Este apartado va dedicado a Cristo, en referencia a todos aquellos que le cuestionamos:
Empiezo con esta idea que Cristo nos da del matrimonio en el Evangelio. Cristo dice: Mateo 19:5 y dijo: Por esto el hombre dejará padre y madre, y se unirá a su mujer, y los dos serán una sola carne. 19:6 Así que no son ya más dos, sino una sola carne; por tanto, lo que Dios juntó, no lo separe el hombre. 19:7 Le dijeron: ¿Por qué, pues, mandó Moisés dar carta de divorcio, y repudiarla? 19:8 El les dijo: Por la dureza de vuestro corazón Moisés os permitió repudiar a vuestras mujeres; mas al principio no fue así. 19:9 Y yo os digo que cualquiera que repudia a su mujer, salvo por causa de fornicación, y se casa con otra, adultera; y el que se casa con la repudiada, adultera. Y agrego lo que afirma el Apóstol Pablo como para reforzar la idea: 1 Corintios 6:16 ¿O no sabéis que el que se une con una ramera, es un cuerpo con ella? Porque dice: Los dos serán una sola carne.
Ya con estas citas queda claro la postura no solo de Cristo, sino de toda la Biblia respecto a la relación entre un hombre y una mujer, ya que desde el primer libro, el Génesis, ya se hace referencia, y creo que es la sentencia madre de todo lo que deviene y constituye las normas, la vida y las costumbres de la fe abrahámica (judaísmo, cristianismo e Islam).
Respecto al divorcio, los cristianos con estas referencias creemos que no es posible, sin embargo paradójicamente ha habido apelaciones en lo que va del correr del libro sagrado. Esto sentenció Moisés: Deuteronomio 24:1 Cuando alguno tomare mujer y se casare con ella, si no le agradare por haber hallado en ella alguna cosa indecente, le escribirá carta de divorcio, y se la entregará en su mano, y la despedirá de su casa. Luego Cristo dijo al respecto lo siguiente cuando le preguntaron: Mateo 19:7 Le dijeron: ¿Por qué, pues, mandó Moisés dar carta de divorcio, y repudiarla? 19:8 El les dijo: Por la dureza de vuestro corazón Moisés os permitió repudiar a vuestras mujeres; mas al principio no fue así. Sin embargo Cristo dice luego que hay una excepción: Mateo 19:9 Y yo os digo que cualquiera que repudia a su mujer, """salvo por causa de fornicación""", y se casa con otra, adultera; y el que se casa con la repudiada, adultera. Y por último, la más clara de todas, de la que pocos se percatan, “el perdón”: Juan 8:1 y Jesús se fue al monte de los Olivos.
8:2 Y por la mañana volvió al templo, y todo el pueblo vino a él; y sentado él, les enseñaba. 8:3 Entonces los escribas y los fariseos le trajeron una mujer sorprendida en adulterio; y poniéndola en medio,
8:4 le dijeron: Maestro, esta mujer ha sido sorprendida en el acto mismo de adulterio. 8:5 Y en la ley nos mandó Moisés apedrear a tales mujeres. Tú, pues, ¿qué dices? 8:6 Mas esto decían tentándole, para poder acusarle. Pero Jesús, inclinado hacia el suelo, escribía en tierra con el dedo. 8:7 Y como insistieran en preguntarle, se enderezó y les dijo: El que de vosotros esté sin pecado sea el primero en arrojar la piedra contra ella. 8:8 E inclinándose de nuevo hacia el suelo, siguió escribiendo en tierra. 8:9 Pero ellos, al oír esto, acusados por su conciencia, salían uno a uno, comenzando desde los más viejos hasta los postreros; y quedó solo Jesús, y la mujer que estaba en medio. 8:10 Enderezándose Jesús, y no viendo a nadie sino a la mujer, le dijo: Mujer, ¿dónde están los que te acusaban? ¿Ninguno te condenó? 8:11 Ella dijo: Ninguno, Señor. Entonces Jesús le dijo: Ni yo te condeno; vete, y no peques más.
Cristo me acusaría de ser de la “raza de víboras”, porque al igual que hicieron muchos de su tiempo, lo habría puesto en duda y a cuestión, enredándolo con silogismos, cuando lo que importa es lo esencial del mensaje que nos quiere dar, que está contra el pecado, pero a su vez que no juzguemos y que amemos para convertir a la fe a aquellos que están perdidos, pues no habría otro camino.
Pero fuera de esto, que aunque implica un punto relevante e importante de este apartado, me centro en lo que venía analizando de las citas ¿Si dice el Génesis, 2:24 Por tanto, dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y serán una sola carne, y de allí deviene que no hay divorcio de la unión carnal de un hombre con una mujer, comprendido que solo la muerte los separa -por lógica-, que luego el Apóstol Pablo lo lleva más lejos, indicando que esa unión se hace efectiva incluso con la mera experiencia de la relación sexual prematrimonial -referencia a la fornicación-, pero que también nos encontramos una apelación a la norma (Deuteronomio 24:1; Mateo 19:9; Juan 8:1-11), es el matrimonio una norma inapelable, o es un mandamiento a cumplir libremente, y no exclusivamente en el ámbito secular, sino incluso en el religioso, como bien se lo refiere en los textos sagrados?
Cristo dijo, Mateo 12:31 Por tanto os digo: Todo pecado y blasfemia será perdonado a los hombres; mas la blasfemia contra el Espíritu no les será perdonada, lo que implica, en referencia a que el perdón es la apelación a la norma, que el matrimonio sería apelable, y que solo la renta y la balanza de nuestros actos solo pesará el día del Juicio, pero que no implica que dicha formalidad tenga que cumplirse a raja tablas en la Tierra. Y hasta de esto último dudo, porque los cristianos creemos que el perdón implica el olvido de Dios de nuestros malos actos, y el reinicio de nuevas oportunidades. Lo que a razón de tales implicancias, no solo alcanza a lo terrenal, sino incluso a lo espiritual.
De aquí que muchos se preguntarán: ¿Para qué tanto mérito y esmero si los pecados son perdonados?
Por eso a aquello que antes me referí, “que el perdón de los pecados promueve al pecado, porque las faltas dejan de tener peso al acceder a la absolución de las mismas”. Pues pecando u obedeciendo, puedo acceder igualmente a la Gracia. Pues esto se confirma en la cita de Mateo 20:1-16, salvaguardando solo un detalle que es la blasfemia contra el Espíritu Santo, ya que es la llave para la propia salvación, que es la Gracia de Dios. Pues ahora comienza a iluminarse el punto al que Cristo nos refiere, “que a él solo le importa salvarnos”. Santo, pecador, célibe, adúltero, asesino, observante, etc., no importa tu condición, solo acepta a Cristo como tu salvador.
Pues la condena de los judíos no se basó en cuanto obedecían la ley o en cuanto pecaban, sino en cuanto aceptaban a Cristo como su mesías.
Extraña moraleja, de la que muchos, ante esta evidencia, saldremos escandalizados de tal notoriedad y claridad ¿Entonces te dirás, cuánto perdí el tiempo en mi vida en detalles que no hacen la excepción para mi salvación? Podría haber sido libre, pero si amaba a Cristo sería tan dichoso como cualquier pecador. Pues la trampa es que la norma nos vuelve fariseos, por tanto, la norma nos condena. Pues el Evangelio mismo contiene norma, sin embargo si me aferro a cumplirla, pueda ser una espada de doble filo y descuidar lo más importante para mi salvación. Antes que la norma, está Cristo. Y como Cristo está sobre la norma, pudiendo incumplirla, pero aceptando a Cristo soy salvo.
Por eso llego a lo mismo que a lo que llegué en otro apartado páginas más atrás, el Evangelio se reduce a “acepta a Cristo como tu Señor y sé salvo”, más allá de todo lo que podamos aprender del mismo, que puede llevarnos inclusive a confundirnos y a perdernos también si caemos en la ceguera del formalismo normativo.
Empiezo con esta idea que Cristo nos da del matrimonio en el Evangelio. Cristo dice: Mateo 19:5 y dijo: Por esto el hombre dejará padre y madre, y se unirá a su mujer, y los dos serán una sola carne. 19:6 Así que no son ya más dos, sino una sola carne; por tanto, lo que Dios juntó, no lo separe el hombre. 19:7 Le dijeron: ¿Por qué, pues, mandó Moisés dar carta de divorcio, y repudiarla? 19:8 El les dijo: Por la dureza de vuestro corazón Moisés os permitió repudiar a vuestras mujeres; mas al principio no fue así. 19:9 Y yo os digo que cualquiera que repudia a su mujer, salvo por causa de fornicación, y se casa con otra, adultera; y el que se casa con la repudiada, adultera. Y agrego lo que afirma el Apóstol Pablo como para reforzar la idea: 1 Corintios 6:16 ¿O no sabéis que el que se une con una ramera, es un cuerpo con ella? Porque dice: Los dos serán una sola carne.
Ya con estas citas queda claro la postura no solo de Cristo, sino de toda la Biblia respecto a la relación entre un hombre y una mujer, ya que desde el primer libro, el Génesis, ya se hace referencia, y creo que es la sentencia madre de todo lo que deviene y constituye las normas, la vida y las costumbres de la fe abrahámica (judaísmo, cristianismo e Islam).
Respecto al divorcio, los cristianos con estas referencias creemos que no es posible, sin embargo paradójicamente ha habido apelaciones en lo que va del correr del libro sagrado. Esto sentenció Moisés: Deuteronomio 24:1 Cuando alguno tomare mujer y se casare con ella, si no le agradare por haber hallado en ella alguna cosa indecente, le escribirá carta de divorcio, y se la entregará en su mano, y la despedirá de su casa. Luego Cristo dijo al respecto lo siguiente cuando le preguntaron: Mateo 19:7 Le dijeron: ¿Por qué, pues, mandó Moisés dar carta de divorcio, y repudiarla? 19:8 El les dijo: Por la dureza de vuestro corazón Moisés os permitió repudiar a vuestras mujeres; mas al principio no fue así. Sin embargo Cristo dice luego que hay una excepción: Mateo 19:9 Y yo os digo que cualquiera que repudia a su mujer, """salvo por causa de fornicación""", y se casa con otra, adultera; y el que se casa con la repudiada, adultera. Y por último, la más clara de todas, de la que pocos se percatan, “el perdón”: Juan 8:1 y Jesús se fue al monte de los Olivos.
8:2 Y por la mañana volvió al templo, y todo el pueblo vino a él; y sentado él, les enseñaba. 8:3 Entonces los escribas y los fariseos le trajeron una mujer sorprendida en adulterio; y poniéndola en medio,
8:4 le dijeron: Maestro, esta mujer ha sido sorprendida en el acto mismo de adulterio. 8:5 Y en la ley nos mandó Moisés apedrear a tales mujeres. Tú, pues, ¿qué dices? 8:6 Mas esto decían tentándole, para poder acusarle. Pero Jesús, inclinado hacia el suelo, escribía en tierra con el dedo. 8:7 Y como insistieran en preguntarle, se enderezó y les dijo: El que de vosotros esté sin pecado sea el primero en arrojar la piedra contra ella. 8:8 E inclinándose de nuevo hacia el suelo, siguió escribiendo en tierra. 8:9 Pero ellos, al oír esto, acusados por su conciencia, salían uno a uno, comenzando desde los más viejos hasta los postreros; y quedó solo Jesús, y la mujer que estaba en medio. 8:10 Enderezándose Jesús, y no viendo a nadie sino a la mujer, le dijo: Mujer, ¿dónde están los que te acusaban? ¿Ninguno te condenó? 8:11 Ella dijo: Ninguno, Señor. Entonces Jesús le dijo: Ni yo te condeno; vete, y no peques más.
Cristo me acusaría de ser de la “raza de víboras”, porque al igual que hicieron muchos de su tiempo, lo habría puesto en duda y a cuestión, enredándolo con silogismos, cuando lo que importa es lo esencial del mensaje que nos quiere dar, que está contra el pecado, pero a su vez que no juzguemos y que amemos para convertir a la fe a aquellos que están perdidos, pues no habría otro camino.
Pero fuera de esto, que aunque implica un punto relevante e importante de este apartado, me centro en lo que venía analizando de las citas ¿Si dice el Génesis, 2:24 Por tanto, dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y serán una sola carne, y de allí deviene que no hay divorcio de la unión carnal de un hombre con una mujer, comprendido que solo la muerte los separa -por lógica-, que luego el Apóstol Pablo lo lleva más lejos, indicando que esa unión se hace efectiva incluso con la mera experiencia de la relación sexual prematrimonial -referencia a la fornicación-, pero que también nos encontramos una apelación a la norma (Deuteronomio 24:1; Mateo 19:9; Juan 8:1-11), es el matrimonio una norma inapelable, o es un mandamiento a cumplir libremente, y no exclusivamente en el ámbito secular, sino incluso en el religioso, como bien se lo refiere en los textos sagrados?
Cristo dijo, Mateo 12:31 Por tanto os digo: Todo pecado y blasfemia será perdonado a los hombres; mas la blasfemia contra el Espíritu no les será perdonada, lo que implica, en referencia a que el perdón es la apelación a la norma, que el matrimonio sería apelable, y que solo la renta y la balanza de nuestros actos solo pesará el día del Juicio, pero que no implica que dicha formalidad tenga que cumplirse a raja tablas en la Tierra. Y hasta de esto último dudo, porque los cristianos creemos que el perdón implica el olvido de Dios de nuestros malos actos, y el reinicio de nuevas oportunidades. Lo que a razón de tales implicancias, no solo alcanza a lo terrenal, sino incluso a lo espiritual.
De aquí que muchos se preguntarán: ¿Para qué tanto mérito y esmero si los pecados son perdonados?
Por eso a aquello que antes me referí, “que el perdón de los pecados promueve al pecado, porque las faltas dejan de tener peso al acceder a la absolución de las mismas”. Pues pecando u obedeciendo, puedo acceder igualmente a la Gracia. Pues esto se confirma en la cita de Mateo 20:1-16, salvaguardando solo un detalle que es la blasfemia contra el Espíritu Santo, ya que es la llave para la propia salvación, que es la Gracia de Dios. Pues ahora comienza a iluminarse el punto al que Cristo nos refiere, “que a él solo le importa salvarnos”. Santo, pecador, célibe, adúltero, asesino, observante, etc., no importa tu condición, solo acepta a Cristo como tu salvador.
Pues la condena de los judíos no se basó en cuanto obedecían la ley o en cuanto pecaban, sino en cuanto aceptaban a Cristo como su mesías.
Extraña moraleja, de la que muchos, ante esta evidencia, saldremos escandalizados de tal notoriedad y claridad ¿Entonces te dirás, cuánto perdí el tiempo en mi vida en detalles que no hacen la excepción para mi salvación? Podría haber sido libre, pero si amaba a Cristo sería tan dichoso como cualquier pecador. Pues la trampa es que la norma nos vuelve fariseos, por tanto, la norma nos condena. Pues el Evangelio mismo contiene norma, sin embargo si me aferro a cumplirla, pueda ser una espada de doble filo y descuidar lo más importante para mi salvación. Antes que la norma, está Cristo. Y como Cristo está sobre la norma, pudiendo incumplirla, pero aceptando a Cristo soy salvo.
Por eso llego a lo mismo que a lo que llegué en otro apartado páginas más atrás, el Evangelio se reduce a “acepta a Cristo como tu Señor y sé salvo”, más allá de todo lo que podamos aprender del mismo, que puede llevarnos inclusive a confundirnos y a perdernos también si caemos en la ceguera del formalismo normativo.