Cara a cara con la traición: si Jesús y Judas revisaran tu manera de seguirlo, ¿a cuál de los dos te parecerías más?

laralonso1985

Miembro senior
20 Julio 2025
212
41
El Escenario: Un espacio de luz insostenible para el ojo humano, pero extrañamente pacífico. Jesús, el Cordero que fue inmolado y ahora vive, se sienta frente a Judas Iscariote.

No hay látigos, ni juicios finales en este instante; hay una mesa que recuerda a aquella del Aposento Alto, pero esta vez, el pan no se parte en medio de la angustia. Jesús mira a Judas no como a un enemigo, sino como el espejo más doloroso en el que la humanidad puede mirarse.


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Jesús: Judas, hijo mío... nos encontramos de nuevo fuera del tiempo. Tu nombre se ha convertido en un sinónimo de oscuridad, pero hoy no quiero hablar de tu caída, sino del eco que tu sombra deja en los que aún caminan en la tierra. ¿Sabes que muchos intentan rescatarte creando historias de un "pacto secreto" entre nosotros? Dicen que yo te pedí que me entregaras.

Judas: (Baja la cabeza, con las manos entrelazadas) Lo sé, Maestro. Es más fácil para ellos creer que fui un héroe obedeciendo una orden oculta que aceptar que un hombre puede estar tan cerca de la Luz y, aun así, elegir su propio invierno. No hubo pactos en las sombras. Tú conocías mi corazón desde el principio (cf. Juan 6:64), pero el diseño de mi traición nació en mis propias manos, no en las Tuyas.

Jesús: Caminamos juntos tres años. Viste el pan multiplicarse y la muerte retroceder ante mi voz. Dime,
¿en qué momento el Mesías que esperabas se convirtió en el obstáculo de tu propia gloria?

Judas: Fue cuando entendí que Tu reino no pagaría mis facturas políticas. Yo quería un Rey que aplastara a Roma, no uno que lavara los pies de pescadores (cf. Juan 13:5). Mi error no fue la falta de fe en Tu poder, sino mi desprecio por Tu humildad. Yo tenía un plan para Ti, y cuando vi que no te ajustarías a mi agenda, decidí que eras más útil como sacrificio que como Maestro.

Jesús: Esa es la tensión que todavía desgarra a mis seguidores. Cuando te dije en la mesa: "Lo que vas a hacer, hazlo pronto" (cf. Juan 13:27), el mundo pensó que era una señal militar. ¿Qué sentiste tú al escuchar esa orden soberana?

Judas:
Sentí que me dabas permiso para ser quien yo ya había decidido ser. No fue un código de espionaje; fue la libertad más aterradora que he conocido. Tú no estabas aprobando mi pecado, estabas gobernando sobre él para cumplir el plan del Padre (cf. Hechos 2:23). Me dejaste ir porque Tu sacrificio no podía ser detenido, ni siquiera por mi codicia.

Jesús: La gente se obsesiona con las treinta monedas de plata (cf. Mateo 26:15). ¿Realmente valía tan poco la presencia del Hijo de Dios?

Judas:
(Ríe con amargura) Las monedas solo eran el símbolo de mi decepción. Cuando uno no está convertido, cualquier precio es suficiente para deshacerse de un Dios que nos exige morir a nosotros mismos. El problema no era el dinero, era que yo quería ser el arquitecto de mi propia salvación, y Tú eras una piedra en el camino que no encajaba en mi edificio.

Jesús: Me besaste en el jardín (cf. Mateo 26:48). Ese beso ha confundido a los teólogos por milenios. ¿Por qué usar la señal de la intimidad para sellar la muerte?

Judas:
Porque la traición más profunda siempre ocurre dentro de la casa. El mundo me llama traidor, pero lo que no entienden es que yo represento a todos los que te llaman "Señor" con los labios mientras negocian Tu voluntad en su corazón. El beso fue mi último intento de mantener las apariencias religiosas mientras entregaba lo sagrado por lo práctico. Es la religión sin relación.

Jesús: Dijiste después: "He pecado entregando sangre inocente" (cf. Mateo 27:4). Había remordimiento, pero no corriste hacia mí. ¿Por qué buscar a los sacerdotes y no al Cordero?

Judas:
Porque el remordimiento te lleva a intentar arreglar el pasado con tus propias manos, mientras que el arrepentimiento te lleva a soltar el pasado en las Tuyas. Yo creía en el sistema de sacrificios, pero no creía que el Sacrificio máximo pudiera perdonar a quien lo entregó. Mi orgullo era tan grande que creí que mi pecado era mayor que Tu gracia.

Jesús: Muchos hoy se escandalizan contigo, pero viven bajo la misma "fe utilitaria" que tú tuviste. Te usan como un chivo expiatorio para no admitir que ellos también me siguen solo cuando cumplo sus planes de prosperidad o justicia social. ¿Ves en ellos tu propio reflejo?

Judas:
Los veo cada vez que alguien abandona la fe porque una oración no fue contestada como quería. Mi "idealismo frustrado" es el espejo moderno de quien dice: "Dios, te serviré si haces que mi vida sea más fácil". Yo soy el patrón de los que quieren a un Jesús que conquiste reinos externos, pero que no toque el trono interno de su corazón (cf. Lucas 17:21).

Jesús:
Hay una paradoja en tu historia, Judas. Tu rechazo se convirtió en la piedra angular de la redención. Tu oscuridad hizo que mi luz fuera inevitable. Casi debo agradecerte —en el misterio de la providencia— porque tu caída genera en el lector una duda santa: "¿Soy yo, Señor?" (cf. Mateo 26:22). Sin tu sombra, muchos nunca se preguntarían si su amor por mí es real o es solo un negocio.

Judas: (Silencio prolongado) Entonces, mi tragedia sirve para que otros no la repitan. Qué ironía... que el "hijo de perdición" (cf. Juan 17:12) sea el que obligue a los hombres a mirar si sus pies están realmente lavados o si solo están fingiendo el camino.

Jesús: Tu vida enseña que se puede estar en la mesa conmigo, comer de mi pan y aun así tener el corazón a mil kilómetros de distancia. El diseño eterno del Padre usó tu resistencia para salvar al mundo, pero tú... tú te quedaste con el diseño y perdiste al Diseñador.

Judas: Maestro, si ellos supieran que estar cerca de Ti sin ser transformado es el lugar más peligroso del universo...

Jesús: Lo sabrán. Tu historia se encargará de que nadie pueda decir que no fue advertido. El que tiene oídos, que oiga lo que el Espíritu dice a través de la herida que dejaste en mi costado.


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Pregunta:

¿Y si el mayor peligro de tu vida espiritual no fuera convertirte en un "ateo", sino seguir siendo un "discípulo" que, al igual que Judas, ama tanto sus propios planes para Dios que termina traicionando al Dios que tiene frente a sí? ¿Estás siguiendo a Jesús por quién es Él, o solo mientras Él sea útil para lo que tú quieres lograr?