Re: La Cristiandad, está en un proceso de división y desmoronamiento
Sólo cuando se sale de Babilonia es posible entrar a la Nueva Jerusalén, pero nuestros viejos y establecidos conceptos de cristianismo están tan arraigados en nuestras mentes que es difícil escapar completamente de los muros de la ciudad.
La gran Madre de las Rameras es hermosa, atractiva y familiar. Estamos tan atados a sus encantos que para nosotros es muy difícil ver a nuestros tipos tradicionales de iglesias como sus hijas rameras. Sin embargo, no podremos escapar sino hasta cuando seamos capaces de discernir entre el bien y el mal, y ver las cosas como Dios las ve.
Babilonia emplea con sutileza todo edificio que se llame iglesia, capilla, o catedral como una herramienta expedita para atraer y atar a las personas.
Tristemente, el edificio divide y separa la verdadera iglesia local constituida por todos y cada uno de los cristianos que viven en ese lugar. Así se pueden satisfacer los egos de sus constructores, y gratificar los sentidos de algunos de los miembros de determinadas congregaciones, pero todo esfuerzo y dinero que se gastan en establecer una iglesia cuyo fundamento es una edificación, al final será un desperdicio, pues simplemente la obra termina como un monumento más a los engaños de Babilonia la Grande.
Los miembros de esas "iglesias" trabajan para que aumente su número y para que crezca esa organización, pero no se pueden dar cuenta que construyen exactamente dentro de los muros de la Babilonia espiritual.
Las doctrinas y las reglas que los líderes imponen a sus grupos crean divisiones artificiales entre todos los creyentes en esa localidad. Los cristianos que viven en un lugar no se congregan juntos, aunque se reconocen unos a otros como miembros del mismo cuerpo.
En vez de hacerlo así, se reúnen de acuerdo con la denominación a la que pertenecen y hasta pueden atravesar toda la ciudad a fin de no congregarse con los vecinos de la puerta siguiente que son de otra denominación.
¿Qué pensaría el apóstol Pablo sobre este comportamiento tan necio y loco? Los conceptos tradicionales de membresía de la iglesia, cuidado pastoral, e inclusive el hacer discípulos dentro del sistema, atan a las personas a determinados líderes, organizaciones y estructuras.
Estas iglesias con su clerecía y su laicado, sólo pueden existir con base en tener reuniones regulares; todas las actividades se centran alrededor del complejo del edificio. Se deben congregar para los servicios dominicales, las reuniones de oración, las reuniones de jóvenes, las actividades de las damas, etc.
Todas estas reuniones a horas determinadas y en días fijos, permiten a los hombres controlar las comunidades, pero impiden al Espíritu Santo dirigir su Iglesia.
Si se le cede la dirección al Espíritu Santo, los líderes sólo convocarán una asamblea de la totalidad de la iglesia local, cuando Dios quiere hacer conocer algo.
Babilonia exige que un ministro predique en la reunión planeada para el domingo y las tradiciones humanas le obligan a hacerlo así. Fuera de la reunión en el primer día de la semana, no hay ninguna base en el Nuevo Testamento para nuestros ritos tradicionales de los servicios del domingo y para los sermones en un edificio que llamamos "iglesia."
El Libro de los Hechos, capítulo 20, cuenta que los discípulos que vivían en Troas se juntaron el domingo para partir entre sí el pan, y que Pablo les habló hasta la medianoche. Quizás comenzó mientras aún comían, quién sabe, pero ciertamente no había nada parecido a nuestras tradiciones de un sermón, metido como un sándwich entre los himnos de la mañana del domingo.
Los hermanos se congregaron en un aposento alto, no a nivel del suelo, ni en un edificio llamado iglesia. Nunca concibieron al sitio de reunión como la "Casa del Señor," pues sabían que sus cuerpos humanos eran esa casa.
Ciertamente no tomaron una hostia diminuta o un pedacito de pan, ni bebieron de un dedal de vino, ni llamaron a eso comunión. Todos discurrían entre sí y podían hablar o cantar. Participaban en lo que hoy se llamaría una "ministración abierta."
Cuánto deleite tendría nuestro Padre si todos sus hijos en una localidad se CONGREGARAN PARA MINISTRARLE A ÉL EN ADORACION Y ALABANZA, en vez de reunirse por separado para tener varios servicios rituales de acuerdo con sus tradiciones particulares.
A causa del falso concepto que las iglesias son los edificios donde debemos reunirnos los domingos, etc., es difícil para nuestras mentes concebir las diversas maneras en que el cuerpo de Cristo se reúne y funciona. En defensa del sistema existente la mente carnal citará de manera inmediata el siguiente versículo:
"No dejando de congregarnos, como algunos tienen por costumbre, sino exhortándonos; y tanto más, cuanto veis que aquel día se acerca" (Heb. 10:25).
Los santos engañados suponen equivocadamente que las reuniones de la iglesia babilónica son las únicas formas de congregarnos, cuando en realidad muchas de ellas se han convertido en una abominación para Dios.
Es posible reunirnos en una casa, un sitio de trabajo, bajo un árbol en un parque, cualquier edificio público, un teatro, una bodega o inclusive en un estadio deportivo para las grandes reuniones de adoración.
Dios no diseñó los edificios que se llaman "iglesias" donde uno se sienta en filas para observar las presentaciones profesionales del frente, ni tampoco son necesarios para congregarnos, o para que nos enseñen.
Es posible emplear un templo para la asamblea de una iglesia local verdadera, pero hay problemas debido a sus antiguas asociaciones. La disposición de las sillas normalmente no es apropiada para las ministraciones abiertas que son lo mejor cuando todos se sientan en un círculo o en un cuadrado, para estar frente a los rostros de los demás, y no sólo mirar a las espaldas o a las nucas.
Los edificios de iglesias levantados para el uso exclusivo de una denominación o de una secta, son herramientas poderosas de satanás para dividir el Cuerpo de Cristo a nivel local. Esos edificios, denominados según un grupo particular, se alzan en competencia entre sí, de la misma manera como las diversas instituciones bancarias compiten en una ciudad.
Casi todas nuestras formas tradicionales de reunirnos tienen en verdad el propósito del edificio, la extensión de nuestros "reinitos," la enseñanza de nuestros miembros, el mantenerlos juntos y el aumento de su número. Pero, sobre todo, las reuniones son básicas para levantar fondos a fin de que el sistema continúe.
Es cierto y es importante que nos congreguemos, pero podemos hacer esto de muchas maneras, sin seguir los patrones tradicionales de Babilonia que, en realidad, tienen sus orígenes en el judaísmo y en las religiones paganas.
En el Nuevo Testamento no hay nada para apoyar la idea que los cristianos se deben reunir con horarios fijos, en edificios especiales donde se tienen servicios religiosos previamente dispuestos y determinados, y donde todo está bajo el control, las órdenes y la organización de clérigos profesionales.
1. LA IGLESIA NO ES UNA REUNIÓN.
2. LA IGLESIA NO ES UN EDIFICIO.
3. LA IGLESIA NO ES SINO UNA PALABRA PARA DESCRIBIR A LOS CREYENTES EN CRISTO.
4. UNA IGLESIA LOCAL ESTA CONFORMADA POR TODOS LOS CREYENTES QUE VIVEN EN ESA LOCALIDAD.
Jesús dejó muy en claro que Él se halla presente hasta en la más pequeña de las asambleas de su pueblo cuando dijo:
"Porque donde están dos o tres congregados en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos" (Mt. 18:20).
El Antiguo Testamento nos enseña que Dios puede considerar las ocupaciones religiosas como una abominación ante sus ojos. Hasta los servicios más solemnes y los esfuerzos más sinceros en nuestra carne para agradar a Dios, pueden ser una verdadera pestilencia para el Todopodero¬so.
Dios ordenó a Israel ofrecerle sacrificios, observar el Sabbath (el día de reposo), y congregarse. Sin embargo, cuando todo eso se volvió algo tradicional y una forma rutinaria de observación religiosa, dijo:
"10Príncipes de Sodoma oíd la palabra de Jehová; escuchad la ley de nuestro Dios, pueblo de Gomorra. 11¿Para qué me sirve, dice Jehová, la multitud de vuestros sacrificios? Hastiado estoy de holocaustos de carneros, y de sebo de animales gordos; no quiero sangre de bueyes ni de ovejas, ni de machos cabríos. 12¿Quién demanda esto de vuestras manos, cuando venís a presentaros delante de mí para hollar mis atrios? 13No me traigáis más vana ofrenda; el incienso me es abominación; luna nueva y DÍA DE REPOSO, EL CONVOCAR ASAMBLEAS, NO LO PUEDO SUFRIR; SON INIQUIDAD VUESTRAS FIESTAS SOLEMNES. 14Vuestras lunas nuevas y vuestras fiestas solemnes las tiene aborrecidas mi alma; me son gravosas; cansado estoy de soportarlas. 15Cuando extendáis vuestras manos, yo esconderé de vosotros mis ojos; ASIMISMO, CUANDO MULTIPLIQUÉIS LA ORACIÓN, YO NO OS OIRÉ; llenas están de sangre vuestras manos" (Is. 1:10-15).
Como el antiguo Israel, las iglesias han hecho una RELIGIÓN DE LAS REUNIONES. Muchos de nuestros servicios, aun los servicios de comunión, se han convertido en ritos religiosos que se constituyen en una verdadera abominación ante Dios.
El Espíritu Santo no tiene nada que decir en la dirección de nuestros servicios. Planeamos y disponemos nuestras reuniones a horas determina¬das, con un orden pre-fijado en el culto, donde habrá himnos, plegarias y, claro está, sermones.
Cantamos algunos coros, predicamos y hasta profetizamos en nuestras reuniones porque así ha sido la costumbre hacerlo, pero no porque nos haya dirigido el Espíritu Santo. A menudo incluimos "momentos de cánticos" que muchas veces tienen como único objetivo entretener a las personas. Al final se nos pregunta en la puerta: "¿Gozaste de la reunión? ¿Cómo te pareció? ¿Te agradó?"
¡Qué triste que nadie se detenga a pensar si nuestro Dios gozó y se agradó con la reunión!
El engaño en la observación religiosa, cuando se toma como un sustituto del andar en el Espíritu, fue un problema tan grave, inclusive en la iglesia primitiva, que el apóstol Pablo se vio obligado a escribir la siguiente exhortación:
"9Mas ahora, conociendo a Dios, o más bien, siendo conoci¬dos por Dios, ¿cómo es que os volvéis de nuevo a los débiles y pobres rudimentos, a los cuales os queréis volver a esclavizar? 10Guardáis los días, los meses, los tiempos y los años. 11Me temo de vosotros que haya trabajado en vano" (Gá. 4:9-11).
Si has oído el llamado del Espíritu Santo para salir de Babilonia, es esencial parar este tipo de reuniones y dejar de lado toda la tradición babilónica. En casi todos los casos, en el nombre del Señor, es indispensa¬ble cesar en esas tareas, durante una temporada, permitirle a Dios que nos hable y que nos muestre lo que El desea.
Debido a las continuas reuniones y a otras actividades eclesiales que aceptamos como el cristianismo adecuado, muchos de nosotros disponemos de muy poco tiempo para tener un compañerismo verdadero con Dios.
Sólo cuando en realidad nos damos a amar y a adorar a nadie más sino a nuestro Señor Jesús, Él nos muestra cómo congregarnos, y cómo adorarle en Espíritu y en Verdad.