Tan importante es conocer las palabras de origen, como la intención conque fueron dirigidas, su contexto y el mensaje que está disponible para nosotros. De este modo, al expresar el sentido real del mensaje evangélico, éste debe ser nítido, asimilable para todos por igual.
Helenizar o hebraizar exageradamente las palabras, desde un sentido de estudio bíblico, se puede convertir en una costumbre chocante. En el peor de los casos, las personas fuera del conocimiento bíblico puro, siendo de por sí difícil que comprendan el mensaje evangélico, quedarán complentamente confundidos, creyendo que ser cristiano es solo para eruditos... cuando bien sabemos que el conocimiento sin propósito se vuelve palabrería confusa, una tecnificación inútil que no llega a ninguna parte.