Dolita:
Ya que usted menciona Hechos 2, sería bueno y saludable para usted que haga lo quelos pentecoistales no hacen, esto es, leer todo el pasaje. Al hacerlo verá que lo de las lenguas de hoy es un engaño colosal.
Como decimos en Puerto Rico, usted "cambió chinas (naranjas) por botellas". Al dejar el verdadero Espíritu por las fantasías pentecostales, usted perdió mucho. Se enredóo con las falsas lenguas y falsos milagros. Usted no sabe lo que es la verdadera experiencia del Espíritu. Usted confunde una experiencia espirotual conuna carnal, artificial. Es fácil dar tres brincos, hablar tres o cuatro palabras inventadas o copiadas y agitarse mientras ora o canta. Eso lo puede hacer y lo hace cualquiera. Pero sentir la verdadera unción no es imitable.
A dios no se glorifica con alabanzas huecas, gritos y alboroto: a Dios se le glorifica con "llevar mucho fruto". Una vida santa es aquella que se vive a diario. Usted no va p[or las calles gritando Aleluya y dando saltos, sino siendo alguien que irradia la presencia de Dios. Y esto, hermana, no se puede fabricar. Puedo decirle tranquilamente que todos los que se aventuran en eso de las lenguas falsas está haciendo un pobre papel ante el mundo y, si no se arreepeinte a tiempo, lo que tendrá será el pago delos impíos.
Lo que espera al mundo es terrible, pero antes que las plagas postreras caigan sin misericordia sobre los impenitentes, Dios hará el prodigio del nuevo Pentecostés. Pero no será como están haciendo hace ya más de un siglo las iglesias llamadas de avivamiento. Será un espíritu misionero, con poder inigualable, aun mayor que el primer Pentecostés. Será entonces que se cumplirá en su plenitud la profecía de Joel. Se harán milagros verdaderos, sin aspavientos. El mundo entero recibirá el mensaje final de Dios. Se cumplirá Apocalipsis 18:1-5. Esto despertará persecución, pero nada impedirá que la misión del Espíritu Santo se cumpla.
Los ex adventistas que insisten en que nosotros vivimos por la ley, que idolatrizamos el sábado, que tenemos que convertirnos a Cristo, es porque nunca fueron adventistas. "Si fueran de nosotros, ciertamente permanecerían con nosotros".
No sé usted hermana, pero yo sí creo firmemente en Cristo. La observancia de la ley (el Decálogo) no me salva; me salva Cristo y sólo Cristo. La ropa con la entraremos al cielo es de tejido celestial: la justicia de Cristo. Guardamos la ley, no para salvarnos, sino porque somos salvos. Y esto, hermana Dolita, la creemos todos los adventistas. Y usted lo sabe.
Que el Dios de paz sea con usted.