Dios ya nos ha hablado, en las Escrituras, por los profetas y por su Hijo (Heb. 1:1,2).
Los que creen a su Palabra escrita, también disciernen los tiempos y los sucesos que vienen acaeciendo.
Los que no creen, vienen experimentando lo que la humanidad toda no había conocido desde los lejanos tiempos de Noé, cuando el diluvio universal.
Ahora nos hallamos ante una pandemia que excede los límites regionales de un terremoto en Japón, un tsunami en Indonesia, incendios en Australia y la Amazonia, inundaciones en Europa, sequías en África, etc.
El primer aviso llegó con la expansión rápida y universal del virus.
El segundo aviso está llegando con el rebrote donde el mal se creía superado.
El mundo incrédulo dice: “Hagamos planes para el futuro cercano, pues esto ya está acabando. Compremos paquetes de viaje para nuestras vacaciones”.
Entonces, en una Nueva Zelanda aparentemente ya exonerada, reaparece el virus.
Dios está llamando al arrepentimiento. La vida de cada uno de los más de siete mil millones de habitantes del planeta “cuelga de un hilo”.
Es tiempo de reconciliarse con Dios. Y esto, únicamente por mediación de su Hijo y Salvador nuestro Jesucristo.
Cordiales saludos
Los que creen a su Palabra escrita, también disciernen los tiempos y los sucesos que vienen acaeciendo.
Los que no creen, vienen experimentando lo que la humanidad toda no había conocido desde los lejanos tiempos de Noé, cuando el diluvio universal.
Ahora nos hallamos ante una pandemia que excede los límites regionales de un terremoto en Japón, un tsunami en Indonesia, incendios en Australia y la Amazonia, inundaciones en Europa, sequías en África, etc.
El primer aviso llegó con la expansión rápida y universal del virus.
El segundo aviso está llegando con el rebrote donde el mal se creía superado.
El mundo incrédulo dice: “Hagamos planes para el futuro cercano, pues esto ya está acabando. Compremos paquetes de viaje para nuestras vacaciones”.
Entonces, en una Nueva Zelanda aparentemente ya exonerada, reaparece el virus.
Dios está llamando al arrepentimiento. La vida de cada uno de los más de siete mil millones de habitantes del planeta “cuelga de un hilo”.
Es tiempo de reconciliarse con Dios. Y esto, únicamente por mediación de su Hijo y Salvador nuestro Jesucristo.
Cordiales saludos