La Parábola de los Dos Hijos y la obediencia que Dios reconoce
Mateo 21:28–32Jesús no contó esta parábola para explicar el Reino, sino para desenmascarar una falsa espiritualidad.
En pocas líneas, expone una verdad incómoda: Dios no evalúa intenciones declaradas, sino obediencia ejercida.
La respuesta es evidente. El impacto, devastador.“Un hombre tenía dos hijos… ¿Quién de los dos hizo la voluntad de su padre?” Mt 21:28,31.
Palabras correctas no garantizan obediencia
El segundo hijo dice: “Voy, señor”, pero nunca pisa la viña. Representa una fe verbal, correcta en forma, vacía en contenido.
Jesús dirige esta acusación a los líderes religiosos: expertos en lenguaje piadoso, pero estériles en obediencia.
Aquí se rompe una ilusión peligrosa: decir lo correcto no equivale a hacer lo justo.
La fe que no se traduce en acción no es fe incompleta; es fe muerta.“Este pueblo de labios me honra, mas su corazón está lejos de mí” Mt 15:8.
“Como el cuerpo sin espíritu está muerto, así también la fe sin obras está muerta” (Stg 2:26).
El arrepentimiento verdadero cambia dirección
El primer hijo dice “no”, pero recapacita y va. Jesús no idealiza su negativa inicial; exalta su arrepentimiento efectivo.Esto es metanoia: no remordimiento emocional, sino cambio concreto de rumbo.
Por eso Jesús afirma algo escandaloso para su audiencia religiosa:
No porque fueran moralmente superiores, sino porque creyeron, se arrepintieron y obedecieron.“Los publicanos y las prostitutas van delante de vosotros al Reino de Dios” Mt 21:31.
“El Señor… es paciente… no queriendo que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento” 2 P 3:9.
“Dios manda a todos los hombres en todo lugar que se arrepientan” Hch 17:30.
Obediencia presente vale más que promesas futuras
El gran contraste de la parábola no es entre pecado y santidad, sino entre obediencia real y obediencia declarada.Decir “mañana”, “algún día” o “cuando esté listo” es una forma refinada de desobediencia.
La obediencia que agrada a Dios no se posterga, se ejecuta.“¿Se complace Jehová tanto en holocaustos… como en que se obedezca a las palabras de Jehová? Ciertamente el obedecer es mejor que los sacrificios” 1 S 15:22
El Reino no se hereda por apariencia, sino por fruto
Esta parábola dialoga directamente con otras advertencias de Jesús:la higuera estéril, los sarmientos sin fruto, los sepulcros blanqueados.
Dios no busca follaje religioso, sino vida que produzca justicia, misericordia y fidelidad.
Priorizar el Reino no es un eslogan espiritual; es una reorganización total de la vida.“Yo soy la vid… el que permanece en mí, este lleva mucho fruto” Jn 15:5.
“El fruto del Espíritu es amor, gozo, paz…” Gá 5:22–23.
“Buscad primero el Reino de Dios y su justicia” Mt 6:33.
Al final, seremos evaluados por lo hecho
La parábola apunta más lejos de lo inmediato: al día de cuentas.El juicio no será un debate doctrinal, sino una revelación de la verdad vivida.
No por lo que dijimos que haríamos.“Y los muertos fueron juzgados… según sus obras” Ap 20:12–13.
No por lo que aparentamos creer.
Sino por si entramos o no en la viña.
Conclusión
La vida espiritual no es un discurso que se pronuncia, sino una obediencia que se encarna.El Padre sigue llamando hoy. La pregunta ya no es teológica, sino personal.
Llamada directa a la acción
No revises este mensaje como espectador. Respóndelo como hijo.Si has dicho “sí” demasiadas veces sin ir a la viña, hoy es el día de recapacitar y obedecer.
Pregunta:
- Si hoy se cerrara la jornada, ¿me encontraría el Padre trabajando… o explicando?