mujer, como muchos otros derechos, son propios de las sociedades modernas y posmodernas. Si uno viaja al pasado, se retrocede en todos los sentidos.
Se podría pensar que la diosa Venus fuera una forma de expresión previa de un feminismo preconcebido en una época patriarcal, o tal vez no. Porque la idea de que la mujer sea objeto sexual, las feministas alegan que es propio de la cultura machista. Y la diosa Venus es representante de la prostitución que ellas denuncian de patriarcal.
Pues este análisis, quizás vago, y ya personal, que ha carecido del aporte de otros que no se animaron o que se abstuvieron de participar, porque probablemente se meterían en un bodrio, nos refiere que este arquetipo creado o generado, si analizamos cada elemento del mismo, podemos hallar en él propiedades patriarcales. Venus, modelo patriarcal de un tipo de estética impuesta, criticado en el mundo de la moda, mujer delgada, 90-60-90, en todo caso rubia, si tenemos en cuenta las Venus renacentistas, poniendo acento en la supremacía blanca europea, desnuda, liberada sexualmente, y objeto de culto y de deseo por el varón, que no es otra cosa que una cosificación de la mujer ¿Entonces qué nos queda de esa diosa Venus tan idolatrada por el feminismo? ¿Contradictorio no? ¿Qué no sería patriarcal entonces? ¿Cómo sería la forma feminista de la diosa Venus? ¿O bien, qué sería el feminismo concebido en su forma pura? Si tomamos en cuenta estos puntos de partida, el feminismo como concepto puro, no tiene forma ni concepción, porque se está imaginando algo sobre otra cosa que no es feminismo. El modelo mismo de la mujer modelo se desvirtúa, o tal vez quieran asemejarla a una forma masculina, y nuevamente sería patriarcal. Sería como imaginarme un mundo de otras dimensiones en un contexto de tres dimensiones, no podría porque no es mi realidad, y hasta es desconocida. El feminismo se erige sobre el patriarcado como base, y no puede eludirlo. Toma referencias del mismo, y en otros casos como en otros contextos, las niega, generando este tipo de paradojas culturales.
Si la diosa Venus es patriarcal, que lo es, nos revela lo contradictorio y deforme que resulta ser el feminismo. Cualquier ideología que se va hacia los extremos, y pretende ser pura, o exclusiva de la realidad en la que está inmersa, pierde forma y concepción. Es como el sonido, uno no se puede alejar demasiado de los graves y de los agudos, porque dejará de percibirlos. Lo que nos indica que las notas que percibimos tienen algo de un extremo y de su opuesto. El feminismo pretende, bajo la bandera de justicia social, directamente suprimir a las concepciones del pasado, y a la realidad misma, porque el mismo refiere que es una lucha cultural y biológica, se busca una evolución en ambos sentidos. En tanto, de entre otros problemas planteados, ha aparecido de repente, y nos ha querido imponer un modelo inconcebible de la noche a la mañana, entre otras cosas.
Un día vivíamos en una realidad o bajo un determinado contexto, y al otro día nos dijeron, decontrúyanse, y nos comenzaron a juzgar por lo que éramos. Nos obligaron a reformarnos de un día para el otro, sin tener en cuenta que eso es imposible, o al menos violento. No tuvieron en cuenta que las personas adultas no tenemos esa condición flexible que poseen los infantes, carentes de formación, sino que somos recipientes cargados, que tenemos historia, tiempos vividos, recuerdos, aprendizajes, sabiduría y una formación determinada, además de que biológicamente somos resistentes a los cambios. Entonces como no podemos cambiar, no reflexionan en la problemática, sino que comienzan a perseguirnos con el aval del Estado. Nos juzgan sin tener presente los contextos, y por eso juzgan al pasado haciendo revisionismo histórico, algo a todas luces incoherente. Sería como juzgar a un perro por un robo. Y sí, es correcta la analogía, al animal le faltan milenios de evolución para tener consciencia del delito, sin embargo lo juzgo como si fuera consciente, de la misma forma en que juzgo la moral de un “baby boomer” de 70 años bajo los parámetros de la presente década del ‘20 del siglo XXI. El tipo está educado en otros valores y en otras concepciones, erradas para nuestra época, pero bien vistas en el tiempo que era un crio. De la misma forma que para el perro robar no importase nada grave sino que forma parte de sus hábitos naturales de la ley de la selva.
Desde mi punto de vista particular, haciendo un análisis del asunto, yo pienso que estamos ante una manifestación coherente y necesaria de la mujer, pero que esta línea de proceso de cambio no será formal, sino, que como alegaba Hegel, se somete a un proceso dialéctico, o sea, que tendrá que pasar por la lucha entre extremos, o sea, de tesis frente a su antítesis, y lo que resultará, será una “síntesis”, o sea, la forma definitiva. El feminismo que preconcebimos actualmente, tal vez no podría ser la forma definitiva en el futuro, sino que hasta quizás tenga que ceder en sus extremismos, y dar lugar a tesis que consideran hasta estas horas opuestas, debatir, filtrar, conciliar, etc. Como ha sucedido en todos los procesos históricos, inclusive en la religión misma. Necesitaremos de un Constantino del feminismo, que determine en base a un concilio general de ideologías de género, para definir el futuro del feminismo.
Pero en cambio, lo que se está buscando es sostenerse obstinadamente en un extremo, y en vez de conciliar, lo que se vislumbra, es “perseguir”. O sea, te presentarán este concilio, como si se hubieran realimente conciliado las ideas, cuando probablemente en realidad se hayan impuesto, y se diga, “quién no esté de acuerdo, recaerá sobre él todo el peso de la Ley”. Entonces estamos ante la evidencia de una persecución generada por aficionados a este feminismo extremista e incoherente.
Sin embargo, aunque fuere aventurada la opción, como una hipótesis con probable exitismo, lo más probable es que no escape a la dialéctica, sino que solo extenderá en el tiempo la discusión, ganándole un par de años o décadas más a este feminismo extremista. El cristianismo fue perseguido en sus primeros siglos, porque se eludía la problemática que estaba ofreciendo. Tres siglos le hicieron ganar al paganismo tambaleante, para terminar ineludiblemente en un avance numérico notable de cristianos, y acabar así en la persecución más grande de Diocleciano, y en breve por la condena social, aceptar la inevitable existencia del culto cristiano, que acabó haciéndose oficial, pero previo con un Concilio que definiría sus bases.
Esta es la triste historia de la humanidad, en la cual ponemos fe, pero que sin duda es injusta. Y éste es el mundo y el presente en el cual estamos inmersos, que aunque nos lo pinten diferente, será en su forma análoga porque es la naturaleza.
El feminismo no negocia con aquello que llaman patriarcado, y cuando dice que dialoga, lo hace pero desde una posición de autoridad frente a aquel, y así no hay tal diálogo. Pues refieren que todo diálogo con el patriarcado, no hace otra cosa que hacer retroceder al feminismo y hacer avanzar nuevamente al patriarcado. Pero la naturaleza no se puede evitar, y como la dialéctica no es solo diálogo, se presentará en sus otras formas y acciones, que en algún punto, darán con la inusitada “síntesis”.