Desde la mesa del recaudador: ¿Y si la santidad fuera dejar de rentarle a Dios y entregarle la casa entera?

laralonso1985

Miembro senior
20 Julio 2025
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Jesús no vino a negociar espacios ni a conformarse con visitas dominicales, sino a ejercer su derecho legítimo sobre vidas que le pertenecen por creación y por redención. La Escritura es inequívoca: “Porque habéis sido comprados por precio; glorificad, pues, a Dios en vuestro cuerpo y en vuestro espíritu, los cuales son de Dios” 1 Corintios 6:20.

La santidad, entonces, no consiste en mejorar la fachada religiosa ni en administrar apariencias morales, sino en firmar el traspaso total de la existencia, reconociendo que ya no somos dueños sino herederos bajo un nuevo Señor. Es el acto radical de entregar la llave maestra del corazón y permitir que Cristo no sea un huésped ocasional, sino el Propietario absoluto que toma posesión, no para empobrecer la vida, sino para restaurarla conforme a su diseño eterno.




Entrevistador: Un Notario del Reino

Mateo (Leví): Recaudador de impuestos despreciado, fue llamado por Jesús desde su mesa para convertirse en discípulo y evangelista Mateo 9:9.



Notario:
Maestro Mateo, usted era un hombre de números, contratos y letras pequeñas. Entendía perfectamente quién era dueño de qué y cuánto costaba cada deuda. Cuando Jesús se acercó a su mesa de recaudación Mateo 9:9, ¿sintió que estaba ante un nuevo negocio o ante una auditoría que lo dejaría en la quiebra?


Mateo:

Yo vivía como arrendatario de una vida que fingía poseer. Mi seguridad descansaba en el oro y en la protección de Roma. Cuando Él me miró, no revisó mis libros contables; vio que yo habitaba una propiedad que no me pertenecía, cobrando una renta que no podía pagar: mi propia paz. No fue una auditoría. Fue una oferta de rescisión de contrato. Él no quería mis impuestos; quería la escritura.


Notario:
Muchos hoy hablan de “invitar a Jesús al corazón”, como si fuera un huésped distinguido. Usted habla de traspaso de propiedad. ¿Cuál fue la primera cláusula que lo llevó a dejarlo todo inmediatamente? Lucas 5:28


Mateo:
La cláusula inicial siempre hiere al ego:
el cese de control. El mundo nos convence de que somos propietarios, cuando apenas somos administradores que se creen dueños. Al seguirle, acepté que incluso mi “habitación del pánico” —donde guardaba temores, culpas y futuros hipotéticos— quedaba bajo Su jurisdicción. Ya no podía entrar allí para alimentar mis ansiedades. El verdadero Propietario tomó posesión, no para destruirme, sino para devolverme a mi diseño original.


Notario:
Esa habitación suele estar ocupada por inquilinos persistentes: Culpa y Vergüenza. ¿Qué ocurrió con ellos cuando Jesús asumió el control?


Mateo:

Jesús tiene una política de desalojo definitiva. Cuando Él firma como Propietario, la Culpa pierde todo derecho legal. “No he venido a llamar a justos, sino a pecadores” Mateo 9:13 es un aviso formal de desahucio para la condenación. Si la casa es Suya y Él declara que está limpia, ninguna deuda antigua puede reclamarse: el acta fue cancelada por completo Colosenses 2:14.


Notario:

Hablemos de la cláusula de remodelación. Muchos aceptan a Dios como Dueño siempre que no mueva los muros. Pero la santificación parece una obra estructural profunda. ¿Duele?


Mateo:

Duele porque revela qué muros no eran estructurales, sino defensivos. Yo levanté paredes de cinismo para sobrevivir al desprecio. Jesús las derribó para crear una mesa donde cupieran otros publicanos y pecadores Mateo 9:10. Él no remodela para cumplir estándares religiosos, sino para que la casa sea habitable para el Reino. A veces quita el techo de la comodidad para enseñarte a mirar el cielo.


Notario:
Usted ofreció un gran banquete en su casa Lucas 5:29. Fue su primera acción como administrador, no como dueño. ¿Qué cambia cuando entendemos que todo lo que poseemos pertenece a Otro?


Mateo:

El miedo a perder desaparece. Si la casa es mía, cada daño me obsesiona. Si es Suya, descanso en Su hospitalidad. El dinero dejó de ser mi tesoro Mateo 6:19 y se convirtió en instrumento de Su propósito. La teología es simple: el estrés revela que aún crees que la escritura lleva tu nombre.


Notario:
Pero el viejo arrendatario intenta recuperar las llaves. ¿Cómo se mantiene la fidelidad cuando el mundo ofrece contratos más atractivos?


Mateo:

Recordando el costo real. Yo supe lo que era vender el alma por monedas Mateo 16:26. El mundo no ofrece libertad, sino un arrendamiento con intereses de ansiedad. La fidelidad no es fuerza de voluntad, es memoria agradecida: ¿quién más compraría una propiedad en ruinas y pagaría con su propia sangre para restaurarla?


Notario:
Jesús citó a Oseas:
“Misericordia quiero, y no sacrificio” Oseas 6:6; Mateo 9:13. Para un hombre de impuestos, ¿cómo redefinió eso el concepto de pago?


Mateo:

Fue el fin del sistema de méritos. El sacrificio es lo que intento pagar para no ser expulsado; la misericordia es el Propietario declarando que la renta está cubierta para siempre. En el Reino, el antiguo inquilino no recibe una factura, sino una herencia.


Notario:
¿Qué le diría hoy al profesional exitoso que tiene “su casa en orden”, pero mantiene a Dios como un vecino distante?


Mateo:

Que revise los cimientos. Puedes tener orden exterior y colapso interno. No dejes a Dios en la acera. Entrégale la llave maestra. Permite que convierta tu oficina privada en altar. El riesgo no es ceder la propiedad; el riesgo es morir creyendo que algo de lo que tienes te pertenece.


Notario:
¿Es Jesús un Propietario exigente?


Mateo:
Es celoso porque es seguro.
No acepta sociedades parciales porque una casa dividida no permanece Mateo 12:25. Lo quiere todo, no por necesidad, sino porque solo cuando Él lo es todo, tú eres verdaderamente libre.


Notario:
Al final de su vida escribió un Evangelio. ¿Fue su informe final de gestión?


Mateo:

Fue una carta de gratitud. Quise que todos supieran que el Rey vino a reclamar lo suyo, no con cobradores, sino con paz. No escribí sobre lo que hice por Él, sino sobre cómo el Propietario se mudó a mi barrio para que yo pudiera vivir en Su eternidad.




Pregunta:
¿Y si tu cansancio espiritual no nace de orar poco, sino de vivir como arrendatario de una vida que Cristo ya adquirió para hacerte heredero?