Re: Pues todo lo que hace Jehova, lo hace igualmente el Hijo ...y que no
Todo Israel esperaba en la promesa anunciada por los profetas. Cuando el ángel Gabriel le dice a Maria: “… concebirás en tu vientre… Este será llamado Hijo del Altísimo; y el Señor Dios le dará el trono de David… y su reino no tendrá fin… (Lucas 1:30-33) ella entiende que el ángel le hablaba del Mesías prometido. Por esa razón no se sorprende de la noticia, sino de que había sido ella la elegida a pesar de que era virgen y no conocía varón: “Entonces María dijo al ángel: ¿Cómo será esto? Pues no conozco varón” (Lucas1:34).
El Verbo hecho carne ocuparía el trono de David, su padre. “Este será grande, y será llamado Hijo del Altísimo, y el Señor Dios le dará el trono de David su padre…” (Lucas 1:32).
El título -Hijo- había sido adquirido desde la eternidad:
“… El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por lo cual también el Santo Ser que nacerá, será llamado Hijo de Dios” (Lucas 1:35). Note cuánto futuro contiene este texto: -vendrá - te cubrirá - nacerá - será -. El autor del ser humano, ahora pasaría a ser hijo del ser humano.
EL MOTIVO DE SUS CRISIS
Hay quienes se aferran a la creencia de que solo el Padre es Dios, y en condición de desigualdad creen que Jesús es solo: -El Hijo-. A continuación veremos que -Hijo- no solo es un Título del Salvador, sino también un sinónimo de deidad. Los judíos lo entendían bien, por ese motivo se hallaban en constantes crisis. Jesús mismo decía ser: -El Hijo de Dios-, razón por la cual era inculpado a muerte:
“…debe morir, porque se hizo a sí mismo Hijo de Dios…
“… decía que Dios era su propio Padre, haciéndose igual a Dios” (Juan 19.7; 5:18).
Los judíos entendían perfectamente qué indicaba Jesús cuando decía que él era: HIJO DE DIOS: ¿Crees tú en el Hijo de Dios?... el que habla contigo es… Creo Señor; y le adoró” (9:35 -38). Jesús recibe la adoración que solo a Dios le pertenece, eso indica que para un judío ser Hijo de Dios era sinónimo de deidad; por eso que el había sido ciego le adoró.
Consideremos otra referencia: Jesús viene diciendo que él era el buen pastor: “Yo soy el buen pastor; y conozco mis ovejas…” (Juan 10:14). Ellos no conocían otro pastor aparte de Jehová: “Jehová es mi pastor…” (Salmo 23). Luego les dice: “Por eso me ama el Padre… ese mandamiento recibí de mi Padre” (Juan10: 17-18). Vea ahora su reacción: “Volvió a ver disensión entre los judíos por esas palabras, muchos de ellos decían: Demonios tiene, y está fuera de sí…” (vs.19 y 20). Jesús continúa instituyéndose: HIJO DE DIOS, y la escena se vuelve a repetir: “Entonces los judíos volvieron a tomar piedras para apedrearle…” (vs.31). Jesús le respondió: “Muchas buenas obras os he mostrado de mi Padre: ¿por cuál de ellas me apedreáis? (vs.32). Entones le dijeron: “Por buena obra no te apedreamos, sino por la blasfemia; porque tú, siendo hombre, te haces Dios” (vs. 33).
¿¡CUAL ERA LA BLASFEMIA!?
Déle oído a las palabras de Jesús: “¿… vosotros decís: Tú blasfemias, porque dije: Hijo de Dios soy? (Juan 10:36). Es evidente que para todo judío, decir: soy -Hijo de Dios-era una blasfemia. ¿Por qué? Porque ellos entendían que ese Título era sinónimo de deidad. La Biblia Versión Nuevo Mundo traduce dios con minúscula: “… te haces a ti mismo un dios” (vs. 33). De ser así, deberíamos preguntarnos: ¿Entonces qué blasfemia cometió Jesús?
¿Acaso en aquella época no existían muchos dioses? De ser así… ¡no tendrían razón válida para quererlo apedrear! La razón era otra: Ellos entendían perfectamente qué quería decir Jesús cuando decía: Soy Hijo de Dios.
PROPOSITO DEL TITULO
El Título - Hijo - se usa para explicar la sumisión de Jesús (en la humillación de la encarnación) al Padre. Pero la unión entre El Padre y El Hijo es perfecta. La igualdad que existe entre ambos solo puede explicase por igualdad en esencia: “... el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios” (Juan 1:1).
Los judíos entendían perfectamente el significado del tan honorable Título. Cuando él decía ser el Hijo, a su parecer, era una blasfemia. Ser igual a Dios sugería, según ellos, que existían dos dioses, y eso era politeísmo. Pero Jesús explicó que él no era independiente, ni estaba en oposición con el Padre, su actividad no provenía de su propia iniciativa. El Padre era quien lo dirigía, y quien le había enviado al mundo. La actividad del Hijo imita al Padre y los dos trabajan juntos:
“… no puede el Hijo hacer nada por sí mismo, sino lo que ve hacer al Padre; porque todo lo que el Padre hace, también lo hace el Hijo igualmente” (Juan 5:19).
EL VERBO NO TUVO UN PRINCIPIO BIOLOGICO
Con relación a la deidad de Cristo, muchos se confunden por causa del siguiente razonamiento: ¿Usted podría ser padre de si mismo? Si Jesús es el Hijo no puede ser Padre de sí mismo. Es Hijo o es Padre, pero no dos cosas a la vez. Y si es Hijo, no puede ser igual al Padre porque fue engendrado y consecuentemente tiene que ser inferior. ¿Cuál es el error de ésta hipótesis? Le diré:
Usted debe saber que el Verbo y el Hijo no son dos personas distintas, es la misma. Fue Dios y el Verbo quienes desde el principio coexistieron en la eternidad. El Verbo necesitaba un cuerpo para poder morir, y tenia que ser Dios para que esa muerte tuviese valor infinito.
El Hijo (porque es el Verbo) nunca tuvo principio, la expresión Hijo es uno de los tantos títulos del Salvador.
Y por cuanto los sacrificios de la ley no podían quitar los pecados, el Verbo (Hijo) hecho carne voluntariamente se presentaría en el mundo para ofrecerse a si mismo por los pecados del mundo: “…Sacrificio y ofrenda no quisiste; mas me preparaste cuerpo…” (Hebreos 10:5). En los versos 6 y 8 vemos el desagrado de Dios por los antiguos sacrificios y el deseo de querer sustituirlos por uno nuevo, y esta vez por uno eterno. De ahí nuevamente la vos del Hijo el cual cumpliría el propósito del Padre: “… he aquí que vengo, oh Dios, para hacer tu voluntad” (Hebreos 10: 7). ¡No fue el Hijo quien se hizo carne, sino el verbo!: “… y aquel Verbo fue hecho carne” (Juan 1:14). El Hijo fue consecuencia del milagro de Dios, quien mediante la intervención del Espíritu Santo, Maria concibe el Hijo de la promesa: “… y dará a luz un hijo, y llamarás su nombre Emmanuel, que traducido es: Dios con nosotros” (Mateo 1:23).
¡¿ADONDE TUVO SU ORIGEN EL HIJO?!
El Hijo tuvo origen en la eternidad de la mente de Yajid (Uno compuesto de varias partes unificadas: “Jehová nuestro Dios, Jehová uno (Yajid) es” (Deuteronomio 6:4).
(Recuerde que no fue el Hijo quien se hizo carne, sino el Verbo: “Y aquel Verbo fue hecho carne…-Juan1:14-).
El sacrificio del Cordero de Dios se efectuó un día, en un año de nuestra era cuando se manifestó al mundo en estos últimos tiempos, pero en la mente de Aquel que existe en la eternidad del tiempo: “… el Cordero fue inmolado (sacrificado) desde el principio del mundo” (Apocalipsis 13:8). El principio del mundo tiene que ver con el tiempo de la eternidad pasada.
El Cordero sin mancha y sin contaminación que existió en la eternidad del tiempo, no fue inmolado (hasta…) pero fue -destinado- desde antes de la fundación del mundo: “… destinado desde antes de la fundación del mundo, pero manifestado en los postreros tiempos por amor de vosotros” (1 Pedro 1:20). De igual manera, en la Soberanía de Dios y Desde el principio del mundo, ya existía el Hijo, aquél que un día, en un año de nuestra era, recibiría el honorable Titulo de: -Hijo de Dios- .
HIJO POR PARTIDA DOBLE
El Salmo segundo señala una promesa hecha por Dios en relación al rey David: Mi Hijo eres tú. Es una cita del pacto davídico en el cual Jehová Dios declara que El sería Padre del rey David:
“Jehová me ha dicho: Mi hijo eres tú; Yo te engendré hoy…” (Salmo 2:7).
Consideremos el título: Yo le seré a él Padre, y él me será a mi hijo… (2 Samuel 7:14 a). De ninguna manera habla de un nacimiento físico, sino que está hablando de una metáfora que describe -cómo- se convertiría en su “hijo”. El término “hijo” es solo un título, ya que David no fue engendrado por Dios, sino que fue “hijo” por adopción. Esta expresión: -yo te engendré hoy- se refiere al día de la coronación del rey David, Con ese honorable título (hijo) David indica que tiene toda autoridad y derecho a gobernar. La expresión “hijo” llega a tener el significado de título mesiánico (Mesías- Ungido).
El Verbo necesitó llenar la condición de Mesías (Ungido) surgiendo (naciendo) según la carne, del linaje de David. Eso lo ubica en la familia real y le otorga el derecho legal para gobernar y heredar al trono eterno que Dios le había prometido a David. El término Hijo es: Un Título otorgado al Cristo resucitado. Y fue necesaria la resurrección de entre los muertos para que: -se consumara la promesa- que según Dios había prometido antes “… por sus profetas en las santas Escrituras, acerca de su Hijo, nuestro Señor Jesucristo que era del linaje de David según la carne… Pablo dice que por la resurrección, Cristo ha sido constituido Hijo de Dios: …que fue declarado Hijo de Dios… por la resurrección de entre los muertos” (Romanos 1:4).
De aquí que ciertas citas del Antiguo Testamento en las que Jehová se llama Señor, se aplican en el Nuevo Testamento a Cristo (Ejemplo: Jl 2:3 y Ro 10:13 - Fil 2:9 y Is 45:23 – Ro 4:11 y Is 45:23… etc.).
En Hechos 2: 36 vemos una conclusión del argumento de Pedro. La palabra Señor, que se refiere a Cristo, es una referencia a Jehová. La misma palabra Kyrios, se usa para referirse a Dios en los vs. 21, 34, y 39 (cf. Fil 2:9). Esta es una potente afirmación de la deidad de Cristo.
¿PUEDE UN HIJO SER SU PROPIO PADRE?
Dijimos anteriormente que con relación a la deidad del Señor Jesús mucha gente se confunde por el error de la siguiente hipótesis: ¿Usted podría ser Padre de sí mismo? Es hijo o es padre, pero no dos cosas a la vez. Con tal argumento se procura demostrar que Jesús no es Dios. Veremos ahora que Jesús no solo fue hijo legítimo del rey David, sino también: Su Padre. Esta es una evidencia mas de su deidad: “Dijo el Señor a mi Señor… (Salmo 110:1).
El Señor Jesús en varias oportunidades cita este Salmo. Observe que las palabras de David están dirigidas al “Señor” del salmista. Por esta razón éste es un Salmo que se clasifica como profético.
Ahora Jesús dará a un grupo de religiosos pruebas contundentes de que el mismo Hijo (Mesías) es el Señor (Yahweh) de David, por eso les cita lo que el mismo David dijo mediante revelación del Espíritu Santo:
“Porque el mismo David dijo por el Espíritu Santo: Dijo el Señor a mi Señor: Siéntate a mi diestra, hasta que ponga tus enemigos por estrado de tus pies. David mismo le llama Señor; ¿Cómo pues es su hijo?... “(Marcos 12:36-37).
David dijo: “Dijo el Señor (hebreo, Yahweh, Jehová, Dios el Padre; ref. Mr. 12:29; Dt 4:6 Uno: Yajid) a mí (de David) Señor (hebreo. Adonai, el Mesías): Siéntate a mi (del Padre) diestra (el lugar de más alto honor y autoridad), hasta que (o “mientras”; ref: Mc.9:1) ponga (el Padre) a tus (del Mesías) enemigos por estrado de tus pies”, y cause su sumisión (ref. Jos.10:24; He.10:12-14). El Hecho indiscutible fue que David llamó al Mesías: Señor. Eso ocasionó un problema: ¿Cómo, pues (o en qué sentido), es (el Mesías, es el Señor de David?) su (de David) hijo? La pregunta retórica de Jesús llevaba a los oyentes a la única respuesta válida: El Mesías es hijo de David y el Señor de David al mismo tiempo. Esta verdad implica en forma terminante que el Mesías es Dios (el Señor de David) así como hombre (el hijo de David; ref. Rom 1:3-4; 2 Tim 2:8). El restaurará el reino davídico sobre la tierra (2 S 7:16; Am 9:11-12; Lc 1:31-33).
En Lucas 2: 29 al 30 Simón toma en sus brazos al niño (Verbo hecho carne) y le dice a Dios que ahora podía despedir (muerte) a su siervo, porque su mayor expectativa ya había sido efectuada:
¡¡MIS OJOS HAN VISTO TU SALVACION!!
Todo Israel palpó y vio la tan esperada y ahora consumada profecía del Antiguo Testamento:
“… he aquí que vuestro Dios viene con retribución, con pago; Dios mismo vendrá y os salvará…
Paréntesis: No existe referencia bíblica alguna que indique que Dios (Padre) vendría (o vendrá) físicamente a salvar al hombre (ref. Juan 4:24). Fin del paréntesis.
… entonces los ojos de los ciegos serán abiertos…” (Isaías 35:4-6).
Quienes querían apedrear a Jesús decían que estaban turbados por no saber a ciencia cierta si de verdad era el Cristo. Entonces le rodearon y le dijeron: “¿Hasta cuando nos turbarás el alma? (nos tendrás en suspenso) Si tu eres el Cristo, dínoslo abiertamente” (Juan 10:24). Y él les respondió: “Os lo he dicho, y no creéis; las obras que yo hago en nombre de mi Padre, ellas dan testimonio de mí” (vs.25).
No todos sabían que Jesús era el Cristo, el Hijo de Dios, algunos lo sospechaban: “… Venid, ved… ¿no será éste el Cristo?” (Juan 4:29). Solo unos pocos lo sabían porque él mismo se lo había declarado: ¿Crees tú en el Hijo de Dios?... el que habla contigo es… Creo Señor; y le adoró” (9:35 -38). Solo Dios puede ser adorado, esto indica que para un judío ser Hijo de Dios era sinónimo de deidad, por esa razón recibe adoración de quien había sido ciego.
Jesús no vino para condenar, sino para salvar, sin embargo en una oportunidad dijo: “Para juicio he venido yo a este mundo; para que los que no ven, vean, y los que ven, sean cegados” (9:39). El vino para emitir su fallo sobre los impíos como juez (ref. 5:22, 27), El que había sido ciego recobró la vista porque admitió su incapacidad para ver (9:36), en cambio los que decían que veían (9:34), cuya confianza (en sí mismos) y orgullo los encandiló y no les permitió ver quien era el Hijo de Dios, esos permanecieron ciegos. Jesús no los condenó para que sean ciegos, ellos mismos se cegaron al rechazarlo y el diablo contribuyó en su ceguera (2 Corintios 4:4).
“A los hambrientos (que deseaban conocerlo) colmó de bienes, y a los ricos (que creían saberlo todo) envió vacíos” (Lucas 1:53).
CONCLUSION: Jesucristo no es más el varón experimentado en quebranto y coronado de espinas, ahora es el Señor de la Gloria. El apóstol Juan, quien antes recostaba su cabeza en su pecho (ref. Juan 13:25), cuando le ve ahora (después de la resurrección), cae como muerto a sus pies. Juan recibe ánimo del Señor quien le dice: No temas. Jesús le asegura que él es eterno: Yo soy el primero y el último (ref. (1:8; 2:8; 21:6; 22:13), y el que resucitó, el que vive y el mismo que estuvo muerto (ref. 1:17-18) pero que ahora vive por los siglos de los siglos. Cristo le asevera que tiene las llaves de la muerte y del Hades. Y que también tiene absoluta autoridad sobre la muerte y el lugar de los muertos (ref. Juan 5:21-26; 1 Corintios 15:54-57; Hebreos 2:14; Apocalipsis 20: 12-14). Y por ser Alfa y Omega, principio y fin (ref. 1:8 y 21:6), es el Dios Todopoderoso (El Padre y El Hijo son: -UNO- (Yajid).
Disipe toda duda comparando: Apocalipsis 1:8 con 21:6 (Alfa y Omega, principio y fin), luego lea 1:17 y 18; y pregúntese: ¿Cuándo Jehová estuvo muerto?
El Cristo glorificado da evidencias de ser -UNO- con el Padre, y contrasta con el de Cristo hombre que aparece en los cuatro evangelios (ref. Filipenses 2: 6-8; Mateo 17:2; Marcos 9:2).
EL MISTERIO DE LA ENCARNACION
El misterio de la piedad es una verdad que estaba oculta, pero que ahora ha sido revelada: “E indiscutiblemente, grande es el misterio de la piedad; Dios fue manifestado en carne… y recibido arriba en gloria” (1 Timoteo 3:16).
El misterio no es el Hijo, sino el Verbo que de una manera milagrosa se hizo carne. Y es aquí donde radica el secreto (¡¿Cómo se engendró el Verbo?!), pero no es un misterio la preexistencia del Hijo (ni del Verbo), ya que él fue con el Padre desde la eternidad. El misterio no es un secreto que debemos guardar, sino un mensaje que debemos proclamar: “Orando… para que el Señor nos abra puerta para la palabra, a fin de dar a conocer el misterio de Cristo… misterio oculto desde TIEMPOS ETERNOS” (Colosenses 4:3; Romanos 16:25)
Quienes no conocen al Verbo quien como Hijo caminó en este mundo, hizo grandes milagros, murió y resucitó para darles vida, entonces… ¡¿De qué manera llegarán a conocer al Padre?!