Dios no responde como una persona humana, entre otras razones porque es suprahumano y tiene unos atributos muy diferenciados de nuestro ser, pero todos los humanos tenemos un interior espiritual, un soplo de vida de Dios que persiste en nuestro interior y que podemos descubrir, es lo que nos distingue del resto de seres vivos, la consciencia y ese espíritu que percibimos.
Quizás la oración no la estés enfocando adecuadamente, no estamos hablando con un ser desconocido, le conocemos porque tuvimos la suerte de verle andar entre nosotros literalmente, lo que sea que fuera Dios, su Verbo como acertadamente el evangelista describe, es el Logos de Heráclito, la acción en definitiva.
Considera esta propuesta que te hago, en vez de orar lo habitual, en vez de pensar en términos humanos, escríbele una carta, como si la dirigieras a un ser humano, expresa desde el corazón aquello que te está produciendo esa falta de fe, que ojo, no te sientas culpable, es muy entendible y estoy seguro que Dios sabe lidiar con nuestras crisis de fe, pero los que de corazón le buscan, te aseguro que terminan por encontrarle.
Termina por pedir algo muy sencillo: muestra tu disposición al encuentro, Dios siempre quiere encontrarnos, eso representó su Hijo, su verdadero deseo de encontrarnos y amarnos, de evidenciar lo que es fuera del plano en el que nos movemos.