Los asiduos de estos foros ya conocen sobradamente la falta de fundamento bíblico de la secta remanente. Ello es consecuencia de que los miembros de dicha secta se dejen guiar por los escritos de cierta farsante fundadora de su “movimiento”, a la que llaman “la luz menor”. Hoy vamos a tener el gusto de ver un detalle más que deja bien al descubierto cuán “menor” era esa “luz”.
El 10 de mayo del año 1900, la mujer en cuestión escribió una larga carta dirigida a un tal William Kerr. Según Jon Paulien, apologista de la secta remanente, la carta en cuestión era “enmarañada” o “laberíntica” (véase Symposium on Revelation — Book I, p. 369 y contiguas; la “obra” en cuestión está publicada por el BRI de la “Asociación General” de la secta remanente adventista). Según dice el tal Paulien, la carta de Ellen es tan enmarañada que “hay poco flujo de pensamiento coherente de un párrafo al siguiente” (nota 19 a pie de página). Este “erudito” adventista aclara nítidamente las causas de tan “enmarañada” e incoherente cartita de la pseudoprofetisa del adventismo. Afirma: “El diario personal de Elena G. de White indica que aquel día estaba sumamente débil y cansada por exceso de trabajo y falta de sueño”, y, en la nota 18, insiste en que “¡Llevaba tres días sin dormir apenas!”
Así, pues, según ese “erudito” de la secta remanente, que ha difundido sus “investigaciones” en una publicación del “Biblical Research Institute” de la Asociación General de su secta, el enmarañamiento y la incoherencia de la cartita de la tal White al Sr. Kerr se debió, nada más y nada menos, a la consabida intemperancia de la pseudoprofetisa en cuestión.
Bien, veamos uno de los párrafos incoherentes de la cartita escrita por la falsa profetisa en cuestión:
“Juan escribe: «Miré, y oí la voz de muchos ángeles alrededor del trono». Ángeles estaban unidos en la obra de Aquel que había desatado los sellos y había tomado el libro. Cuatro ángeles poderosos retienen los poderes de esta tierra hasta que los siervos de Dios sean sellados en sus frentes. Las naciones del mundo están ávidas por combatir; pero son contenidas por los ángeles. Cuando se quite ese poder restrictivo, vendrá un tiempo de dificultades y angustia” (página 368 en la obra citada; dada la incoherencia de la carta, esta ha sido partida en pedacitos, que han sido esparcidos por la multitud de obras compiladas de los escritos plagiados de Ellen; este parrafito de la Carta 79, 1900 se encuentra en la página 978 del tomo 7 del Comentario bíblico adventista del séptimo día; no así los contiguos, que están en otros lugares, para que se note menos la incoherencia [no se me sulfuren los muchachitos de la secta; uso palabras de un “erudito” de su mafia dirigente]).
¿Cuál es el principal problema del intragable parrafito en cuestión? Muy sencillo. Ellen White fue pillada en un renuncio. Según los fantasiosos planteamientos de la secta remanente en su literatura, los sellos del Apocalipsis Jesús los ha ido abriendo a lo largo de la era cristiana, pues, según dicen, representan acontecimientos sabrosones de la Edad Media y de las edades Moderna y Contemporánea (ya sabéis, mongólicas “explicaciones” sobre el terremoto de Lisboa, el Día Oscuro, la caída de Leónidas sobre Norteamérica en 1833 y cosas de ese tenor). El problema principal del parrafito de Ellen está en que, según él, cuando Juan tuvo la visión de los sellos, Jesús YA “había desatado los sellos y había tomado el libro” (!!!). Hasta Paulien repara en que su agotada e intemperante profetisa confunda el orden de los hechos. En el Apocalipsis, el Cordero toma el libro y, a continuación, procede a abrir los sellos. Pero según la intemperante falsa profetisa, cuando Juan tuvo la visión, Jesús “había desatado los sellos y había tomado el libro”.
Bueno, ahora ya conocemos una razón más por la cual la “luz menor” es así de “menor”. Así les luce el pelo a los de la secta remanente.
El 10 de mayo del año 1900, la mujer en cuestión escribió una larga carta dirigida a un tal William Kerr. Según Jon Paulien, apologista de la secta remanente, la carta en cuestión era “enmarañada” o “laberíntica” (véase Symposium on Revelation — Book I, p. 369 y contiguas; la “obra” en cuestión está publicada por el BRI de la “Asociación General” de la secta remanente adventista). Según dice el tal Paulien, la carta de Ellen es tan enmarañada que “hay poco flujo de pensamiento coherente de un párrafo al siguiente” (nota 19 a pie de página). Este “erudito” adventista aclara nítidamente las causas de tan “enmarañada” e incoherente cartita de la pseudoprofetisa del adventismo. Afirma: “El diario personal de Elena G. de White indica que aquel día estaba sumamente débil y cansada por exceso de trabajo y falta de sueño”, y, en la nota 18, insiste en que “¡Llevaba tres días sin dormir apenas!”
Así, pues, según ese “erudito” de la secta remanente, que ha difundido sus “investigaciones” en una publicación del “Biblical Research Institute” de la Asociación General de su secta, el enmarañamiento y la incoherencia de la cartita de la tal White al Sr. Kerr se debió, nada más y nada menos, a la consabida intemperancia de la pseudoprofetisa en cuestión.
Bien, veamos uno de los párrafos incoherentes de la cartita escrita por la falsa profetisa en cuestión:
“Juan escribe: «Miré, y oí la voz de muchos ángeles alrededor del trono». Ángeles estaban unidos en la obra de Aquel que había desatado los sellos y había tomado el libro. Cuatro ángeles poderosos retienen los poderes de esta tierra hasta que los siervos de Dios sean sellados en sus frentes. Las naciones del mundo están ávidas por combatir; pero son contenidas por los ángeles. Cuando se quite ese poder restrictivo, vendrá un tiempo de dificultades y angustia” (página 368 en la obra citada; dada la incoherencia de la carta, esta ha sido partida en pedacitos, que han sido esparcidos por la multitud de obras compiladas de los escritos plagiados de Ellen; este parrafito de la Carta 79, 1900 se encuentra en la página 978 del tomo 7 del Comentario bíblico adventista del séptimo día; no así los contiguos, que están en otros lugares, para que se note menos la incoherencia [no se me sulfuren los muchachitos de la secta; uso palabras de un “erudito” de su mafia dirigente]).
¿Cuál es el principal problema del intragable parrafito en cuestión? Muy sencillo. Ellen White fue pillada en un renuncio. Según los fantasiosos planteamientos de la secta remanente en su literatura, los sellos del Apocalipsis Jesús los ha ido abriendo a lo largo de la era cristiana, pues, según dicen, representan acontecimientos sabrosones de la Edad Media y de las edades Moderna y Contemporánea (ya sabéis, mongólicas “explicaciones” sobre el terremoto de Lisboa, el Día Oscuro, la caída de Leónidas sobre Norteamérica en 1833 y cosas de ese tenor). El problema principal del parrafito de Ellen está en que, según él, cuando Juan tuvo la visión de los sellos, Jesús YA “había desatado los sellos y había tomado el libro” (!!!). Hasta Paulien repara en que su agotada e intemperante profetisa confunda el orden de los hechos. En el Apocalipsis, el Cordero toma el libro y, a continuación, procede a abrir los sellos. Pero según la intemperante falsa profetisa, cuando Juan tuvo la visión, Jesús “había desatado los sellos y había tomado el libro”.
Bueno, ahora ya conocemos una razón más por la cual la “luz menor” es así de “menor”. Así les luce el pelo a los de la secta remanente.