¿Apoya el Antiguo Testamento la esclavitud?

18 Enero 2012
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[h=1]¿Apoya el Antiguo Testamento la esclavitud?[/h][h=2]Un examen de textos difíciles[/h]
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Por Paul Copan
En “¿Apoya el Antiguo Testamento la esclavitud? Una perspectiva general” (Revista Enrichment, primavera de 2011), he comentado la naturaleza general de la esclavitud en el Antiguo Testamento. En dicho ensayo examino tres de los textos más desafiantes del Antiguo Testamento sobre la esclavitud. Para un tratamiento en mayor profundidad, véase mi libro¿Es Dios un monstruo moral?
[h=3]¿GOLPEAR A LOS ESCLAVOS HASTA QUE MUERAN?[/h]Si alguno hiriere a su siervo o a su sierva con palo, y muriere bajo su mano, será castigado (naqam); mas si sobreviviere por un día o dos, no será castigado (naqam), porque es de su propiedad (Éxodo 21:20-21).
¿Es el siervo aquí meramente propiedad? El Antiguo Testamento afirma la plena dignidad de la persona (Génesis 1:26,27; Deuteronomio 15:1-18; Job 31:13-15). Éxodo 21:20,21 prueba no ser una excepción. Si el siervo moría después de “uno o dos días”, la Ley daba al amo el beneficio de la duda de no haber tenido intención homicida. Pero si la paliza que el amo daba a su siervo le causaba la muerte inmediata, el juez declararía al amo culpable de homicidio. El verbo naqam siempre sugiere la pena capital.
Aquí vemos reforzado el tema de “vida por vida” (21:23,24), que viene a continuación de este pasaje del siervo maltratado. El amo no debería tratar a su siervo como propiedad, sino como un ser humano dignificado.
[h=3]¿DEJAR A LA ESPOSA Y A LOS HIJOS?[/h]Si comprares siervo hebreo, seis años servirá; mas al séptimo saldrá libre, de balde. Si entró solo, solo saldrá; si tenía mujer, saldrá él y su mujer con él. Si su amo le hubiere dado mujer, y ella le diere hijos o hijas, la mujer y sus hijos serán de su amo, y él saldrá solo. Y si el siervo dijere: Yo amo a mi señor, a mi mujer y a mis hijos, no saldré libre; entonces su amo lo llevará ante los jueces, y le hará estar junto a la puerta o al poste; y su amo le horadará la oreja con lesna, y será su siervo para siempre
En mi artículo de la primavera de 2011 yo hice notar que, a causa de desesperación, un hombre podría alquilar temporalmente (vender) a su esposa, hijos, y aun a sí mismo para sacar a la familia de deudas. Eso sería una servidumbrevoluntaria, muy diferente de la esclavitud anterior a la guerra. El hombre, su esposa y sus hijos tendrían un techo sobre su cabeza, con alimento y vestuario suplido por el empleador (“amo”). En cuanto a esta ley particular en Éxodo 21:2-6, algunos críticos objetan que una mujer y los hijos estén en desventaja, aun, atrapados. Para ellos, puesto que el hombre obtiene su libertad, esto refleja una tendencia anti feminista, contra los hijos, o una trampa con el fin de que el hombre permanezca con el amo si es que se casa con una mujer que está en esclavitud como él.
Tres aclaraciones están en orden:
Primero, tenemos mucha razón de pensar que este pasaje no especifica el género.Este es un ejemplo de un caso legal (“si se presenta un caso tal y tal, ésta es la manera de proceder”). Los casos legales eran típicamente de género neutro. Aun más, los jueces israelitas eran totalmente capaces de aplicar las leyes de igual manera a hombres y a mujeres. Una mujer empobrecida, cuyo padre no la daba como esposa a un hombre (viudo o divorciado) o a su hijo (Éxodo 21:7-11), podía realizar tareas domésticas del hogar, y podía obtener su libertad por esta misma ley.
Varios eruditos sugieren esta legítima lectura alternativa: Si compras una sierva hebrea, ella te servirá por seis años, pero en el séptimo año ella quedará en libertad… si le das un marido y ellos tienen hijos e hijas, el marido y los hijos pertenecerán al amo y ella podrá salir en libertad. Esta lectura tiene sentido absoluto, y no viola el espíritu de la ley.
Segundo, este escenario no es tan duro como parece al principio. Considerémoslo desde el punto de vista del siervo varón. En este caso, el amo hace arreglos para el matrimonio entre este siervo soltero y una de sus siervas. (En una servidumbre por deudas, la familia del amo podría conectarse en negociaciones matrimoniales.) Al tomar al siervo varón en su hogar para pagar una deuda, el amo ha hecho una inversión. Él podría sufrir pérdida si el siervo salía del contrato. En el servicio militar, aun si un soldado se casa, sencillamente no puede irse porque todavía le debe al ejército su tiempo. Por tanto, no tendría sentido que el hombre se fuera con su familia sin pagar la deuda..
Tercero, el hombre que queda libre tiene tres opciones:(a) Podría esperar que su esposa e hijos terminaran el tiempo de servicio que les queda, mientras él trabaja en otra parte. Su esposa e hijos no estarían “atascados” en la casa del amo por el resto de sus vidas. Ellos podrían ser liberados cuando la esposa pagara su deuda. Sin embargo, si el hombre recién liberado trabajara en otra parte, tendría que separarse de su familia, y su amo ya no le proveería alimento, vestuario y alojamiento. Por otra parte, si él viviera con su familia después de ser liberado, todavía tendría que pagar alimentación y alojamiento. Por tanto, esta situación le crearía su propio conjunto de desafíos financieros.
(b) Él podría obtener un trabajo decente en alguna parte y ahorrar dinero para pagar al amo con el fin de que deje a su esposa e hijos libres de obligaciones contractuales. El problema es que le sería muy difícil sostenerse a sí mismo y ganar suficiente dinero para liberar a su familia de la deuda.
(c) Podría comprometerse a trabajar en forma permanente para su empleador – un contrato de por vida (versículos 5,6). Así podría permanecer con su familia y quedarse en una condición económica bastante estable, formalizando su intención en una ceremonia legal ante los jueces (“Dios”) dejando que se le perforara la oreja con una lezna.
Los occidentales no debieran imponer soluciones modernas en problemas difíciles de la antigüedad; más bien, necesitamos tener una mejor comprensión de la naturaleza de la servidumbre israelita y de las circunstancias sociales y económicas que la rodeaban. Estamos hablando de servidumbre voluntaria en circunstancias infortunadas, durante tiempos económicos funestos. Las leyes de Israel proveían redes de salvamento para protección, no para opresión.
[h=3]¿POSESIÓN DE ESCLAVOS EXTRANJEROS?[/h]“Mis siervos, los cuales saqué yo de la tierra de Egipto; no serán vendidos a manera de esclavos… Así tu esclavo como tu esclava que tuvieres, serán de las gentes que están en vuestro alrededor; de ellos podréis comprar esclavos y esclavas. También podréis comprar de los hijos de los forasteros que viven entre vosotros, y de las familias de ellos nacidos en vuestra tierra, que están con vosotros, los cuales podréis tener por posesión. Y los podréis dejar en herencia para vuestros hijos después de vosotros, como posesión hereditaria; para siempre os serviréis de ellos; pero en vuestros hermanos los hijos de Israel no os enseñorearéis cada uno sobre su hermano con dureza” (Levítico 25:42-46).
Este texto a muchos les causa problemas, pero considere los siguientes puntos. Primero, según Levítico 19:33,34, Israel debía amar al extranjero en la tierra. También, las leyes del Éxodo (Éxodo 21:20,21,26,27) protegen de abuso a todas las personas que sirven a otros, no solamente a los judíos.
Segundo, el verbo adquirir (qanah) en Levítico 25:39-51 no necesariamente habla de comprar o vender siervos extranjeros como propiedad. Este verbo aparece en Génesis 4:1 (Eva habiendo “adquirido” un varón), y 14:19 (Dios como “creador” del cielo y de la tierra), y Booz que “toma” a Rut como esposa (Rut 4:10), claramente una compañera en su plenitud y no una inferior.
Tercero, los “forasteros” en servidumbre (Levítico 25:45) se les considera capaces de adquirir suficientes “medios” para comprar su propia libertad (versículo 47). Ellos no se quedaban inevitablemente en una servidumbre de por vida. El texto continúa: “Si el forastero o el extranjero que está contigo se enriqueciere” (versículo 47). Los términos extranjero (ger) yforastero (toshab) están conectados a los términos en el versículo 45. Esto es, que los siervos extranjeros “adquiridos” podían potencialmente mejorar de tal modo su condición hasta el punto de comprar siervos ellos mismos. (Por cierto, estaba prohibido que un forastero comprara un siervo israelita.) En principio, todas las personas en servidumbre en Israel podían ser liberadas, a menos que hubieran cometido un crimen.
Cuarto, en algunos casos, los siervos extranjeros podían ascender y aparentemente igualar a los ciudadanos israelitas. Por ejemplo, el descendiente de Caleb, Sesán, tuvo una hija, que se casó con un siervo egipcio: Y Sesán no tuvo hijos, sino hijas; pero tenía Sesán un siervo egipcio llamado Jarha. A éste Sesán dio su hija por mujer, y ella dio a luz a Atai (1 Crónicas 2:34-35). Aquí tenemos un matrimonio entre un siervo extranjero y una persona libre y de cierto abolengo. La implicación clave es que los derechos de herencia recaerían en el hijo de un siervo: Atai.
Quinto, Dios exigía que Israel protegiera a los siervos extranjeros que se hubieran fugado dentro de los límites de Israel y que no se les devolviera a sus duros amos (Deuteronomio 23:15,16); también estaba prohibido el rapto de esclavos (Éxodo 21:16; Deuteronomio 24:7). Por tanto, debemos entender Levítico 25 teniendo en mente estas medidas de protección generales y humanitarias.
Sexto, puesto que a los no israelitas no se les permitía adquirir tierras en Israel, los extranjeros sin hogar y sin tierra no tendrían otra cosa que elegir sino allegarse a una familia israelita como siervos, lo que parecería haber sido la única alternativa posible, y no necesariamente una mala alternativa. John Goldingay escribe: “Tal vez muchas personas se sentirían razonablemente felices de llegar a ser siervos por un período bastante largo, o por toda la vida. Los siervos se consideran como parte de la familia”. Él añade: “Uno puede aun imaginar a gente que comenzaba como siervos por deudas tomando la decisión de ser siervos voluntarios porque amaban a su amo y a su casa (Deuteronomio 15:16,17).
Séptimo, varios eruditos ven al siervo “hebreo” de Éxodo 21:2 como un extranjero sin afiliación política que ha llegado a Israel. Nótese que él no estaba forzado a una servidumbre de por vida (a menos que así lo decidiera él mismo); podía ser liberado en el séptimo año, presumiblemente para volver a su lugar de origen.
Entonces, estos son algunos de los pasajes que hablan de la servidumbre en el Antiguo Testamento, y las explicaciones razonadas para ellos. En el próximo número de Enrichment daré un vistazo a la esclavitud en el Nuevo Testamento.
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PAUL COPAN, Ph.D., West Palm Beach, Florida, es catedrático de filosofía y ética en Palm Beach Atlantic University. Es autor y redactor de varios libros, entre ellos When God Goes to Starbucks [Cuando Dios va a Starbucks]. También es presidente de la Evangelical Philosophical Society.
 
Re: ¿Apoya el Antiguo Testamento la esclavitud?

[h=1]El Antiguo Testamento, ¿apoya la esclavitud? Un vistazo panorámico[/h]
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Si los sureños creyentes en la Biblia hubiesen seguido el código de leyes de Israel, la esclavitud anterior a la guerra civil de los Estados Unidos no hubiera existido, o hubiera sido algo de menor importancia.
Por Paul Copan
Harriet Beecher Stowe (1811-1896) es la famosa autora de La cabaña del tío Tom. Cuando Abraham Lincoln la conoció, en circunstancias en que ella visitaba la Casa Blanca, él, supuestamente le dijo: "¡De modo que usted es la damita que escribió el libro que dio comienzo a esta gran guerra!" Stowe describió la naturaleza de la esclavitud anterior a la guerra: "El poder legal del amo llegaba hasta un absoluto despotismo sobre cuerpo y alma", y "no hay protección para la vida de un esclavo".1
Cuando cristianos e inconversos leen acerca de los esclavos o de la esclavitud en Israel, con frecuencia piensan en términos de la esclavitud anterior a la guerra, con su mercado de esclavos y sus crueldades. Esta es una gran equivocación, y muchos –incluso los nuevos ateos– han incurrido en esta falsa percepción de la situación. Sam Harris escribe que los esclavos son seres humanos capaces de sufrimiento y de felicidad. Sin embargo, el Antiguo Testamento los considera como "equipamiento agrícola", lo que es "patentemente maligno".2
En este y dos artículos sucesivos me referiré a la esclavitud, según las Escrituras. En los dos primeros artículos trataré la esclavitud según el Antiguo Testamento. El tercero tratará la esclavitud según el Nuevo Testamento. Para una discusión más detallada, vea mi libro, Is God a moral Monster? [¿Es Dios un monstruo moral?] Baker, enero 2011).
[h=3]LA SERVIDUMBRE HEBREA COMO SERVICIO A CONTRATA[/h]Debiéramos comparar la servidumbre hebrea por deuda (muchos traductores traducen esto como "esclavitud") más propiamente con las posiciones de aprendices por pago de deudas, muy semejantes al servicio a contrata durante la fundación de los Estados Unidos de América, cuando la gente trabajaba aproximadamente durante siete años para pagar la deuda por su pasaje al Nuevo Mundo. Luego ellos quedaban en libertad.
En la mayoría de los casos, la servidumbre fue más como la condición de un empleado puertas adentro, incrustado temporalmente dentro de la casa del empleador. Aun en la actualidad, los equipos comercian a los deportistas con otro equipo que tiene un dueño, y estos jugadores pertenecen a una franquicia. Este lenguaje difícilmente sugiere esclavitud, sino más bien un acuerdo de contrato formal que debe ser cumplido, como en el Antiguo Testamento.3
A causa de cosechas fracasadas u otros desastres, las familias solían incurrir en deudas, no tan simplemente los individuos. Uno podía someterse voluntariamente a un acuerdo contractual ("venderse") para trabajar en la propiedad de algún otro: "Si… tu hermano… empobreciere, y se vendiere… (Levítico 25:47). Una esposa, o los hijos, podían "venderse" para ayudar a sostener económicamente a la familia en tiempos difíciles, a menos que un pariente los "redimiera" (pagara la deuda). Ellos serían sirvientes por la deuda durante seis años.4 Una familia quizá necesitara hipotecar su tierra hasta el año del jubileo, que ocurría cada cincuenta años.5
Nota: En el Antiguo Testamento, los extraños no imponían la esclavitud, como en el caso del Sur previo a la guerra.6 Los amos podían contratar sirvientes "de año en año" y no debían tratarlos "con rigor" (Levítico 25:46,53). Antes que estar excluidos de la sociedad israelita, los siervos estaban totalmente inmersos dentro de los hogares israelitas.
El Antiguo Testamento prohibía la servidumbre inevitable de por vida, a menos que alguien amara a su amo y deseara quedar ligado a él (Éxodo 21:5). Los amos debían garantizar a sus siervos la libertad cada séptimo año, con todas las deudas canceladas (Levítico 25:35-43). La condición legal de un esclavo era algo único en el antiguo Cercano Oriente, una mejora dramática sobre los códigos de leyes de toda aquella región: "El hebreo no tiene vocabulario de esclavitud, solamente de servidumbre."7
La eventual liberación de la servidumbre de un israelita dentro de siete años era un control o regulación para evitar el abuso y la institucionalización de tales situaciones. El año de la liberación recordaba a los israelitas que la servidumbre debida a la pobreza no era una condición social ideal. Por otra parte, la servidumbre existía en Israel precisamente porque existía la pobreza; si no había pobreza, no había siervos en Israel. Y si los siervos vivían en Israel, esto era algo voluntario (típicamente inducido por la pobreza, no algo forzado.
[h=3]LA DIGNIDAD DE LOS SIERVOS EN ISRAEL[/h]Las leyes respecto de los siervos en Israel tenían la finalidad de controlar o regular –no idealizar– un acuerdo de trabajo inferior. Los israelitas entraban en forma voluntaria a la servidumbre, aun cuando no en forma óptima. La intención de las leyes de Israel era la de combatir los posibles abusos, no la de institucionalizar la servidumbre. El Antiguo Testamento castigaba la esclavitud forzada con la muerte. Una vez que un amo liberaba a una persona de sus obligaciones de siervo, el que había sido un siervo tenía la "condición plena de ciudadanía".8
La legislación del Antiguo Testamento buscaba evitar la servidumbre voluntaria por deudas. Dios dio la legislación mosaica para evitar que los pobres entraran, aun en forma temporal, en un servicio voluntario obligado. Los pobres podían cosechar las espigas de los bordes de los campos, o recoger la fruta que quedaba en los árboles después que los vecinos israelitas hubiesen hecho la cosecha (Levítico 19:9,10; 23:22; Deuteronomio 24:20,21; Éxodo 23:10). También, Dios ordenó a los israelitas dar prestado liberalmente a los pobres (Deuteronomio 15:7,8), sin cobrarles interés (Éxodo 22:25; Levítico 25:36,37). Y cuando los pobres no podían presentar animales para el sacrificio, podían sacrificar unos más pequeños, menos costosos (Levítico 5:7,11). También, la gente debía cancelar automáticamente las deudas cada siete años. Y cuando un amo dejaba en libertad a sus siervos por deudas, debía proveerles lo necesario con generosidad, sin "mezquindad" (Deuteronomio 15:10). En resumidas cuentas, Dios no quería que hubiese pobreza (o servidumbre) en Israel (Deuteronomio 15:4). Por tanto, las leyes de servidumbre existían para ayudar a los pobres, no para dañarlos o humillarlos.
En lugar de relegar el tratamiento de los siervos ("esclavos") al final del código de leyes (lo que ocurría comúnmente en los códigos de leyes de los países del Cercano Oriente), al asunto se le da máxima importancia en Éxodo 21. Por primera vez en el antiguo Cercano Oriente, la legislación de Dios requería que se tratara a los siervos ("esclavos") como personas, no como objetos de propiedad. Génesis 1:26,27 afirma que todos los seres humanos son portadores de la imagen de Dios. Job declara que el amo y el esclavo provienen igualmente de la matriz de la madre y son, en último término, iguales (Job 31:13-15). Tal como ha escrito un erudito: "En la Biblia tenemos las primeras declaraciones en la literatura mundial para tratar a los esclavos como seres humanos en razón de lo que ellos son y no simplemente a causa de los intereses de sus amos."9
[h=3]TRES NOTABLES PROVISIONES EN ISRAEL[/h]Una simple comparación del código de leyes de Israel con los del resto del antiguo Cercano Oriente revela tres notables diferencias. Si los sureños creyentes en la Biblia (de los Estados Unidos) hubiesen seguido estas tres provisiones, la esclavitud anterior a la guerra no hubiese existido o hubiese sido algo mucho más leve.
1. Leyes contra el daño: Una notable mejora en las leyes de Israel sobre los códigos de leyes del antiguo Cercano Orientees la liberación de los siervos que habían sufrido daño (Éxodo 21:26,27). Cuando un empleador ("amo") arrancaba accidentalmente el ojo o un diente de su siervo, hombre o mujer, la persona afectada quedaba en libertad. Dios no permitía el abuso físico de los siervos. Si un empleador, al disciplinar a su siervo le causaba la muerte inmediata, ese empleador ("amo") era condenado a muerte por homicidio (Éxodo 21:20). Cosa muy diferente ocurría con los otros códigos del antiguo Cercano Oriente.10 De hecho, el Código de Hamurabi de Babilonia permitía que el amo cortara la oreja del esclavo desobediente (¶282). Típicamente, en los códigos de leyes del antiguo Cercano Oriente, los amos –no los esclavos– eran compensados financieramente. Sin embargo, la ley mosaica hacía responsables a los amos del tratamiento que dieran a sus siervos, no simplemente a los siervos de otras personas..
2. Leyes contra el secuestro: Otra característica única de la ley mosaica es su condenación del secuestro de una persona para venderla como esclavo, acción que se castigaba con la muerte (Éxodo 21:16; Deuteronomio 24:7). El secuestro fue, por supuesto, la manera en que la esclavitud tuvo su inicio en el territorio sureño anterior a la Guerra Civil.
3. Leyes contra retorno: Contrariamente al Sur anterior a la Guerra, Israel debía ofrecer asilo a los esclavos extranjeros fugados (Deuteronomio 23:15,16), un marcado contraste con la Ley de Esclavos Fugitivos de los estados del Sur. El Código de Hamurabi exigía la pena de muerte para aquellos esclavos fugitivos (¶16). En otros casos menos severos --en las leyes Lipit-Ishtar (¶12), Eshunna (¶49-50), e Hititas (¶24)-- se aplicaban multas a los que escondían a esclavos fugitivos. Algunos opinan que esto era un avance. Tal vez lo fuera. En estos escenarios "mejorados", el esclavo era todavía una propiedad; los acuerdos de extradición del antiguo Cercano Oriente todavía requerían que el esclavo fuese devuelto a su amo. Y no sólo esto, el esclavo debía volver a las duras condiciones que lo habían hecho fugarse.11 Aun las leyes mejoradas en Babilonia en el primer milenio antes de Cristo incluían compensación al dueño (o tal vez algo más severo) por dar asilo a un esclavo fugitivo. Aun los esclavos devueltos eran desfigurados, incluyendo orejas rajadas y marcados.12 Esta no es la clase de mejoras que se podrían publicitar ampliamente.
Christopher Wright, erudito del Antiguo Testamento, declara: "No se ha hallado ninguna otra ley del antiguo Cercano Oriente que haga responsable al amo por el trato que da a sus esclavos (como algo distinto del daño hecho al esclavo de otro amo); en cambio, la ley universal respecto de esclavos fugitivos era que debían ser devueltos, con severas penalidades para los que no cumplieran."13
Si el Sur hubiese seguido estas claras leyes de Éxodo y Deuteronomio, la esclavitud no habría significado problema. Lo que es más, el tratamiento que Israel daba a los siervos ("esclavos") no tenía igual en el antiguo Cercano Oriente.
En el próximo número, presentaré un vistazo de algunos pasajes peliagudos de la "esclavitud".
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PAUL COPAN, Ph.D., West Palm Beach, Florida, es catedrático de filosofía y ética en Palm Beach Atlantic University. Es autor y redactor de varios libros, entre ellos When God Goes to Starbucks [Cuando Dios va a Starbucks]. También es presidente de la Evangelical Philosophical Society.


[h=4]NOTAS[/h]1. Harriet Beecher Stowe, A Key to Uncle Tom's Cabin [Una clave a La Cabaña del Tío Tom], que presenta los hechos y los documentos sobre los que se basa la historia, juntamente con declaraciones corroborativas que verifican la veracidad de la obra (Boston: John P. Jewett, 1853), l.10, 139.
2. Sam Harris, The End of Faith [El fin de la fe], Nueva York: W.W. Norton, 2004, 18.
3. Douglas Stuart, Exodus (Nashville: B&H, 2009), 474,5.
4. De Tikva Frymer-Kenski "Anatolia and the Levant: Israel" [Anatolia y el Levante: Israel], en A History of Ancient Near East Law [Una historia de la ley del antiguo Cercano Oriente], vol. 2, ed., Raymond Westbrook (Leiden: Brill, 2003).
5. Véase Gregory C. Chirichigno, Debt-Slavery in Israel and the Ancient Near East [La esclavitud por deudas en Israel y en el antiguo Cercano Oriente], JSOT Supplement Series 141 (Sheffield: University of Sheffield Press, 1993), 351-54. .
6. Véase de Gordon Wenham, "Family in the Pentateuch" [La Familia en el Pentateuco], en Familia en la Biblia, eds. Richard S. Hess y Daniel Carrol (Grand Rapids: Baker Academic, 2003), 21.
7. J. A. Motyer, The Message of Exodus [El mensaje de Éxodo]. Downers Grove, Illinois: Intervarsity, 2005, 239.
8. John I. Durham, Exodus (Waco, Tex.: Word1987), 321.
9. Muhammad A. Dandamayev, s.v. "Slavery (Old Testament)", en Anchor Bible Dictionary, vol. 6, ed. David Noel Freedman (Nueva York: Doubleday, 1992).
10. Véase Christopher Wright, "Old Testament Ethics and the People of God" [La ética del Antiguo Testamento y el pueblo de Dios], Downers Grove, Illinois: Intervarsity Press, 2006, 292.
11. Las referencias textuales legales del antiguo Cercano Oriente son de William W. Hallo, ed., The Context of Scripture [El Contexto de la Escritura]: Volume II: Monumental Inscriptions From the Biblical World (Leiden: Brill, 2003); Martha T. Roth, "Law Collections From Mesopotamia and Asia Minor" [Colecciones de Leyes de Mesopotamia y de Asia Menor], 2ª ed. (Atlanta: Scholars Press, 1997). Véase también Elisabeth Meir Tetlow, "Women, Crime, and Punishment in Ancient Law and Society" [Mujeres, crimen y castigo en la ley de la antigua sociedad]: Volumen 1: el antiguo Cercano Oriente (Nueva York: Continuum 2004).
12. Raymond Westbrook, ed., s.v. "Neo-Babylonian Period", A History of Ancient Near Eastern Law [Período neo babilónico, una historia de la ley del antiguo Cercano Oriente], 2: 932.
13. Wright, "Old Testament Ethics" [Ética del Antiguo Testamento], 292.
 
Re: ¿Apoya el Antiguo Testamento la esclavitud?

[h=1]¿Por qué el Nuevo Testamento guarda silencio acerca de la esclavitud… o no es así?[/h]
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Por Paul Copan
En mis dos ensayos previos (Enrichment de la primavera y el verano 2011), mi enfoque estuvo en la servidumbre por causa de una deuda, según lo narra el Antiguo Testamento. Este artículo se enfoca en la esclavitud durante los tiempos del Nuevo Testamento, un mundo muy diferente de esclavitud institucionalizada como propiedad. Yo comento esto con más detalle en ¿Es Dios un monstruo moral? (Baker, 2011).
Durante el primer siglo, entre el 85 y el 90 por ciento de la población de Roma eran esclavos, tanto en las posiciones bajas como en las de prestigio. Esto retrocedió un paso más atrás del Antiguo Testamento, pero la culpa fue de Roma.
[h=3]LOS ESCLAVOS COMO PERSONAS[/h]El Nuevo Testamento presupone una igualdad fundamental, porque todos los humanos son creados a la imagen de Dios (Santiago 3:9). Sin embargo, una unidad aun más profunda trasciende los límites y las estructuras sociales: no hay diferencia entre judío o griego, esclavo o libre, hombre o mujer, pues todos los creyentes son «uno en Cristo Jesús» (Gálatas 3:28; Colosenses 3:11).
Algunos críticos señalan: «Jesús jamás dijo algo respecto a la injusticia de la esclavitud». Eso no es así. En su misión para «pregonar libertad a los cautivos … poner en libertad a los oprimidos», Él se opuso de manera muy clara a toda forma de opresión (Lucas 4:18; Isaías 61:1). Aunque Jesús no hizo presión para obtener algún plan de reforma económica en Israel, sí se refirió a actitudes tales como la avaricia, el materialismo, el contentamiento y la generosidad.
Los escritores del Nuevo Testamento mencionan actitudes subyacentes respecto a la esclavitud: Los amos cristianos llamaban «hermanos» o «hermanas» a los esclavos cristianos. El Nuevo Testamento ordenaba a los amos que mostraran compasión, justicia y paciencia. La posición de ellos como amos significaba responsabilidad y servicio, no opresión y privilegio. De este modo, el germen ya estaba presente para alterar las estructuras sociales.
Los escritores del Nuevo Testamento, al igual que Jesús, su Maestro, se oponían a la deshumanización y a la opresión de los demás. Efectivamente, el apóstol Pablo entrega reglas de convivencia en Efesios 6 y en Colosenses 4, no solamente para los esclavos cristianos sino también para los amos cristianos. Los esclavos, en última instancia, son responsables ante Dios, su Amo celestial. Pero los amos deben hacer «con ellos lo mismo», es decir, como personas gobernadas por un Amo celestial (Efesios 6:9). El comentarista P.T. O’Brien señala que «la exhortación enigmática de Pablo es escandalosa» para su época.[SUP]1[/SUP]
Dada la igualdad espiritual de esclavo y libre, los esclavos hasta asumían cargos de liderazgo en las iglesias. El ministerio de Pablo ilustra —cuando él saluda a la gente por nombre en sus epístolas— cómo en Cristo no hay esclavo ni libre. Algunas de estas personas habían usado comúnmente nombres de esclavos y de libertos. Por ejemplo, en Romanos 16:7,9 él se refiere a esclavos tales como Andrónico y Urbano (nombres corrientes para esclavos) como «parientes», «compañeros de prisiones» y «colaborador». El Nuevo Testamento se refiere a la esclavitud de una manera contraria a la de los aristócratas y filósofos como Aristóteles, quien sostenía que ciertos humanos eran esclavos por naturaleza (Política I.13).
Pablo recordó a los amos cristianos que ellos, con sus esclavos, eran igualmente esclavos del mismo Amo imparcial. Por tanto, no debían maltratarlos sino más bien tratarlos como hermanos y hermanas en Cristo. Pablo hizo un llamado a los amos humanos para que concedieran «justicia y rectitud» a sus esclavos (Colosenses 4:1). De un modo sin precedentes, Pablo trató a los esclavos como personas moralmente responsables (Colosenses 3:22-25) que, al igual que sus amos cristianos, eran «hermanos» y formaban parte del cuerpo de Cristo (1 Timoteo 6:2).[SUP]2[/SUP] Los cristianos, tanto esclavos como amos, pertenecen a Cristo (Gálatas 3:28; Colosenses 3:11). La condición espiritual es de mayor importancia y de mayor libertad que la condición social.
[h=3]EL SILENCIO DE LOS ESCRITORES DEL NUEVO TESTAMENTO ACERCA DE LA ESCLAVITUD[/h]Aunque los críticos declaran que los escritores del Nuevo Testamento guardan silencio respecto a la esclavitud, vemos una sutil oposición a ella en varias maneras. Podemos decir confiadamente que Pablo hubiera considerado la esclavitud, previa a la guerra con su tráfico de esclavos, como algo abominable —una total violación de la dignidad humana y una acción de robo humano. En la lista de vicios, que presenta Pablo en 1 Timoteo 1:9,10, él expone los mandamientos quinto al noveno (Éxodo 20; Deuteronomio 5). Allí Pablo condena a los «secuestradores» [lo que también se puede traducir como comerciantes de esclavos], que roban lo que no es legítimamente de ellos.[SUP]3[/SUP]
Los críticos se preguntan por qué Pablo o los escritores del Nuevo Testamento (1 Pedro 2:18-20) no condenaron la esclavitud y dijeron a los amos que dejaran en libertad a sus esclavos. Es preciso que separemos este asunto de otras consideraciones. La posición de los escritores del Nuevo Testamento acerca de la condición negativa de la esclavitud fue clara en varios sentidos: a) repudiaron el tráfico de esclavos; b) afirmaron la plena dignidad humana y el status espiritual igual a los esclavos; c) alentaron a los esclavos a adquirir su libertad siempre y cuando fuera posible (1 Corintios 7:20-22); d) sus revolucionarias afirmaciones cristianas, si se tomaban en serio, ayudarían a destruir la institución de la esclavitud, que es lo que efectivamente ocurrió varios siglos más tarde en la eventual erradicación de la esclavitud en Europa; y e) en Apocalipsis 18:11-13, la condenada Babilonia (el mundo de los opositores a Dios) queda en condenación porque había tratado a los humanos como «mercadería», habiendo traficado con «esclavos (literalmente “cuerpos”) y vidas humanas» (v. 13). Este repudio por tratar a los humanos como mercadería da por sentado la doctrina de la imagen de Dios en todos los seres humanos.
Pablo, al igual que Pedro, no hace un llamado para una revuelta con el fin de abolir la esclavitud en Roma. Por una parte, ellos no deseaban que la gente percibiera que la fe cristiana se oponía al orden social y a la armonía. Por tanto, los escritores del Nuevo Testamento dijeron a los esclavos que hicieran lo correcto. Aunque los maltrataran, su conciencia estaría clara (1 Pedro 2:18-20). Sí, las obligaciones recaían sobre estos esclavos sin su previo consentimiento. De modo que la senda que los cristianos primitivos debían seguir era peliaguda, muy distinta a la situación de servidumbre voluntaria en la Ley mosaica.
Un levantamiento de los esclavos le hubiera hecho muy poco favor al evangelio, y habría significado una amenaza directa a un régimen opresivo como el romano (vg., «Amos, liberen a sus esclavos», o, «Esclavos, rompan sus cadenas»). Roma habría desatado una inmediata oposición con una fuerza letal. Así que, la recomendación de Pedro a los esclavos tratados injustamente implicaba soportar un sufrimiento sin represalias. El sufrimiento en sí mismo no es bueno; pero la reacción correcta en medio del sufrimiento es algo digno de elogio.
Los cristianos primitivos debilitaron de manera indirecta la esclavitud, rechazando muchas de las creencias comunes greco-romanas respecto a esa situación (vg., las de Aristóteles) y reconociendo el valor intrínseco y de igualdad de los esclavos. Puesto que el Nuevo Testamento niveló todas las distinciones al pie de la cruz, la fe cristiana —por ser revolucionaria, contraria a la cultura y contraria al status quo— resultó particularmente atractiva a los esclavos y a las clases bajas. De este modo, de manera semejante a la levadura, el modo de vida cristiano puede tener un efecto gradual en la sociedad y las instituciones opresivas, semejantes a la esclavitud, tendrían que ceder. Esto es, efectivamente, lo que sucedió en toda Europa: la esclavitud desapareció gradualmente, puesto que los europeos «cristianizados» vieron con claridad que la posesión de otro ser humano era contraria a la creación y a la nueva creación en Cristo.[SUP]4[/SUP]
El presidente Abraham Lincoln, que despreciaba la esclavitud pero que se aproximó a ella sagazmente, adoptó esta estrategia de incremento. Puesto que era un excepcional estudioso de la naturaleza humana, reconoció que las realidades políticas y las realidades predecibles a la abolición requerían un acercamiento gradual. La ruta abolicionista radical de John Brown y de William Lloyd Garrison simplemente crearía una violenta reacción social en contra de los empedernidos abolicionistas (y así ocurrió) y haría que la emancipación fuese más difícil.[SUP]5[/SUP]
[h=3]EL REGRESO DE ONÉSIMO: ¿UN RETORNO A HAMMURABI?[/h]Que Pablo devolviera a Onésimo a su antiguo amo Filemón, ¿fue un paso moral de retroceso? ¿Fue más como el opresivo código babilónico de Hammurabi, que insistía en que los esclavos fugitivos debían regresar a sus amos, algo prohibido en el Antiguo Testamento (Deuteronomio 23:15,16)? Algunos culpan a Pablo de estar tomando una posición con Hammurabi en contra del Antiguo Testamento.
Leer una epístola del Nuevo Testamento, tal como Filemón, es como escuchar solo una de las partes en una conversación telefónica. Nosotros solo escuchamos la voz de Pablo, pero hay una buena cantidad de espacios vacíos que nos gustaría que estuvieran llenos. ¿Cuál era la relación entre Pablo y Filemón («hermano amado y colaborador» y «compañero» Filemón 1,17)? ¿Qué deuda tenía Filemón con Pablo? ¿De qué modo perjudicó Onésimo a Filemón (si es que le hizo algún daño)?[SUP]6[/SUP]
Muchos intérpretes se han tomado la libertad de ayudarnos a contestar estas interrogantes. ¿Qué ha resultado de todo ello? Por lo general, creen ver mucho más de lo que dice el texto. La hipótesis común del esclavo fugitivo (que Onésimo fue un esclavo de Filemón que se fugó) es bastante tardía, habiéndose iniciado con Juan Crisóstomo, el padre de la iglesia (347-407 d.C.). Sin embargo, existe un genuino desacuerdo de eruditos respecto a esta interpretación. Hay una razón, la epístola no contiene verbos de «fuga», como si Onésimo se hubiese ausentado repentinamente, sin permiso. Y Pablo no da indicios de temer que Filemón tratara con brutalidad a un Onésimo que regresaba, como hacían típicamente los amos romanos cuando lograban recuperar a sus esclavos fugados.
Algunos sugieren la posibilidad de que Onésimo y Filemón fueran hermanos (quizá biológicos) cristianos distanciados.[SUP]7[/SUP] Pablo exhortó a Filemón a que no recibiera a Onésimo como un esclavo (cuyo status en la sociedad romana significaba aislamiento y deshonra); sino que más bien recibiera a Onésimo como a un hermano amado: «Para que le recibieses para siempre; no ya como esclavo, sino como más que esclavo, como hermano amado, mayormente para mí, pero cuánto más para ti, tanto en la carne como en el Señor» (Filemón 1:15-16).
Note el sonido similar del lenguaje en Gálatas 4:7: «Así que ya no eres esclavo, sino hijo; y si hijo, también heredero de Dios por medio de Cristo». Esto puede arrojar mayor luz acerca de la manera de interpretar la epístola de Filemón. Pablo deseaba ayudar a sanar la división, de modo que Filemón recibiera a Onésimo (no como un esclavo) sino como a un hermano amado en el Señor, no sencillamente como un hermano biológico. Al proceder así, seguiría el ejemplo de Dios mismo, que nos recibe como a hijos e hijas, y no como a esclavos.
Que Onésimo fuese un esclavo, no significa que fuera un fugitivo. Si ocurrió un desacuerdo o mal entendido entre Onésimo y Filemón y Onésimo buscó a Pablo para que interviniera o sirviera de árbitro en la disputa, tampoco significa que Onésimo fuera un fugitivo oficial. Y dado el conocimiento que Pablo tenía acerca del carácter de Filemón y el recuento que él hace de la dedicación cristiana del mismo, la sugerencia de que el regreso de Onésimo diese ocasión a los métodos de Hammurabi está fuera de lugar. Una vez más, si Onésimo era un esclavo en la casa de Filemón, la estrategia de Pablo era esta: En lugar de prohibir la esclavitud, imponer la fraternidad.[SUP]8[/SUP]
En resumen, Jesús y los escritores del Nuevo Testamento se opusieron a la opresión, al tráfico de esclavos y a la consideración de los humanos como mercadería. Los cristianos primitivos eran una comunidad nueva, revolucionaria y estaban unidos por Cristo, un pueblo que trascendía las barreras raciales, sociales y sexuales, lo que finalmente condujo unos pocos siglos más tarde a una Europa libre de la esclavitud.
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PAUL COPAN, Ph.D., West Palm Beach, Florida, es catedrático de filosofía y ética en Palm Beach Atlantic University. Es autor y redactor de varios libros, entre ellos When God Goes to Starbucks [Cuando Dios va a Starbucks]. También es presidente de la Evangelical Philosophical Society.


[h=4]NOTAS[/h]
  1. O’Brien, P.T., La carta a los Efesios, Comentario Pillar, Eerdmans, Grand Rapids, 1999, p. 454.
  2. Ibid., p. 455.
  3. Ver Gordon D. Fee, 1 y 2 Timoteo, Tito, NIBC 13, Hendrickson, Peabody, Massachusetts, 1988, pp. 45, 46, 49n.
  4. Hill, Jonathan, ¿Qué ha hecho el cristianismo por nosotros?, InterVarsity, Downers Grove, Illinois, 2005, p. 176.
  5. Ver White, Ronald C., A. Lincoln: Una biografía, Random House, New York, 2009, que explora estos temas en detalle.
  6. Para una buena discusión general, ver David B. Capes, Rodney Reeves, y E. Randolph Richards, Redescubriendo a Pablo, IPV Academic, Downers Grove, Illinois, 2007, pp. 237-41. También he usado ideas de Allen Dwight Callahan, «La Epístola de Pablo a Filemón: Hacia un argumento de alternativa», The Harvard Theological Review 86.4, Octubre de 1993, pp. 357-76; Sarah Winter, «La Carta de Pablo a Filemón», Estudios del Nuevo Testamento 33, 1987, pp. 1-15.
  7. Ver Callahan, La Epístola de Pablo a Filemón.
  8. Burtchaell, James Tunstead, El Problema de Filemón: Una teología de la gracia, Eerdmans, Grand Rapids, 1998, p. 21.
 
Re: ¿Apoya el Antiguo Testamento la esclavitud?

[h=2]Filósofo cristiano aborda "¿Es Dios un monstruo moral?[/h]
Un apologista cristiano y filósofo ha respondido a los ataques realizados por Nueva ateos como Richard Dawkins que sostienen que el Dios del Antiguo Testamento es un "monstruo moral".

"Parece que ha habido una creciente ola de críticas lanzadas en particular contra la concepción del Antiguo Testamento de Dios, ya que, de alguna manera incompatible con la concepción del Nuevo Testamento de Dios e inmoral", dijo Paul Copan, autor de ¿Es Dios un monstruo moral? : Entendiendo el Dios del Antiguo Testamento (Baker enero 2011), durante una entrevista la semana pasada en la Casa de Ministerios Credo "Converse con eruditos."

Nuevos Ateos, y en algunos casos los cristianos, acusar a Dios de la limpieza étnica de mando a la muerte de los cananeos, que se aprueba la poligamia, ya que muchos héroes bíblicos del Antiguo Testamento tenían más de una esposa, y la esclavitud suyas.

"Mira la Biblia más de cerca y verá que no es lo que está sucediendo en todos los es-dijo Copán, un profesor y Pledger Familia Presidente de Filosofía y Ética en Palm Beach Atlantic University en West Palm Beach, Florida

El erudito evangélico afirma en su libro que la matanza de los cananeos no fue un acto racista. Más bien, escribe, se teológica y moralmente motivadas por mandato divino para que el castigo capital social a un pueblo cuyas prácticas religiosas alentó el incesto, el bestialismo, el adulterio y otros actos antisociales. Él también hace referencia a varios textos que muestran la población cananea estaba lejos de ser aniquilado.

Sobre la cuestión de la poligamia, los puntos de Copán a Levítico 18:18 para mostrar la ley mosaica prohíbe la poligamia. Afirma que Dios "aguanta" algunas cosas que son inferiores, mientras que el desplazamiento de personas hacia el ideal moral.


"Dios trae a Adán ya Eva y los dos serán una sola carne", dijo Copán en la entrevista con el anfitrión Michael Patton. "Lo ideal es carne de toda la vida, la unión monógama entre marido y mujer."

"Dios mismo los modelos de su pacto de amor por su pueblo, expresando que en la unión ideal de fidelidad conyugal entre marido y mujer sin la competencia exterior", se señaló además.

También se refirió a los escritores bíblicos que dicen que la poligamia está permitida la monogamia porque habría sido difícil de aplicar durante ese tiempo.

Sin una comprensión adecuada del contexto, de acuerdo a Copán, muchos críticos a menudo caen en "es-debe" falacia.

"Sólo porque algo se hace en Israel que no quiere decir que por lo tanto no es un permiso divino de Dios para que esto se llevará a cabo." Es "no es igual a" deber ". Sólo porque algo es descrito no significa que se está prescrito, así, "dijo.

¿Es Dios un monstruo moral también aborda otras cuestiones que se trate carácter divino de Dios, incluyendo los celos de Dios, castigos severos, las leyes kosher, y si la violencia causa la religión.

Copan dijo que escribió el libro después de escuchar un montón de argumentación errónea de Nueva Ateo autores más vendidos, de Dawkins, Christopher Hitchens y Sam Harris con Daniel Dennett. Estos autores tienden a atraer al público con "barbas emocional" más que de fondo filosófico e intelectual, dijo.

El objetivo final del libro es el espectáculo "cómo Dios está allanando el camino para el redentor de la humanidad, Jesucristo, el Mesías, el que ha de venir a la plena realización de todas las cosas en el Antiguo Testamento," dijo Copán.

"Espero que este libro a la gente a Jesucristo, que realmente pone todas estas cosas en la perspectiva correcta."

Copán es el presidente de la Sociedad Evangélica de Filosofía y autor de nueve libros, entre ellos Cuando Dios va a Starbucks: Una guía para todos los días Apologética.
 
Re: ¿Apoya el Antiguo Testamento la esclavitud?

[h=1]¿Cómo pudo ordenar Dios que se matara a los cananeos?[/h]
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Por Paul Copan
"Pero de las ciudades de estos pueblos que Jehová tu Dios te da por heredad, ninguna persona dejarás con vida, sino que los destruirás completamente: al heteo, al amorreo, al cananeo, al ferezeo, al heveo y al jebuseo, como Jehová tu Dios te ha mandado; para que no os enseñen a hacer según todas sus abominaciones que ellos han hecho para sus dioses, y pequéis contra Jehová vuestro Dios" (Deuteronomio 20:16–18).1
Textos como el anterior han sido motivo de perturbación, tanto para creyentes como para no creyentes. En su libro The God Delusion [El engaño que es Dios], el ateo Richard Dawkins afirma que Israel se dedicó a una "limpieza étnica" cuyas "masacres sedientas de sangre" llevó a cabo con un "xenofóbico entusiasmo".
¿Qué sentido les podemos dar a esta clase de textos? Yo escribí un libro sobre la ética del Antiguo Testamento (Is God a Moral Monster? [¿Es Dios un monstruo moral?], que próximamente publicará Baker Books) en el que están incluidos cuatro capítulos acerca del Antiguo Testamento y la violencia. Aquí sólo me puedo limitar a resumir brevemente mi respuesta a esta perenne pregunta que deja perplejas a las personas. Tenga presente que estoy ofreciendo una alternativa a la versión de la cuestión cananea que se da en la Escuela Dominical.2 Primero haré unas cuantas observaciones a modo de introducción. Después bosquejaré los puntos clave, como anticipo a la explicación acerca de las guerras que aparece en mi libro que pronto saldrá a la venta.
[h=3]COMENTARIOS INTRODUCTORIOS[/h]Contra lo que afirman algunos de los que creen en la Biblia, los cananeos no eran los especímenes tan absolutamente peores de la humanidad que hayan existido jamás, ni tampoco los peores que existieron en el Oriente Medio en la antigüedad. Además, ¿cómo responderemos a esta pregunta que nos hacen los críticos?: "¿Quién me puede asegurar que estos relatos son iguales a los de cualquier ejército histórico que atacó a otro pueblo en el nombre de Dios?"
La respuesta breve es: "Se trata de una situación histórica única e irrepetible, y no podríamos justificar los ataques de Israel a los cananeos, a menos que Dios se los hubiera ordenado por medio de una revelación especial". Aun así, Dios esperó pacientemente durante más de cuatrocientos años hasta que los cananeos llegaran a estar en situación de recibir su juicio (Génesis 15:16), a pesar de que esto significó que Israel permaneciera esclavizado en Egipto mientras tanto.
Dios logró dos cosas por medio del ataque de los israelitas a Canaán. En primer lugar, hizo caer su justo juicio sobre los cananeos, quienes se lo merecían; fue una especie de pena capital colectiva. No obstante, esta destrucción que Dios dirigió no era tanto en contra del pueblo cananeo como era en contra de la religión cananea (Deuteronomio 7:3–5; 12:2, 3; comp. Éxodo 34:12, 13).3 Los dioses y diosas de los cananeos se dedicaban a toda clase de actos sexuales, entre ellos el incesto y el bestialismo. Por eso no es de sorprenderse que los adoradores de esas deidades estuvieran dedicados a practicar la prostitución ritual, sin mencionar el sacrificio de niños pequeños y otros tipos de actos de perversión.
Muchas personas, en nuestra cultura tan saturada de sexo, no parecen sentirse preocupadas por la inmoralidad sexual y la destrucción que les acarrea a las personas, a las familias y a toda la sociedad. Tal vez se encienda nuestra ira contra el racismo o la discriminación de los sexos, pero la sociedad actual ha embotado nuestros instintos morales cuando se trata de otras actividades que destruyen el alma. La ira de Dios ante la misión suicida moral y espiritual de la sociedad —su grito de "¡Basta ya!"— resulta una señal de preocupación moral.
En segundo lugar, Dios pudo preparar una tierra para que su pueblo creara el ambiente religioso adecuado que le diera sentido a la venida de un Mesías, el cual traería consigo la redención, tanto de los israelitas como de los gentiles (Génesis 12:3). ¿Quiénes quiere Él que reciban esta salvación? Sí, los judíos, pero también sus enemigos más hostiles: Asiria, Egipto, Babilonia y Filistea (Salmo 87:4–6; Isaías 19:23–25). Aun más, Dios hasta llegó a incorporar a los cananeos al nuevo Israel, el verdadero pueblo de Dios (Zacarías 9:7 [el "jebuseo", que Israel asimiló]; Mateo 15:22). La matanza de los cananeos no tuvo una motivación racial, sino que una orden divina la motivó teológica y moralmente.
[h=3]LA INFILTRACIÓN, LAS LUCHAS INTERNAS Y LA CONQUISTA[/h]La típica versión de la Escuela Dominical acerca de la historia de los cananeos da por sentado que los enfrentamientos militares fueron el único medio utilizado para apoderarse de la tierra. Sin embargo, muchos expertos evangélicos rechazan este modelo exclusivamente militar. Reconocen que el texto bíblico se refiere a un cierto tipo de infiltración (por ejemplo, Jueces 1:1–2: 5), y también a luchas internas (Jueces). Al fin y al cabo, los cananeos siguieron viviendo en la tierra. Un experto en el Antiguo Testamento observa que más que "un simple modelo de conquista, vemos una imagen mezclada de éxitos y fracasos, victorias rápidas y lentas, y progresos basados en concesiones".4 Sí, los israelitas entraron a Canaán y sí, se enfrentaron militarmente a sus habitantes, "pero sin causar una extensa destrucción material".5 Como veremos más adelante, la imagen es un poco más compleja que una simple "conquista".
[h=3]LA RETÓRICA DE LA GUERRA EN EL ORIENTE MEDIO DE LA ANTIGÜEDAD[/h]La conquista de Canaán fue mucho menos extensa y cruel de lo que mucha gente da por sentado. Observe el texto de Josué 10:40: "Hirió, pues, Josué toda la región de las montañas, del Neguev, de los llanos y de las laderas, y a todos sus reyes, sin dejar nada; todo lo que tenía vida lo mató, como Jehová Dios de Israel se lo había mandado". A primera vista, da la impresión de que Josué capturó toda la tierra, derrotó a todos los reyes y destruyó a todos los cananeos (comp. 10:40–42; 11:16–20). ¿Una aniquilación total? No del todo. Aquí Josué usó el típico lenguaje retórico del Oriente Medio antiguo, en el cual se solía exagerar lo que en realidad había sucedido.
Josué no estaba tratando de engañar a nadie, su público de la antigüedad de inmediato habría comprendido lo que estaba sucediendo. De hecho, si leemos este texto con detenimiento, vemos que esto es precisamente lo sucedido. Más tarde, el propio Josué se referiría a "estas naciones que han quedado con vosotros", y le advierte a Israel que no mencione los dioses de esas naciones, que no jure por ellos, no los sirva ni se incline ante ellos (Josué 23:7, 12, 13; comp. 15:63; 16:10; 17:13; Jueces 2:10–13).
Sucede lo mismo en el libro de los Jueces (el cual tiene una relación literaria con el de Josué): "al jebuseo que habitaba en Jerusalén no lo arrojaron"; "mas no lo arrojó"; "tampoco Efraín arrojó al cananeo" (1:21–36); "no los echaré de delante de vosotros" (2:3). De hecho, aquellas naciones permanecieron en la tierra "hasta hoy" (1:21).
Sí, Josué utilizó la retórica de guerra convencional de la antigüedad. Muchos otros relatos militares antiguos del Oriente Medio están llenos de bravuconerías y exageraciones, y describen devastaciones totales. Los lectores del Oriente Medio antiguo sabían que aquello era una inmensa hipérbole, y que no era literalmente cierto.6 Es interesante que en Deuteronomio 7:2–5 se usen palabras como "las destruirás del todo", al lado mismo de "no emparentarás con ellas". Como hemos visto, el interés principal se centra en la destrucción de la religión cananea, y no del pueblo cananeo.
[h=3]LOS AMALECITAS[/h]¿Qué decir de 1 Samuel 15, donde Dios le ordena a Israel que "destruya por completo [haram]" y "no perdonara" a los amalecitas? ¿Quiénes eran esta gente? Habían sido los enemigos de Israel desde el primer día (Éxodo 17:8–16), y lo siguieron siendo durante generaciones (por ejemplo, Jueces 3:13; 6:3–5, 33; 7:12; 10:12, etc.). Durante casi mil años los amalecitas acosaron y amenazaron a Israel. Entonces, ¿realmente Saúl acabó con ellos por completo (con la excepción del rey Agag, a quien el profeta Samuel descuartizó)? Bueno, aquí están pasando algunas cosas más. A pesar de todas las apariencias, los amalecitas vuelven a aparecer en 1 Samuel 27:8 y después en el 30:1–18. Durante los tiempos del rey persa Jerjes (486–465 a.C.), nos encontramos con Amán el agagueo (Ester 3:1). (Agag había sido el rey de los amalecitas.) Este Amán fue el que montó una campaña para destruir por completo al pueblo judío (3:13). Una y otra vez vemos que los amalecitas eran resueltamente hostiles con Israel.
[h=3]HOMBRES, MUJERES Y NIÑOS"[/h]Cuando leemos el texto de 1 Samuel 15:3 tendemos a creer que Israel fue en busca de los amalecitas que no habían combatido y los aniquiló. No obstante, Richard Hess, experto en el Antiguo Testamento, sostiene que en realidad no tenemos indicaciones de que las cosas pasaran así, ni con los amalecitas ni con los cananeos. Deuteronomio 2:34 señala: "Tomamos entonces todas sus ciudades, y destruimos todas las ciudades, hombres, mujeres y niños; no dejamos ninguno". Una vez más, en el capítulo siguiente leemos que Israel afirma: "Y las destruimos… matando en toda ciudad a hombres, mujeres y niños" (3:6).
Sin embargo, las palabras amplias, al estilo de "todos", "jóvenes y ancianos", o bien "hombres y mujeres", son frases hechas para hablar de una totalidad, aunque no estuvieran presentes las mujeres ni los niños. La expresión "hombres y mujeres", o frases similares a estas, parecen ser estereotipos destinados a describir a todos los habitantes de una población o región, "sin predisponer al lector a dar por sentado ninguna otra cosa más con respecto a sus edades, o incluso a su sexo".7
Nuestra comprensión de la arqueología y la historia de Canaán nos ofrece algunos puntos de vista que son iluminadores y ayudan a arrojar luz sobre esta discusión para reforzar esta idea. Por tanto, explorémosla.
[h=3]JERICÓ, HAI Y OTRAS CIUDADES DE LOS CANANEOS[/h]Este lenguaje estereotípico del antiguo Medio Oriente que habla de "todas" las personas, describe los ataques a lugares que resultan ser fuertes militares o guarniciones donde sólo había combatientes, y no una población general compuesta también por mujeres y niños. No tenemos evidencias arqueológicas de que hubiera población civil en Jericó ni en Hai (6:21; 8:25).8 En aquellos tiempos en Canaán, la palabra "ciudad" ['ir] definía el lugar donde residían el rey (un militar), el ejército y los sacerdotes. Por consiguiente, cuando Josué menciona a las "mujeres" y habla de "jóvenes y ancianos", está usando el estilo del lenguaje del Oriente Medio antiguo que podía emplear aunque no vivieran allí "mujeres" ni tampoco "jóvenes y ancianos". El lenguaje que habla de "todos" ("hombres y mujeres") en Jericó y Hai es una expresión estereotípica que define la destrucción de todas las vidas humanas en el fuerte, y es de suponer que sólo se tratara de combatientes.9 El texto no exige que haya habido "mujeres", ni "jóvenes y ancianos", en esas ciudades, y esta misma situación se podría aplicar a los combates de Saúl contra los amalecitas.
Además de lo ya expuesto, durante esa época en Canaán era frecuente usar el término asociado melek ("rey") para definir a un líder militar que era responsable ante un gobernante superior a él que no se hallaba en aquel mismo lugar. (Lo típico era que la población civil viviera en los campos.) Según los mejores cálculos basados en inscripciones cananeas y otras evidencias arqueológicas (es decir, no artefactos ni cerámicas "prestigiosas"), Jericó era un pequeño asentamiento donde es probable que hubiera cien soldados o menos. Por eso, todo Israel le pudo dar la vuelta siete veces, y después combatir con él en el mismo día.10 También debemos tener presente que los grandes números usados en los relatos de batallas del Antiguo Testamento son un poco delicados; es posible que sencillamente no fueran tan elevados como lo indican nuestras traducciones. La palabra hebrea 'elef (que se suele traducir como "mil") también puede significar "unidad" o "pelotón", sin especificar el número exacto de sus componentes.
[h=3]RAHAB LA TABERNERA[/h]Dicho sea de paso, algunas personas se han preguntado si los dos espías que entraron en Jericó acudieron a Rahab en busca de favores sexuales. Aquí, ese no es el caso. En otros lugares los escritores de la Biblia no vacilan en mencionar este tipo de conexiones (pensemos en Judá y en Sansón). Aparte del hecho de que Rahab tenía una fe genuina en el Dios de Israel, el lenguaje del texto no le da cabida a este punto de vista. Se dice que los espías "entraron en casa" de Rahab (2:1); no se dice que hubieran "entrado a Rahab" (comp. Jueces 16:1).
Además de esto, Rahab estaba a cargo de un negocio que lo más probable es que fuera la taberna u hostal de la fortaleza, y no un burdel, aunque algunas veces las que manejaban esas tabernas eran prostitutas.11 Lo corriente era que las caravanas viajeras y los mensajeros reales pernoctaran en estos lugares durante este período.12 Aquellas misiones de reconocimiento eran corrientes en el antiguo Oriente Medio. El hogar de una mujer encargada de la posada era un lugar de reunión ideal para los espías y los conspiradores; un lugar público donde podían adquirir conocimientos acerca de la composición práctica y militar de la zona, e incluso solicitar el apoyo de una posible "quinta columna".13
[h=3]LOS CANANEOS SE NEGARON A RECONOCER AL ÚNICO DIOS VERDADERO[/h]Rahab y su familia son una demostración viviente de que la misión de matar a los cananeos no era ni absoluta ni irreversible. Los cananeos estaban conscientes del poder de Dios (Josué 2:10, 11; 9:9), y se habrían podido arrepentir. De hecho, la marcha de siete vueltas que dio Israel alrededor de Jericó revela una oportunidad para que su rey, sus soldados y sacerdotes cedieran. El verbo hebreo "rodear, marchar alrededor de [naqaf]" (Josué 6:3) comprende diversos aspectos ceremoniales, como los cuernos de carnero, la procesión sagrada y los gritos (comp. 2 Samuel 6:15, 16; comp. Salmo 48:12, 13). Esta palabra contiene la idea de una inspección. En el caso de Jericó era para ver si la ciudad abría sus puertas, evitando así su destrucción.14
El texto sugiere que Josué le dio a Jericó una oportunidad genuina de ceder y poner su confianza en el único Dios verdadero. Además de esto, Israel no se había dedicado al "genocidio", ni a la "limpieza étnica". Había aceptado a Rahab y a su familia (tal como aceptaría más tarde a Rut). Dios continuamente le recordaba a Israel que protegiera a los extranjeros que vivieran en su medio. ¿Por qué? Porque en el pasado los mismos israelitas habían sido extranjeros en tierras de Egipto (Levítico 19:34). También vemos que Dios solía amenazar a Israel con juzgarlo —y eso fue lo que terminó haciendo— como juzgó a los cananeos. De hecho, hemos visto que los enemigos de Israel son el objetivo final de la salvación de Dios. Aquí no existen los odios étnicos.
[h=3]LOS MÉTODOS GUERREROS DE ISRAEL[/h]Ahora necesitamos considerar tres puntos que tienen relevancia. En primer lugar, las repercusiones de las victorias de Josué son descripciones de poca monta, comparadas con las que se han encontrado en los anales de los principales imperios del Oriente Medio antiguo, ya fueran los hititas y los egipcios (en el segundo milenio a.C.), o bien los arameos, los asirios, los babilonios, los persas o los griegos (en el primer milenio a.C.).15 A diferencia de la breve descripción que Josué hace en cuatro versículos acerca de la forma en que trataron a los cinco reyes (10:24–27), vemos a los asirios como los expertos en la violación y el pillaje. Los anales de Asurnasirpal II (883–859 a.C.), en el imperio nuevo asirio, se complacen en describir las atrocidades y describen de manera truculenta cómo se desollaban vivas a sus víctimas, las empalaban en postes y apilaban los cadáveres para exhibirlos.16
Alardeaban acerca de la forma en que el rey amontonaba cuerpos y cabezas, y él mismo alardeaba de haberles sacado los ojos a los soldados y cortarles las orejas y los miembros después de colgar sus cabezas en postes alrededor de una ciudad.17 En comparación, los relatos de las batallas de Israel son bastante insulsos.
En segundo lugar, un buen número de las batallas que peleó Israel de camino a Canaán y dentro de él, fueron de tipo defensivo. Esto se ve con claridad en textos como Éxodo 17:8; Números 21:1, 3, 21–32; Deuteronomio 2:26–37; 3:1; Josué 10:4 (comp. también Números 31:2, 3 con Números 25; 31:16). Además de todo esto, Dios le prohibió a Israel que conquistara a otras naciones vecinas —Moab y Amón (Deuteronomio 2:9, 19), así como Edom (Deuteronomio 2:4; 23:7)— a pesar de que Edom se había negado anteriormente a ayudar a los israelitas (Números 20:14–21; comp. Deuteronomio 2:6–8). Es decir, Dios no permitía que se apoderaran de otras tierras, e Israel no tenía derecho a conquistar más allá de lo que Dios había dispuesto.
En tercer lugar, todas las "batallas de Yahvé", que Él aprobó después de los tiempos de Josué, fueron batallas defensivas. La guerra era una forma de vida en el antiguo Oriente Medio, e Israel se tuvo que defender con frecuencia de los madianitas, los amalecitas y los filisteos. Una vez dicho esto, añadiremos que Dios no aprobó todas las batallas que se mencionan en el Antiguo Testamento. Lo que "está" en la Biblia no significa que "se deba" llevar a cabo. (En 1 Corintios 10, Pablo menciona diversos ejemplos morales negativos en la vida nacional de Israel.) Aunque en Jueces se lanzaron ciertas batallas ofensivas, bajo el reinado de David y posteriormente, la Biblia no las elogia forzosamente como ideales ni como ejemplares.18
[h=3]"ECHARLOS FUERA"[/h]Lo que le añade más interés a todo esto es el lenguaje en el que se habla de "echar fuera" y de "sacar" a los cananeos (Éxodo 23:28; Levítico 18:24; Números 33:52; Deuteronomio 6:19; 7:1; 9:4; 18:12; Josué 10:28, 30, 32, 35, 37, 39; 11:11, 14). El Antiguo Testamento también habla de "desposeer" a los cananeos de sus tierras (Números 21:32; Deuteronomio 9:1; 11:23; 18:14; 19:1, etc.). "Echar fuera" o "desposeer" es algo muy diferente a "eliminar" o "destruir". Esto nos proporciona una indicación más de que la intención no era lograr la aniquilación total.
"Yo enviaré mi terror delante de ti, y consternaré a todo pueblo donde entres, y te daré la cerviz de todos tus enemigos. Enviaré delante de ti la avispa, que eche fuera al heveo, al cananeo y al heteo, de delante de ti. No los echaré de delante de ti en un año, para que no quede la tierra desierta, y se aumenten contra ti las fieras del campo. Poco a poco los echaré de delante de ti, hasta que te multipliques y tomes posesión de la tierra" (Éxodo 23:27–30).
De lo que Dios está hablando aquí es de una expulsión, y no de una aniquilación.19 Y después de hacer un análisis, vemos que las veces que se habla de "echarlos fuera" son mucho más numerosas que las veces que se habla de "destruirlos". ¿Cómo funcionó esto de desposeerlos o echarlos fuera? No es difícil imaginarlo. En el antiguo Oriente Medio, la amenaza de un ejército extranjero hacía que las mujeres y los niños (por no mencionar a la población en general) se alejaran del peligro. Ellos serían los primeros en huir. Como lo señala John Goldingay, una población que es atacada, no va a estar esperando a que el enemigo la mate. Sólo los defensores, los que no se marchan, son los que terminan muertos.20 Jeremías 4:29 nos sugiere una escena de este tipo:
"Al estruendo de la gente de a caballo y de los flecheros huyó toda la ciudad; entraron en las espesuras de los bosques, y subieron a los peñascos; todas las ciudades fueron abandonadas, y no quedó en ellas morador alguno."
Una vez más, en el texto bíblico no tenemos indicación alguna de que las "guerras justificadas" de Josué "fueran contra los no combatientes".21 Leemos en el libro de Josué (y en el de los Jueces) que, a pesar del lenguaje de "aniquilación", siguieron existiendo una gran cantidad de habitantes cananeos que Israel no "echó fuera", sino que vivían en las regiones donde Israel se había establecido.
[h=3]¿"JOSUÉ LOS DESTRUYÓ POR COMPLETO, TAL COMO HABÍA ORDENADO MOISÉS"?[/h]En los textos que siguen, la "destrucción total" de los cananeos por Josué es exactamente lo que "Moisés el siervo de Jehová había ordenado":

  • "Asimismo tomó Josué todas las ciudades de aquellos reyes, y a todos los reyes de ellas, y los hirió a filo de espada, y los destruyó, como Moisés siervo de Jehová lo había mandado" (Josué 11:12).
  • "Y los hijos de Israel tomaron para sí todo el botín y las bestias de aquellas ciudades; mas a todos los hombres hirieron a filo de espada hasta destruirlos, sin dejar alguno con vida. De la manera que Jehová lo había mandado a Moisés su siervo, así Moisés lo mandó a Josué; y así Josué lo hizo, sin quitar palabra de todo lo que Jehová había mandado a Moisés" (Josué 11:14, 15).
  • "Que fuesen desarraigados, como Jehová lo había mandado a Moisés" (Josué 11:20).
¿Recuerda las amplias órdenes de Moisés para que "consumieran" y "destruyeran por completo" a los cananeos, y "no dejaran vivo nada que respirara"? El lenguaje exhaustivo de Josué es un eco del lenguaje de Moisés. Las Escrituras indican con claridad que Josué cumplió la encomienda que le había hecho Moisés. Por tanto, si Josué hizo las cosas tal y como Moisés se las había ordenado, y si la destrucción que él describe es en realidad una hipérbole masiva común y corriente en el lenguaje de las guerras del antiguo Oriente Medio y le era familiar a Moisés, entonces queda claro que el mismo Moisés no pensaba en una destrucción literal y completa de los cananeos. Al igual que Josué, todo lo que estaba haciendo era seguir las formas literarias convencionales de sus tiempos.22
[h=3]REFLEXIONES FINALES[/h]¿Y si el breve esbozo anterior no resulta ser correcto porque Israel también atacó a los no combatientes? Debemos recordar que la respuesta que hemos presentado, y que no es la que da la Escuela Dominical, le quita una buena parte del aguijón al problema cananeo. No obstante, veamos ahora esta cuestión de que se atacara también a los no combatientes. ¿Qué otras consideraciones necesitamos tener en cuenta?
En primer lugar, que las mujeres cananeas no pelearan en la batalla no significa que fueran moralmente inocentes (observe a las mujeres madianitas seduciendo a los hebreos en Números 25). En segundo lugar, si Israel atacaba a los niños, necesitamos recordar que este acto fue único e irrepetible en la historia de Israel, y que la intención final de Dios era traer salvación. Analicemos el paralelo entre Abraham e Isaac. Dios le prometió a Abraham que Isaac sería el hijo de la promesa para llevar su bendición a las naciones. Por tanto, Abraham estaba convencido de que Dios cumpliría su promesa, aunque eso significara levantar a Isaac de entre los muertos: "Yo y el muchacho iremos hasta allí y adoraremos, y volveremos a vosotros" (Génesis 22:5). De una manera semejante, la cuestión cananea tiene como telón de fondo la promesa de bendición y salvación para todas las naciones, incluyendo a los cananeos.
A pesar de los interrogantes que aún permanecen sin respuesta, necesitamos considerar la clara revelación de Dios en Jesucristo, en especial su encarnación y muerte expiatoria. Un Dios interesado en nosotros, deseoso de establecer una relación con la humanidad, que se dio a conocer a Israel en la antigüedad y que se presentó en la escena en carne y hueso. Entró en la vida de Palestina en el siglo primero, inclinándose hasta nosotros para compartir nuestra suerte, en la que tenemos que soportar las tentaciones, las injusticias, los sufrimientos, las crueldades y las humillaciones de esta vida. Como quiera que veamos la cuestión cananea, lo que le interesa al corazón de Dios es la redención. El hecho de que Cristo muriera desnudo en una horrenda cruz revela hasta dónde está dispuesto Dios a descender para darnos la salvación. Esto es lo que cantó Michael Card acerca de aquellos que desdeñan y rechazan la salvación de Dios en Jesús de Nazaret:
Se burlaron de su verdadero llamado Y se rieron de su suerte,
Tan contentos de ver al lleno de bondad Consumido por el odio de ellos…
Sin darse cuenta del viento ni del cielo que se oscurecía,
Y tan ciegos al hecho de que era Dios el que pasaba cojeando.23
Puesto que Dios estuvo dispuesto a pasar por todo esto para nuestra salvación, el cristianismo le puede contestar al que critica: "Aunque no puedo resolver con toda limpieza el problema de los cananeos, sí puedo confiar en un Dios que ha demostrado estar dispuesto a llegar a una distancia —y una profundidad— tan grande para ofrecernos a los seres humanos rebeldes la reconciliación con Él y su amistad".
Cualquiera que sea la forma en que interpretemos y respondamos algunas de las desconcertantes preguntas que suscita el Antiguo Testamento, no nos debemos detener en él, si queremos una revelación más clara del corazón y el carácter de Dios. De hecho, el Nuevo Testamento revela con claridad a un Dios que redime a sus enemigos a través del acto de amor de Cristo, quien nos sustituyó, se ofreció en sacrificio y cargó con nuestras culpas (Romanos 5:10). Aunque un Dios dedicado a sacar a empujones a los cananeos nos sorprenda como incompatible con la bondad y la compasión, Dios también es luz (1 Juan 1:5); es un Dios que es bueno y severo a la vez (Romanos 11:22). Con todo, este Dios justo ama a sus enemigos, y no sólo a sus amigos (Mateo 5:43–48). De hecho, permite que lo crucifiquen sus enemigos con la esperanza de poderlos redimir: "Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen" (Lucas 23:34).
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PAUL COPAN, Ph.D., West Palm Beach, Florida, es catedrático de filosofía y ética en Palm Beach Atlantic University. Es autor y redactor de varios libros, entre ellos When God Goes to Starbucks [Cuando Dios va a Starbucks]. También es presidente de la Evangelical Philosophical Society.

[h=3]NOTAS[/h]1. Las citas bíblicas están tomadas de la Versión Reina–Valera © 1960 Sociedades Bíblicas en América Latina; © renovado 1988 Sociedades Bíblicas Unidas. Reina-Valera 1960™ es una marca registrada de la American Bible Society.
2. Vea Copan, Paul, "Yahweh Wars: Divinely Mandated Genocide or Corporate Capital Punishment?" [Guerras de Yahvé: ¿Mandato de genocidio o castigo capital corporativo?], Philosophia Christi. 11/1 (2009), pp. 73–90. Disponible en línea en el portal http://www.epsociety.org/library/articles.asp?pid=63. (Consultado el 19 de enero de 2010).
3. Wenham, Gordon J., Exploring the Old Testament: A Guide to the Pentateuch [Explorar el Antiguo Testamento: Una guía al Pentateuco], InterVarsity, Downers Grove, Illinois, 2003, p. 137.
4. McConville, Gordon, Joshua [Josué], en The Oxford Bible Commentary [Comentario bíblico Oxford], editores, J. Barton y J. Muddiman, Oxford University Press, Oxford, Inglaterra, 2001, p. 159.
5. Howard, Jr., David M., "Joshua", 5, New American Commentary [Nuevo comentario americano], Broadman and Holman, Nashville, TN, 1998, pp. 39, 40.
6. Wright, Christopher C.J., Old Testament Ethics for the People of God [La ética del Antiguo Testamento para el pueblo de Dios], InterVarsity Press, Downers Grove, IL, 2004, pp. 474–75; Iain Provan, V. Philips Long, Tremper Longman III, A Biblical History of Israel [Una historia bíblica de Israel], Westminster John Knox Press, Louisville, KY, 2003, p. 149.
7. Hess, Richard S., The Jericho and Ai of the Book of Joshua [El Jericó y Hai en el libro de Josué], en Critical Issues in Early Israelite History [Asuntos críticos en la historia israelita primitiva], editores, Richard S. Hess, Gerald A. Klingbeil y Paul J. Ray, Jr., Eisenbrauns, Winona Lake, IN, 2008, p. 39.
8. Para el tema de la exageración con los números en el Oriente Medio de la antigüedad y en el Antiguo Testamento, vea la obra de Daniel M. Fouts llamada "A Defense of the Hyperbolic Interpretation of Numbers in the Old Testament" [Una defensa de la interpretación hiperbólica de los números en el Antiguo Testamento], Journal of the Evangelical Theological Society[Revista de la Sociedad teológica evangélica], 40/3, pp. 377–387, 1997.
9. Hess, "The Jericho and Ai of the Book of Joshua", p. 46.
10. Ibíd., 35,42.
11. Hess, correspondencia personal (28 de enero de 2009).
12. Hess, Joshua, pp. 91, 92. Observe en especial las leyes de Eshnunna con respecto al papel de los posaderos (§15, §41). Vea D.J. Wiseman, Rahab of Jericho [Rahab de Jericó], Tyndale Bulletin 14, pp. 8–11, 1964.
13. Hess, Joshua, 91,92.
14. Hess, Joshua, 142,143.
15. Hess, War in the Hebrew Bible: An Overview [Guerra en la Biblia hebrea: Un vistazo general], en War in the Bible and Terrorism in the Twenty-First Century [Guerra en la Biblia y el terrorismo en el siglo veintiuno]. Richard S. Hess y Elmer A. Martens, editores, Eisenbrauns, Winona Lake, IN, p. 29, 2008.
16. Ibíd.
17. Morris, Ian y Walter Scheidel, The Dynamics of Ancient Empires: State Power from Assyria to Byzantium [Las dinámicas de los imperios antiguos: El poder estatal desde Asiria hasta Bizantio], Oxford University Press, Oxford, Inglaterra, 2009, p. 62.
18. Hess, “War,” 30.
19. Tigay, Jeffrey H., Deuteronomy, Torah Commentary Series [Deuteronomio, series del comentario Torá], Jewish Publication Society, Jerusalén, p. 470, 2003.
20. Goldingay, John, City and Nation [Ciudad y nación], en su tercer volumen de próxima aparición, Old Testament Theology[Teología del Antiguo Testamento], vol. 3, InterVarsity, Downers Grove, IL, 2009; también Hess, War, p. 30.
21. Hess, “War,” 30.
22. Tomado de Nicholas Wolterstorff, Reading Joshua [Leer Josué], presentado en la conferencia "My Ways Are Not Your Ways", Universidad de Notre Dame, IN, septiembre de 2009.
23. Michael Card, This Must Be the Lamb [Este debe ser el Cordero], Álbum musical Legacy, Benson Productions, 1983.
Lecturas adicionales sobre el tema
Copan, Paul. Is God a Moral Monster? The New Atheists and the Strange World of Old Testament Ethics [¿Es Dios un monstro moral? Los nuevos ateos y el mundo extraño de la ética del Antiguo Testamento], Baker, Grand Rapids, MI, de próxima publicación.
_______, Yahweh Wars: Divinely-Mandated Genocide or Corporate Capital Punishment? [Guerra de Yahvé: ¿Genosida divinamente mandado o el castigo capital corporativo?] Philosophia Christi. 11/1: pp. 73-90, 2009. Disponible en línea en el portal http://www.epsociety.org/library/articles.asp?pid=63. (Consultado el 19 de enero de 2010.)
Hess, Richard S., Joshua, Tyndale Old Testament Commentary 6, InterVarsity, Downers Grove, IL, 1996.
Hess, Richard S. y Elmer A. Martens, editores. War in the Hebrew Bible: An Overview, in War in the Bible and Terrorism in the Twenty-First Century, Eisenbrauns, Winona Lake, IN, 2008.
Wright, Christopher, The God I Don't Understand [El Dios que no entiendo], Zondervan, Grand Rapids, MI, 2008.